jueves, 30 de junio de 2005

La vida a una carta (Julián Marías)

3 comentarios:

  1. Interesante punto de vista. Con el unico punto con el cual no estoy en un cien por ciento de acuerdo es en el de elevar a la categoria de irrevocable a hechos puntuales como el matrimonio, los votos religiosos o la ordenacion sacerdotal. Eso equivaldria a equiparar esas cuestiones personales con la vida misma (en tanto que elemento irrevocable), lo que me parece casi un absurdo (No hablo desde el punto de vista moral, sino logico).
    En sintesis: si bien la idea de que la vida en si tiene cierto caracter de irrevocabilidad, esa caracteristica no necesariamente la poseen las actitudes o decisiones humanas, mas alla de los propios valores que estas encierren.

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  2. Aún suponiendo que yo pudiera llegar a entender en profundidad la filosofía de Julián Marías, no sabría como sustentar lo que dice el filósofo sin tener como base el cristianismo (no es que no se pueda, es sólo que yo no lo sé; no es que el cristianismo sea irracional, es que yo no lo sé).

    Para la fe cristiana, somos hechos a imagen y semejanza de Dios. Supongo (y acá cuidado con mis expresiones) que eso hace que muchas de nuestras cosas puedan tener vestigios de belleza, de verdad, de eternidad. O si no (o además) pretensiones de ello.

    Además habría que hablar en profundidad de matrimonio (¡cómo me gustaría saber tanto más! ¡Y eso que soy casado!). Pero así de buenas a primeras, por lo dicho antes, entiendo que el matrimonio tiene alguna semejanza a Dios.

    Es posible que todo lo que hagamos: la forma en que nos organizamos, la forma en nos gobernamos, ¡la forma en que amamos!, tenga semejanza a Dios (y errores humanos).

    Sería humano y bueno, entonces, querer que un matrimonio sea eterno, a semejanza del amor de Dios en la fe cristiana. No es loco que así fuera, en efecto.

    Es perfectamente razonable, posible. Hay quienes estudian el tema y dicen que es así. Hay quienes no podemos, ¿quién puede abarcar todo?, pero confiamos en ellos.

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