martes, 9 de noviembre de 2004

Eso es vida

Venía yo por la calle que bordea los terrenos del ferrocarril. Barrio pobre. Día nublado. Una señora grande con una nena grande, grandota ella, con síndrome de Down y creo que otra nenita más chica, caminando; todo gris. Algo se descolocó adentro. No sé porqué. Busqué algo que "exclamar", porque cuando algo se sacude adentro es imperioso exclamar, aunque sea en voz baja.
Pensé en las palabras: "eso es vida". Pero no en su sentido vulgar. Las dije despacio, las pensé. Me imaginé esas vidas que pasaron caminando. Muy humildes, muy sufridas, alegrías simples, luchas diarias. ¿Qué es toda esta vida que vivimos? Esa era vida, esa era más vida que la mía, quizás. No sé cómo explicarlo...
¿La vida más sufrida es más vivida? No parece ser un postulado aceptable así sin condiciones. A la inversa quizás: la vida más vivida es vida más sufrida. O sea, cuanto más plenamente intentemos vivir, tanto más sufriremos. Por supuesto, eso tendrá un sentido.
Los sufrimientos pequeños y grandes nos dan la posibilidad de amar. ¿Es que se puede desear una vida con sufrimiento sólo para tener la oportunidad de amar? ¿Es que se puede desear, por ejemplo, tener un hijo con problemas para poder amarlo más? (Me hace acordar a aquellos santos que pedían a Dios poder sufrir más por Él).
No sé, pero sin duda que cuando un hijo con problemas aparece, la posibilidad de amar es mayor. Por algo se dice que es "un regalo de Dios", cuando se dice en serio.
"Eso es vida", pensaba al verlas. Y ya estropeé todo con pretensiosos razonamientos. Pero no son más que mi forma de exclamar.

lunes, 8 de noviembre de 2004

Algo de fe y razón con amigos y von Balthasar

"Creo en Dios, pero no en Jesús, está muy magnificado"; me decís.
Y me quedo pensando... ¡es magnífico!, ¿cómo poder de alguna manera magnificarlo más?
Después de todo, si fuera un invento humano, sería sublime, el mejor (algo así hipotetizaba el laico Eco*). Creo en las capacidades humanas, pero esto es otra cosa. Podría ser un plan divino: algo así inspirado en la mente humana, el hombre descubriendo la verdad inscripta en su intimidad y armando un Dios perfecto; pero Dios hizo algo inmensamente más grande. Después de todo, si Dios lo hubiera hecho a través de la forma de un invento humano, se podía arriesgar a que la soberbia del hombre sea desmedida. (Sepa disculpar un teólogo las barrabasadas dichas aquí).
Hans Urs von Balthasar me aporta algunos datos en el libro "A los creyentes desconcertados", en el capítulo de la Ilustración.
Por detrás de las "confesiones" se busca una posición que neutralice lo confesional, a la vez que se intenta reducirla al nivel de los criterios válidos ante la razón humana. La polaridad que se da entre la figura de Cristo y la fe eclesial (apoyada en la Escritura, el ministerio, el sacramento) se rompe. La figura de Jesús se derrumba por un cuestionamiento "desmitologizador" de la Escritura. Incoherencias (por ejemplo, en los relatos de la resurrección) hacen dudar de los hechos testificados (quizá de la misma resurrección), los milagros podrían haber sido poematizados o al menos fuertemente hinchados, los discursos de Jesús elevados a una autoridad mayor de la que ellos mismos pretendían, los relatos de la infancia compuestos a partir de leyendas. Sobre el sentido de la muerte en la cruz, sobre su valoración por Jesús mismo no hay seguridad y lo mismo ocurre con la significación precisa de sus palabras y gestos en la última cena. Interrogando así a los textos (por completo en contra de lo que ellos quieren decir; pero el texto está "condicionado por el tiempo", el ilustrado lo sabe mejor) la figura de Jesús empalidece hasta parecerse a la de cualquier otro fundador de religiones, desaparece su carácter incomparable, inasimilable por la razón y se convierte en un modelo moral, acaso importante en una "religión dentro de los límites de la razón pura".
(...)
El espacio neutral que se abre cuando ante el tribunal de la "razón pura" —aunque sólo sea como ensayo— se cita la mutua relación entre la pretensión de Cristo y la fe de la Iglesia, cuando se pone la fe en el paréntesis de una duda, aunque sea "metódica", se ocupa inmediatamente por la reclamación de una "libre discusión" sobre el sentido y el alcance de las verdades de fe. Por este camino, por ejemplo, la divinidad de Cristo, aunque definida solemnemente por concilios generales de la Iglesia, puede ponerse a discusión. A continuación, como es obvio, el misterio del Dios trino, el de la Iglesia y los sacramentos y muchos otros quedan sometidos a discusión igualmente.
La teología eclesial ha mantenido hasta ahora firmemente que el artículo de la fe creído vivamente debe ser la base y el punto de partida de una reflexión racional profundizadora, del mismo modo que el intento de comprender mejor una obra de arte ha de partir siempre de su totalidad. Pero este enunciado fundamental ya no vale. Se estima más bien que hay que colocarse por detrás de la fe —tanto de su objeto como de su acto— para desde allí adquirir una luz decisiva sobre ella.
En fin, amigo mío, por más racionalista que seas me vas a tener que conceder una cosa: o no pasó y es "magnificación", o quizás pasó. Es la duda. La duda (la más metódica), deja abierto el campo a la posibilidad. Y ahí puede entrar en juego la fe. Queda en vos. (Y queda en mí, porque soy "responsable por mi hermano"; y en definitiva queda en Dios, de quién viene todo y por quién todo podemos).
No puedo convencerte con razones; no es la forma de llegar a vos ningún argumento. Sólo un testimonio de vida y una invitación a que vivas esta fe. Sólo de esa forma podrás "comprobar" la Verdad de Jesús. Vengan y vean, nos dice Él. Ven y verás.
* Umberto Eco en una de las cartas del libro "¿En qué creen los que no creen?", libro de diálogos epistolares con el Cardenal Carlo M. Martini.

viernes, 5 de noviembre de 2004

Cuestiones monetarias...


Final del día, recuento de monedas, total: un peso con treinta y cinco centavos. ¡Justo! Justo lo que me cuesta el boleto de vuelta. ¿Qué emoción tan tonta es esa? Y... el que viaje a diario en colectivo me comprenderá: la lucha diaria de tener monedas. Podés tener cien pesos y es lo mismo que nada. Podés tener un billete de dos pesos y, aunque mejor, es casi lo mismo que nada (hay lugares en dónde conseguir cambio es toda una tarea de relaciones públicas). Tener justo es además imprevisible, es estar contando, pensando que no llegarás, y al final darte cuenta que llegás.
Luego, cuando descubrís que tenés justo, surge otra cuestión. Quizás hay alguien conocido cerca tuyo, entonces podés conseguir algunos centavos de "respaldo", por si alguna de tus monedas falla en la máquina. Pero claro, ese acto prudente le quita un poco la emoción a lo antes acontecido. No sé bien por qué (estuve pensándolo largo rato y hay varias hipótesis muy psicológicas e intrincadas), pero le quita. Si la transacción comercial mediante la cual obtenemos el pasaje de colectivo fuera mano a mano, el problema de la máquina no existiría nunca, por supuesto, y eso evitaría tener que realizar un acto prudente como el de conseguir alguna moneda "por si acaso". Y así se evitaría quitarle la emoción a la cuestión de haber contado y haberse encontrado con las monedas justas.
Evidentemente, el viernes me ha pegado fuerte. Para culminar este post delirante, les aconsejo lo siguiente: nunca pidan de "respaldo" menos que el valor de su moneda más grande. De nada sirven treinta centavos cuando falla la moneda de cincuenta. Por otro lado les comento que generalmente las monedas que fallan son las de veinticinco o cincuenta centavos y la de un peso, las de cinco y diez centavos raramente lo hacen. Unque...

jueves, 4 de noviembre de 2004

Ayer, un año

A la noche siguiente de haber dado sus vestidos al caballero noble pero pobre, cuando Francisco estaba sumergido en profundo sueño, la clemencia divina le mostró un precioso y grande palacio, en que se podían apreciar toda clase de armas militares, marcadas con la señal de la cruz de Cristo, dándosele a entender con ello que la misericordia ejercitada, por amor al gran Rey, con aquel pobre caballero sería galardonada con una recompensa incomparable. Y como Francisco preguntara para quién sería el palacio con aquellas armas, una voz de lo alto le aseguró que estaba reservado para él y sus caballeros.
Al despertar por la mañana, como todavía no estaba familiarizado su espíritu en descubrir el secreto de los misterios divinos, pensó que aquella insólita visión sería pronóstico de gran prosperidad en su vida. Animado con ello y desconociendo aún los designios divinos, se propuso dirigirse a la Pulla con intención de ponerse al servicio de un gentil conde, Gualterio de Brienne, que estaba al frente de las milicias de Inocencio III, y conseguir así la gloria militar que le presagiaba la visión contemplada. Emprendió poco después el viaje, dirigiéndose a Espoleto, y he aquí que de noche oyó al Señor que le hablaba familiarmente: «Francisco, ¿quién piensas podrá beneficiarte más: el señor o el siervo, el rico o el pobre?» A lo que contestó Francisco que, sin duda, el señor y el rico. Prosiguió la voz del Señor: «¿Por qué entonces abandonas al Señor por el siervo y por un pobre hombre dejas a un Dios rico?» Contestó Francisco: «¿Qué quieres, Señor, que haga?» Y el Señor le dijo: «Vuélvete a tu tierra, porque la visión que has tenido es figura de una realidad espiritual que se ha de cumplir en ti no por humana, sino por divina disposición».
Texto extraído de la Vida de San Francisco de Asís de San Buenaventura.
La fecha de un post se puede alterar, pero dejar evidente que se escribió un día después será reflejo de las peripecias vividas en el día de ayer, en que se celebró en casa un primer aniversario.

Neologismos

Cuando escribí la palabra bloguero me quedé pensando y, luego, buscando otra cosa, encuentro un post de un necochense llamado Juan José Flores que dice así:
Desde que existe la blogósfera hispana, la traducción del término inglés blogger al castellano ha sido tema de innumerables debates.
A falta de una palabra que signifique lo mismo, se inventó otra (bitacorero) o se trató de adaptar el anglicismo (bloguero).
Sin embargo, lo malsonante de ambas expresiones hacen que la mayoría siga utilizando la palabra inglesa.En lo personal, he optado por emplear el término original, aunque con una grafía que permita su lectura en castellano: blóguer.
Creo que de esta forma se respeta lo que sostiene J. González Ruiz: "La aceptación del neologismo debe seguir este proceso: carencia de una palabra castellana propia para significar lo mismo; adaptación morfológica de la palabra nueva, con plena conciencia de que se atiende a su aclimatación"(*)
(*) "La Nación. Manual de Estilo y Etica Periodística", pag. 214
Le dejé un comentario en el que le digo que no estoy de acuerdo.
Una persona que hace una acción en castellano es por ejemplo un musiquero, cartonero, librero, ingeniero; no es: músiquer, cártoner, líbrer, ingénier. Siguiendo esta línea, entonces, se me ocurre que es más adecuado y representativo escribir bloguero que blóguer.

"Al cuete"

Los trenes nunca serán lo de antes. No es negocio. El club de la vuelta de mi casa está por cerrar. No es negocio. Y hay muchas cosas más... Pero lo que es más terrible de todo: al parecer, las cosas que no son negocio "no tienen sentido". Por eso, lector insensato, si eres bloguero, ¡apurate y metete en el programa AdSense de Google! No te gustará estar escribiendo al cuete por ahí, ¿no?

lunes, 1 de noviembre de 2004

Entre libros


Entre dos libros. Entre mil libros.
El momento es ese: entre dos libros. Por ser limitado no leo más de uno a la vez; ayer terminé uno y hoy empezaré otro. Pero, ¿cuál empezaré? No es que no haya, es que hay miles para elegir. Estoy entre dos libros y entre mil libros.

viernes, 29 de octubre de 2004

Si es progreso, es pensado (hipótesis)

Dicen que la enorme variedad de marcas, modelos y colores de autos en las calles, no es producto del azar ni de la evolución del mercado automotor y su marketing que busca la diferenciación como estrategia, creando un producto para cada target o cada nicho del mercado, o que busca lo nuevo como gancho, basándose por ejemplo en conductas psicológicas impulsivas del consumidor.
No, no. La enorme variedad de marcas, modelos y colores de autos en las calles fue algo pensado con una visión amplia. Sus efectos, como se anticipó en la mente de los grandes estadistas y maestros espirituales del mundo, son beneficiosos a los fines de lograr mejores conductas de manejo. O sea: la gran variedad de marcas, modelos y colores, permite que el conductor adivine fácilmente ciertas cualidades de los otros conductores y así anticiparse quizás a sus maniobras, o hacer alguna que lo favorezca, para poder evitar accidentes. Por ejemplo, viendo una cupé rojo brillante último modelo que viene por la tranversal, un atento conductor no se adelantaré con amarillo aunque esté apurado, porque supone que la cupé pasará también en "su" amarillo; a los jóvenes intrépidos les gustan las cupés rojo brillante ultimo modelo.

jueves, 28 de octubre de 2004

Demasiado pequeño

Recargar el mate, o hacerse un mate cocido, o un café. Para que los ojos no se cierren. Para poder seguir leyendo ese libro tan rico, tan original, tan lleno de enseñanzas. ¡Y qué importa si mañana andamos medio dormidos en el trabajo!
Son esas pequeñas "locuras" que a veces dejo que le ganen a las "sensateces". Y así me siento entonces un poco mejor. Y ella me consuela:
"Yo sé que los santos también han hecho locuras por ti, han hecho grandes cosas porque eran águilas.
Jesús, yo soy demasiado pequeña para hacer grandes cosas (...)"
(Cap. IX, Historia de un alma, Santa Teresa de Lisieux).

¿Los extremos son malos?


A veces nos encontramos inmersos en diálogos en dónde analizamos "muy sensatamente" dónde están los límites entre ser bueno y ser buenudo, entre ser bueno y ser tomado por tonto.
Y el mensaje de Jesús es que tenemos que tratar de ser más y más buenos cada vez (sed perfectos, dice); no habla de "ir regulando", ni de "términos medios".
Los extremos son malos, "puede ser". Pero en todo excepto en el amor.
"¿Puede ser?"