jueves, 2 de junio de 2005

El fin no justifica los medios (más)

Monstruópolis tiene energía gracias a la firma Monsters Inc., una empresa que genera electricidad a partir de los gritos de los niños humanos, mundo al que se conectan por medio de las puertas de los "placares" de las piezas de los pequeños. La compañía va mal, los accionistas presionan fuerte al monstruo director. Este ha pensado ya en robar niños (para “absorber” gritos con una máquina), situación ilegal e inmoral, de acuerdo a lo que enseña la película de la que estamos hablando ("Monsters Inc.", de Walt Disney y Pixar).
Los monstruos héroes impiden que se lleve a cabo este plan maléfico, aunque ello cueste la ruina de la compañía. El fin no justifica los medios. La disyuntiva se presenta y bien clara, hasta con varias dificultades, como la recriminación que sufre el que hace un acto heroico, la tristeza que por momentos le invade, la seguridad, luego, de haber hecho lo correcto. Pero se agrega un "final feliz" que puede ser innecesario. Bastaría con la satisfacción del bien hecho: la empresa fundida, gente que queda sin trabajo, pero el bien triunfante. En la película sin embargo (y advierto que contaré el final), los héroes descubren que la risa es el remedio, que si se dedican a hacer reír más que asustar, la energía obtenida es mucho mayor. Y eso refunda la compañía, la cual queda en manos de los héroes.
Aunque... si lo pensamos bien, este "final feliz" no estropea tanto la enseñanza. El "final feliz" no fue buscado por los monstruos salvadores. Los héroes defendieron el bien a costa de la compañía sin especular con su futura salvación y provecho personal. Es así que el desenlace feliz es como un premio que el autor concedió a sus personajes por obrar bien.

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En unas clases de moral en la facultad, el cura nos planteaba una situación imaginaria. Estadio de fútbol lleno. Me entero que hay una bomba. Tengo al lado al terrorista que la puso. No me dice dónde ni tengo forma de saberlo. No puedo evacuar el estadio tampoco. La única chance: torturar al terrorista para que confiese. ¡Uh, imagínense la clase! Y eso que éramos proyectos de ingeniero (un “tipo” no muy discutidor de estos temas). Si bien es cierto que las situaciones reales no son tan simples (o mejor dicho, son más complejas), la propuesta de este caso era entender que torturar al terrorista atentaba contra la dignidad del tipo y de la mía, y eso no estaba justificado para salvar una ni diez ni un millón de vidas. Muy fuerte, muy fuerte, casi imposible de aceptar. Leerlo en forma de ejemplo, por supuesto, leer la enseñanza.

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Una tercera experiencia. Tuve la oportunidad de hablar con algunas personas que alzaron su voz para defender causas de legalización del aborto. Escuchando atentamente, siempre intenté llevar el diálogo hacia un punto que parecía oculto (nunca llegábamos). Ingenuo yo, pensaba que la verdad los conmovería, los mostraría en su callejón sin salida, la misteriosa realidad de la vida, una vida creciendo en otra, lo importante y las acciones fuertes que dicha situación requería, acciones que superaban por mucho las especulaciones prácticas destinadas a solucionar un problema humano como si fuera una cuestión de organización industrial. Pero hace poco descubrí que hay quienes incluso no se conmueven con la verdad. Y que sus fines justifican muchos medios. “Derechos del niño versus derechos de la madre” es la disyuntiva de los más legalistas. Y al ponerlo así, sometido al arbitrio humano, dejan abierta la posibilidad de que eliminar una vida sea un medio para lograr el fin de defender un derecho equis de otra persona.
Y así terminamos esta trilogía del fin que no justifica los medios (en línea con aquel post sobre el padre Chisholm). Gracias por haber venido. 'Ta luego.

1 comentario:

  1. Para el fin no justifica los medios creo que hay un concepto dificil de entender.

    Es que de las acciones correctas se llega al bien o por lo menos se adquiere la fortaleza interior para encarar los problemas sin perder en ello la dignidad.

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