martes, 24 de enero de 2006

La dracma perdida

En el primer ejercicio, Grün propone trabajar a partir de la parábola de la dracma perdida (Lc 15, 8-10). Y me sorprendió con una interpretación totalmente fuera de lo común (lease "lo común" como "el estrecho conocimiento del que acá escribe").

La interpretación clásica (lease "clásica" como "que escuchó toda la vida el que aquí sigue escribiendo") es la que va asociada a las parábolas de la oveja pérdida (anterior) y el hijo pródigo (posterior). La alegría de Dios por recuperar al perdido, aunque sea uno entre muchos que no lo están.

Pero propone Grün:

La mujer está en una situación parecida a la nuestra. Perdió una dracma y con la dracma se perdió a sí misma. El diez es un símbolo de totali­dad. Al perder su totalidad la mujer perdió su ver­dadero centro. También nosotros, con las preocupaciones y los problemas, frecuentemente perdemos de vista nuestro corazón. Si bien hace­mos muchas cosas, incluso muchos actos piadosos, hemos perdido la coraza que retiene la mul­tiplicidad en nuestra vida. Oramos y celebramos la eucaristía, pero no vivimos en nuestro centro, en nuestro corazón. Como diría san Gregorio de Nisa, hemos perdido, por el descuido en nuestra vida, nuestro verdadero interior.

Si no les suena, busquen. Si ponen la parábola de la dracma en Google, no va a ser fácil. Las primeras coinciden todas con la interpretación más escuchada. Hay quienes incluso dicen que "no debemos buscar un simbolismo especial en el número 10" (sitio de la Catedral de León, España).
Pero para ver que Grün se está alimentando en fuentes anteriores y que les suene más lo que dice, es de gran utilidad la Concordia de los Evangelios de la página de Hernán y en concreto la Catena Aurea vinculada a aquella. De ahí citaré sólo el texto de San Gregorio Niceno, aunque vale la pena leer casi todos:
De otro modo: creo que el Señor nos da a conocer en la búsqueda de la dracma perdida que no nos viene utilidad alguna de la práctica de las virtudes exteriores -a las que llama dracmas- aun cuando se posean todas, si queda el alma como viuda de aquella que le da el brillo de la semejanza de Dios. Por esto, primero manda encender la luz -esto es, la palabra divina que descubre las cosas ocultas-, o acaso la lámpara de la penitencia. Pero en la casa propia -en sí mismo y en su conciencia- conviene buscar la dracma perdida. Es decir, la imagen del rey[*], que no se ha perdido del todo, sino que está cubierta debajo del abono, que significa la miseria humana. Una vez quitado éste con esmero, es decir limpiado por el esfuerzo de la vida, resplandece lo que fue encontrado. Por esto conviene que aquella que la encuentra se alegre y que llame a participar de su alegría a las vecinas, esto es, a las que están más próximas, que son las virtudes; a saber: el entendimiento, la sensibilidad y todos los afectos que puedan considerarse como propios del alma, que deben alegrarse en el Señor. Finalmente, para concluir la parábola añade: "Así os digo que habrá gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que hace penitencia".
* Ver el texto de Cirilo, en donde se dice que "la dracma es una moneda que lleva impresa la imagen del rey".

1 comentario:

XavMP dijo...

Muy groso, una visión nueva para la parábola, me encantó