Continuando con el análisis de la biblioteca y como fue solicitado por nuestra numerosa audiencia en Bangladesh, vamos a estudiar el caso de las estanterías exclusivas and related affairs.
Hay ciertos autores que por ser nuestros preferidos tienen estantes propios. Allá hace tiempo unimos bibliotecas teniendo ella un grueso conjunto de libros de Dostoievsky, Unamuno y Lewis, principalmente. Yo tenía algo así con Marechal.
Esos paquetes se fueron engrosando también en la nueva biblioteca y se crearon además nuevas estanterías exclusivas como las de Chesterton, Dickens o Tolkien.
Tolkien comparte con Lewis. A la colección marechaliana la acompañan dos obras de su amigo Bernárdez. Y Chesterton sostiene a un pequeñito volumen de Hilaire Belloc. Digan si no es un interesante criterio de ordenamiento de bibliotecas este de “por amistad de autores”.
Un autor numeroso pero cuya obra se dispersa y por eso no se ve su volumen (y por cierto es gigante, más allá de su volumen) es quien escribió como Karol Wojtyla y luego como Juan Pablo II. Y como ya trascendimos la literatura hay que mencionar la importante representación de Romano Guardini en nuestros estantes.
Cuánto tenés de cada autor se puede medir en centímetros de estantería. En ese caso Marechal sale ganando porque, después de tener varias obras, un buen día me compré las completas. Me animo a decir que el de Almagro está a la cabeza con 46 centímetros. No importa que haya obras repetidas. El que lo haya puede ser un indicador de la atención que le dedicaste alguna vez al autor.
Otros autores no mencionados que, sin ser de estantería exclusiva, disponen en nuestra biblioteca de una buena cantidad de ejemplares (y por ende de centímetros de estantería) son: Greene, Conrad, Tolstoi, Melville, Conan Doyle, Faulkner y el ya mencionado Verne.
(En el día de la Asunción)
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