sábado, 26 de febrero de 2005

Relato breve sin mucha ficción

Eran entrenados para adaptarse al mundo real. Eran seleccionados de acuerdo a las posibilidades que mostraban y entrenados estrictamente. El mundo real era el mundo en que vivían. Sus Entrenadores no les decían, porque ninguno sabía, que ellos eran los que construirían el mundo real, y que este mundo real que construirían era más verdadero que aquel al cual se adaptaban, que llevaba exclusivamente, por error, el apodo de real.
Los Entrenadores eran ciegos, o perezosos, o ignorantes en el más inocente de los casos, aunque los había culpablemente ignorantes. Creían conocer el mundo real, creían que el mundo real no se construía, creían que el mundo real ya existía, que ese mundo real era el que veían. No pensaron en lo que decían Los Otros. Los Otros decían que había otro mundo real también. Era un mundo que no existía en lo material, pero era un mundo querido, era un mundo deseado, por lo tanto era también real. Porque los sueños son reales, existen. No son materiales (y hasta se podría dudarlo), no son tangibles o mensurables, pero existen. Por algo aquel líder de Los Otros insistía siempre a sus educandos en que real era una cosa y concreto otra, no eran opuestos. Real se opone a irreal. Concreto a abstracto. Verdadero a falso. Pero para los Entrenadores esos eran delirios inútiles. E inútil era una mala palabra para ellos.
Este era el final del post, un "invento" de ayer a la noche. La casa estaba en silencio. Apagué la computadora. Agarré el libro que tenía como asignatura pendiente (ver) y me tocó leer:
No proponer al hombre sino lo humano -hacía notar [Aristóteles]- es traicionar al hombre y querer su desgracia, pues por la parte principal de sí mismo, que es el espíritu, el hombre está llamado a algo mejor que una vida puramente humana.
¡!
* Introducción de "Humanismo Integral" de Jacques Maritain.

viernes, 25 de febrero de 2005

Por su salud (buenas noticias)

Acá se puede leer el Salmo 40, "oración de un enfermo", según lo llama Zenit: clic.
Y si van a Zenit, sección "Audiencia del miércoles", con fecha 2 de junio de 2004 [2004-06-02] está el comentario de Juan Pablo II al Salmo.
¡Recemos por Juan Pablo II!
¡Buenas noticias: clic!

jueves, 24 de febrero de 2005

Arranques patrióticos

Iba por la calle y desde la disquería se escuchaba una canción en inglés.
Bien podría haber omitido lo de "en inglés". Pero las personas que quieren a su patria, a lo suyo, perciben "automáticamente" cuando algo no es de la propia tierra sino que proviene de un país extranjero. Una de esas personas, habitante de un país de lengua no inglesa, no puede decir, al ir por la calle: "desde la disquería se escuchaba una canción" y nada más. Debe agregar que es "en inglés", un idioma distinto del propio. Algo "distinto a lo normal" ocurre y es que la canción es en inglés. Se percibe así.
Lo cierto es que acá en Buenos Aires no es nada "distinto a lo normal" que se escuche mucha música en inglés. Por eso y por otras causas, ya no aclaramos cuando una canción es en inglés. Es una canción y punto. Triste punto.
Atención pido, muchachos*: notar que algo es extranjero no es despreciar lo extranjero. Es amar lo propio. (Así como el notar las diferencias de raza o de religión o de otro tipo no es discriminar ni no tolerar; por el contrario, omitir dichas cuestiones, o intentar vivir sin ellas, es propiamente no tolerar; pero ese es otro tema).
La canción decía: "all I need is the air that I breath..." [Todo lo que necesito es el aire que respiro]. Y si me llamó la atención en ese momento no fue porque estaba cantada en inglés, sino porque una o dos veredas antes un señor, agobiado por el calor, había dicho: "¡Qué dia! ¡No hay una gota de aire!"
* "Atención pido, muchachos, que ahí va un tango, un tango de mi flor". Con estas palabras, Angel Vargas daba introducción al tango "Naipe Marcado", en un caset de mi papá.

miércoles, 23 de febrero de 2005

Vida y muerte (con hipótesis de yapa)

Dice Fabricio, un obrero de curtiembre nada zonzo y bastante revolucionario:

El hombre nace lleno de preguntas: vivir es contestarlas. Y el que no las contesta muere.

Sus palabras me sonaron conocidas. No sé si alguien más famoso dijo esto antes... Fabricio es un personaje de la pequeña pieza teatral "La batalla de José Luna" de Leopoldo Marechal.
Y ahora otra vez Castellani. Sus oraciones me van dando letra. Esta vez un fragmento de "Alegoría de la vida y de la muerte":

La vida es una cárcel sin barrote
o con barrotes que se ven apenas
o no se ven hasta que vienen penas
que te agarrotan y te dan garrote


Lo más barato es aceptar el bote
mejor que por las malas por las buenas
y en sacudón que rompa las cadenas
naufragar y salir nadando a flote


(...)

Quizás este último verso sea algo triste... pero tal vez haya sido Castellani (aventurada y loca hipótesis de parte de un Catellanineófito) una de esas personas que "consiguen amar la tristeza sin ofender a Dios, sin pecar contra la esperanza", como dice Hernán (ver) que ponía Bernanos en boca de uno de sus personajes. Y eso dicho como un elogio, ya que ¿quién podría pasarlas como Castellani sin estar triste? ¿Y aún triste no perder las esperanzas?

martes, 22 de febrero de 2005

Misterios. Vida.

Para curarse de muchas "soberbias" basta con pensar una cosa. Pensar que si estamos acá no es porque lo hayamos decidido nosotros.
Otro asunto. Si bien una vez crecidos podemos "decidir" si nos quedamos o no, el no querer la vida creo que es algo enfermizo. Aunque sea de la forma más resignada, queremos la vida. Un cantante popular con el que me están poniendo a prueba la paciencia algunos compañeros, dice casualmente en una de sus canciones, en palabras que traslucen tristeza:
Vivo,
porque sobrevivo,
porque aunque no quiera
tengo que cargar conmigo.
Y por allá se escucha otro que dice:
Sin querer nací,
pero, bueno, aquí estoy (...)
Queremos vivir; nuestra vida no la hemos decidido, pero en cierta forma la elegimos.

(...) una especie de terca persistencia
afincada en los mismos huesos médula y panza
que tiene más carácter de instinto que de ciencia
y está más dentro y honda que la misma esperanza
inaccesible a la conciencia.
*

* De la oración "Comparaciones", de L. Castellani en "El libro de las oraciones".

viernes, 18 de febrero de 2005

Misterios. Muerte.

De un artículo de Zenit (ZS05020309, 3 de febrero de 2005) referido a cuestiones a tener en cuenta en la donación de órganos, leí cosas muy interesantes sobre la muerte.

Según «la antropología cristiana», afirma el Santo Padre en respuesta al interrogante, «es sabido que el momento de la muerte de toda persona consiste en la definitiva pérdida de su unidad constitutiva de cuerpo y espíritu».

«Cada uno de los seres humanos, de hecho, vive en la medida en que es "corpore et anima unus" [la [«unidad de cuerpo y alma» ndr.] (Gaudium et Spes 14), y lo es hasta que subsiste esta substancial unidad-en-totalidad».

Por tanto, reconoció, «la muerte de la persona, entendida en este sentido primario, es un acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente».

Desde el punto de vista clínico, consideró, «la única manera correcta --y también la única posible-- de afrontar el problema de la certeza de la muerte de un ser humano es la de concentrar la atención y la investigación en la individuación de los adecuados "signos de muerte", reconocidos a través de su manifestación corporal en el individuo».

Citando un discurso de Pío XII de 1957 el pontífice concluyó la respuesta a su pregunta aclarando que al afirmar que «corresponde al médico dar una definición clara y precisa de la "muerte" y del "momento de la muerte" de un paciente que expira en estado de inconsciencia».

Acostumbrado a pensar mucho en el otro límite, el del origen de la vida, esto capturó mi atención.
En primer lugar, me alegra cuando la Iglesia de la cual formamos parte dice a través de los responsables cosas como: "la muerte de la persona, entendida en este sentido primario, es un acontecimiento que ninguna técnica científica o método empírico puede identificar directamente". Porque es de valientes hoy en día reconocer la impotencia ante el misterio. Hoy en día todos sabemos de todo, todo opinamos de todo y el que respeta los misterios es visto como un primitivo o un hombre de la Edad Media (con todo el mal concepto que hay de la Edad Media). Es algo valiente decir: "es un misterio y hasta que no sepamos más no podemos actuar o decidir sobre él".
El reconocimiento del misterio surge después de una profunda y estudiosa reflexión, guiada siempre por la recta intención. Al profundizar se comprende que hay algo que nos supera. Que no podemos ser tan orgullosos de actuar con autoridad sobre ello. Como en el origen: aceptar la vida que va a nacer aún con problemas serios de salud, o tantas otras cosas.
Eso sí. Siempre hay que estar atento, no sea que pequemos por irnos para el otro extremo. Como aquellos primitivos hombres que se veían en una propaganda, que decían: "¿para qué usar el tren si Dios nos dio caballos?" O como el cura de aquel cuento que en la inundación del pueblo no se subía a ningún bote ni aceptaba ningún auxilio de nadie porque "Dios lo iba a salvar".
Porque aceptar lo divino no es dejar de confiar en el hombre, como queda claro en el siguiente párrafo del artículo citado, cuando dice: "corresponde al médico dar una definición clara y precisa de la ‘muerte’ y del ‘momento de la muerte’ de un paciente que expira en estado de inconsciencia".
En segundo lugar, y ya es extenso el post, diré que también pensé sobre la muerte en sí. Esa prueba única. Ese examen final del que nunca nadie nos contó su experiencia completa. Podemos suponer que falta para eso y podemos calcular los días que pueden quedarnos. Y ver cuán pocos son. Y así valorar cada uno. Pero sabemos también que la muerte puede ser mañana, hoy. Y entonces también, cada día es único. Pensar en la muerte es meterse un poco en la realidad. Es darse cuenta que "esto" pasa.
Corremos, escapamos, estamos ciegos, estamos sordos, o ebrios, o adormecidos. Basta pensar un poquito en la muerte para despertarse.

jueves, 17 de febrero de 2005

Cuaresma


Desde España dijo Sweet Rome que dijo Monseñor Asenjo, Obispo de Córdoba, en su homilía del Miércoles de Ceniza: "Los pilares de la Cuaresma no son otros que la oración, la limosna, el ayuno y la reconciliación".
Ya sé, no es una frase célebre. Pero es justo lo que necesito. Dejar de buscar cuestiones novedosas que sólo conducen a una especie de regocijo intelectual en el misterio de la salvación. Que valen, pero no para mí ahora. Es hora de ponerme sencillamente obediente a hacer las cosas que tengo que hacer. Para vivir en plenitud la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

Para los sentimentales

No tenemos ahora "cable" (televisión por cable paga). Pero nuestra antena "posa pájaros" tradicional agarra un canal de la zona norte en el cuatro. Y estaban dando "Los Intocables". Con Kevin Costner, Sean Connery, Robert De Niro y elenco. ¿La vio el lector? Casi seguro. Nada muy elaborado. Esas historias simples de bien y mal, de honor y deshonor, de valores y cobardías, que de alguna forma nos atrapan.
Vamos al punto rápidamente. Si hay algo que me pone mal en la película es la muerte del "viejo", ¿cómo se llama? El que hace Connery. La voz de la experiencia del grupo. Matado por la mano asesina de Al Capone. Y eso que no era ningún pavote, pero dos contra uno... Me pone mal, se me ponen calientes los ¿pómulos? bajo el ojo, no de llanto, de rabia. Como si lo viviera.
Pero tengo un consuelo. Tengo un consuelo que no sé si será "de cristiano" o de qué. Pero es que el "viejo" cumple antes de morir. Consigue y entrega un dato importantísimo que permitirá la captura del contador de Al Capone y que este "ventile" cosas muy importantes en un juicio del que Capone saldrá preso. Y haya conseguido o no el dato, lo que lo hace "cumplir" es que el intocable entregó su vida por eso. Porque luchar por el dato le costo su "condena a muerte" de parte de la mafia. Su vida valió la pena porque el tipo luchó a riesgo de ella por lo que creía que era el bien, la justicia, y no cedió ante el mal que instalaba Capone en los cuerpos y en las almas de los mismos amigos del "viejo", policías corruptos. Así que ese es mi consuelo. Dar la vida por una causa noble da valor a la misma.
"Es un peliculín nomás", dirá alguno. Bien, ya lo dije. Y sé que además hay partes de dudosa enseñanza, como la del bueno que no puede perdonar al malo (Eliot Ness no resiste vengar la muerte de su amigo matando al "malo" con métodos fuera de la ley). Sé que no es gran cosa la película, pero vaya este post para que no se pongan tristes los sentimentales como yo que la vieron.

miércoles, 16 de febrero de 2005

Más pensamientos sobre fe y razón

Hay dos formas de entender eso de que la fe tropieza con la razón (que no es así).
Porque una cosa es que la razón parta para su trabajo de verdades de fe. Y otra que esas verdades no sean razonables (que no es así).
La fe no se opone a la razón. Unamuno en "Del sentimiento trágico..." no decía fe, pero si mi memoria no me falla hablaba de vida. Y me da la sensación de que él buscaba que la razón lo haga todo, incluso determinar el punto de partida de su propio ejercicio. Y si no lo hacía, pues fallaba. Como las verdades de las que partían grandes pensadores eran, digamos, "reveladas", entonces no eran de razón.
Pero no es así. Esas "premisas" no eran "creaciones" de la razón, pero no eran opuestas a ella, eran perfectamente entendibles. Y aceptables. Es posible que pueda oponerse la razón al sentimiento (no estoy pensando en eso), pero el hecho de que la razón no pueda fijarse su propio punto de partida (cosa cierta) no define que fe y razón sean incompatibles. Todo lo contrario.
La fe nos da un punto de partida. Creo en los testigos de Jesús que me transmitieron su Palabra. Y cuando me pongo a razonar (a partir de ello) encuentro todo eso y más como cosas perfectamente razonables, aunque a veces no pueda verlo de entrada (y ahí juega otra vez la fe para probar y ver, ir y ver, y así comprobar).
O sea, no hay verdades de fe que se opongan a la razón, verdades de fe que la razón encuentre "antirracionales". Es cuestión de aceptarlas. Lo que sí hay es una fe que le da el punto de partida (y luego un salto) a la razón, esas cosas que esta última no puede hacer.

Expedición

Viajamos entre la tormenta,
después de la explosión de Dios.
Cada relámpago nos muestra
fantasmagóricos de amor.
Al volver a escuchar esta canción me pregunto qué es eso de la explosión. ¿Puede ser como el fin, la muerte de Dios? Pero no la de Cristo, supongo. ¿Será como la de Nietzsche? Mi imaginación era más amplia. Daba forma a una especie de idea creacionista y evolucionista en que Dios creaba al mundo con una explosión, el big-bang; y luego ahí estábamos. Es un sentido totalmente opuesto, por lo que verán. (El tema de los fantasmas es una constante en el disco. Y no lo entiendo muy bien).
A cada paso se hunde el lodo,
salta un reptil, acechan diez.
Cada segundo es como el cobro
de lo que resultamos ser.
La travesía que tiene lugar luego de la explosión de Dios no es nada agradable al parecer. Por eso si la explosión de Dios fue su muerte a lo Nietzsche, acepto que el posterior viaje por el mundo es algo desastroso. Ahora bien, si la explosión fue la creación, es la vida (con Dios no muerto) lo que resulta un viaje difícil. Cosa que en un sentido es cierta, pero es otra idea, idea algo negativa si pensamos que la une directamente con la creación (y no da lugar al paraíso y a la caída).
Sea como sea, está presente el mal en este viaje. Otras veces hablaste de serpientes. Serpientes que se vencen con bien, por lo tanto son el mal. El mal como serpiente... no está lejos de lo que dice nuestra Biblia. Cada segundo en esta tierra es un segundo de ser caído, acechado por la serpiente; por la serpiente nos dejamos tentar, y ahora "pagamos" por ello.
A bordo de esta expedición
va un loco, un albañil,
un nigromante, un ruiseñor
y un beso espadachín.
De todo hay en esta viña, sí señor.
Nos falta un día, un niño, un don
para sobrevivir.
Pues bien, Silvio, ahí está la clave. Me sorprende que no seas creyente. Buscas un niño, ¡un niño! Nosotros conocemos a ese Niño. El Niño Jesús. Y creemos en que necesitamos ser niños. ¡Y hay un día! Un día en que nació el Salvador. Y un día en que nos dio el don máximo, el don de su Vida.
Silvio Rodríguez es de esos artistas de los cuales no podemos creer (¿Ciegamente? ¿Soberbiamente?) como no se convierten y creen. Sí, sí, ya sé. Conozco respuestas. Pero me refiero al hecho de que sus palabras tienen rastros de verdad, si se puede decir esto, y por eso extraña que no pueda ir un poco más allá. Si es que no fue ya.
Para cerrar esto, una letra suya más antigua que es muy linda (por lo menos así como la entiendo yo), y dice:
Debes amar la arcilla que va en tus manos,
debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas que será en vano.
Sólo el amor alumbra lo que perdura.
Sólo el amor convierte en milagro el barro.