viernes, 16 de febrero de 2007

Dándole forma


Al que tenga cierto afecto por los planos de Buenos Aires, como le sucede al que aquí suscribe, quizás le interesen los siguientes datos curiosos que fui recolectando en el mundo literario.
Dice Pedro Luis Barcia al prologar el tomo V de las Obras Completas de Leopoldo Marechal, y en particular al prologar una obra menor incluida en el libro:

“El beatle final” es un relato de ciencia ficción, situado en el siglo XXIII en Megápolis, ciudad cuyo perímetro, el Gran Octógono, evoca el de nuestra Capital Federal, el mismo en el que Eduardo Mallea creía ver el perfil de la cabeza de un niño.

Si concedemos ciertas libertades de simplificación (cosa más difícil cuanto mayor formación matemática tengamos), podemos llegar a armar el octógono marechaliano con los cuatro lados rectos de la General Paz (indiscutibles) y otro par de pares formados al dividir en dos cada uno de los ríos limítrofes (cuestión discutible, pero digamos que podemos tener un Riachuelo rectificado hasta Puente Uriburu y uno sin rectificar desde allí hasta el Río de Plata; a su vez a este último lo podemos dividir en aquel tramo que enfrenta al puerto viejo -por aquel entonces no debería existir la “reserva ecológica”- y el tramo del puerto nuevo hacia el norte). Más difícil es ver la cabeza de un niño, eso lo confieso.
Pero hay un dato que Barcia no dio. Y es que Mallea también asemejó el contorno de la Ciudad de Buenos Aires a una figura geométrica. Dice en “La bahía de silencio”, capítulo LII:

Limitado por el río en tres de sus lados y por los tres partidos en los otros cuatro -bajo el celeste patrocinio de tres santos: Justo, Martín, Isidro [*]-, el enorme heptágono de la metrópoli (...)

Este fragmento da cierta validez a aquella suposición que hicimos para identificar los lados del octógono marechaliano, pero presenta una diferencia importante respecto a aquel, ya que con los dos ríos Mallea sólo hace tres lados.
Este análisis no resiste más post y es probable que los lectores tampoco resistan más este análisis. Baste decir, para cerrar, que si es por elegir entre los dos, prefiero el octógono marechaliano al heptágono malleano. En último caso buscaría un acercamiento de posiciones mediante un hexágono de cuatro lados rectos y dos curvos.
Y c´est fini.
[*] Supongo que las divisiones administrativas del Gran Buenos Aires no son las mismas ahora que en esa época (1940).

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