Es típica la apariencia de los Caminos que terminan en la nada, en un muro, en un espejo de agua u otras cosas, cuando en realidad al final hay una curva que no se está viendo desde la propia perspectiva. Pero en este caso estamos en la vieja traza de la ruta 12 en Misiones y la ruta (hoy calle zonal) literalmente se sumerge en el embalse del río Urugua-i, creado para generación hidroeléctrica y en funciones desde 1990.
Nunca pude estar en Casa de Piedra, que me dio la excusa para hablar de los espejos de agua artificiales y esa decepción que yace debajo de la visión del espectáculo inicial. Ahora en Urugua-i vuelvo a experimentar esa sensación. Sin embargo no deja de ser reconfortante la visión del espejo por las mañanas o las tardes.
Uno se decepciona con la artificialidad de los paisajes de los embalses pero es casi el instinto humano, ese afán de recrear que tenemos el que los genera. Me di cuenta cuando estaba en esos típicos momentos que regalan unas vacaciones junto a un arroyo a una persona inquieta: acomodar piedras para hacer diques y modificar los pequeños cursos de agua.
Claro que con total inutilidad, y por belleza pura de ver el agua bailar, como corresponde a todo tiempo de vacaciones. Pero allí está sin duda el germen de las futuras represas hidroeléctricas. Basta que el individuo tenga nobles afanes de progreso y darle algunos estudios ingenieriles. Y no lo digo irónicamente.

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