lunes, 12 de enero de 2026

¿Estar tristes por cosas inevitables o ideales inalcanzables?

De "El lobo estepario" de Herman Hesse, traducción al español de la edición "El libro de bolsillo - Alianza Editorial":
—Sí —dijo al fin—, tienes razón. Es evidente que volverá a haber guerra, no hace falta leer periódicos para saberlo. Por ello es natural que esté uno triste; pero esto no tiene valor alguno. Es exactamente lo mismo que si estuviéramos tristes porque, a pesar de todo lo que hagamos en contra, un día indefectiblemente hayamos de tener que morir. La lucha contra la muerte, querido Harry, es siempre una cosa hermosa, noble, digna y sublime; por tanto, también la lucha contra la guerra. Pero no deja de ser en todo caso una quijotada sin esperanza.

—Quizá sea verdad —exclamé violento—, pero con tales verdades como la de que todos tenemos que morir en plazo breve y, por tanto, que todo es igual y nada merece la pena, con esto se hace uno la vida superficial y tonta. ¿Es que hemos de prescindir de todo, de renunciar a todo espíritu, a todo afán, a toda humanidad, dejar que siga triunfando la ambición y el dinero y aguardar la próxima movilización tomando un vaso de cerveza?

Extraordinaria fue la mirada que me dirigió Armanda, una mirada llena de complacencia, de burla y picardía y de camaradería comprensiva, y al mismo tiempo tan llena de gravedad, de ciencia y de seriedad insondable.

—Eso no lo harás —dijo maternalmente—. Tu vida no ha de ser superficial y tonta, porque sepas que tu lucha ha de ser estéril. Es mucho más superficial, Harry, que luches por algo bueno e ideal y creas que has de conseguirlo. ¿Es que los ideales están ahí para que los alcancemos? ¿Vivimos nosotros los hombres para suprimir la muerte? No; vivimos para temerla, y luego, para amarla, y precisamente por ella se enciende el poquito de vida alguna vez de modo tan bello durante una hora. Eres un niño, Harry. Sé dócil ahora y vente conmigo, tenemos hoy mucho que hacer. Hoy no he de volver a ocuparme de la guerra y de los periódicos. ¿Y tú?
Es arduo saber que el ideal es inalcanzable pero aún seguir luchando. Sin embargo eso se puede aceptar y ser feliz. Pero, ¿no estar triste cuando no se cumple o cuando fallamos?

Unamuno quizás no estuviera de acuerdo. Cosas de la vida, se me cruzó “Del sentido trágico…” y allí dice:
Un pedante que vio a Solón llorar la muerte de un hijo, le dijo: «¿Para qué lloras así, si eso de nada sirve?» Y el sabio le respondió: «Por eso precisamente, porque no sirve.» Claro está que el llorar sirve de algo, aunque no sea más que de desahogo; pero bien se ve el profundo sentido de la respuesta de Solón al impertinente. Y estoy convencido de que resolveríamos muchas cosas si saliendo todos a la calle, y poniendo a luz nuestras penas, que acaso resultasen una sola pena común, nos pusiéramos en común a llorarlas y a dar gritos al cielo y a llamar a Dios. Aunque no nos oyese, que sí nos oiría. Lo más santo de un templo es que es el lugar a que se va a llorar en común. Un Miserere, cantado en común por una muchedumbre, azotada del destino, vale tanto como una filosofía. No basta curar la peste, hay que saber llorarla. ¡Sí, hay que saber llorar! Y acaso esta es la sabiduría suprema. ¿Para qué? Preguntádselo a Solón.

martes, 6 de enero de 2026

Sabios Reyes Magos

Leí en un librito que San Agustín escribió lo siguiente (aunque no indican en qué escrito lo hizo): "Los Magos vinieron a ver al Rey no porque lo conocieran, sino porque vieron la estrella. El Señor les mostró a través de signos lo que los sabios no podían comprender por sí mismos".

¡Me pareció sorprendentemente "duro" con los Reyes Magos! Si esos sabios de antaño no comprendían, ¿qué quedará para los sabios de hoy?

Justo ayer revisitaba los Ensayos Andaluces de Pemán:

"'-¡Es usted el sabio más tonto que he conocido!
He aquí una frase que, en cierto libros suyos, asegura el señor Durán y Ventosa que oyó pronunciar a un célebre artista que discutía con un célebre biólogo. La frase hubiera sido una paradoja hace algunos siglos: cuando toda sabiduría tenía enfáticas dimensiones de universalidad. Entonces la sabiduría, abarcando el ancho campo del conocimiento humano, era incompatible con la tontería. Pero ahora no. Ahora existe, en abundancia y sin paradoja, el tipo del sabio tonto, y aún del sabio ignorante. El 'especialismo' ha hecho, no ya posible, sino frecuente, ese tipo humano que es 'sabio' por la exclusiva fachada de su especialidad, y tonto por las otras tres fachadas".

Pero quizás el punto de San Agustín pueda venir por dos lados. Uno, que nadie podría haber imaginado un Dios Niño. Ni siquiera los sabios más verdaderamente sabios. Y otro, que aunque ellos sean verdaderos sabios y estén dispuestos a ver, la iniciativa es de Dios.

lunes, 5 de enero de 2026

Revancha (interpretación libre y no autorizada sobre la vida de los Ramil)

Kleiton y Kledir hicieron una carrera en la música popular. No soy muy conocedor pero uno de sus grandes éxitos fue “Noite de São João”. Me gusta esta estrofa:

Toda noite de São João 
Eu sonhava em pegar da mão
De uma prenda bonita
De vestido de chita
E Maria Chiquinha

María Chiquinha es el peinado con dos coletas y vestido de chita es un tipo de vestido de tela estampada. Me gusta mucho ese verso donde la dama es una prenda, como en el campo argentino. Es linda también esa expresión de andar prendado, ¿no?

Pero si vine a contar esto es porque yo primero conocí otra canción llamada también “Noite de São João”. La hizo Vitor Ramil, hermano de Kleiton y Kledir, con un poema de Pessoa.

Noite de São João
Para além do muro do meu quintal
Do lado de cá, eu
Sem noite de São João

Kleiton y Kledir estaban en plena fiesta de São João, mientras que Pessoa la vivía de afuera, no podía participar.

¿No es revelador que Vitor haya elegido ese poema para hablar de la fiesta? ¿Acaso la fiesta en la que él no pudo participar (la carrera musical de sus hermanos), por ser menor o vaya a saber qué razón? Sus hermanos hicieron un dúo y él tuvo que hacer luego otro camino.

Si así fue, pudieron darse una gran revancha y no solo ellos, sino con hijos y sobrinos hacer la Casa Ramil y cantar una hermosa Noite de São João:


(Kleiton y Kledir también cantaron junto a Vitor la canción de él, no sé si alguna vez puse este video con el maestro Moscardini en guitarra).

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Señaladores (¡y dale con eso!)


Una de las prácticas más comunes es agarrar el cartoncito que sobra de algún embalaje, y puede ser señalador, y diferenciarlo con una marca, escritura o incluso sticker.

Por otro lado, el contenedor de señaladores es más una reserva de papelitos y cartoncitos que me gustan, aún cuando la mayoría no puede o de hecho nunca es usado como señalador.

Alguna vez les mostré el del Chevy. Ese era el señalador ideal para medio de transición como decía al final de la entrada anterior. Me gusta mucho esa foto y la emoción no es muy distinta a la que me genera el del Capitán América.

Pero también tengo gusto por las piezas más raras que puede haber. Etiquetas de ropa, cuya característica alguna vez mencionamos, tarjetas manuscritas que me regalaron mis hijos para distintos aniversarios, separadores de cajas de saquitos de infusiones, entradas a lugares o espectáculos, tickets de compras, etcétera.

Lo más parecido a señaladores con oraciones, como decíamos en la última entrada que debería haber, son las estampas religiosas. Tengo cuatro junto con los señaladores, aunque no los uso mucho.

Uno tiene la que llaman la imagen original de Jesús Misericordioso pintada en Vilna en 1934. Y atrás la “Coronilla de la Divina Misericordia”. Otra es del Espíritu Santo, también con una oración. Una tercera es con un dibujo algo infantil de Mamá Antula, con oración. Y una cuarta con una frase cuyo origen no conozco: “Donde hay vida está Jesús” y al dorso una oración cuya “firma” al pie dice “Iglesia Católica”.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Debería haber oraciones...


Casi tan contento como estoy con mi humilde “Sebastopol" lo estoy con mi señalador del Capitán América.

Iniciando el tercer, más grande y último relato no puedo decir que me resulte un libro que me guste extraordinariamente, pero sí que es interesante como para llegar hasta el final. El contento con el libro es porque es uno de esos chiquitos de la Colección Austral de Espasa Calpe, esos con sobrecubiertas de diversos colores que seguro todo comprador de usados tiene.

Estos son libros viejos que resisten muy bien el tiempo. Y no me refiero metafóricamente a su contenido, que dependerá de cada caso, sino literalmente a su integridad física. Este “Sebastopol” de Tolstoi cumple el próximo mayo nada menos que ochenta años. Las hojas amarillentas pero bien sostenidas en la económica encuadernación lo asemejan a un señor mayor canoso, de vestimenta sencilla pero que aún conserva dignidad en su andar (sepan disculpar esta comparación algo simplona o hasta cursi).


Y toca ahora hablar del señalador, que es una de esas cartas para chicos que vienen en sobres, como las figuritas, y se van coleccionando para completar un mazo. En realidad no tengo mucho más para decir al respecto. No es que no sepa escribirlo. Creo que sería, objetivamente, difícil hacerlo. Me gusta la imagen del Capitán en pose de acción. No sé nada de su historia, aventuras o habilidades. Seguramente la imagen toca alguna fibra juvenil en mí, de cuando me gustaban algunos superhéroes.

Siempre es lindo tener un señalador agradable. Le da color al ritual de abrir el libro: esos instantes en que uno se propone leer pero no puede arrancar. O cuando debe dejarlo: quizás es una sensación agradable para la transición entre el mundo que uno deja y aquel al que vuelve. Debería haber oraciones en los señaladores…

jueves, 25 de diciembre de 2025

Campanilla

Una campanilla sonó por muchos segundos, como en la Vigilia Pascual cuando se encienden las luces (o no recuerdo cuándo). No sé si es parte aceptada o adecuada de la liturgia navideña, pero la alegría que infunde una campanilla sonando un rato largo es conmovedora.

En esta época en que estamos llenos de medios para hacer festejos que exciten nuestros sentidos, el sonido de la campanilla despierta una alegría más sencilla y profunda. O al menos así me pasó a mí.

Entraron al Niño para colocarlo en el pesebre. Dios hecho hombre es algo que supera cualquier previsión. Pero que además algo tan grande e inabarcable se presente en forma de niño es casi como si algo tan vasto como la alegría llegue con una sola campanilla.

¡Feliz Navidad!

lunes, 22 de diciembre de 2025

Hilary, Yamandu y un bajo

Veo casi imposible que antes de fin de año YouTube me regale algo mejor que esto:

   
Pero Hilary anda mal de salud. Y yo de repente me encontré como un fan adolescente o una abuelita cariñosa deseándole salud en sus videos.

Quizás en la siguiente interpretación que les muestro se esté reflejando en su rostro el problema (fue de sus últimas antes del impasse en que se encuentran sus presentaciones): CLIC.

Si parece que fue ayer que nos explicaba todas esas cosas en el Tiny Desk...

En otro orden de cosas nos estamos viendo (también en YouTube, claro) con Yamandu Costa, el prodigio del violão de sete cordas. Cierto que es él quien saca la charla. De todos los rubros que abarca este hombre me permito elegirles esta composición de sonido paraguayo (ojo porque este video crea costumbre): CLIC.

Y se me ha quedado pegada esta melancólica canción en la que don Yamandu acompaña a grandes cantores: CLIC.

En la onda melancólica anduve escuchando también esta canción: CLIC. No sé si será cosa de la versión remasterizada pero es imposible no quedar cautivado con el bajo jugando con los silencios y las palabras de la primera parte...

sábado, 13 de diciembre de 2025

Otra vez con los hermanos...

Un libro es como una habitación. Cuando volvés encontrás el peso que acostumbrás a sostener en la mano, el tipo de tapa que abrís, la forma de quedar abierto o de tener que sostenerlo para que no se cierre, el tipo de hoja, la tipografía y todo eso define ese lugar a donde te retirás un momento.

Llámenlo casualidad que después de los últimos pensamientos tocó releer “Los hermanos Karamázov”. Mi nueva edición vieja, y habitación actual, es de traducción española y el starets Zósima es llamado ermitaño (no starets; ¿es esa una traducción acertada?).

Es conocido el pasaje cuando Zósima habla con la señora incrédula y le dice: “(...) Es imposible demostrar nada, lo posible es convencerse (…) mediante la experiencia del amor activo”.

También en otro pasaje, cuando dialogan Iván y Alexei, dice: “¿Amar la vida más que a su sentido? Justamente, amarla más que a la lógica (...) que se halle siempre por delante de la lógica, y solo entonces comprenderé el sentido”.

Y otro pasaje las palabras también de Zósima: “Hay muchas cosas en la tierra ocultas para nosotros, pero en cambio se nos ha dado la secreta e íntima sensación de nuestro vínculo vivo con el otro mundo, con el mundo elevado y superior…”

Pero a mi me gustó esta vez encontrar también algo de esa espiritualidad o fe en la frase de Dmitri:(...) a pesar de todo, soy tu hijo, Señor, te amo y siento la alegría sin la que el mundo no puede subsistir y ser”.

domingo, 16 de noviembre de 2025

O quizás mejor llanto

Pundonor o quizás mejor llanto...
La verdad debe ser tan inmensa, ya que admite ambas respuestas...
Que quizás no son opuestas.
Para llorar hay que ser valeroso y decir con lágrimas: “¿Qué es esto Señor, quiénes somos, dónde estamos?”
Es imposible sentir esto si estás inmerso en las actividades del mundo. Pero cuando te detenés un domingo y ves a ese chico discapacitado y te ves a vos allí (porque poco más somos en este mundo) solo queda decir algo como aquello…

martes, 28 de octubre de 2025

You've got a friend

Digo casi una verdad de perogrullo si digo que lo especial de la poesía o la canción no son sólo las palabras que usa sino también el orden que les da y la cuestión de los tiempos. Para escuchar lo que diremos sobre la próxima canción hay que tener presente eso y además hay que estar en esa modalidad interpretativa trascendente en que estamos a veces por aquí y por ciertos blogs que frecuentamos. Y estar incluso en ese estado de libertad interpretativa que va, a sabiendas, más allá de lo que el autor haya querido decir en su canción (casos en los que encima a veces suponemos finales alternativos para la canción; aunque no será tanto esta vez).

Fue Carole King quien compuso esa canción que muchos conocen por James Taylor que se llama “You’ve got a friend”. No leí qué dice la autora al respecto, pero seguramente es tentador asociar a ese amigo casi todopoderoso, que llega instantáneamente cuando lo llaman, con Dios (“Close your eyes and think of me and soon I will be there”... “You just call out my name and, you know, wherever I am, I come running”...).

Después de haberte dicho en distintas formas que el amigo no te va a fallar, la canción entra en un bridge en donde dice que hay gente que te va a maltratar y tratar de robarte el alma y Carole te dice: “Oh, but don't you let them”. Y a mí me suena como si te estuviera exhortándote cariñosamente: “¡ojo al piojo, vos también tenés que hacer tu parte, resistí!”. Algo como que si el llamado al Amigo era el ora, también está el labora.

Y ahora la magia de la canción, una cosita muy sutil de orden y tiempos… Porque ni bien te indicó tu parte: “don’t you let them”, se hace la pausa y vuelve a iniciar con el: “You just call out my name…”. Ese fin del puente hacia el nuevo estribillo es como si en un segundo de silencio te dijera: “¿Que cómo vas a hacer tu parte? Pues también para eso cuenta conmigo”.

(“Da lo que mandas y manda lo que quieras”, San Agustín)

When you're down and troubled
And you need some loving care
And nothing, nothing is going right
Close your eyes and think of me
And soon I will be there
To brighten up even your darkest night

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running
To see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there
You've got a friend

If the sky above you
Grows dark and full of clouds
And that old north wind begins to blow
Keep your head together
And call my name out loud
Soon you'll hear me knocking at your door

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running, a-running, yeah, yeah
To see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there, yes I will

Now ain't it good to know that you've got a friend
When people can be so cold?
They'll hurt you, yes, and desert you
And take your soul if you let them
Oh, but don't you let them

You just call out my name
And you know wherever I am
I'll come running, a-running, yeah, yeah
To see you again
Winter, spring, summer or fall
All you have to do is call
And I'll be there, yes I will (Oh, yes I will)
You've got a friend

You've got a friend
Ain't it good to know
You've got a friend?
Ain't it good to know
Ain't it good to know
Ain't it good to know
You've got a friend?
Oh, yeah now
You've got a friend
Yeah, baby
You've got a friend
Oh, yeah
You've got a friend