Leí en un librito que San Agustín escribió lo siguiente (aunque no indican en qué escrito lo hizo): "Los Magos vinieron a ver al Rey no porque lo conocieran, sino porque vieron la estrella. El Señor les mostró a través de signos lo que los sabios no podían comprender por sí mismos".
¡Me pareció sorprendentemente "duro" con los Reyes Magos! Si esos sabios de antaño no comprendían, ¿qué quedará para los sabios de hoy?
Justo ayer revisitaba los Ensayos Andaluces de Pemán:
"'-¡Es usted el sabio más tonto que he conocido!
He aquí una frase que, en cierto libros suyos, asegura el señor Durán y Ventosa que oyó pronunciar a un célebre artista que discutía con un célebre biólogo. La frase hubiera sido una paradoja hace algunos siglos: cuando toda sabiduría tenía enfáticas dimensiones de universalidad. Entonces la sabiduría, abarcando el ancho campo del conocimiento humano, era incompatible con la tontería. Pero ahora no. Ahora existe, en abundancia y sin paradoja, el tipo del sabio tonto, y aún del sabio ignorante. El 'especialismo' ha hecho, no ya posible, sino frecuente, ese tipo humano que es 'sabio' por la exclusiva fachada de su especialidad, y tonto por las otras tres fachadas".
Pero quizás el punto de San Agustín pueda venir por dos lados. Uno, que nadie podría haber imaginado un Dios Niño. Ni siquiera los sabios más verdaderamente sabios. Y otro, que aunque ellos sean verdaderos sabios y estén dispuestos a ver, la iniciativa sale de Dios.