domingo, 26 de noviembre de 2017

Circa me persigue / Mi búho

24/11: “Hola Juan. Sí!! (…) viene el lunes a la mañana, circa 8am.
Mail laboral.

24/11: “Holy blast from the past, Batman!!! A very nice lady just gave me 100 photos from two early shows in Upstate New York. This is circa 1992 at Lilly's with Bloodline.
Joe Bonamassa en: clic.

26/11: “Is it just me or does the lead singer look like Carly Simon circa 1976?
Comentario en este video: clic.

*


"Otro que se extrañó mucho al verme, fue el inquilino del primero, un viejo búho siniestro, con cabeza de pensador, que vive en el molino desde hace más de veinte años. Le encontré en la habitación de arriba, inmóvil y derecho sobre el árbol principal, en medio de los cascotes y de los ladrillos caídos. Me miró un momento con su ojo redondo; luego, espantado al no reconocerme empezó a hacer '¡Hu! ¡Hu!' y a sacudir fatigosamente sus alas grises de polvo (esos demonios de pensadores que nunca se cepillan)... No importa, tal como es, con sus ojos parpadeantes y aspecto poco amable, este inquilino silencioso me gusta más que otro cualquiera, y me apresuré a renovarle su contrato. Habita, como antes, toda la parte alta del molino con una entrada por el techo; yo me reservo la habitación inferior, una pequeña habitación pintada con cal, baja y arqueada como un comedor conventual".
(Alphonse Daudet, Cartas desde mi molino)

martes, 14 de noviembre de 2017

A farewell to kings

When they turn the pages of history
When these days have passed long ago
Will they read of us with sadness
For the seeds that we let grow
We turned our gaze
From the castles in the distance
Eyes cast down
On the path of least resistance

Cities full of hatred
Fear and lies
Withered hearts
And cruel, tormented eyes
Scheming demons
Dressed in kingly guise
Beating down the multitude
And scoffing at the wise

The hypocrites are slandering
The sacred halls of Truth
Ancient nobles showering
Their bitterness on youth
Can’t we find
The minds that made us strong
Can’t we learn
To feel what’s right and wrong

Cities full of hatred
Fear and lies
Withered hearts
And cruel, tormented eyes
Scheming demons
Dressed in kingly guise
Beating down the multitude
And scoffing at the wise
Can’t we raise our eyes
And make a start
Can’t we find the minds
To lead us closer to the Heart

(Rush, 1977; 40º aniversario; music: Geddy Lee, Alex Lifeson and Neil Peart; lyrics: Neil Peart)

sábado, 4 de noviembre de 2017

Puente de la Noria y otras tierras de leyenda


El Puente de la Noria ocupa un lugar destacado entre los lugares de mi infancia. No era un lugar donde yo vivía, ni por donde pasaba, sino un lugar en los mapas. Y solo quien gusta de mapas y aventuras a lugares desconocidos puede entender por qué un lugar en el que rara vez se haya estado puede ser un lugar que quede en la memoria como un lugar especial. Era uno de los lugares que recuerdo como claves en la geografía urbana que nos enseñaba mi papá. Puente de la Noria, sabrán Uds., sobre el Riachuelo, esquina de la ciudad, uno de los extremos de la Avenida General Paz y, por el otro lado, comienzo o fin del entonces llamado Camino Negro (gran nombre, hoy cambiado por un aburrido y archirrepetido Presidente Perón). En la esquina interior de la ciudad, además, es de saber que está el Autódromo.

En los barrios de Caballito había por ese entonces un colectivo algo perezoso que llevaba el nombre de 141 (aún hoy debe llevarlo). Sus colores eran rojo con blanco y azul (hoy creo que es solo rojo, un rojo casi comunista porque es el mismo para todos los colectivos que compró una empresa). De más grande lo he tomado para ir y venir de Plaza Italia. Pero ya antes de tomarlo lo miraba con curiosidad porque llevaba en su frente ese nombre: Puente de la Noria. Y cuando empezaba a usar colectivos, ahí en la puerta del colegio, mientras esperaba el 104, veía pasar el colectivo que venía desde ese misterioso lugar.

Por Puente de la Noria pasamos alguna vez con mi papá en el auto, seguramente. No sé si lo recuerdo o lo imagino. Pero no tengo recuerdo alguno de haber pasado luego por muchos años, veinticinco o treinta podrían ser, hasta el día de anteayer. Y pasé como un extranjero, y pase de afuera hacia adentro, de noche, volviendo de la zona sur, por un Camino Negro transformado en Perón y en iluminada autopista. Y ya en elevación, allá a la derecha vi una inmensa terminal de ómnibus, con colectivos 21 estacionados hasta el horizonte. Y el puente no era el mismo, porque toda la zona fue renovada. Pero allá abajo, entre los dos carriles de autopista, quedó el Puente Viejo. Seguro era ese. Por un momento creí recordar que era como el Puente Victorino de la Plaza (Avenida Vélez Sarsfield) pero no, tiene una fachada o arco del estilo del Puente Alsina (Avenida Sáenz), aunque menos espectacular.

Con mi papá también hicimos vueltas a la ciudad en bicicleta, con planificación incluida. Recuerdo un mapa de esos de Capital y Gran Buenos aires, esos de colores amarillo, rosa celeste y con las calles en blanco, marcado en birome con el recorrido realizado. Y luego de más grande, estudio de Filcar de por medio, me metí con la bicicleta por cualquier lado. Pero nunca llegué a Puente de la Noria. No recuerdo tampoco haber querido ir sin poder. Aunque siempre me quedé con las ganas de la Avenida 27 de febrero (conecta Puente de La Noria con Puente Alsina bordeando el Riachuelo). Ahora es casi un lujo de avenida y uno hasta casi que se animaría, con un equipo modesto, a ir de día. Pero entonces debería ser el fin de mundo, la orilla más orillera, el río después de la quema, terreno para una expedición marechaliana de su Adán Buenosyares.

Toda esa zona sur es misterio atractivo. Si quieren disfrutarla en forma más o menos civilizada, consideren un viaje en Premetro o en el tren de trocha angosta Belgrano Sur. Ambos combinan en la Estación Illia del Belgrano Sur. Yo estuve allí. Y viví para contarlo: clic.

Notas:
1. El Riachuelo también cambia de nombre oficial cuando pasa por debajo del Puente de la Noria: clic.
2. El Camino Negro tiene su nombre oficial y no solo se llama Perón: clic.

lunes, 16 de octubre de 2017

Septiembre y octubre

(9/10)
Hay un árbol amarillo. En otoño tardío. Cuando llega la época de la fiesta de Corpus Christi le sacan hojas para hacer una infiorata. La infiorata es un camino hecho de pétalos de flores y hojas de árboles por donde transita el último tramo la procesión con el Santísimo.
Se gasta plata en esas cosas (muchas flores) y siempre que veo que la gente comenta los gastos recuerdo cuando buscábamos respuestas para las críticas al “oro del Vaticano”. Porque la gente no lo entiende. Pero es respetuosa. Porque lo hace. Cuida su trabajo. Y yo debería traer a cuenta a María derramando el perfume sobre los pies del Señor.

(9/10)
Hoy llegué con cinco minutos de ventaja y paré en la panadería. Me llevé una pequeña cremonita que salvó su vida a la mañana y ahora espera su hora en el cajón. Tengo un vaso de yerba para el mate que va hacerle el réquiem. Requiescat in panza”. No es para compartir. A veces sí hay para compartir. Uno ve algo y dice: “voy a llevar esto que vi, para compartir con los demás”. ¿Eso es Contemplata allis tradere? Pero esta no es para compartir. No, no.

(30/09)
Entramos. “Hola, qué tal. ¿El ruido y la furia, de William Faulkner?”
¡Esa forma que tenemos de preguntar, sin decir antes un “tiene” o un “tendría” o algo por el estilo! Se podría responder: “Sí, es un libro”. O “Sí, es correcto, esa obra es de ese autor”. Por supuesto que no me dijo eso sino que dijo algo como “sí” y se dirigió hacia un estante. ¡Qué bueno, un librero “posta”, que no va a la computadora porque sabe lo que tiene!

(12/10)
Ver una tapa y decir: “es turno de este”.
Tengo 20 GB de música en un palito pero extraño los discos.

(11/09)
“(...) Era como si Ringo lo sintiera también, y como si el ferrocarril, la locomotora veloz que esperaba ver, lo simbolizara: el movimiento, el impulso de moverse que ya había cobrado presión entre su gente, más oscuro que ellos mismos, sin razón, siguiendo y buscando una ilusión, un sueño, una forma luminosa que ellos no podían conocer porque no había nada en sus tradiciones, no había nada en su recuerdo, ni siquiera de los viejos, que pudieran decir a los demás: ‘Esto es lo que encontraremos’; ni él ni ellos podían saber lo que era, pero estaba allí: uno de esos impulsos inexplicables pero invencibles que aparecen de cuando en cuando en las razas y las impulsan a levantarse y abandonar toda la seguridad y la familiaridad de su tierra y su hogar y a ponerse en camino, sin saber hacia dónde, con las manos vacías, ciegos para todo salvo para una esperanza y un destino”. (Los Invictos, William Faulkner).

(09/09)
En el fondo de todo lo que pensamos subyace la misma, la única pregunta por el misterio de la vida humana.

martes, 26 de septiembre de 2017

The Land Beyond the Land of the People

"The main feature of the Alert crest is the head of a muskox, a suitably northern animal. Behind the muskox is a background of black and yellow, signifying the periods of total darkness and total sunlight experienced at Alert. Below are two peaks denoting the two mountains to the south, Crystal Mountain and Mount Pullen, between which the sun rises in March. Behind them are the white peaks of the Western Mountains. Below the peaks, a blue band between two white wavy lines signifies the Lincoln Sea and the water and ice pack surrounding Ellesmere Island. The crest is encircled by a wreath of gold maple leaves and with the royal crown of Queen Elizabeth II, Sovereign of Canada, on top. On a banner below the crest is the motto 'Inuit Nunangata Ungata' which translates in English to 'The Land Beyond the Land of the People', the age old and very apt Inuit description of Canada's northern Arctic region". [*]

La cosa es tan fantástica como real. De tan raro suena como esas antiguas historias de ficción, de reinos lejanos y perdidos. Pero el lugar es Alert, en Nunavut, Canadá. Ya lo presentamos en la primera entrega de Alter Mundi: el lugar permanentemente habitado más septentrional, más cercano al polo norte. Nació como una estación de radio y comunicaciones. Es base militar y tiene aeropuerto y estación meteorológica. CFS (Canadian Forces Station) Alert. Y ese es su blasón.

Lean cosas muy interesantes sobre Alert en esta página. ¿En cual? En ésta.

[*] La principal característica del blasón de Alert es la cabeza del buey almizclero, un animal muy propio del norte. Detrás del buey almizclero hay un fondo en negro y amarillo, que refiere a los períodos de total oscuridad y total luz solar que se viven en Alert. Abajo hay dos cumbres que representan las dos montañas del sur, la montaña Crystal y el monte Pullen, entre los cuales el sol sale en marzo. Detrás de ellos están las cumbres blancas de las Western Mountains (Montañas del Oeste). Debajo de las cumbres, una banda azul entre dos líneas onduladas significa el Mar de Lincoln y el hielo que rodea la Isla de Ellesmere. El blasón está rodeado por una corona de hojas doradas de arce y la corona real de la Reina Elizabeth II, soberana de Canadá, en la parte superior. En un estandarte debajo del blasón está el lema "Inuit Nunangata Ungata", que se traduce al inglés como "The Land Beyond the Land of the People” (La tierra más allá de la Tierra de la Gente), la antigua descripción inuit de la región ártica del norte de Canadá.

martes, 19 de septiembre de 2017

Metiéndome en el mundo de Faulkner (relato con algún excurso espiritual)

Al momento solo leí un libro de William Faulkner. Pero tiene el privilegio de ser el libro que más rápido volví a leer. Y no he releído muchos libros. A relectura completa, me refiero. Si leo de qué se trata el resto de las obras de Faulkner me asusto un poco. Hay menciones de sexo y violencia y situaciones seguramente nada “edificantes”. Si vemos su vida personal, tampoco lo es (aunque dicen que fue muy profesional en su trabajo de escritor). Pero, ¿puedo fiarme de “Los Invictos” (la única obra que leí) para pensar que el tratamiento que hace de temas escabrosos no es tan cruel e innecesariamente despiadado como en películas de televisión o textos más modernos? Porque la verdad es que la historia de “Los Invictos” es dura, difícil, tanto la de sus personajes principales como las de la masa indeterminada de los negros, esos negros emancipados que recorren como zombies los caminos hasta su Jordán, pero no es innecesariamente cruenta ni repugnante en su descripción. Y hasta es heroica.

Quizás le falta a Faulkner una visión de fe. Por eso no entiende cómo los negros pueden, como otros pueblos, peregrinar hacia una especie de tierra prometida. Pero, ¿es la fe de esos negros una fe conveniente? La visión de Faulkner es “la otra historia”, la distinta a la oficial. Critica cómo los negros fueron dejados de lado o usados por quienes los liberaban. Pero, para ellos, ¿los que los liberaban eran los yanquis por ellos mismos o como medios de un Dios? Y ese Dios, ¿era un auténtico Dios? La religión esa era protestante. Metodistas, episcopalistas... ¿Hizo bien esa religión o los negros fueron engañados?

El fin de la esclavitud es un objetivo necesario para la humanidad. Y si Faulkner recibió el premio Nobel fue, además de por sus frutos literarios, gracias al alegato antirracista “Intruso en el polvo” (según dice el doctor Antonio Ballesteros González). Pero así y todo Faulkner parece decirnos que los negros (al menos muchos, al menos aquellos que vemos en sus personajes) estaban mejor en sus vidas de esclavos que luego en sus vidas libres. Esto no es una defensa de la esclavitud, no podría serlo. Tiene que ser entonces una crítica a los yanquis (y quizás a la religión de los negros, aunque al momento no me queda claro).

Al momento solo leí un libro de William Faulkner, dije. Y me gustó mucho. Y me fascina que haya todo un mundo, con su plano y su genealogía. Un mundo fantástico inmerso en una historia real como es la Guerra de Secesión y épocas cercanas. Un condado imaginario, en el estado de Mississippi, llamado Yoknapatawpha. Que se ubica aproximadamente en lo que sería un condado real llamado Lafayette. Y Faulkner describe todo tan bien. Y sus oraciones son largas y con muchos rodeos pero las cuenta tan bien que dan ganas de descifrarlas. Y los nombres que usa, y los títulos. Y la historia de “Los Invictos”, contada desde la perspectiva de un chico, está tan bien, con todas esas sensaciones que los chicos tienen y evocamos muy fácilmente si pensamos en nosotros. Y la abuela, gran personaje. Y esas cosas como eran antes. El respeto a la mujer o a los mayores. El trabajo de la conciencia sobre los propios actos. Y el pedir perdón a Dios.

Hoy nadie cree en Dios. ¿A quién le van a pedir perdón entonces? ¿Quién guía tu vida? Vivimos como si supiéramos todo y buscamos dioses en reikis, budas, ecologías, pueblos originarios, comida sana y natural, vegetarianismo, veganismo, respeto, tolerancia, pluralismo. Todo eso está muy bien pero ocupa, sin llenarlo, el lugar del Dios que seguimos buscando sin saberlo, que no nos dimos cuenta que rechazamos. ¿Con quien te reconciliás cuando te “reconciliás con la naturaleza”? Si vos sos naturaleza, y la naturaleza no es más que alguien parecido a vos. ¿Con quién estás hablando? ¿Quién te puede absolver o salvar? La calma, el darte cuenta que fluís con el universo… ¿a quién satisface eso? Yo quiero ver siempre los ojos que quiero. Quiero sentirme en familia por toda la eternidad. Yo sé que si existimos es por algo. Simplemente porque puedo pensar en que es por algo, es que por algo debe ser. Un día me dormiré para ver qué hay, cuál es el fin de la película.

Mientras tanto sigo con “Los Invictos” de Faulkner. Y los mapas de Yoknapatawpha, hechos por el mismo Faulkner. ¡Y la Yoknapedia! Para averiguar sobre todos esos nombres que usa Faulkner como Vendée, Riposte in tertio, etc. Aunque debo decir que mi edición de “Los Invictos” tiene buenas notas (EDAF, 2011). Y también debo decir que no miren mucho los mapas porque pueden “botonearle” algunos sucesos de obras que aún no leyeron (spoiler alert, como dice el gaucho). A continuación, una cita de Faulkner que usa el emprendimiento Yoknapedia cuando presenta el sitio:

By all means let us make a Golden Book of my apocryphal county. I have thought of spending my old age doing something of that nature: an alphabetical, rambling genealogy of the people, father to son to son”.
William Faulkner, letter to Malcolm Cowley, The Faulkner-Cowley File, p. 25.

Faulkner falleció en 1962 a los 65 años y no sé si habrá podido cumplir con ese sueño. ¡Pero sí que era un genial plan de retiro!

sábado, 9 de septiembre de 2017

Giving directions


Llegás a Tigre, pasás el puente, seguís derecho por el bulevar de las palmeras (San Martín) hasta el semáforo. Si seguís derecho cruzás el puente y estás en Rincón de Milberg. En 4 cuadras llegás a la Santa María (semáforo) y doblás a la derecha. Le metés por esa. (¿Cómo se diría “métele derecho por esa” en las clases de inglés de giving directions?). Se hace ancha. Cruzás el canal. Llegás al los barrios Santa María de Tigre y Altamira y al centro comercial del Nordelta. Después de una Shell (mano de enfrente) y un distribuidor en que seguís derecho, la ruta hace curva a la izquierda. Contracurva a la derecha. Seguís hasta el final (unos 1000 metros). Rotonda, a la derecha. Seguís el camino que luego cambia de sentido girando a la izquierda y al final llegás al ACA de Dique Luján. Curva a la izquierda y contracurva a la derecha. Vista de campo la derecha. De barrio privado a la izquierda. Curva otra vez a la izquierda (lleva solo). Y en 400 metros curva a la derecha con cartel que indica Bienvenido a Villa La Ñata.

Avanzás entre chalecitos y quintas. En 1000 metros llegás al puente sobre el canal Villanueva. Si no lo cruzás y doblás la izquierda recorrés la costanera. Pero si doblas una antes (a la izquierda también) y hacés una cuadra, encontrás en una esquina el puesto de la foto. Hacen churros en el momento. Calentitos. Buenísimo.

martes, 29 de agosto de 2017

Decimotercer aniversario

Le robaba algún tiempo a un trabajo que ya no tenía futuro. Algunas de las primeras cosas se escribían en un galpón de Santos Lugares mientras el mundo real al lado mío comercializaba bebidas. Y como yo no tenía un lugar muy definido en el mundo real, esa era otra forma de ahí estar y de ahí no ser.

De inquietudes del pensamiento comenzó este blog que hoy cumple trece años. Los aniversarios son época de “metablog”, palabra que usaba Enrique García-Máiquez. Metablog, más allá del blog o, mejor dicho, cuando el blog habla sobre el blog. En vez de tocar un tema, hablar de qué es el blog, por qué uno lo escribe, por qué la gente lo escribe, etcétera.

Seguramente alguna vez lo dijimos, pero entre las varias razones por las que uno escribe un blog está la siguiente: un blog sirve para hablar de cosas que uno no puede hablar. ¿Resulta que uno es un poco loco, un poco niño o tiene gustos raros? Pues se monta un blog, como dicen en España, y allí “habla” con la gente que lo quiera escuchar. (Uno encuentra raros fácilmente en los blogs. Y raros lindos, raros buenos, eh, no se crean... Hemos conocido varios personalmente).

Por ejemplo, ¿con quién podría compartir yo mi interés actual por el jazz?

Regalo de aniversario para Uds.:

 

sábado, 19 de agosto de 2017

Encuentro en los suburbios

Para ir preparando el próximo aniversario del blog qué mejor que dejarles algo muy, muy bueno, argentino, más precisamente de la zona sur del conurbano o, como diría uno de ellos, de los “suburbios” (y si no nos equivocamos, de esa parte de los suburbios que en los mapas se llama Temperley, partido de Lomas de Zamora). Hablo como si los conociera pero lo cierto es que solo los he visto una vez. Les diría, sin embargo, que con esa sola vez casi basta no solo para comprobar la calidad de los artistas sino también la de las personas.

No quiero derivar muy lejos, pero fue un épico viaje a Monte Grande, también suburbios, también sur, pues allí se presentaban los artistas y la oportunidad parecía única. Vamos a decir, si me permite que lo nombre aquí, que fui con el legendario HJG quien, valientemente y sin saber en qué clase de persona me podría yo haber convertido en algunos años, aceptó no solo venir, sino que hasta Liniers se fue para hacer más fácil la travesía.

De repente llegamos muy temprano. De repente nos dicen que tenemos la primera mesa a lado del pequeñísimo escenario. De repente aparecen los artistas para probar sonido y la sensación es intensa, como cuando ves en la “vida real” a alguien que viste muchas veces por la pantalla. Una picada y una cerveza y de repente ya están tocando, y la cosa era que había conocidos, y nosotros ahí los extranjeros en la primer mesa. Bueno, ¡a pedir algo! Para no desentonar y poner buen clima. No sea que esos dos tipos raros de ahí adelante (nosotros, claro) enfríen todo. “¡Una huella!”, creo que me animé a pedir, porque había escuchado una muy linda pero no recordaba el nombre. Y por primera vez pido y me lo dan. Carlos Moscardini hace una explicación de lo que es la huella y junto con Julia Moscardini nos regalan la “Huella perdida”, una hermosa composición del mismo Carlos.

“Galopé sin rodada, dele buscarla,
y al caer dentro mío vine a encontrarla”

Una huella que nos hace acordar al autor santiagueño que dijo en chacarera aquello de “tanto correr pa’ llegar a ningún lado y estaba donde nací lo que buscaba por ahí”.

Esto más que “dejarles algo” se está haciendo un relato autocomplaciente de cuando fui a ver a estos músicos. Pero a la hora de ponernos a regalarles algo, ¿cómo empezar? Es que es muy difícil seleccionar entre tantas cosas hermosas. Carlos Moscardini es un eximio guitarrista argentino cuyo curriculum y obra son tan importantes como bajo es su perfil. Y Julia Moscardini es una cantante que canta tan bien como silenciosa es su presencia. Se dedica al jazz en su carrera particular, y no he escuchado mucho de eso aún, pero cuando pone su canto en las canciones de Carlos las deja superiores aún.

Carlos Moscardini además de tener composiciones de guitarra propias, hizo (seguramente entre otras cosas, claro) temas musicales con un poeta de campo llamado Francisco Lanusse, de quien no poseo datos y llamo poeta de campo porque así entendí que era, según contó el mismo Moscardini.

“Tengo el alma transida de infinito,
no hallo más ambición que andar callado”

Esos versos son de él y me gustan mucho. Y un video que sin duda puede mostrar todas estas cosas que vinimos diciendo y cautivarlos es la “Vidala del Lloradero”. Por eso lo elijo como regalo y lo dejo al pie de esta entrada. Según explicó Moscardini, la composición nace de la conteplación de un agua que caía, como una surgente espontánea en una montaña, que los lugareños llaman “lloradero”.

Sin otro preludio, sin más aprontes, vaya el video:

 

jueves, 3 de agosto de 2017

¿La ley del menor confort?

Se suele decir muchas veces “la ley del menor esfuerzo”. Con esta ley se ha producido una confusión notable. Me imagino que todo empezó cuando fue adoptada, con buena intención, por la causa de los padres de hijos fiacas, de los jefes de empleados remolones, etc. No quiero desmerecer esa loable causa, sino sólo hacer algunas aclaraciones para rescatar la riqueza de la frase y evitar confusiones prácticas en nuestra vida.

Veámoslo así. Ningún hijo ha dicho nunca a sus padres cuando estos compraron un electrodoméstico (un lavarropas, por ejemplo) o vieron que lo usaban: “Papá, mamá, ustedes siempre con la ley del menor esfuerzo”. Ningún capataz de obra ha regañado nunca a un obrero por subir un balde de cemento con una polea diciéndole: “Fulano, ¿cómo no lo subió por la escalera? ¡Ud. siempre con la ley del menor esfuerzo!”

Es claro. Porque es sinónimo de inteligencia, de practicidad, emplear el menor esfuerzo posible para realizar un trabajo. Incluso la naturaleza funciona así. El río que baja de la montaña no describe un trazado al azar, no busca saltar piedras montaña arriba para hacer ejercicio, sino que busca la bajada más rápida, más directa, y así se configura su recorrido.

Lo que sucede es que todo juicio del esfuerzo empleado está en relación con lo que se quiere lograr y la importancia que demos a ese objetivo. Nadie va a decir que el uso de la inteligencia para reducir el esfuerzo en trabajos pesados sea algo malo. Pero generalmente acusamos a las personas de emplear la “ley del menor esfuerzo” cuando no hacen algo más de lo que, creemos, deberían hacer.

Quizás podamos replantear eso. Cuando le decimos a alguien que está empleando “la ley del menor esfuerzo”, ¿qué es lo que queremos que logre? Si hablamos de eso con la persona puede ser que veamos que efectivamente tiene que esforzarse más, o puede ser que veamos que le estamos pidiendo algo que no es necesario.

Ahora vamos a una frase nueva que se está poniendo de moda. Cada vez más gente la oye en cursos, especialmente relacionados con el progreso laboral. Pero yo creo que pronto podrá convertirse en una frase de uso común. Hay que “salir de la zona de confort”, se dice. Se entiende (si no me equivoco) como que hay que hacer cosas nuevas, cosas distintas a las que estamos acostumbrados y nos salen con facilidad, y hacerlas aunque nos cueste un poco, para poder obtener como resultado un mayor progreso.

¡Un peligro para gente voluntariosa o con facilidad para el ascetismo! Con esta frase se corre el riesgo de desmerecer el valor del confort (interesante etimología para estudiar, la de esa palabra). Vendría muy a cuento ese relato del santiagueño que está descansando bajo un árbol cuando pasa el millonario con su auto y le dice: “¿Qué hace tirado ahí?” El santiagueño le responde que está descansando. Entonces el millonario le explica que puede ir a trabajar en algo. A lo que el santiagueño le responde “¿Para qué?” Y el millonario le explica: “Para tener dinero”. El santiagueño otra vez: “¿Para qué?” El millonario entonces empieza una serie de explicaciones a las que el otro siempre responde “¿Para qué?”. Por ejemplo: “Se compra unos animales”, “Trabaja con los animales”, “Vende los productos”, “Se compra una casa”. Hasta llegar a que hace un buen capital, tiene muchas comodidades y decide retirarse y poder descansar. Y entonces el santiagueño le dice: “¿Descansar? ¿Y qué se cree que estoy haciendo ahora?”

Llego a pensar si los que proponen salir de la zona de confort para obtener un progreso no subestiman a veces la ambición de la persona a la que le hablan. Hay gente a la que le gusta mucho hacer lo que hace y no resignaría ese confort que ya tiene por otro que le vendría de un progreso material. Como el panadero que disfruta amasando a las cinco de la mañana y jamás dejaría eso para tener una cadena internacional de panaderías.

El problema no es el confort, el problema es cuál es la ambición que tenemos. Si somos voluntariosos, evaluemos nuestra ambición antes de avanzar. No sea que nos pongamos en situaciones incómodas por cosas que realmente no nos interesan. Y estemos luchando toda la vida, incómodos, para poder tener muchos bienes que nos den recién al final de nuestras vidas una “zona de confort” que pudimos haber disfrutado antes de otra forma.

Nota 1: Todo lo dicho en esta entrada no intenta ser justificativo para mis fiacas.
Nota 2: Pero acá está calentito y estoy cómodo.
Nota 3: Olvidé usar la palabra procrastinación para dar más nivel a este texto.