sábado, 30 de septiembre de 2006

¿Quién soy?

(23:02)

Moi je n'étais rien
Et voilà qu'aujourd'hui
Je suis le gardien
Du sommeil de ses nuits
(…)

viernes, 29 de septiembre de 2006

¿Qué será?

Quizás sea el asiento; es muy cómodo. Quizás sea el viernes; es muy cerca del sábado. Quizás sea que la materia del trabajo a encarar es un poco “densa”. Quizás sea que caminé por un cementerio de máquinas y equipos, con sus lotes y calles internas, al modo de un cementerio humano, con sus casas en donde nadie vive. Y donde las calles son arboladas, abiertas al sol y da una fuerte impresión ver tanta vida al lado de tanta muerte. Más aún en primavera. La primavera que canta en el buche de los pájaros, arde en retoños vegetales y de muertes nada sabe.
Quizás sea todo eso.

jueves, 28 de septiembre de 2006

Mallea en dos fragmentos

El primero es parte de un artículo que se encuentra en Internet y está firmado por el Dr. Alberto Fernando Roldán (el autor es argentino, doctor en teología y ensayista).

Y de la estética y la ética, se llega –siguiendo el camino trazado por Kierkegaard– al ámbito metafísico y teológico. Toda la obra de Mallea está atravesada por la búsqueda de Dios y la exaltación de los valores religiosos tal como se expresan en el cristianismo: la fe, la esperanza y el amor (…). Hay un ansia irrefrenable en los personajes por encontrar a Dios o, quizás, buscar en Él una respuesta a tanta soledad y angustia existenciales.

El segundo fragmento, a continuación, pertenece a una “Carta a Eduardo Mallea” escrita por Leopoldo Marechal en 1938 en la revista “Sol y Luna”.

Desde luego, no me parece fácil hablar serenamente de tu Historia de una pasión argentina: es la historia de una pasión, referida con el lenguaje de la pasión, vale decir, es un idioma que solicita y consigue la “compasión” del lector más que su asentimiento especulativo. En ese terreno, el de la pasión compartida, estoy a tu lado, y lo estarán seguramente todos aquellos lectores (no sé si abundan) que sufren actualmente lo que podríamos llamar “la pena metafísica de ser argentinos”. (...)
Una pasión argentina. Ese vocablo “pasión” usa en tu obra su sentido literal de “padecimiento”. Padecer la Argentina de hoy, llevarla como una herida en el costado, tal es tu historia y quizás la de muchos argentinos.

Nota necesaria para lectores de más afición politica: algunos sabrán en qué forma Marechal vivió su pasión por la Argentina y tendrán su opinión acerca de él. Otro tanto pasará con Mallea. Pero este blog no suele hablar de política (porque, en general, la política se me escapa). Habla, en todo caso, de hombres. Y más allá de sus diferentes ideas políticas, estos hombres, y sus inquietudes en común, me atraen.

martes, 26 de septiembre de 2006

Ideas desde la bahía

Que la sociedad rechaza a los distintos, es sabido. Pero es interesante el concepto de Eduardo Mallea acerca de la “sinceridad con uno mismo”:

Figuraba por último entre nuestros vecino de cuarto un viejo médico bohemio de apellido Dervil, que había abandonado su profesión años atrás, en virtud de su decepción filosófica de la ciencia; vivía como un soñador, pobre como las ratas, pero rico de ideas, experiencias y cuentos, y a nosotros nos gustaba conversar con él. A los hombres como este, que no han llegado en la vida a otra conclusión que a ser sinceros consigo mismos, la sociedad los llama parásitos, o inmorales o locos. La sociedad está siempre dispuesta a clasificar rotundamente a los que arroja fuera de sí, tal vez porque a lo que resentidamente aspira es a encontrar al fin un nombre que cubra y justifique la informe masa de su gregaria ficción.

Así lo deja ver el autor en las primeras páginas de “La bahía de silencio”. Y no sé si más adelante lo desarrollará, pero como el libro me ha atrapado, creo que a su tiempo se los podré decir.

lunes, 25 de septiembre de 2006

Pegadi-sol

Cuando uno, por esas cosas de las radios-que-dan-temas-viejos, vuelve a escuchar las canciones de una juventud más temprana, los efectos son imprevisibles.
Aunque su cuarto de hora ya había pasado, yo me había copiado un disco “en vivo” de “Los Abuelos de la Nada”. Y en ese disco cantaban una simpática (y algo irreverente) canción llamada “Medita sol”.
Una radio ajena me cantó hace unos días sus peculiares estrofas, y hoy no me la puedo despegar. Será la primavera…
Sol de las branquias del pez
De mi noche capitán
Sol del rico, sol del pobre
Sin edad tu soledad
Sol que matas de verdad
Solfeando en la oscuridad
Sol que vuelcas tu cariño
Sobre el día

Cada estrella es otro sol
Cada hombre un soldador
Uniendo las partes rotas
Del gran espejo interior
Soldadito del amor
Del solar quiero ser sol
Y abrazarte como un
Sol que te fascina… ¡Buena moza!

domingo, 24 de septiembre de 2006

Status viatoris XXV

Volvemos a la serie pero lejos de la filosofía. Eso sí, siempre alertados por Pieper, para no perder noción del pleno significado del status viatoris. Aunque también siempre como quien intuye en el gusto por el viaje alguna relación, porqué no, con la condición de viator.
Una deuda pendiente era hablar de viajes en tren. Como dentro y fuera de la serie los he cansado con relatos sobre rieles bonaerenses, hablaremos ahora de otros grandes trenes.

Viajaría en tercera, en banco de madera... o sobre el mismo suelo, si se trata de hacer el recorrido del Transiberiano. [1]


Los abrumaré con datos, al estilo enciclopédico [2]:

El Ferrocarril Transiberiano (TS-R) une Moscú con la costa del Océano Pacífico. Con sus 9.440 km, es la línea ininterrumpida más larga del mundo. Los gobernantes de la Rusia zarista lo construyeron para reforzar el control sobre Siberia y poder estar conectados con la base naval de Vladivostok. La construcción comenzó en 1891 y en un plazo de 10 años fue posible viajar por tren al Océano Pacífico. Para 1912, los Wagons Lits prestaban un servicio de lujo en todo el trayecto del T-SR. Durante la era de la Unión Soviética se mantuvo un alto nivel de confort y la línea fue electrificada después de la Segunda Guerra Mundial.

Otros datos interesantes son los siguientes:

Hasta 1904, los trenes que recorrían el T-SR se cargaban en transbordadores y cruzaban el lago más profundo del mundo, el Baikal. Debido a que el lago se congela desde enero a mayo, algunas de estas barcas se construían con aptitudes de “rompehielos”.


Hasta 1914, los pasajeros del TS-R que partía de Moscú eran obligados a transbordar a trenes que eran de propiedad del ferrocarril oriental chino, para completar el viaje a Vladivostok. Pero los peligros de viajar a través de la provincia china de Manchuria, donde los trenes eran frecuentemente atacados por bandidos, hicieron que los rusos construyeran una extensión oriental del T-SR que estuviera en territorio ruso. [En el mapa de más arriba aparece la ruta modificada, que en la actualidad permanece sin cambios].

Y ya los dejo. Con un clic para aquellos que gustan de estos temas.

Notas:

[1] Y no lo haría por alejarme, como el poeta.
[2] “El libro del tren”, título en español para un libro ilustrado de Peter Herring.

miércoles, 20 de septiembre de 2006

La fe de los maestros

Tomada del libro del que hablo en la entrada anterior, he aquí una frase de un discurso de Juan Pablo II a sacerdotes el 1º de marzo de 1984. Me pareció que se podía aplicar a cualquier tema de enseñanza y que es sin duda una cuestión relacionada con la fe de los que enseñan.

Todo lo que enseña la Iglesia sobre la procreación responsable no es más que aquel proyecto originario que el Creador imprimió en la humanidad del hombre y de la mujer que se casan; y que el Redentor vino a restablecer. (...) Estad seguros: cuando vuestra enseñanza es fiel al Magisterio de la Iglesia no enseñáis algo que el hombre y la mujer no puedan entender. También el hombre y la mujer de hoy. Esta enseñanza, efectivamente, que hacéis resonar en sus oídos está ya inscrita en su corazón.

martes, 19 de septiembre de 2006

Acto de amor

Entre las recomendaciones a las que me apliqué está un librito que habla de paternidad responsable. Cosas en que me quedé pensando al terminarlo, son las siguientes.

Uno, en la importante tarea de cuestionarse siempre los motivos por los que uno decide evitar la procreación (¿son serios motivos?). Otro, de recurrente aparición desde aquella vez en que escribí algo por estos lares: ¡Qué difícil para el hombre moderno, acostumbrado a manejar y dominar tantas cosas, pensar que debe respetar la naturaleza del acto sexual sin separar unión de procreación! Un hombre que interviene en todo con el fin de mejorarlo (con resultados buenos o malos, muchas veces estos últimos tenidos por buenos), siente como un acto primitivo (en el mal sentido) eso de respetar las cosas como son, como Dios las hizo.

Pero he descubierto, en días previos, algo magnífico (de todos modos no se fíen de mí, que suelo divagar un poco). Lo diré así: la entrega total en el acto sexual es algo necesario, a la manera de una buena liturgia para el culto divino. Para cumplir con dicha “liturgia” basta que sigamos las instrucciones divinas. Y ellas están inscritas en la naturaleza: completar el acto de unión sexual sin truncarlo. Eso quiere decir entregarse todo. Sin nada en el medio.

Varón: casi me animo a decirte que, en la búsqueda prioritaria del bienestar del cónyuge, los esfuerzos por pensar en los modos físicos y psíquicos de su satisfacción de nada sirven si no te decides a entregarlo todo. A ella, darle todo. Y verás qué bien te sientes y cómo es eso más pleno que cualquier otra cosa.

(Por cierto, el regular los nacimientos, por motivos serios, mediante los métodos naturales, no atenta contra esta magnífica donación personal que se hace al completar el acto. Además, la satisfacción de los esposos es una de las garantías más grandes de verdad. Pero si quieren palabras autorizadas, vayan a las fuentes).

lunes, 18 de septiembre de 2006

Invirtiendo en la biblioteca familiar

Los Pensées no podían faltar en la biblioteca. Los incorporamos con una edición 1977 de Losada, con prólogo de François Mauriac y “traducción del texto del autor con las adiciones de Port-Royal convenientemente distinguidas por E. D’Ors”. Irrisorios cuatro pesos.
Una voluminosa edición tapa dura de Espasa Calpe, de 2001, de las Poesías Completas de Antonio Machado, segunda incorporación por nueve pesos.
Entre míseros libros usados encontré la Palabra de Dios, el Nuevo Testamento en una edición que no conocía, y hasta dedicada por un padre a su hijo. Pensé en rescatarla de esos piojosos cajones, pero después decidimos no hacerlo, y me quedé con el consolador pensamiento de que podría estar ahí para alguien más.
De esos mismos cajones llevé un libro sólo porque salía dos pesos y eso me parecía poco para una historia de Georges Bernanos (al que conozco sólo de oído y citas de blog): “Nueva historia de Mouchette”, editada en 1986 por una casa española llamada Caralt.
El Niño Dios, relato de Marechal para niños, con las ilustraciones de Silvia Martín, se ve que viene cotizando en baja porque le observé una marca por quince y una etiqueta por trece, llevándolo nosotros a sólo ocho pesos.
Al final, y viendo que era la librería que más baratos los tenía (seis pesos), llevamos dos de la colección “Biblioteca de Premios Nobel”, de tapa dura, de la española Altaya: “Thérèse Desqueyroux” de F. Mauriac y “Un día en la vida de Iván Denisóvich” de Alexandr Solzhenitsin.
¿Leerlos todos? No sé. Quizás algún día. Estas son inversiones para la biblioteca familiar, alguien las aprovechará.

sábado, 16 de septiembre de 2006

Líbranos del mal

Ya que Ecazes lo sugiere, sigo con Chesterton. Pero aunque el resto del artículo ya citado es interesante, vayamos a otro en el que G. K. hace una analogía entre el hundimiento del Titanic y la sociedad moderna (1912).

El artículo se llama “La analogía del gran naufragio” y aunque es muy corto, todavía no lo terminé. Empieza aclarando que “la tragedia del gran naufragio es demasiado aterradora para analogías de mera fantasía”. Pero la que él se propone contar no lo es. Y creo que esta es una de las frases más interesantes:

Muy fuera de la cuestión de si alguien es culpable, permanece el enorme hecho sobresaliente de que no hay ninguna clase de sana proporción entre la extensión de provisiones para el lujo y la levedad y la extensión de las provisiones para la necesidad y la desesperación. El esquema hizo demasiado para la prosperidad y demasiado poco para la angustia -exactamente como el estado moderno.

Agitadas así las aguas de mi pensamiento, salieron otras cosas a la superficie. Una es una expresión del autor Mora-Fandos:

Me asombra la tranquilidad de ánimo con que nuestro mundo confía en domar hasta el propio mal. Domar, no domesticar, porque eso supone hacer domésticos, de la domus propia, hacer de la familia, familiarizar con uno a alguien.

Y otra es una de las frases de la campaña de un político, que no hace mucho empapeló paredes. Con la intención de prometer acceso seguro a la asistencia sanitaria (imagino), el don, o sus asistentes, se despachaban con una frase que revelaba toda una idea de fondo (consciente o inconsciente). Con imagen de un bebé pequeño, decía en generosa imprenta algo como: “Por el derecho a crecer sanos”. (Como si no enfermarse nunca fuera un derecho del hombre).
Resumiendo, tres aspectos de un mismo problema: no tener en cuenta el mal, pensar que lo dominaremos mediante nuestras fuerzas y, más aún, pensar que tenemos el derecho a no sufrirlo.
(Líbranos del mal)