sábado, 16 de julio de 2005

Regresos tarde

Las vueltas tarde tienen ese... qué sé yo, ¿viste? Las vueltas tarde en tren o las vueltas tarde en colectivo. ¿Por qué no las de subte? Y las vueltas tarde en auto también. Fue el otro día, parado en la vía, que vi pasar al tren nocturno y recordé las vueltas tarde.
Mis vueltas tarde más recordadas son las de la época de novios. En una parada que pasaba completamente desapercibida, solitario en la avenida angosta y asfaltada, de transito rápido pero ya a esa hora esporádico, recta hasta el horizonte que se desdibujaba en luces, yo aguardaba a que se dibujen las luces altas de un "60" que me llevara de vuelta a la ciudad.
Todas la vueltas tarde son recordadas por lo que se deja y por dónde se vuelve. Lo que se deja, que se deja un poco a la fuerza; hacia dónde uno va, que se ansía alcanzar para encontrar refugio en la noche.
Pero el viaje tarde de vuelta tiene su encanto, quizás no en el momento, quizás sólo en el recuerdo. Cuando ya no vivís en la ciudad, y volvés tarde del trabajo, o de una jornada que se prolongó mucho. Un tren vacío que va a los suburbios, que apenas si calienta al frío que traes de afuera (o te quita el poco aire que sopla cuando es verano).
Oportunidades en que uno lee un libro, o se queda rotundamente dormido. Y luego el tirón final, desde la parada hasta la casa. Últimos fríos, o cansados pasos arrastrando paraguas que no se usaron o pulóveres que sobraron.
El regreso tarde por la noche puede ser toda una analogía de la vida, pero eso que lo haga quien escriba bien...

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