viernes, 27 de octubre de 2023

Buenos Aires, ciudad secreta (I)

¿Veían en la televisión “Buenos Aires, ciudad secreta” con Germinal Nogués?

Mi primo estaba regalando libros (por reestructuración de la biblioteca) y, entre otros, he elegido el libro homónimo de aquel programa. No homónimo por casualidad, sino que se me hace que es el mismísimo “libro del programa” (como quien dice “la película del libro”). Y casi que parece no el libro sino el libreto, porque la redacción es muy peculiar. Un libro que se les ocurrió hacer a los de Sudamericana allá recién iniciadito el siglo y donde este señor don Germinal recopiló todo tipo de información sobre la Ciudad de Buenos Aires.

De las 270 primeras páginas me llevo relativamente muy pocos datos interesantes. Me gustó una anécdota que involucró a Roberto Arlt y a Evita Perón, el simple dato de saber que el subte B pasa por debajo del Arroyo Maldonado y saber que existen los monumentos a Mendoza y a Garay y donde están, y poco más.

Entrando ya en la parte en que se habla barrio por barrio la cosa se pone más interesante. Callecitas ocultas, plazas con sus curiosidades, edificios peculiares, historias de personajes del barrio (todo lo que un nerd geográfico porteño necesita).

Dado lo propenso del libro, en las primeras páginas, a hablar de leyendas, hubiera esperado algo más de Parque Chas (que para la edición de este libro era parte del barrio de Agronomía). Pero es curioso el dato de que en la Iglesia de San Alfonso María de Ligorio (Barzana 1525) hay una imagen de Cristo crucificado que en vez de corona de espinas lleva una corona real.

La cosa no es tan rara, como quizá sepa pero no llega a explicar don Germinal. Seguro alguna vez todos vimos una. Es interesante escudriñar sobre sus orígenes en Wikipedia, que cita a su vez a la “Enciclopedia Moderna. Diccionario universal de literatura, ciencias, artes, agricultura, industria y comercio, publicada por Francisco de P. Mellado”, Madrid, 1852:
"El año 705 mandó el papa Juan VII ejecutar en la basílica de San Pedro un mosaico que representaba al Crucificado. El dibujo que se ha conservado, es muy curioso, porque demuestra que las tradiciones de gloria y de triunfo atribuidas a la cruz cedían lentamente y por grados al espíritu de realidad. En aquel mosaico tiene Jesús los ojos abiertos, la cabeza derecha y rodeada de la aureola crucífera. Tiene puesta la túnica y sus miembros están sujetos por cuatro clavos. Toda la figura es grave y severa; sin embargo, un verdugo atraviesa el costado de Jesús y otro le presenta la esponja empapada en hiel y vinagre. Al pie de la cruz están la Virgen y San Juan en aire de tranquilidad y recogimiento; en fin, el sol y la luna, suspendidos en los aires a cada lado del brazo superior de la cruz, asisten al martirio.

Hace todavía poco tiempo que se veía en las catacumbas de los santos Julio y Valentín en Roma una pintura de la crucifixión, la cual databa de fines del siglo VIII, cuando el papa Adriano I mandó restaurar las catacumbas. Es el segundo monumento de este género cuyo dibujo ha llegado hasta nosotros. En él está también el Cristo vestido con una larga túnica; tiene la cabeza derecha y los ojos abiertos y está sujeto por cuatro clavos, sosteniendo sus pies una especie de escabel. Al pie de la cruz está la Virgen mostrando con sus manos alzadas a su hijo y al otro lado San Juan en actitud recogida aunque menos heroica que la de la Virgen.

No solamente estos dos dibujos, sino todas las representaciones análogas de los siglos VIII, IX y X, y aun de principios del XI, tienen un carácter muy marcado de grandeza y de serenidad divina. No es ya la cruz tan brillante como los astros de la antigua antífona, sino Jesucristo vencedor del suplicio; el dolor no altera su divinidad, la cruz llega a ser para él un trono desde donde bendice al mundo con su mirada y sus manos extendidas. De aquí provino el uso de coronar su cabeza con la diadema, con la tiara o la aureola crucífera, como en el crucifijo llamado Santo Volto de Luca, y en los de Alepo, Siroli, cerca de Ancona, y baptisterio de Florencia y vestirlos con la túnica larga, según lo demuestran la figura llamada Sainte Saulve en Amiens, las figuras ya citadas de los primeros monumentos, del Santo Volto, etc. y los manuscritos bizantinos de aquella época, en que la túnica es de color de púrpura como la estola de los emperadores".

martes, 3 de octubre de 2023

Principiantes en la contemplación (“maripojas”, “maripétalos”)

Ayer me preguntaron qué eran los haikus y yo, que no sé nada, los remití a Enrique García-Máiquez, mi referente. Hay muchas entradas interesantes sobre haikus en su viejo "blogg" en formato blogspot que se llamaba "Rayos y Truenos".

Me detuve en uno porque tenía una imagen genial de las mariposas como hojas de una planta:
En 1907 Díez-Canedo fue uno de los pioneros del haiku hispánico, que tan hondo iba a arraigar aquí, y publicó esta traducción de Moritake:

¿Otra vez en el tallo se posa
la flor desprendida? ¡Virtud milagrosa!
Pero no es una flor. Es una mariposa.

En 1920, después de una reseña de José Moreno Villa en la que hablaba de la sobriedad del haiku, la escribe de nuevo:

¿Vuelven al tallo
las hojas desprendidas?
¡Son mariposas!
(...)
Cuál no sería mi sorpresa hoy cuando, leyendo un cuento de Jack London (sí, eso dije) me encuentro con esto:
En los claros, más allá de la sombra de la manzanita, se posaban los lirios mariposa cual otros tantos vuelos de mariposas enjoyadas, repentinamente detenidas y a punto de reiniciar su tembloroso vuelo” (*)
(Inicio de "El filón de oro")
No es por curarme el asombro, pero quizás sea una asociación muy antigua, y que no requiera más que ser un principiante en la contemplación eso de ver las hojas de las plantas o pétalos de las flores que se mueven al viento como mariposas. Y a la inversa también.

(*) Es notable que la traductora de este cuento (Jacinta Romano) se las haya ingeniado para usar dos veces la palabra mariposa sin que quede, al menos a mi sensibilidad, chocante. El original: “In the open spaces on the slope, beyond the farthest shadow-reach of the manzanita, poised the mariposa lilies, like so many flights of jewelled moths suddenly arrested and on the verge of trembling into flight again”.

sábado, 30 de septiembre de 2023

Teilhard (4)

Los remito a la entrada Teilhard (3) del año 2012. ¡Hace tanto de eso! En todo sentido.

Supongo que siempre me quedó una curiosidad latente por Teilhard. Porque en una mesa llena de usados revueltos no dudé en probar suerte con "Génesis de un pensamiento", que es una recopilación de cartas enviadas por un joven Teilhard desde el frente de batalla de la Primera Guerra Mundial a una prima suya llamada Marguerite Teilhard-Chambon (en literatura: Claude Aragonnès).

Leyendo las cartas se ve que Teilhard era un tipo de una fe muy intensa. Y unas ideas muy originales. La sensación que me queda es que, recaudos mediante, hay mucho por aprovechar de su pensamiento cristiano (quizás se haya aprovechado mucho más de lo que yo sé, claro, quizás haya sociedades, círculos que no conozco).

A partir de las ideas originales, que a veces pueden ser erradas, se pueden encontrar caminos verdaderos de encuentro entre ciencia y fe. De los pensadores censurados nos quedamos solo con las objeciones. Qué lindo es conocer algo más íntimo de ellos, porque nos da una mejor idea de una realidad más compleja.

Habría muchos pasajes para transcribir y muy interesantes. Y donde habla de aspectos concretos de sus ideas, confusiones con el panteísmo, etc., etc. Pero esta simple cartita podrá darles una idea de la persona Teilhard.
[Ligny-en-Barrois] 23 de diciembre de 1916

Querida Marguerite,

Espero que esta carta te encuentre en pie y capaz de ir sin fatiga a la Auvernia. En todo caso, pienso enviarte para Navidad mi recuerdo y que te llegará antes de tu partida. Ten la seguridad de que en estas fiestas pediré mucho al Señor de la Paz para que te la dé en abundancia, y te haga comprender que es la virtud santificante del peso de la vida cristiana soportada.

Has de saber que mi artículo no ha pasado a la revista. En el fondo, no me asombro de ello. Sin hablar de cosas que quizá sean objetivamente impugnables, el artículo estaba hecho en un tono que podría desconcertar a los juiciosos y plácidos lectores de la revista (esto es lo que principalmente han objetado los revisores). Te enseñaré la carta, muy amable y muy justa, que me ha escrito Léonce. ‘Su lectura -me dice-, es ‘exciting’ e interesante en alto grado. Es una obra llena de imágenes, que hace pensar, pero carece de todo reposo para nuestros lectores, gentes apacibles…’.

Con todo eso, no veo cómo mis ideas verán la luz de otra forma que en conversación o por manuscritos clandestinos. Nuestro Señor hará lo que crea conveniente. Estoy decidido a seguir adelante en el camino que me he trazado, por fidelidad ante mí mismo, para ser verdadero, como dice Tourville. En el peor de los casos, si paso sin ser escuchado, tengo confianza en que habré sido útil. Para que triunfen las ideas, es necesario que muchos de sus defensores mueran oscuramente. Su influencia anónima se dejará sentir. Y además, tengo fe absoluta en que Nuestro Señor hará útiles los sacrificios que yo podré hacer en la obediencia, y en el éxito espontáneo de lo que pueda haber de bueno en mis aspiraciones. Él las transportará al fondo de muchas almas que creerán tenerlas como propias; y que las harán dominar mejor que yo... En todo caso, ten la seguridad de que no estoy desconcertado en absoluto. Cuídate bien. 

Tuyo,

PIERRE

Esta puede no ser la última entrada del tema ya que, siguiendo un consejo que había quedado en un viejo comentario, adquirí el libro "El pensamiento religioso de Teilhard de Chardin" de Henri de Lubac. ¡Agárrense!

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Rimas en inglés en las canciones

Adagio popular (quizás ignorantemente popular): “Cualquier cosa puede rimar en las canciones populares en inglés, solo depende de que lo pronuncies adecuadamente”.

They took all the trees
Put ’em in a tree museum
And they charged the people
A dollar and a half just to see ’em
(Joni Mitchell, Big Yellow Taxi)

You can smell the magnolias
But it's just like I told you
(Tedeschi Trucks Band, Made up mind)

“Up that tree there's sort of a squirrel thing
Sounds just like we did when we were quarrelling”
(Connie Converse, Talkin’ like you)

Claro que lo más correcto sería ponderar el ingenio de los compositores. Sin este ingenio no habría aquella facilidad.

Por si esta entrada quedó corta, y solo para aquellos que jamás hubieran imaginado algo así pero “clic-harían” sin dudarlo si se los anunciara (y me refiero a esto: un cover de Joni Mitchell cantado por la famosa-por-ser-bajista-pero-ojo-al-piojo-cómo-canta Tal Wilkenfeld); para ellos, digo, esta joya:

martes, 12 de septiembre de 2023

Canciones gramaticales

Son canciones que tienen errores gramaticales. ¿O son licencias poéticas? ¿O ninguna de esas cosas y soy yo que no las entiende bien?

Empecemos con un tanguito que se me pegó mucho hace un tiempo. "Mariposita", de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez. Lo cantaba Goyeneche pero yo lo conocí por Ariel Ardit.

Mariposita,
muchachita de mi barrio.
Te busco por el centro,
te busco y no te encuentro,
siguiendo este calvario
con la cruz del mismo error.
Te busco porque acaso
nos iríamos del brazo…

Es rara esa última frase. ¿Debería ser en modo subjuntivo? ¿Te busco porque acaso (quizás) nos fuéramos del brazo? ¿Te busco por si acaso nos fuéramos del brazo?

Vamos ahora con Fito Páez y una canción que tuvo su momento de fama. “Fue amor” se llama y arranca:

Yo podría haberlo hecho mejor
Vos podrías acercarte a mí
Yo intuía que esto, mi amor
Se rompía y esto es siempre así

Esto podría pasar desapercibido y no sería ningún error. Pero toda la canción está en pasado y entonces el segundo verso me molesta. Me gustaría que diga: “Yo podría haberlo hecho mejor / Vos podrías haberte acercado a mi”. Pero nada le impide al hombre que le pida acercarse una vez más, ahora que todo pasó, ¿no?

Algo mucho más nuevo, ya citado alguna vez en este blog. Silvana Estrada dice:

Pero si un día tú me encuentras
Y ahora piensas diferente
Te guardo un poquito de fe
Para abrir los ojos y verte

Esta es clara. “Pero si un día tú me encuentras / Y entonces piensas diferente”, debería decir.

Los cordobeses Eruca Sativa cantan en “Cuanto costará”:

"Al destino engañar, porque vale más
que existo en este momento.
Al tiempo engañar, porque vale más
que existo en este momento".

¿Qué opinan acá? ¿“Vale más que existo en este momento” o “Vale más que exista en este momento”?

Zitarrosa en la “Milonga de ojos dorados” dijo:

"Ella, como vos, tenía
los ojos color de oro;
mirándolos casi lloro,
vos bien sabés, aquel día:
Nunca pensé que existía
una mujer con los ojos así".

¿No debería decir: “Nunca pensé que existiera”? 

Fandermole dice en “Alunados” (“terrible” poema como todos los de Fandermole):

Pinta la noche y, con rigor de artista,
clava en lo negro su trama puntillista.
Para que los pobres, los desamparados,
tengan el cobijo del cielo estrellado.

Pero esos brillitos de distancia fría
les causa una profunda melancolía.
Y la noche, como quien da su fortuna,
de un hilo de luz hace crecer la luna

¿No debería ser “les causan”?

ACTUALIZACIÓN 23/11/23: "Ni los tiempos buenos ni los malos han podido lograr separarnos..." (Los Auténticos Decadentes, No me importa el dinero).
"Han logrado separarnos", "Han podido separarnos", sería sería más fácil, ¿no?
Luego habría que rellenar con algo para la métrica.

ACTUALIZACIÓN 20/8/24: No puedo creer que olvidé la canción "Veinte años" de María Teresa Vera (y Guillermina Aramburu dicen por ahí, que sería la letrista). Bueno ahí dice: "Si las cosas que uno quiere / Se pudieran alcanzar / Tu me quisieras lo mismo / Que veinte años atrás". Se las dejo. a Uds. para el análisis...

ACTUALIZACIÓN 8/7/25: En esta tarde gris, de Contursi y Mariano Mores:
"Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer,
temblando, al implorar de nuevo mi querer..."
"Mis ojos al cerrarse" o "yo te veo", ¿no?

ACTUALIZACIÓN 7/11/25: “Aquellas aves que van volando, /que van cantando dichas de ayer... / ¡Cómo no quisiera volar con ellas, / irme con ellas y jamás volver!” (Arbolito en miniatura, Enriqueta Ulloa, ver)
¿“Cómo quisiera” no sería más adecuado que “Cómo no quisiera”?

martes, 5 de septiembre de 2023

Los mapas de mis libros actuales


La zona me resulta conocida… Por supuesto, es la zona de los manhattoes, a donde fui con Melville hace un tiempo. Ahora de la mano de Washington Irving estuve remontando Hudson arriba, y les cuento que los parajes ya se me están haciendo entrañables. Es cierto que el paisaje debe estar algo distinto hoy a lo que habrá sido en la época de la colonia holandesa, pero debe haber algunos resabios. Quizás no esté el bosque encantado, pero deben estar ahí las montañas Kaatskill, por supuesto. Es probable que en algunos rincones aún se pueda sentir lo que sintió el autor, compartir las experiencias del historiador ficticio Diedrich Knickerbocker o revivir las aventuras de Rip van Winkle o Ichabold Crane.

Dice Wikipedia: "Knickerbocker viste un tipo específico de pantalones holgados conocidos como knickerbockers, que luego se abreviaron como knickers. La palabra knickerbocker también se usa para referirse a las personas que viven en Manhattan y fue adoptada en forma abreviada como Knicks por el equipo de baloncesto profesional de la NBA de la ciudad".

De Irving dice Wikipedia que es el primer escritor estadounidense que llegó a vivir solamente de sus escritos. Y en la contratapa de mi "Rip van Winkle" pocket (que me enorgullezco de haber rescatado de una mesa de usados, y que trae también "La leyenda del valle encantado") dicen que dijo Thackeray que Irving es el “el primer embajador que el nuevo mundo envió al mundo antiguo”.


Este mapa es de un frente de guerra, en la Primera Guerra Mundial, en la frontera franco-belga. Desde ese frente, un joven Pierre Teilhard de Chardin mandaba cartas a su prima Marguerite Teilhard-Chambon (en literatura: Claude Aragonnès). Allá por los sesenta se han recopilado dichas cartas y editado bajo el nombre de "Génesis de un pensamiento".

Un fragmento de una carta muy propio para el blog "Aquí estamos, pero de aquí no somos":
"He podido pensar, pues, con detenimiento sobre lo que me dices acerca de las dificultades que encuentras para «vivir en el mundo como si no estuvieses en él». He aquí lo que creo conveniente decirte. Ante todo, ten confianza en el lento trabajo de Dios. Naturalmente, todos nos sentimos impacientes por llegar rápidamente al término de todas las cosas. Quisiéramos saltarnos los intermediarios. Nos impacientamos de estar en camino hacia algo nuevo, desconocido... Esta es, sin embargo, la ley de todo progreso que necesita pasar por lo inestable y puede significar un período muy largo. Por esto estamos en suspenso desde hace un año en lo que a la civilización del mañana se refiere.-Lo mismo te ocurre a ti, yo creo. Poco a poco tus ideas van madurando; déjalas crecer, formarse, sin precipitación. No trates de «forzarlas» como si pudieses ser hoy tal como el tiempo (es decir, la gracia y las circunstancias actuando sobre tu buena voluntad) te harán (sic) mañana. Este espíritu nuevo, que se va perfilando en ti, poco a poco, sólo Dios podría decir lo que será mañana. Concede a Nuestro Señor el crédito de pensar que su mano te guía bien a través de la oscuridad y el «devenir», -y acepta, por amor a El, la necesidad de sentirte en suspenso y como inacabada.-En espera de que llegue al fin el día en que te sentirás marchar sobre lo estable, advierte que este «estable» puede estar muy bien constituido, para ti, por una forma de vida laica e «individualista». Es verdad que una cierta lógica y una cierta necesidad hacen que la mayoría de las almas convencidas de que Dios es lo único que merece la entrega se agrupen y se encuadren. Sin embargo, y por fortuna, esto no es la regla. Todas las formas de existencia pueden ser santas, y para cada uno la forma ideal es aquella por donde Nuestro Señor le conduce mediante el desarrollo natural de sus gustos y la presión de las circunstancias".

martes, 29 de agosto de 2023

"¿Qué vol?" (en el decimonono)

Cumple diecinueve años el blog y me alegro de estar leyendo más que en años pasados porque puedo, cada tanto, traerles alguna cosita para compartir.

Las lecturas se arman de planes, regalos, recomendaciones, visitas a librerías de usados, revisión de la propia biblioteca, etc. De está última práctica es normal que cada tanto agarre un volumencito de la colorida pero mal encuadernada Biblioteca Básica Salvat. Y de allí recuerdo haber disfrutado a Gabriel Miró, a Alphonse Daudet y otros.

Esta vez me leí un volumencito llamado "Tiempos y cosas" del famoso Azorín. De esa colección de pequeños artículos les dejo el siguiente fragmento, pues me pareció de lo más pintoresco:
"Comenzaba a anochecer. Hemos regresado al pueblo y hemos discurrido un momento por los terrenos en que se abren las cuevas habitadas por los labriegos pobres. La ingente meseta del Cid palidecía a lo lejos; a sus pies, el valle se iba sumiendo poco a poco en la sombra... Yo he visto que un viejecito caminaba delante de nosotros: era uno de estos viejecitos de Levante, secos, menudos, silenciosos. Estaba ciego y marchaba encorvado, con la mano izquierda apoyada en el hombro de un niño y la derecha en un cayado blanco. He hecho una seña al niño mientras me llevaba la mano al bolsillo. Entonces el muchacho se ha detenido.

-¿Qué es? -ha preguntado el viejecito.
-Un señoret -ha contestado el niño. Se ha hecho una breve pausa, y luego el viejo ha tornado a preguntar:
-¿Qué vol?

Ya veis: la pregunta es sencilla, natural, lógica; y, sin embargo, yo he experimentado una emoción extraña ante estas simples palabras: «¿Qué quiere?» ¿Podréis formaros una idea del momentáneo y diminuto conflicto desarrollado entre los dos espíritus, el mío y el de este viejo, encorvado y ciego? Yo marcho hacia él henchido de generosidad y de simpatía; acaso voy a procurarle una ligera satisfacción con mi insignificante rasgo de altruismo; tal vez espero que de sus labios salgan palabras de agradecimiento. Y este viejecito, sereno, recogido sobre sí mismo, fuerte en su pobreza y en su soledad, vuelve sus ojos muertos y pregunta: «¿Qué quiere?»

-Doctor - le he dicho al ilustre miembro del Real Colegio de Cirujanos de Londres-; doctor, hemos visto ya esta tarde, encarnada en un labriego, una partícula del alma española, grandiosa y feroz; he aquí ahora, simbolizada en este viejecito, otra partícula de esa misma alma, resignada e indiferente. «No sé cómo queremos vivir, pues es todo tan incierto», decía Santa Teresa; y añadía en otra parte estas desconsoladoras palabras: «A la verdad, no vemos sino hasta mala ventura en los que se van tras estas cosas visibles.» Es decir, debemos apartarnos, abstraernos, huir de todo lo que nos rodea, de todas estas cosas visibles; debemos encerrarnos en nosotros mismos, como en una torre inaccesible a los clamores y a las exigencias del mundo; debemos, en fin, cuando se nos excite a vivir con nuestros contemporáneos y a seguir la marcha incontrastable de la vida universal, preguntar como este viejecito, desde nuestra pobreza y nuestra soledad: «¿Qué quiere?» España, pobre, resignada, indiferente, ¿no ha pasado los últimos tres siglos, doctor, preguntando a Europa qué quiere?

-Well and good! - ha exclamado el insigne doctor, lleno de entusiasmo, y nos hemos dirigido en busca de nuestro yantar nocturno".
Así es como también el blogger, con diecinueve años cumplidos, mira y dice a esos que vienen a invitarlo a pasar a Facebook, Twitter o Instagram: “¿Qué quiere?”

sábado, 19 de agosto de 2023

Segundas partes...

"Pedro Páramo" es para mí la segunda parte de Juan Rulfo. "El llano en llamas" fue la primera y como, a pesar de ser terrible, me gustó, tiene su entrada aquí.

Pero "Pedro Páramo" no me gustó tanto. Los fantasmas mexicanos no me van. Eso del realismo mágico está lejos de ser de mis cosas favoritas.

El pasaje que sugue sí me gustó (duro, pero con su final "doncamilesco"):
"Hay aire y sol, hay nubes. Allá arriba un cielo azul detrás de él tal vez haya canciones; tal vez mejores voces . . . Hay esperanza, en suma. Hay esperanza para nosotros, contra nuestro pesar.

"Pero no para ti, Miguel Páramo, que has muerto sin perdón y no alcanzarás ninguna gracia."

El padre Rentería dio vuelta al cuerpo y entregó la misa al pasado. Se dio prisa por terminar pronto y salió sin dar la bendición final a aquella gente que llenaba la iglesia.

-¡Padre, queremos que nos lo bendiga!

-¡No! - dijo moviendo negativamente la cabeza. No lo haré. Fue un mal hombre y no entrará al Reino de los Cielos. Dios me tomará mal que interceda por él.

Lo decía, mientras trataba de retener sus manos para que no enseñaran su temblor. Pero fue.

Aquel cadáver pesaba mucho en el ánimo de todos. Estaba sobre una tarima, en medio de la iglesia, rodeado de cirios nuevos, de flores, de un padre que estaba detrás de él, solo, esperando que terminara la velación.

El padre Rentería pasó junto a Pedro Páramo procurando no rozarle los hombros. Levantó el hisopo con ademanes suaves y roció el agua bendita de arriba abajo, mientras salía de su boca un murmullo, que podía ser de oraciones. Después se arrodilló y todo el mundo se arrodilló con él:

-Ten piedad de tu siervo, Señor.

- Que descanse en paz, amén -contestaron las voces.

Y cuando empezaba a llenarse nuevamente de cólera, vio que todos abandonaban la iglesia llevándose el cadáver de Miguel Páramo.

Pedro Páramo se acercó, arrodillándose a su lado:

-Yo sé que usted lo odiaba, padre. Y con razón. El asesinato de su hermano, que según rumores fue cometido por mi hijo, el caso de su sobrina Ana, violada por él según el juicio de usted; las ofensas y falta de respeto que le tuvo en ocasiones, son motivos que cualquiera puede admitir. Pero olvídese ahora, padre. Considérelo y perdónelo como quizá Dios lo haya perdonado.

Puso sobre el reclinatorio un puño de monedas de oro y se levantó:

-Reciba eso como una limosna para su iglesia.

La iglesia estaba ya vacía. Dos hombres esperaban en la puerta a Pedro Páramo, quien se juntó con ellos, y juntos siguieron el féretro que aguardaba descansando sobre los hombros de cuatro caporales de la Media Luna. El padre Rentería recogió las monedas una por una y se acercó al altar.

-Son tuyas -dijo-. Él puede comprar la salvación. Tú sabes si éste es el precio. En cuanto a mí, Señor, me pongo ante tus plantas para pedirle lo justo o lo injusto, que todo nos es dado pedir . . . Por mí condénalo, Señor.

Y cerró el sagrario. Entró en la sacristía, se echó en un rincón, y allí lloró de pena y de tristeza hasta agotar sus lágrimas.

-Está bien, Señor, tu ganas -dijo después.

sábado, 12 de agosto de 2023

Dilemas de bibliófilos (¿o acaso "librómanos"?)

La librería es cara pero tiene algo en sus anaqueles que la hace satisfactoria. Tiene libros usados pero el alquiler que pagan los dueños debe ser caro y la zona permite que vendan los libros a un diez o veinte por ciento más. Su interior es relativamente agradable y siempre descubro alguna cosita en sus anaqueles. Aunque no compre, siempre leo nombres de autores que me gustan en los lomos y eso es agradable. Hay librerías mucho más grandes con lomos más coloridos pero que no me dicen nada. Será que me gustan los clásicos y acá están.

Los que atienden, sean o no los dueños, no son de lo más simpático. Es mucho más agradable, en ese aspecto, otra librería que está más allá (y también tiene libros muy interesantes, aunque no tantos antiguos, pero si lindos libros nuevos y caros). Pero esta "está más cerca" y eso le permite ganar por oportunidad. Además ver sus anaqueles es un poquitito más cómodo que en la de más allá. Lástima por la de allá, tiene su atractivo. Pero yo todavía tengo muchos clásicos por leer. Y esos se consiguen mejor en usado. Y comprar libros usados es mejor, es como llevar perritos de la perrera en vez de comprar nuevos de pedigrí. Y es más ecológico.

Hay algo melancólico, de todos modos, en comprar libros usados… ¿Quién los dejó? ¿Quién los abandonó? ¿Quién sabe qué abuelo de San Isidro tenía en sus estantes esa hermosa edición a dos tomos de Los Hermanos Karamazov, de hojas finas con borde verde, tapa dura y señalador de cintita incorporado? Quizás un día los sátrapas de sus hijos o nietos se deshicieron de la biblioteca solo para poder vender la casa, para que se demuela y se haga un edificio de departamentos…

Yo me hago del libro y creo hacer un bien al sacarlo del "refugio de perritos abandonados" pero no soy más que un eslabón más de esa triste cadena final. No sé si estoy a la altura de darle justamente un buen final a esa historia, no sé si solo me dejo llevar por un apetito desmedido de compra de libros. "No tanto en este caso, quizás", me consuelo, porque tengo una excusa. Es un regalo para ella. Ella quería una edición con letra más grande, ya que no podía con la pocket. Ella es fan del ruso. Y quería leer éste. Uno de los pocos que no había leído de cabo a rabo.

Ella me lo había regalado a mí. El pocket. Ese es otro problema. Ahora tenemos dos ejemplares y no podemos deshacernos de uno (regalárselo a quien no tenga, por ejemplo) porque ambos son regalos. A mi pocket además yo le había hecho una cajita de cartón para que no se vaya deformando en las estanterías…

(...)

J. J. D. es un señor con un currículum muy respetable en lo que a libros se refiere y siempre tuve mucho respeto por su opinión de que a los libros no hay que hacerle marcas o "escribirlos"; aunque sigo sin estar de acuerdo con él y los marco.

Yo, en cambio, no puedo soportar cuando le doblan la esquinita de una hoja a modo de señalador. ¡Qué cosa más desagradable! Cuando compro un usado y encuentro eso (por suerte nadie en casa tiene esa horrible costumbre) lo primero que hago es enderezar esa esquinita.

No sé qué opina el señor J. J. D. de esto y no entiendo cómo puede indignarse tanto de que alguien haga marquitas en un libro. Para entenderlo quizás deba imaginarme que siente algo parecido a lo que yo siento cuando veo las puntitas dobladas...

Aclaraciones posteriores: jamás podría yo marcar un libro con birome o hacer subrayados; lo que a mi gusto es tolerable son las marcas laterales y con lápiz negro tenue.

domingo, 6 de agosto de 2023

Mejor apáguelo

A la mundana frase que reza "mis derechos terminan donde empiezan los derechos de los demás" mi profesor de Antropología Filosófica la reformulaba así: "mis derechos terminan donde empiezan mis deberes". Con esto nos quería advertir sobre esa falsa "libertad" de poder hacernos mal a nosotros mismos.

En la parroquia se ha cambiado el aviso "apague su celular" por el nuevo "silencie su celular" y creo que ahí retrocedimos en aquel sentido. Somos más liberales en nuestras normas o recomendaciones. A diferencia del apagarlo, silenciar el celular solo evita molestar a los demás, pero no nos detiene de estar pendientes del aparato y así dispuestos para más interrupciones durante la celebración.

Recomendemos por el bien de cada fiel mismo, y no solo para que no moleste a los vecinos: "apague su celular".