jueves, 13 de enero de 2005

Entre españoles, un inglés


Entre Calderón de la Barca y Lope de Vega, está Milton. También está Hungría, pero eso es del otro lado de Juan B. Justo.

La verdad es que John Milton era alguien desconocido para mí. Hasta era extraño ver entre tanto nombre español a ese nombre inglés; la sucesión de calles, a la altura de Rivadavia, es así: Cervantes, Calderón, Milton, Lope de Vega.

Me gusta aprender con las calles, así que apenas pude hice una rápida búsqueda en Internet. Resultados rápidos, ya que el aludido es muy famoso. Siglo XVII. Dicen por ahí: lo mejor después de Shakespeare si de ingleses hablamos. Los porteños, de todos modos, le dimos una callecita en el barrio de Villa Luro que, por cierto, es más larga que el pasaje de una cuadra que recibió en el reparto el autor de Hamlet, en el barrio de Villa Urquiza casi Saavedra.

Iba a traducir algo de lo que encontré, pero no. No es tan fácil si quiero mantener la poesía; lo podría haber hecho bolsa. Pero mi prudencia fue premiada. En uno de mis regalos de Navidad encontré algo ya traducido, listo para poner aquí. Es una descripción de la naturaleza, parte de su poema "Paradise Lost". Y dice así:


...cuando la árida,
tierra, hasta entonces árida y desierta,
fea a la vista y sin ningún adorno,
produjo tiernas hierbas cuya fronda
vistió toda su faz de un verde grato;
las plantas de follajes diferentes
entonces florecieron, y de pronto
sus variados colores desplegaron
alegrando con dulce olor su seno;
y cuando apenas hubieron florecido,
brotó la vid con sus densos racimos,
se arrastró la fragante calabaza,
y se elevaron los tallos del trigo
formados como en campo de batalla:
añádense los humildes arbustos
y la maleza de encrespado pelo.
Por último, los majestuosos árboles
se levantaron como en una danza,
y extendieron sus ramas que colgaban
colmadas de frutos o estallaban
de flores. Coronábanse los montes
de altos bosques, los valles de florestas
y el borde de las fuentes y los ríos;
la tierra parecía ahora el cielo,
un paraje donde habitar pudieran
los dioses, o pasear complacientes,
o querer frecuentar sus sacras sombras.



John Milton, "El paraíso perdido" (1667), canto 7, w. 313-30 (traducción de Esteban Pujals, Madrid, Cátedra, 1986). Y fue tomado, cita y referencia, del texto de la novela "Calixta", de John Henry Newman, versión de Ediciones Encuentro.

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