sábado, 31 de diciembre de 2005

Fin de año

No sé bien qué se festeja. Será un año más, o un año menos. Serán las esperanzas para el futuro, serán los logros del pasado. Como sea, yo puedo darle un significado particular, desde una visión cristiana. Si la vida es un viaje, es importante marcar etapas, para ver como vamos, para ver hacia dónde vamos. Los años pueden ser esas etapas. Después de todo, una vuelta al sol es algo. Es un momento llamativo para destacar. Y sin meternos en astronomías, la misma naturaleza habla. Cuatro estaciones. Cuatro estaciones y vuelve a empezar. Es un buen lugar para marcar una etapa; el paso de las cuatro estaciones.
La fiesta es una excusa (casi inconsciente) para juntarnos, para decirnos sin decirlo: “acá estamos, todos juntos, viviendo en esta vida. Acá está él, que recién empieza, allá ella, que ya está llegando al final”. Si hiciéramos más silencio, en estas fiestas podríamos también llorar. Llorar y reír. Llorar al ver que pasamos. Reír al saber hacia dónde vamos.
Feliz año para todos. Buen año para todos. Con lo que venga. Que Dios los bendiga.

viernes, 30 de diciembre de 2005

Repasando y mirando hacia adelante

El año se me pasó rápido. Hay varias cosas que hacen que sea así. Primero, esas ansias por hacer grandes cosas: grandes obras de caridad, grandes actos de fe. Como eso, aparentemente, no sucedió, siento que se me fue el año.

Mucho influye la edad. Este año cambié de década y eso hace que uno ya mire de otra forma hacia atrás, como quien le queda menos por delante (aunque mis mayores se rían de mí, al verme tan joven). Ya se empieza a ver que “el tiempo pasa” (y mis padres son grandes, y están mayores).

Escribía pensamientos y cuando me encomendé a Dios, las palabras cobraron otro significado. No pudieron reflejar lo que vi, lo que entendí un poco más aunque siempre entre sombras. Quedaron algo desprolijas, algo así:

(…) Señor Dios, en vos confío. Muéstrame el camino.

Se me representa un camino "simple". Hecho del amor duro y de firme arraigo del cada día, del cada hora, del cada instante. Un camino que las "ansias de grandeza" no quieren aceptar así nomás, pero que se puede ver de a poco cuán magnífico es.

Temor de quedarse... Pero Dios me lo dirá. Dios me dirá si me estoy quedando. [Esto quiere decir: Dios me dirá si no me estoy engañando y renunciando a intentar aquellas grandes cosas]

Esto es distinto de los mundanos “darse cuenta de que no se puede cambiar al mundo”. El trabajo que acepto es cruz (y no es yugo). Es un día a día exigente, pero que si se cumple va permitiendo que la felicidad se asiente como en capas, lentamente forme un suelo firme en el que podemos asentarnos felices… (Ya me pisé, repetí. ¡Qué toscas son la palabras! Bien me lo decía Wojtyla estos días).

jueves, 29 de diciembre de 2005

Memotécnica


Está ese código postal que nunca te acordás. Quién sabe porqué. Bien, es cuestión de cambiarlo de escala. Pensalo como un año, un año histórico del milenio pasado, del cuál tenés estudios o recuerdos. Recordarás el año porque tiene una significación para vos o para la historia que conocés. O por otra razón. Y si no funciona, probá en la escala de "numeración o altura de calles". O mirá el número como la conjunción de horas y minutos. A la inversa también, si no podés recordar un año, quizás sí lo recordés viéndolo como código postal. Y hay otras escalas. Para números de tres cifras podés pensar en numeración de calles, números de colectivo, características telefónicas...

miércoles, 28 de diciembre de 2005

Dios es amor

Leer lento es leer lento. Si el Papa mete en un poema a Jacob, yo dejo el libro y me voy a la Biblia a leer acerca de Jacob, del que tan poco sé.

Y así encontré varias cosas. Pude entender el suceso al que el Papa se refiere en el poema (ver entrada anterior) y, entusiasmado, salté al capítulo 33 del Génesis, en donde descubrí otra cosa muy interesante.

No sé quién me enseño que la Iglesia debe "ser Jesús para los hombres". Y que los hombres verán a Jesús, y por eso a Dios, cuando sientan el amor de alguien. Sólo al ser amado alguien puede entender a Dios, verlo, creer en Él.

Pensé que era una imagen, una idea neotestamentaria, evangélica. Y lo es si hablamos de la Iglesia. Pero la idea de ver a Dios en el rostro del que nos trata bien, del que nos ama, es más antigua. Y si no vean el versículo 10 del capítulo 33 del Génesis:
No, por favor insistió Jacob; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¡ver tu rostro es como ver a Dios mismo!
¿Nada nuevo? Bueno, para mí sí.

martes, 27 de diciembre de 2005

El pensamiento es un espacio extraño

Karol Wojtyla habla del pensamiento. Cómo se le revela la verdad al pensamiento, la dificultad de encontrar palabras, la dificultad de actuar en consecuencia, la falta de “visión” del hombre en medio de las cosas en las que actúa todos los días, la necesidad de silencio y soledad.

El poema se llama: “El pensamiento es un espacio extraño” y su parte final es como una dedicatoria, llamada “IV - A los compañeros de camino”.

1.
Para encontrar el lugar en que luchaba Jacob,[*]
no vayas a Arabia, no busques el torrente,
cerca de ti puedes descubrir el rastro.
Abandónate: que el espacio del pensamiento
se ilumine ante la claridad de las cosas
que él une cada vez mejor
en formas cada vez más simples.
La imagen entonces no se disipará... tendrá peso.

2.
Prepárate para esta carga,
a volverte tú mismo todo su peso.
A ello te ayudarán silencio y soledad.
Soledad sólo posible al hombre
ya que ni la muerte puede arrancar a nadie de ella,
pues nada es de ahí arrancado por la muerte.

3.
Si entonces nuestros días se llenan de actos simples,
si su gesto ineluctable esconde el fondo del acto en sí,
sabemos sin embargo que un día, ese gesto se escapará,
y sólo el ser quedará de nuestros actos.

Que es un hermosa forma de hablar de algo tan profundo como difícil de poner en palabras.

* si no me equivoco esto tiene que ver con lo que se relata en el Capítulo 32 del Génesis, versículos 22 a 32.

lunes, 26 de diciembre de 2005

San Esteban hoy

Introducción con Juan Pablo II (26.12.79):
Hoy, en el segundo día de la octava, en la alegría de Navidad, se inserta el testimonio del Protomártir San Esteban.
Y por esto nuestro recuerdo y nuestro corazón se dirigen hoy a todos los que hacen actual con el sufrimiento, con la lapidación, con la persecución, el testimonio dado por Cristo. Recuerden siempre que están en el corazón mismo del misterio de Navidad, como San Esteban Protomártir, a quien la Iglesia venera durante la octava de Navidad, a través de los siglos. Recuerden, pues, todos los que sufren o padecen persecución, que se encuentran en el corazón de la Iglesia, y las palabras que hoy pronuncio son testimonio de ello.
Reflexión con Luigi Giussani (26.12.44):
Que Jesús Niño, por intercesión de la Virgen, nos dé, como a su primer mártir, fuerza sobrehumana para seguirlo por el camino de la Cruz, que es la ley de toda vida, que es la ley de todo amor verdadero, que es - más aún en estos tiempos - la ley de la verdadera amistad con Cristo. Él dará fuerza a sus pobres hermanos los hombres, cuyos días desgraciados hacen tocar con la mano que no estamos hechos de barro.
A nosotros, que debemos sufrir y no queremos; que lloramos y vertemos nuestras lágrimas con amargura impotente; que somos despojados y martirizados, y nos rebelamos con instinto de fieras heridas contra los rudos desgarros; nosotros que debemos morir y huimos de la muerte con espanto y horror. Que nos conceda sufrir en paz, llorar en paz, sentirnos martirizados en paz, morir en paz.
En su visión del Apocalipsis san Juan vio delante del trono de Cristo, el Cordero, una inmensa multitud de personas vestidas de blanco, con una palma entre las manos. Preguntó quiénes eran: «Estos son los que vienen de la gran tribulación, han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero [en la cruz y en el dolor]. Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche en su templo. Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol, ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos» (cf. Ap 7,14-17). Et absperget Deus omnem lacrimam ex oculis eorum. ¡Qué misterio tan maravilloso! Hermanos, en nuestro dolor, recordemos la visión de san Juan, y confortémonos con el dulcísimo pensamiento de que «Dios enjugará todas las lágrimas de nuestros ojos».

domingo, 25 de diciembre de 2005

¡Feliz Navidad!

Il est né le divin enfant
Jouez hautbois, résonnez musettes
Il est né le divin enfant
Chantons tous son avènement
La verdad es que este villancico lo cantan mejor "Las Bene" en castellano, pero les dejo el link a la versión francesa, que es la original, si no me equivoco. (Explicaciones: las del año pasado).
Hoy nació Nuestro Salvador
Suenen las palmas y los panderos
Hoy nació Nuestro Salvador
Rebocemos de gozo en Dios

sábado, 24 de diciembre de 2005

Se acerca la Nochebuena

Y les dejo un saludo y un hermoso verso, parte de una cantata de Alessandro Scarlatti:
Dal bel seno d’una stella
Spunta a noi l’eterno sole

(A. Scarlatti, "O di Betlemme Altera")

viernes, 23 de diciembre de 2005

Diálogos con música popular

- Yo soy un loco
Que se dio cuenta
Que el tiempo es muy poco (1)

- Y mañana qué te dirán
De tu enfermedad
Quién sabe que te resistes
A la vulgaridad (2)

Se puede leer en clave mundana, y ver al autor de la primera “fumándose un porrito” en un parque. Y hasta le podría calzar bien la respuesta del segundo. Se podría leer en otra clave, la clave de los santos que fueron locos en este mundo. Y también la respuesta les sentaría bien.

(1) “Loco”, de Andrés Calamaro (1997).
(2)
“El loco y las golondrinas”, de León Gieco (1976).

jueves, 22 de diciembre de 2005

No él

Los sonoros aplausos divirtieron al mismo Papa. La mayoría de los presentes no sabía, sin embargo, que en realidad no se trataba de un gorro navideño, sino de un «camauro», una prenda de terciopelo rojo púrpura, ribeteado de armiño, que antes utilizaban los papas para defenderse del frío. (Zenit 21.12.05)

¿Uds. hubieran dudado si acaso era o no el gorro de Papa Noel el que llevaba Benedicto XVI? Creo que yo no. Un destello, un nanosegundo de duda, puede ser. Pero en seguida la pregunta: "¿qué es ese gorro que lleva el Papa?" Como quien espera una respuesta reveladora, confiado.

(Claro, yo soy así. Salvando las distancias, aunque me interesa hacer el paralelismo, lo mismo me pasa con las enseñanzas de la Iglesia. Estoy seguro que son buenas. Y entonces cuando no las entiendo de buenas a primeras, las investigo y las pienso, confiado de partir de buena base. Y siempre tengo éxito, lo cual alimenta mi fe en que son buenas enseñanzas).

Pero volviendo al gorro llamado “camauro”, y en lenguaje adolescente: no, sería imposible, se me caería un ídolo, pero en picada, si ese gorro llegaba a ser un gorro de Papa Noel.

Y a los que se han burlado de mi posible y pequeñísima duda, les contaré mi experiencia. Resulta que hace no mucho, Juan Pablo II puso un árbol de Navidad en la Plaza San Pedro. Sí señor (ver en Zenit 19.12.04). Y le dio (o rescató) un simbolismo especial. Para mí, el arbol era un símbolo comercial y pagano (por más que había oído algo acerca de su origen). Nunca había pensado que el Papa lo pondría. Y sin embargo… (Sí, ya sé, no es lo mismo colocar un objeto simbólico que usarlo).
¡Ah! Olvidaba el prodigioso titular de La Nación, que busca la confusión… ¡eh, perdón! Busca llamar la atención.
Benedicto XVI, como Papá Noel.
Y arriba, más chico:
Llamó a recuperar las tradiciones navideñas.