martes, 29 de agosto de 2023

"¿Qué vol?" (en el decimonono)

Cumple diecinueve años el blog y me alegro de estar leyendo más que en años pasados porque puedo, cada tanto, traerles alguna cosita para compartir.

Las lecturas se arman de planes, regalos, recomendaciones, visitas a librerías de usados, revisión de la propia biblioteca, etc. De está última práctica es normal que cada tanto agarre un volumencito de la colorida pero mal encuadernada Biblioteca Básica Salvat. Y de allí recuerdo haber disfrutado a Gabriel Miró, a Alphonse Daudet y otros.

Esta vez me leí un volumencito llamado "Tiempos y cosas" del famoso Azorín. De esa colección de pequeños artículos les dejo el siguiente fragmento, pues me pareció de lo más pintoresco:
"Comenzaba a anochecer. Hemos regresado al pueblo y hemos discurrido un momento por los terrenos en que se abren las cuevas habitadas por los labriegos pobres. La ingente meseta del Cid palidecía a lo lejos; a sus pies, el valle se iba sumiendo poco a poco en la sombra... Yo he visto que un viejecito caminaba delante de nosotros: era uno de estos viejecitos de Levante, secos, menudos, silenciosos. Estaba ciego y marchaba encorvado, con la mano izquierda apoyada en el hombro de un niño y la derecha en un cayado blanco. He hecho una seña al niño mientras me llevaba la mano al bolsillo. Entonces el muchacho se ha detenido.

-¿Qué es? -ha preguntado el viejecito.
-Un señoret -ha contestado el niño. Se ha hecho una breve pausa, y luego el viejo ha tornado a preguntar:
-¿Qué vol?

Ya veis: la pregunta es sencilla, natural, lógica; y, sin embargo, yo he experimentado una emoción extraña ante estas simples palabras: «¿Qué quiere?» ¿Podréis formaros una idea del momentáneo y diminuto conflicto desarrollado entre los dos espíritus, el mío y el de este viejo, encorvado y ciego? Yo marcho hacia él henchido de generosidad y de simpatía; acaso voy a procurarle una ligera satisfacción con mi insignificante rasgo de altruismo; tal vez espero que de sus labios salgan palabras de agradecimiento. Y este viejecito, sereno, recogido sobre sí mismo, fuerte en su pobreza y en su soledad, vuelve sus ojos muertos y pregunta: «¿Qué quiere?»

-Doctor - le he dicho al ilustre miembro del Real Colegio de Cirujanos de Londres-; doctor, hemos visto ya esta tarde, encarnada en un labriego, una partícula del alma española, grandiosa y feroz; he aquí ahora, simbolizada en este viejecito, otra partícula de esa misma alma, resignada e indiferente. «No sé cómo queremos vivir, pues es todo tan incierto», decía Santa Teresa; y añadía en otra parte estas desconsoladoras palabras: «A la verdad, no vemos sino hasta mala ventura en los que se van tras estas cosas visibles.» Es decir, debemos apartarnos, abstraernos, huir de todo lo que nos rodea, de todas estas cosas visibles; debemos encerrarnos en nosotros mismos, como en una torre inaccesible a los clamores y a las exigencias del mundo; debemos, en fin, cuando se nos excite a vivir con nuestros contemporáneos y a seguir la marcha incontrastable de la vida universal, preguntar como este viejecito, desde nuestra pobreza y nuestra soledad: «¿Qué quiere?» España, pobre, resignada, indiferente, ¿no ha pasado los últimos tres siglos, doctor, preguntando a Europa qué quiere?

-Well and good! - ha exclamado el insigne doctor, lleno de entusiasmo, y nos hemos dirigido en busca de nuestro yantar nocturno".
Así es como también el blogger, con diecinueve años cumplidos, mira y dice a esos que vienen a invitarlo a pasar a Facebook, Twitter o Instagram: “¿Qué quiere?”

sábado, 19 de agosto de 2023

Segundas partes...

"Pedro Páramo" es para mí la segunda parte de Juan Rulfo. "El llano en llamas" fue la primera y como, a pesar de ser terrible, me gustó, tiene su entrada aquí.

Pero "Pedro Páramo" no me gustó tanto. Los fantasmas mexicanos no me van. Eso del realismo mágico está lejos de ser de mis cosas favoritas.

El pasaje que sugue sí me gustó (duro, pero con su final "doncamilesco"):
"Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces . . . Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

"Pero no para ti, Miguel Páramo, que has muerto sin perdón y no alcanzarás ninguna gracia."

El padre Rentería dio vuelta al cuerpo y entregó la misa al pasado. Se dio prisa por terminar pronto y salió sin dar la bendición final a aquella gente que llenaba la iglesia.

-¡Padre, queremos que nos lo bendiga!

-¡No! - dijo moviendo negativamente la cabeza. No lo haré. Fue un mal hombre y no entrará al Reino de los Cielos. Dios me tomará mal que interceda por él.

Lo decía, mientras trataba de retener sus manos para que no enseñaran su temblor. Pero fue.

Aquel cadáver pesaba mucho en el ánimo de todos. Estaba sobre una tarima, en medio de la iglesia, rodeado de cirios nuevos, de flores, de un padre que estaba detrás de él, solo, esperando que terminara la velación.

El padre Rentería pasó junto a Pedro Páramo procurando no rozarle los hombros. Levantó el hisopo con ademanes suaves y roció el agua bendita de arriba abajo, mientras salía de su boca un murmullo, que podía ser de oraciones. Después se arrodilló y todo el mundo se arrodilló con él:

-Ten piedad de tu siervo, Señor.

- Que descanse en paz, amén -contestaron las voces.

Y cuando empezaba a llenarse nuevamente de cólera, vio que todos abandonaban la iglesia llevándose el cadáver de Miguel Páramo.

Pedro Páramo se acercó, arrodillándose a su lado:

-Yo sé que usted lo odiaba, padre. Y con razón. El asesinato de su hermano, que según rumores fue cometido por mi hijo, el caso de su sobrina Ana, violada por él según el juicio de usted; las ofensas y falta de respeto que le tuvo en ocasiones, son motivos que cualquiera puede admitir. Pero olvídese ahora, padre. Considérelo y perdónelo como quizá Dios lo haya perdonado.

Puso sobre el reclinatorio un puño de monedas de oro y se levantó:

-Reciba eso como una limosna para su iglesia.

La iglesia estaba ya vacía. Dos hombres esperaban en la puerta a Pedro Páramo, quien se juntó con ellos, y juntos siguieron el féretro que aguardaba descansando sobre los hombros de cuatro caporales de la Media Luna. El padre Rentería recogió las monedas una por una y se acercó al altar.

-Son tuyas -dijo-. Él puede comprar la salvación. Tú sabes si éste es el precio. En cuanto a mí, Señor, me pongo ante tus plantas para pedirle lo justo o lo injusto, que todo nos es dado pedir . . . Por mí condénalo, Señor.

Y cerró el sagrario. Entró en la sacristía, se echó en un rincón, y allí lloró de pena y de tristeza hasta agotar sus lágrimas.

-Está bien, Señor, tu ganas -dijo después.

sábado, 12 de agosto de 2023

Dilemas de bibliófilos (¿o acaso "librómanos"?)

La librería es cara pero tiene algo en sus anaqueles que la hace satisfactoria. Tiene libros usados pero el alquiler que pagan los dueños debe ser caro y la zona permite que vendan los libros a un diez o veinte por ciento más. Su interior es relativamente agradable y siempre descubro alguna cosita en sus anaqueles. Aunque no compre, siempre leo nombres de autores que me gustan en los lomos y eso es agradable. Hay librerías mucho más grandes con lomos más coloridos pero que no me dicen nada. Será que me gustan los clásicos y acá están.

Los que atienden, sean o no los dueños, no son de lo más simpático. Es mucho más agradable, en ese aspecto, otra librería que está más allá (y también tiene libros muy interesantes, aunque no tantos antiguos, pero si lindos libros nuevos y caros). Pero esta "está más cerca" y eso le permite ganar por oportunidad. Además ver sus anaqueles es un poquitito más cómodo que en la de más allá. Lástima por la de allá, tiene su atractivo. Pero yo todavía tengo muchos clásicos por leer. Y esos se consiguen mejor en usado. Y comprar libros usados es mejor, es como llevar perritos de la perrera en vez de comprar nuevos de pedigrí. Y es más ecológico.

Hay algo melancólico, de todos modos, en comprar libros usados… ¿Quién los dejó? ¿Quién los abandonó? ¿Quién sabe qué abuelo de San Isidro tenía en sus estantes esa hermosa edición a dos tomos de Los Hermanos Karamazov, de hojas finas con borde verde, tapa dura y señalador de cintita incorporado? Quizás un día los sátrapas de sus hijos o nietos se deshicieron de la biblioteca solo para poder vender la casa, para que se demuela y se haga un edificio de departamentos…

Yo me hago del libro y creo hacer un bien al sacarlo del "refugio de perritos abandonados" pero no soy más que un eslabón más de esa triste cadena final. No sé si estoy a la altura de darle justamente un buen final a esa historia, no sé si solo me dejo llevar por un apetito desmedido de compra de libros. "No tanto en este caso, quizás", me consuelo, porque tengo una excusa. Es un regalo para ella. Ella quería una edición con letra más grande, ya que no podía con la pocket. Ella es fan del ruso. Y quería leer éste. Uno de los pocos que no había leído de cabo a rabo.

Ella me lo había regalado a mí. El pocket. Ese es otro problema. Ahora tenemos dos ejemplares y no podemos deshacernos de uno (regalárselo a quien no tenga, por ejemplo) porque ambos son regalos. A mi pocket además yo le había hecho una cajita de cartón para que no se vaya deformando en las estanterías…

(...)

J. J. D. es un señor con un currículum muy respetable en lo que a libros se refiere y siempre tuve mucho respeto por su opinión de que a los libros no hay que hacerle marcas o "escribirlos"; aunque sigo sin estar de acuerdo con él y los marco.

Yo, en cambio, no puedo soportar cuando le doblan la esquinita de una hoja a modo de señalador. ¡Qué cosa más desagradable! Cuando compro un usado y encuentro eso (por suerte nadie en casa tiene esa horrible costumbre) lo primero que hago es enderezar esa esquinita.

No sé qué opina el señor J. J. D. de esto y no entiendo cómo puede indignarse tanto de que alguien haga marquitas en un libro. Para entenderlo quizás deba imaginarme que siente algo parecido a lo que yo siento cuando veo las puntitas dobladas...

Aclaraciones posteriores: jamás podría yo marcar un libro con birome o hacer subrayados; lo que a mi gusto es tolerable son las marcas laterales y con lápiz negro tenue.

domingo, 6 de agosto de 2023

Mejor apáguelo

A la mundana frase que reza "mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás" mi profesor de Antropología Filosófica la reformulaba así: "mis derechos terminan donde empiezan mis deberes". Con esto nos quería advertir sobre esa falsa "libertad" de poder hacernos mal a nosotros mismos.

En la parroquia se ha cambiado el aviso "apague su celular" por el nuevo "silencie su celular" y creo que ahí retrocedimos en aquel sentido. Somos más liberales en nuestras normas o recomendaciones. A diferencia del apagarlo, silenciar el celular solo evita molestar a los demás, pero no nos detiene de estar pendientes del aparato y así dispuestos para más interrupciones durante la celebración.

Recomendemos por el bien de cada fiel mismo, y no solo para que no moleste a los vecinos: "apague su celular".

sábado, 5 de agosto de 2023

Río Las Chacras

 

Después de haber leído Dersú Uzalá fue difícil no sentirse un explorador en Los Hornillos, Córdoba.

“Estudiamos” el Río Las Chacras, que me parece que a pesar de su nombre no es más que un arroyo. En dos caminatas por el lecho, una aguas abajo y otra aguas arriba, recorrimos todo el trayecto que va desde la altura del Mirador Bella Vista, al este, hasta la intersección del río con el último camino que baja desde el pueblo, al oeste. Registramos el recorrido en Wikiloc. En el mapa de esta entrada es la franja VIOLETA.

Hicimos el sendero peatonal “El Chingolo”, que acompaña al Río de las Chacras en la franja VERDE. Ese sendero es fácil y tiene la hermosa vista de las sierras que se ve siempre desde la ruta a la altura de Quebrada de los Pozos.

Me gusta unir estas cosas con recorridos de otros años y proyectos no cumplidos para completar una especie de “exploración” completa del Río de las Chacras.

En AMARILLO en el mapa se ve la parte final del río que acompañamos años pasados por los caminos más cercanos que hay para autos. El Río de las Chacras termina cuando desemboca al oeste en el Río Las Tapias. Esa desembocadura está ahí nomás del extremo del sendero El Jilguero, que también supimos hacer antaño.

En ROJO se ve un fragmento también muy accesible por sendero peatonal que no hicimos, desde la entrada de una reserva hasta la Piedra Encajada (el día anterior al último que teníamos habíamos hecho el Balcón Norte del Parque Condorito y estábamos fundidos).

Por último los tramos en punteadas. El PUNTEADO CELESTE era el proyecto de seguir por el lecho del río y llegar a conectar con el sendero El Chingolo. Pero hubieran sido necesarias, a nuestro ritmo, dos horas más de caminar agachándose y por las piedras.

Y el PUNTEADO VIOLETA hubiera conectado el viaje por el lecho con la reserva. Mismo problema que el del punteado anterior. Y la vegetación estaba muy enredada.

Queda sin colorear el tramo desde la Piedra Encajada hasta la naciente.

En la foto que sigue, los exploradores en la confluencia del Río de las Chacras con un afluente de nombre desconocido…



miércoles, 2 de agosto de 2023

Tortugas de ida y de vuelta


Soy hincha de Tortugas, en oposición a Leones. Ambos son aproximadamente la mitad del camino entre mi casa y Traslasierra. Pero Tortugas es un ACA con un espacio verde relajante, mientras que Leones es una mega estación de autopista. Y solo pago seis o siete minutos más por la tranquilidad de Tortugas. Porque hay que salir de la autopista, claro. Pero siete minutos no es nada en la dimensión de las vacaciones.

Si no hay emergencias, sabemos llegar de un tirón a Tortugas. Pero la segunda mitad no la hacemos de un tirón porque a rigor de verdad son unos kilómetros más que la mitad, todos ya estamos más cansados y Alta Gracia es una parada tentadora, una buena introducción al periplo de las altas cumbres.

Pero lo que logramos este año fue hacer, a la inversa, también la “mitad larga” de un tirón. Los Hornillos-Tortugas. 435 kilómetros sin parar. Ni por nafta, ni por baños, ni por nada. Es decir que Tortugas también fue escala de regreso, cosa nunca antes vista. Ella preparó unos sanguches e hicimos un poco de birdwatching (de ahí la cotorra que ilustra la entrada). Nunca mejor preparados para la segunda y final etapa, que fue non-stop hasta nuestra casa.

Algunos otros cambios del viaje en estos once años (en que fuimos cuatro veces a Traslasierra, tres en verano, una en invierno) son:

- Hay un nuevo tramo del Camino de las Altas Cumbres que arranca desde Falda del Cañete. Eso te permite evitar el camino que sale de Falda del Carmen por el observatorio. Aquel nuevo tramo tiene curvas más relajadas que este último.

- Desde Buenos Aires hacia Traslasierra, Google te tienta a evitar Alta Gracia y tomar circunvalación sur de Córdoba para luego bajar y tomar por Falda del Cañete. Pero no hay ganancia significativa de tiempo y la omisión de Alta Gracia le quita justamente mucha gracia al viaje.

- La costanera del arroyo Alta Gracia o Chicamtoltina está "producida". Tiene barandas de madera que ya no te dejan bajar con el auto hasta la ribera misma. Conservará mejor el césped, quizás, pero le saca espontaneidad.