martes, 3 de octubre de 2023

Principiantes en la contemplación (“maripojas”, “maripétalos”)

Ayer me preguntaron qué eran los haikus y yo, que no sé nada, los remití a Enrique García-Máiquez, mi referente. Hay muchas entradas interesantes sobre haikus en su viejo "blogg" en formato blogspot que se llamaba "Rayos y Truenos".

Me detuve en uno porque tenía una imagen genial de las mariposas como hojas de una planta:
En 1907 Díez-Canedo fue uno de los pioneros del haiku hispánico, que tan hondo iba a arraigar aquí, y publicó esta traducción de Moritake:

¿Otra vez en el tallo se posa
la flor desprendida? ¡Virtud milagrosa!
Pero no es una flor. Es una mariposa.

En 1920, después de una reseña de José Moreno Villa en la que hablaba de la sobriedad del haiku, la escribe de nuevo:

¿Vuelven al tallo
las hojas desprendidas?
¡Son mariposas!
(...)
Cuál no sería mi sorpresa hoy cuando, leyendo un cuento de Jack London (sí, eso dije) me encuentro con esto:
En los claros, más allá de la sombra de la manzanita, se posaban los lirios mariposa cual otros tantos vuelos de mariposas enjoyadas, repentinamente detenidas y a punto de reiniciar su tembloroso vuelo” (*)
(Inicio de "El filón de oro")
No es por curarme el asombro, pero quizás sea una asociación muy antigua, y que no requiera más que ser un principiante en la contemplación eso de ver las hojas de las plantas o pétalos de las flores que se mueven al viento como mariposas. Y a la inversa también.

(*) Es notable que la traductora de este cuento (Jacinta Romano) se las haya ingeniado para usar dos veces la palabra mariposa sin que quede, al menos a mi sensibilidad, chocante. El original: “In the open spaces on the slope, beyond the farthest shadow-reach of the manzanita, poised the mariposa lilies, like so many flights of jewelled moths suddenly arrested and on the verge of trembling into flight again”.

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