martes, 3 de mayo de 2005

Teatro griego

Del Póslogo de una tal Prof. Hebe Monges a la edición 2004 de Colihue de "Antígona Vélez", de Leopoldo Marechal:
"Todos los pueblos y culturas primitivas han tratado de explicar­se los fenómenos físicos y los sentimientos y sucesos que no lograban comprender racionalmente por medio de mitos, fábulas, leyendas, sagas heroicas. (...)

El más vasto y estructurado de los mundos mitológicos fue creado por la imaginación griega (...)

Los mitos constituían el sustrato de la cultura ática, pero es el teatro clásico el que los ha transmitido en su forma más elevada y poética. El público griego acudía entusias­mado al teatro en el siglo V a. C. para aplaudir las variantes de la armazón formal del mito, las nuevas interpretaciones que le con­ferían los autores trágicos, porque no lo consideraban un modelo fijo sino el germen de reelaboraciones y evoluciones. Es decir, el mito era para los griegos algo provisto de vitalidad. Las versiones teatrales se ocupaban de la condición humana inmanente al mito, de lo esencial, de lo que sobrevive al cambio y pertenece a todos los hombres (...)

Un ciudada­no ateniense que concurría a presenciar una tragedia sabía de antemano la trama y disfrutaba de las innovaciones, pero intuía que la tesis oculta detrás de esas variaciones le competía como ser humano. (...)

El gran teatro construido en la ladera que ascendía hacia el Partenón, en Atenas, no estaba cubierto. Veinte mil asientos se disponían en filas semicirculares, asientos sin respaldo que prime­ro fueron de madera y después de piedra. El público debía perma­necer, incómodamente sentado, durante un largo día, por lo que llevaba almohadones y portaba alimentos (...)

La multitud, al principio ruidosa, se retiraba en silencio si había experimentado la catarsis, la piedad y el temor, y a través de ello, se había purificado de sus pasiones."
- ¡Igualito al tiatro o al cine de aura! -dijo un paisano irónicamente.

lunes, 2 de mayo de 2005

"Stabat Mater"

La Enciclopedia Católica lo escribe, en coincidencia con lo que yo siempre supe o recordé, así: “Stabat Mater”. El famoso himno acerca de la Virgen al pie de la cruz de Jesucristo.
Pero hablando del compositor Haydn, la misma EC dice que hizo un “Sabat Mater”.
En "Google" encontrarás muchos
resultados de “Sabat Mater”, referido la mayoría de esas veces a las obras musicalizadas de Haydn, Pergolesi, Dvorák, etc. Aunque también muchos resultados de “Stabat Mater”. Pero si vas a “vaticano.va” y su buscador en archivo, sólo hallarás “Stabat Mater” y ante la pregunta por “Sabat Mater” obtendrás resultados que incluyen Mater y Sabato (por sábado).

Ahora bien, existe la fiesta de
Santa María en Sábado, pero no tiene nada que ver, aunque los incultos en latín querramos asociar un pretendido "Sabat" a "Sábado". Y está visto al cliquear en los diversos links que lo que se contiene bajo el título de "Sabat mater" no es sino el mismo "Stabat Mater". Entonces estaríamos ante un error muy difundido, que es el de decirle “Sabat Mater” al “Stabat Mater”. Y el texto de anteayer de un tal diario "El Tiempo" (a propósito de las celebraciones en Nuestra Señora de la Guardia) tendría ese error.

Lunes

(Pensaba hoy a las nueve de la matina, antes de empezar a trabajar...)

Tengo una inercia de reposo te-rri-ble. Ni siquiera de MRU*. Pero el mundo me reclama. Aquí estamos. Aquí vamos nuevamente.

Un día contemplando el agua, otro día un monitor. Un día canto de pájaros, al otro rings telefónicos. Un día hablando naturalmente, otro día más parecido a un escenario.

Aquí estoy. Aunque no sea de aquí, aquí estoy. Y hay que transformar. Aunque sea con los compañeros. Charlas más profundas, comportamientos más humanos.

El aislamiento, el buen aislamiento del mundo, no sé si es para mí. Lo deseo, como no. Sin duda que lo deseo. Pero se mezcla con mis defectos. ¿Cómo discernir?

Debo estar en el mundo, enfrentar los problemas, evangelizar, transformar, ser testigo entre la gente. Son también testigos aquellos que se van del mundo. Son signos visibles para el mundo que no puede ver. Pero yo... ¿debo ser testigo entre la gente? No sé, no estoy seguro de esto, sólo sé dónde estoy, dónde estamos (y de dónde somos).
¡Ring!
* Según la física de Newton, todos los cuerpos están en reposo o Movimiento Rectilíneo Uniforme (en línea recta y a velocidad constante) hasta que una fuerza actúe sobre ellos.

sábado, 30 de abril de 2005

Redescubriendo actos religiosos

Recordé lo que había dicho Arp acerca del "Oficio de tinieblas" cuando leí este párrafo de la historia de la Parroquia "Nuestra Señora de la Guardia", iglesia que es parte de la historia de la Pequeña Obra de la Divina Providencia (la obra de Don Orione) en la Argentina.
Copio el párrafo y así además se enterarán de otras celebraciones (o las recordarán) que se hacían antes y que sería muy interesante conocer:
El mes de abril de 1935 fue pródigo en actos y celebraciones. El martes 23, "El Tiempo", en un artículo firmado por Anselmo Cruzado, comentó ampliamente los actos religiosos de Semana Santa que tuvieron lugar (...), destacando especialmente, la presencia de Don Orione. "El viernes santo a las 8 horas tuvo lugar el Canto de la Pasión, Adoración de la Cruz, Procesión y misa de Presantiflcados; a las 14 se efectuó el sermón de las Siete Palabras, alternados con cánticos apropiados; a las 15, Sermón de Agonía, por el Rdo. Padre Orione. Canto de Sabat Mater y Vía Crucis; a las 18 el oficio de Tinieblas. Sermón de Soledad, por un padre Pasionista, finalizado el cual, con la imagen de la Dolorosa, se organizó la procesión alrededor de la plaza (...). Este acto es digno de ser destacado por la gran cantidad de personas que integraron la columna, quienes eran portadoras de velas encendidas, lo que dio un colorido y una solemni­dad especial a esa profesión de la fe católica. De regreso a la iglesia, el numeroso público tuvo ocasión de escuchar una emocionante alocución del reverendo padre Juan Luis Orione, Superior General y fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia".
El que conozca todas esas celebraciones es sin duda un gran erudito (o se deschava con la edad). En próximos posts trataré de ir poniendo lo que encuentro sobre dichos actos. Algo sobre Sabat Mater y Stabat Mater, algo sobre esos "sermones", en fin, lo que pueda, no prometo nada, no insistan, no, no, dije que no sé, bueno, bueno, no se pongan cargosos, chau, chau...
(Es cuestión de darse cierta importancia).

jueves, 28 de abril de 2005

Al mundo le falta un tornillo (200)


Al mundo le falta un tornillo,
que venga un mecánico,
¡a ver si lo puede arreglar!

Salió hoy en
La Nación:

Polémica decisión en Gran Bretaña
Autorizan la selección de embriones para salvar una vida
La Cámara de los Lores permitió que una pareja británica conciba un hijo para trasplantar sus tejidos a su hermano, que padece una enfermedad en la sangre

LONDRES (ANSA).- La Cámara de los Lores, la máxima instancia judicial del país, autorizó hoy a una pareja británica a concebir un "bebe de diseño", para poder tratar a un hijo con una enfermedad degenerativa.

(...)

Y sigue, pero creo que con eso alcanza. Yo, al menos, no puedo seguir. Este no es un blog que guste la morbosidad, pero no puedo evitar gritar y decir: "¡Miren! ¡Miren! ¡Estamos locos!" Quizás llegue el grito a alguien.
Sí, ya sé, no digan nada. Pero yo no pierdo las esperanzas.
¿Lo de doscientos del título? ¡Ah! Este es el post doscientos de "Aquí estamos". No le tocó noticia muy alegre al pobre.
Mi blog es como un país latinoamericano, tiene poca historia. Parece, sin embargo, que no es nada original anunciar los “200 post”. Observad aquí.

Del mundo "adulto" que tenemos

Hoy que todos sabemos de todo, hoy que “mi opinión” es tan importante, esta deja de ser una opinión y pasa a ser una verdad. No es que no pueda tener algo de verdad una opinión, pero las opiniones contemporáneas gozan ya de una categoría de verdad superior. Mi verdad, tu verdad, su verdad, la verdad de nosotros, la de vosotros y la de ellos.

Me imagino que como verdades posesivas (mi verdad, tu verdad...) pueden considerarse la propia vida, el propio pasado, lo que siento o sentí, mi presente y mis expectativas futuras. Cosas así. Pero no hay verdades posesivas respecto a otras cosas. Hay campos en dónde la opinión no es más que la opinión, y tiene menos valor de verdad que lo que verdaderamente sucede o existe.

Cuando el hombre pierde la esperanza de encontrar la verdad, la verdad explota en mil pedazos y cada uno cree verla en el pedacito que le cayó cerca.

“¡Vos también crees tener toda la verdad!”, imagino que me dice alguien. “Amigo”, le digo, “yo no, Jesús”. O sea, Dios. Dios, el único que puede tener toda la Verdad. Jesús me dijo que Él es la Verdad. Y yo le creo. Quiero ser feliz, como los que creen si n haber visto.

Al no haber bondad o maldad, verdad o mentira, todo se rige por el voto de la mayoría, tiranía del propio pueblo, esclavitud de uno mismo.

Los grandes líderes de la Iglesia, nuestros pastores, discuten sobre muchos temas. Yo, como perro comiendo de las migajas que caen de la mesa, leo sus escritos. Tomo de a poco una encíclica, una instrucción, una palabra a la multitud y la trato de entenderla. Me vuelco a ella con toda mi razón, toda mi capacidad de entendimiento. Y veo que es buena. Veo que no falla.

Es lo único que puedo hacer. Sí, a veces, antes de leer no entiendo nada. Incluso debo leer y pensar mucho hasta comprender. Y hay muchas cosas aún oscuras para mí. Pero lo maravilloso descubierto y “entendido” hasta ahora me da esperanzas de poder entender, me da fe en lo que aún no logro “comprender” (¿se puede decir así?).

Pero el mundo “creció”, dicen. Ya no necesita padres, es adulto y puede hacer las cosas sólo. (Suspiro). Lo dudo. Yo creo que en muchas cosas el mundo es como más un adolescente. Tiene ganas de saberlo todo, pero aún le falta un poco de ayuda paternal.

El mundo que se cree crecido estima que puede saber de todo. Este es el mundo de los “foros de opinión” (de un tema opinan todos y sobre la opinión se pretende construir la verdad), el mundo del voto de las mayorías, pero mayorías que ignoran lo mejor para hacer lo que libertinamente quieren.

El mundo dice ser adulto y no cree necesitar un guía. ¡Ay, ay, ay! Yo no creo estar a la altura de los grandes y buenos sabios. Es por eso que no puedo ponerme a discutir con ellos y a pesar de tener algo como una opinión (¿qué cosa podrá ser una opinión mía sobre ciertos grandes temas?) no puedo sino suponerla frágil, necesitada de educación.

Para terminar les voy a confesar una cosa. No me es difícil ser tan desconfiado de mis opiniones. En realidad, un defecto mío me ayuda y toma la forma aparente de humildad. El defecto es valorar poco mis opiniones. Soy de confiarme “en las cosas como deben ser” para no tomar una decisión propia, o por una especie de miedo casi inconsciente a que se “caiga la estructura en la que estoy sostenido”.

Ojo, intento cambiar este defecto, revuelvo y revuelvo las palabras de nuestros pastores que no entiendo, no me conformo si no las entiendo, como haría alguien ya muy irresponsable, alguien muy aferrado a una estructura.

Pero reconozco que aquellos que parecen irreverentes con sus opiniones tienen a veces la virtud de confiar en sus opiniones, la virtud de animarse a decidir por propia cuenta, sin esperar que alguien le diga “como deben ser las cosas”. En ese sentido son más libres que yo.

Por supuesto, estas dos formas de ser nunca se dan puras, todos tenemos algo de las dos. Hay que balancear, señores.

miércoles, 27 de abril de 2005

Látigo o caricia

"La caridad como látigo o como caricia", me había dicho alguien una vez. "Como León Bloy o como Don Bosco", agregaba. Eso me abrió mucho la mente.
Creo que son dos "carismas". Son los dos posibles y "valederos". Aunque debo confesar que lo del látigo siempre me cuesta. Jesús es Jesús y él hizo lo mejor. Y habrá quienes están autorizados moralmente a dar el latigazo en alguna situación particular. Yo no creo estar a esa altura.
Entiendo también que uno puede hacer daño al otro cuando quiere hacerle bien y eso es mejor que serle indiferente. No estoy con los falsos "pacifistas" de ahora. Me disgusta el "vivir y dejar vivir". Creo que Unamuno dice cosas muy buenas al respecto de hacer daño al otro buscando su bien (ver aquello que trajo Hernán de la "Vida de Don Quijote y Sancho", y estimo que sería interesante leer "Paz en la Guerra").
En cuanto a "defender a Jesús o a la Vírgen" ejerciendo algún tipo de acción "latigante" sobre alguien que los haya "agredido", eso es para mí un dilema. Mac Ian parece haberlo resuelto. Pero fue un gran dilema hasta para San Ignacio, que por entonces no era tan santo.
Ellos son los "protagonistas" de los siguientes dos fragmentos, en cierta forma "opuestos". Uno de "La Esfera y la Cruz", de Chesterton, rescatado de un post de Ens y con toda la introducción de Eduardo, el otro de la "Vida de san Ignacio de Loyola", de Albert Longchamp. Uno decidido hacia un lado, otro que frente a la contradicción deja que alguien más resuelva.
El primero:
Mac Ian y Turnbull tratan de batirse. Ya se sabe, es La Esfera y la Cruz, de Chesterton. Al montañés escocés católico, recién llegado a Londres, lo ofendió un panfleto contra la Virgen María que había publicado el escocés ateo y que tenía expuesto en la vidriera de El Ateísta, su periódico, a la vera de la catedral de San Pablo.
Desde entonces tratan de batirse, porque ambos creen que vale la pena, y nadie los deja. Literalmente nadie. Porque nadie entiende que haya que batirse. Por nada. Y menos por eso. Entre tantos 'nadie', aparece, en el capítulo V, un discípulo de Tolstoy y Shaw. Un gordo pacifista que insiste en tratar de impedir el duelo.Ni siquiera Turnbull, y mucho menos Mac Ian, lo soportan más, ni a él ni a sus discursos sobre el amor y la paz y el principio superior y la no violencia. De modo que, finalmente, y entre ambos, logran ahuyentarlo.Pero Mac Ian cree que ha sido un ángel. Una aparición que le permitió ver de un trazo lo que podría haber sido de ambos:
- ¡Y qué! Ése hombre era un ángel -dijo Mac Ian.
- No sabía yo que fuesen tan triste cosa -respondió Turnbull.
- Sabemos que los diablos citan a veces la Escritura y falsifican el bien -replicó el místico-. ¿Por qué los ángeles no han de mostrarnos alguna vez el negro abismo en cuyo borde estamos? Si ese hombre no hubiese intentado contenernos... yo acaso... acaso me hubiese contenido.
- Ya entiendo lo que usted dice -contestó Turnbull ásperamente.
- Pero ese hombre vino -prorrumpió Mac Ian- y mi alma me dijo: abandona el combate, y te convertirás en algo como Eso. Abandona juramentos y dogmas, y los principios sólidos, y te irás pareciendo a Eso. Aprenderás también una filosofía turbia y falsa. Te aficionarás a esa ciénaga de moral cobarde y rastrera, y vendrás a pensar que un golpe es malo porque hace daño, no porque humilla. Vendrás a pensar que dar muerte es malo porque es violento, no porque es injusto. ¡Oh blasfemo del bien, hace unas horas creí que le amaba a usted! Pero ahora ya no hay que temer por mí. He oído la palabra amor pronunciada con su entonación, y sé exactamente lo que significa. ¡En guardia!
Las espadas se buscaron y se oyó el ludir formidable, animado del odio y la energía antiguos; y se atacaron una vez y otra. De nuevo, el corazón de cada uno vino a ser el imán que atraía a una espada loca...
El segundo:
Íñigo deja Loyola a finales de febrero de 1522, monta sobre una muía. Se dirige hacia Navarrete, recupera los ducados que le debe la casa de Nájera (así no ha mentido a su herma­no), distribuye inmediatamente el dinero reci­bido y toma la dirección de Montserrat. Un espisodio divertido retrata a este convertido de corazón generoso, pero de juicio aún tosco. Yen­do caminando, concentra toda su atención en las enormes penitencias que cumplirá para sal­var su alma y agradar a Dios. Mientras medita estos proyectos, un moro se le cruza, montado sobre una mulilla. Los dos hombres traban conversación y terminan hablando de Nuestra Señora. Desacuerdo total. El moro no puede aceptar la virginidad de María después del na­cimiento de Jesús. Abandona entonces al pere­grino —título que se da Ignacio— y desapare­ce. Al quedar solo, a Ignacio le asalta la duda. ¡No ha cumplido su deber, no ha defendido el honor de María! ¡Va a atrapar a ese hombre y, puesto que ese moro está sordo a todo argu­mento, le apuñalará! ¿Pero es ésa la buena so­lución? Dilema: o el honor perdido de María o el asesinato. Solución: íñigo deja a la muía que camine, las riendas flojas. Una bifurcación se aproxima. Si el animal va hacia la villa a la que ha ido el moro, lo matará. Si toma otro camino, lo dejará tranquilo.
La mula escoge el camino de la tranquilidad. Así se resolvió la última tentación criminal de Íñigo de Loyola. En adelante comenzaba una nueva vida.
Sigan pensando ustedes...

martes, 26 de abril de 2005

Tratando de entender lo que es la anticoncepción

Advertencia inicial: es largo.

Dios hizo la lluvia. Pero el hombre se supo poner bajo techo cuando no quería mojarse. Tenemos la posibilidad (prevista por Dios) de contraer alguna enfermedad, pero también la oportunidad de descubrir y usar cosas que nos curan. Esa "lógica" es correcta. Hay algo que es lo que Dios quiso, y es bueno. Y está la intervención del hombre con su razón para regular sobre dicho evento, que también es buena.

Pero hay que tener cuidado con esta lógica. Alguno ha dicho: “sí, está bien, Dios nos hizo tales que cuando nos unimos sexualmente, procreamos. Pero el hombre puede y es justo que lo haga, modificar su comportamiento de manera tal que a una unión no se suceda la procreación”. ¡Hmm! No es tan así. Hay que agregar otras consideraciones. Hay algo de verdad en la expresión, pero no toda. No alcanza, para analizar esta realidad de la procreación, con la lógica que antes conocíamos. (Así como las leyes de Newton explican los sucesos físicos en un contexto, pero no son absolutas ya que pueden no explicárnoslo en determinadas condiciones, cosa que Einstein vino a descubrir). Veamos.

El hombre conoció cada vez más. Y con el tiempo conoció mucho. Y sabe mucho más acerca de los sabios mecanismos biológicos que dan origen a una nueva vida. Claro, llega a saber esto en un momento en que la ciencia ya se ha alejado de la filosofía, de la metafísica, de la religión. Y con un razonamiento como el que vimos al principio no le alcanza para entender estas nuevas cosas que “conoce”.

Es justo que el hombre regule los nacimientos si ello fuera necesario por validas razones (¿ya empiezo a citar la Humanae Vitae?). Pero hay algo que agregar, algo más que poner en juego. La vida no es propiedad del hombre. El hombre no puede jugar tanto con la vida por venir. ¿Por qué? Porque no es de él. ¿Qué es lo que (quién es el que) hace que un niño de determinada edad no sea propiedad de sus padres si no el mismo hecho de que nunca lo fue?

Las vidas que traemos al mundo no son nuestras (aunque nos estén encargadas). Si no podemos traer personas al mundo, no lo hagamos. Pero no disociemos el significado de la unión sexual. Una cosa es hacer un techo para no mojarse, tomar un remedio para no enfermarse, pero otra muy distinta es poner trabas a la procreación en la unión sexual. Porque la unión con procreación es algo que Dios creo así. Y está tan unido al misterio de una vida nueva, que modificarlo es meterse con cuestiones de la cuáles “nada” sabemos.

Poner trabas en la unión sexual es meterse con algo mucho más sagrado y menos nuestro que la búsqueda del confort o de la salud. Es meterse con el origen de la vida. Y de vidas que no son nuestras. Nosotros somos instrumentos para que Dios traiga al mundo más hombres, entonces, ¡alto! Nuevamente un misterio que debo aceptar, el cual me llama a frenar. Ajustar al propio antojo la unión sexual es meterse muy de cerca con la voluntad divina de creación de la vida.

Claro, recordemos también la necesaria intervención de la razón y voluntad humanas. Hay veces en que sería un total despropósito traer alguien al mundo y entonces no es bueno que haya procreación. Ahora sí, entonces, el camino a elegir está entre otras alternativas. Abstención es una idea clara. Ciclos naturales es otra. Muy distinta esta última de los métodos artificiales, como bien lo explica Pablo VI en
"Humanae Vitae".

"La Iglesia es coherente consigo misma cuando juzga lícito el recurso a los periodos infecundos, mientras condena siempre como ilícito el uso de medios directamente contrarios a la fecundación, aunque se haga por razones aparentemente honestas y serias. En realidad, entre ambos casos existe una diferencia esencial: en el primero los cónyuges se sirven legítimamente de una disposición natural; en el segundo impiden el desarrollo de los procesos naturales. Es verdad que tanto en uno como en otro caso, los cónyuges están de acuerdo en la voluntad positiva de evitar la prole por razones plausibles, buscando la seguridad de que no se seguirá; pero es igualmente verdad que solamente en el primer caso renuncian conscientemente al uso del matrimonio en los periodos fecundos cuando por justos motivos la procreación no es deseable, y hacen uso después en los periodos agenésicos para manifestarse el afecto y para salvaguardar la mutua fidelidad. Obrando así ellos dan prueba de amor verdadero e integralmente honesto."

¡Alerta con eso que dije de “hay veces en que sería un total despropósito traer alguien al mundo”! Estamos hablando del estadio previo a la unión sexual, estamos parados antes de la decisión de tener una relación. No confundir con el tema tal como la sociedad moderna lo plantea. No es irresponsable traer al mundo a un chico deficiente en salud ya concebido. Sí puede ser irresponsable buscar una unión evitando la concepción.

Posdata: entiendo que no hay un "listado" de "motivos justos" que hacen que el hombre esté justificado para intervenir en el acto sexual (intervenir “no haciendo” más que “truncando”) y regular los nacimientos. Son infinitas las cuestiones involucradas y en base a la intención que tenemos que perseguir (acerca de lo cual nos enseña el magisterio) nosotros podemos actuar libremente.

Larga posdata bis: resulta difícil entender porqué el hombre no debe intervenir tanto en la unión-procreación. Resulta difícil comprender porqué es malo (con las excepciones previstas) separar la unión de la procreación. Pero se puede profundizar y tener más evidencias.

Se me ocurre que cuando la unión física se separa de la procreación se corre el riesgo de hacer a la relación más egoísta. Se arriesga uno a hacer del encuentro una mera búsqueda del placer. Creo que Dios es sabio y nos dio lo gozoso de la unión física para que procreemos, no nos dio el placer de la unión como algo aparte, utilizable por sí solo. Veo que cuando nos dedicamos a la unión sexual sólo por lo gozoso de la misma es más probable que el acto sea menos amoroso y más egoísta. Pero nuevamente cuidado con esto que dije. Es sólo una posibilidad.

No olvidemos la unión (no ya física, sino espiritual) y la manifestación del afecto. Una unión sin procreación no es necesariamente algo egoísta. Si hay una búsqueda principal de la satisfacción del otro, por ejemplo, hay amor. Si el placer no se obtiene dado por el otro sino que se busca para uno mismo, pues ahí puede haber más egoísmo que amor.

¿Qué tal si entonces, manteniéndonos en esta práctica de “buscar el placer del otro”, evitáramos la procreación en las uniones? ¿Sería moralmente viable? Volvemos al principio. Si no hay justas razones para ello, estamos alterando el plan de Dios. Dios lo diseñó así, hizo que cuando nos unamos surja una nueva vida. Como tantas otras cosas que planeó así. Pero repito, no es lo mismo evitar la enfermedad que evitar la procreación, como veremos luego con la explicación basada en las consecuencias.

Hay que profundizar espiritualmente mucho este tema, con oración. Creo que es tan fuerte la concepción del hombre como dueño y árbitro de todo el obrar, que suena difícil entender porqué no podemos intervenir tanto.

Para ir terminando, y como una nueva explicación de porqué no separar unión de procreación, están las consecuencias malas de haberlo ya hecho. O sea, “miren que pasa si no lo hacen bien”.

Esta es la prueba más fuerte de la vanidad de la pretensión de la autosuficiencia humana. La anticoncepción, como obra humana, no es perfecta. Por lo tanto, puede fallar. Y si no estamos listos para traer una vida al mundo, para ser instrumentos amorosos de Dios, ¿por qué buscar la unión y evitar la concepción? ¿No vemos que podemos fallar? ¿No vemos que puede haber un error (un instrumento fallado, un producto que no cumple su función)?

Por más leve que estadísticamente sea la posibilidad de fallo, un fallo es (o puede ser) una vida no deseada. Y una vida no deseada que viene al mundo es tal suceso que requerirá luego mucho trabajo para remediarse, mucho amor, mucha dedicación. Sin duda que este amor y esta dedicación remediarán nuestro “error” anterior, pero no busquemos el error porque sí.

Una persona tiene un valor incalculable, en este punto las estadísticas no hacen mella. No se puede decir que algo es efectivo porque tiene un 0,1% de fallos, ni un 0,01%, ni un uno por millón. Ese uno en un millón es una persona. Persona a la cual se dio vida y tiene un valor inigualable. El obrar humano es susceptible de error y el error en esta materia tan grave debe ser incentivo suficiente (por sano temor) para que seamos en extremo cuidadosos.

Mal dicen: “aborto no, por eso: anticonceptivos”. ¡No! Mejor digamos: “anticonceptivos no, porque anticonceptivo significa no estar listo para traer una vida al mundo”. Y la vida puede siempre venir, al menos por lo defectuoso de esta “habilidad” humana de detenerla.

Se me ocurre una distinción más. Yo dije “estar listos para traer una vida al mundo”. Y... ¿quién está listo plenamente para dar vida, para ser instrumento de Dios? Quizás alguien que utiliza un método anticonceptivo que le falla está más listo luego para amar a un hijo que alguien que obró “naturalmente”. Pero es cierto que quien se une sin evitar la procreación se está preparando al respecto. Se está educando en algo más. Una de las condiciones para ser un padre amoroso es saber que la vida del hijo no es nuestra.

Casi seguro que podré amar a mi hijo, aunque no lo haya “planeado” sino que tuve un error de anticoncepción. Pero, si puedo hacer las cosas del todo bien, ¿para qué confiar en la posibilidad de remediarlas luego? Una cosa es que ya estén mal, y entonces remediarlas. Y otra es hacerlas mal porque no quiero hacerlas bien y luego buscar el remedio.
Todo lo antedicho vaya con todo respeto a los miles de casos personales, que no juzgo. Mi intención, como siempre aquí, es brindar un pensamiento que pueda servir.

lunes, 25 de abril de 2005

Breve cuento (que no es puro cuento)

Golbew llegó de improviso. Me encontró en el bosque de Elgoog buscando algo de Dostoievski, pero capturó mi atención de inmediato. Me prometió no sé qué cosas que luego olvidé. Me llevó con él y sus amigos. Me empezaron a hablar de sus experiencias como católicos y compartían conmigo sus sabias palabras y agudas observaciones; conocí escritos de personas de renombre. Todos ellos siguen hoy en día alimentándome en ese hambre de buscar lo que importa y de hablar de ello. El país de Tenretni ya es distinto para mí (y para ella).

Festejos cumpleañeros

El festejo fue ayer. La lluvia y el frío, que no reconocen domingo, dijeron “acá estamos” (la luna empañada del día anterior nos había mandado la ASN*). Rescate de toldos y plásticos. Y la decisión firme de seguir. La convencimos. La lluvia se fue. Nos dejó el frío, pero hasta el sol se le animó. Dos parrillas (mucha gente). Mucho viento, consume el carbón. Hubo que usar diez kilos. La gente tarda, ¡levanten las parrillas más alto!

Sobró casi nada (entra en un “taper”). Se comió muy bien, se hizo una linda mesa. Café, masas y dos tortas, para dos sopladas de velitas, mi suegro por los setenta y cinco, mi ahijada por los diez.

El festejo fue ayer, el cumpleaños (de ambos) es hoy. ¡Feliz cumpleaños!

* esta es una mercantil y poco romántica expresión, una sigla, por supuesto. Advanced Shipping Notice. Nota de embarco adelantada, podríamos decir, un documento que nos indica lo que trae el barco que está por venir.