lunes, 17 de junio de 2019

Días de junio

[ACTUALIZACIÓN 21/06/2019: Ver al final]

En la Vélez Sarsfield de Munro, en una librería de usados, había una edición de 1946 de Sopena de "Quintin Durward", de Walter Scott, a 15 pesos. Impreso y editado en Argentina, cuando mi mamá tenía 7 años y mi papá todavía no había venido a Buenos Aires, pues tenía 11. La segunda guerra mundial había terminado un año antes y como en libro se imprimió en septiembre, los argentinos recién estaban estrenando a Perón. Dependiendo de cuál de las referencias históricas uno elija el libro puede o no parecer muy viejo. No me resulta viejo si pienso que podrían haberlo tenido mis padres en su niñez. Sí me resulta viejo si pienso en la segunda guerra mundial. El libro tiene esas hojas amarillentas ásperas y una impresión a doble columna poco atractiva, pero ha logrado atraparme. Fue como un rescate que hice de él entre las cosas totalmente irrelevantes entre las que se hallaba. Y solo valdría más que su rara compañía (cuyos nombres ahora no recuerdo) por tener esas introducciones históricas tan interesantes que se ve que hacía Walter Scott (lo digo por haber leído el principio de Ivanhoe y ahora este). Es una forma agradable de aprender historia, una historia que no hubiera ido a leer a otro lado. La tapa es realmente fea y en el canto ya se despegó del interior. Pero aún así es un libro agradable de tener entre manos. El olor y la tipografía son, como diría un youtuber español cuyos videos ven los chicos, muy satisfactorios. Escribo esto mientras voy y vengo del libro porque por alguna razón, no puedo leer mucho seguido, aunque libro me guste. Alguna vez pensé que era una especie de ansiedad. Lo cierto es que es una rara sensación y por mucho tiempo la vengo analizando porque me disgusta. Aunque lo cierto quizás sea que el libro no me atrapa del todo, porque hace poco leí "El mendigo alegre" de Luis de Wohl y tuve esa sensación que hace mucho no tenía: querer seguir leyendo en cualquier momento o lugar, no necesitar un clima especial, recordar todo de forma que no tengo que ir para atrás si continúo con la lectura después de una larga detención, etcétera. O quizás sea solo la necesidad de frenar mientras me siento bien para poder escribir sobre lo bien que me siento. No estoy seguro de si eso es bueno, malo, algo que hay que moderar, o solo dejar ser.
En el sillón hace rato, espero que traigan a G. de un cumpleaños. Es en San Fernando, el río estaba muy crecido y había agua hasta en la esquina de la casa donde festejan. G. ya debe tener sueño. El resto de los de la casa no creo que la reciban ya despiertos.
Cambio de día. Sería fantástico que sonara el reloj o campana de alguna torre.

*

Lunes 17 de junio. Feriado de Güemes. La historia de Quintin Durward se ha hecho muy interesante en estos dos días. Hoy despedimos a Juan Carlos. ¡Quién iba a decir que en junio de 2019 estaríamos con Teresa y Luis tomando un café con leche en una confitería de Chacarita! Este fin de semana no salió el sol y no paró de llover. Estamos entrenados, no sé... como para un viaje a Londres. Mientras, ¿qué quieren escuchar? Tengo una especie de góspel hecho por David Byrne y Brian Eno o una genial versión del clásico brasilero Asa Branca interpretado por Sílvia Pérez Cruz y sus secuaces de cuerdas.

"Even though a man is made of clay
Everything can change..."





[ACTUALIZACIÓN 21/06/2019: Cuando pensé que terminaba el libro me di cuenta que terminaba la primera parte. Parecía un final algo abrupto, pero el índice no decía nada. El dato solo estaba en la hoja del título y no lo vi. Tampoco lo veía al abrir y cerrar el libro. No me di cuenta que una estrellita pequeña en portada y otra en el canto lo indicaban. Y lo terminé la noche antes del feriado, con lo cual quedé un día en suspenso. Por suerte hoy pude volver a la librería y la segunda parte estaba allí, cosa que podía fallar, por ser un recontra viejo libro del cajón de 15 pesos. Pero entonces debo corregirme: Quentin Durward, de Walter Scott, edición Losada de 1946, cuando mi mamá tenía 7 años y mi papá 11, me salió 30 pesos].

jueves, 23 de mayo de 2019

Dos de Sicilia

El primer texto es de una novela ambientada en la segunda mitad del siglo XIX. El segundo, de otra, ambientada en la época de San Francisco de Asís (principios del XIII).
“(...) Nosotros los sicilianos estamos acostumbrados a través de una larga, larguísima hegemonía de gobernantes que no eran de nuestra religión, que no hablaban nuestra lengua, a andar con pies de plomo. Si no se hacía así, no nos librábamos de los exactores bizantinos, de los emires berberiscos ni de los virreyes españoles. Ahora ya nos hemos habituado: estamos hechos así. (...) Hace por lo menos veinticinco siglos que llevamos sobre los hombros el peso de magníficas civilizaciones heterogéneas, todas venidas de fuera, ninguna germinada entre nosotros, ninguna con la que nosotros hayamos entonado. Somos blancos como lo es usted (...) y como la reina de Inglaterra; sin embargo, desde hace dos mil quinientos años somos colonia. No lo digo lamentándome: la culpa es nuestra”.
(El Gatopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, trad. de Fernando Gutiérrez, Ed. Cátedra)
- (...) Tenéis razón caballero: Sicilia es una isla muy hermosa; por eso tantos se la disputan...- Sicilia pertenece a Sicilia -dijo el joven con orgullo.- Sin duda, sin duda... Pero decídselo al Emperador… mejor dicho, a los emperadores, pues tanto Felipe de Suabia como Otón de Brunswick pretenden serlo… Además, están los poderoso señores alemanes que viven en la isla y cuya lealtad hacia uno y otro de lso emperadores está por ver… Y hay un Rey de Sicilia también, si no me equivoco… Ese niño, Federico, que tendrá seis o siete años…- Ocho- Bueno, ocho. Y están las bandas de sarracenos, armados hasta los dientes y dispuestos a reclamar cualquier cosa… Y el Santo Padre, en Roma, que también tiene algo que decir… ¡Sicilia! Apuesto a que no hay nadie en el mundo que esté dispuesto a predecir quién gobernará en Sicilia dentro de seis meses…
(El mendigo alegre, Louis de Wohl, trad. de Joaquín Esteban Perruca, Ed. Palabra)

martes, 14 de mayo de 2019

Alter Mundi - XVI. Port Eads

Fuente: Instagram

Los lugares extremos son ideales para continuar con nuestra serie de altermundis. Y para irnos a lugares extremos no hay que ir necesariamente a los polos o a islas remotas. Hay que ir a lugares como el que iremos a continuación.

El río Mississippi parece no terminar nunca de internarse en el mar. Al menos esa es la sensación que tienen los viajeros virtuales como yo al ver los mapas. Parece como si lo hubieran canalizado mar adentro artificialmente por alguna razón. Pero no. Es el delta. Tal como lo hizo el río y sus aluviones. (Hemos buscado con F. y no encontramos otro delta que esté así tan “hacia afuera” como este).

Este es el verdadero Delta del Mississipi, su desembocadura en el Golfo de México. Hay otro lugar, llamado Región del Delta del Mississippi, que no es un delta sino una llanura aluvional, que es más famoso por su historia, sus tierras fértiles y su música (delta blues y rock and roll nacieron allí, según dicen). Pero eso es más al norte. El verdadero delta es este al que estamos viajando en esta entrada. Pertenece al estado de Luisiana y a una de sus 64 parroquias llamada Plaquemines. Los poblados o, como los llaman, comunidades, de la parroquia de Plaquemines se van sucediendo en prácticamente dos franjas o bancos laterales al río. Diques las protegen de las crecientes, tanto del río como de los pantanos.

Fuente: Magic Beans

La cabecera es Pointe à la Hache, 80 kilómetros al sur de Nueva Orleans. A partir de esa zona o muy poco más, el camino solo sigue por el lado oeste del río hasta su finalización, 65 kilómetros más al sur, en la marina de Venice. Ahí estamos en el río pero ya metidos de cabeza en el mar, en plena zona de “transición”. Una zona que fue la más golpeada por el huracán Katrina en 2005 (el huracán caribeño más devastador de los últimos tiempos, que llegó a tierra justamente en Buras, 20 kilómetros al norte de Venice) y así la describe un blog en el año 2006: “La marina es un área umbral, un punto de partida entre tierra y agua, industria y deporte, destrucción y reurbanización. Es un lugar donde el agua dulce se convierte en sal, los ejecutivos corporativos se convierten en pescadores y el atún se convierte en cena”.

Toda esta zona es recorrida por los barcos que van y vienen de las plataformas petroleras del Golfo de México. Unos pocos kilómetros al sur de Venice, en la margen opuesta y ya solo accesible por agua o con helicóptero, está la comunidad de Pilottown, que funciona como residencia para los pilotos que guían a los barcos a través de los complejos bancos de arena del río.

Hay otras industrias que hacen a la economía de la región, como terminales de material a granel. A estas terminales, por ejemplo, pueden llegar barcos que provienen de las minas de Kentucky por el río y depositan carbón en grandes cantidades en predios costeros. Este carbón luego es cargado en otros barcos que salen al golfo y lo llevan entonces a Florida, donde es la principal fuente de energía para la región de Tampa. Otra industria es también la del azufre, que en Estados Unidos nació en Louisiana y tuvo su auge en los años treinta. Allí junto al río, en la zona que estamos visitando, está la comunidad que nació con ese auge y lleva el nombre de Port Sulphur.

Solo dos o tres kilómetros al sur de Pilottown es donde el Mississippi, debilitado, se termina o abre en tres ramas finales. El lugar se llama Head of Passes. Hoy en día el principal canal de navegación es el Southwest Pass, con un calado que se mantiene en 40 pies. Pero el más famoso por su historia es el South Pass. Sigamos la corriente por este ramal.

Fuente: Magic Beans

Un valiente llamado James Buchanan Eads fue quien en al década de 1870 pobló este trayecto y desarrolló una obra de ingeniería. Mediante muelles en las costas logró direccionar el caudal del Mississippi al centro del cauce y así aumentó en pocos años el calado del río de 9 pies a 30 pies. Así la navegación en el Mississippi se convirtió en una importante fuerza económica de los Estados Unidos. Dice en "Lighthouse friends" que los muelles que hizo Eads aún sobreviven, aunque yacen enterrados bajo capas de arena. En 1982 fueron designados como un “National Historic Engineering Landmark” y una placa conmemorando eso se puso unos kilómetros río arriba en Fort Jackson.

En honor de este señor, en el extremo del South Pass se alzó la comunidad de Port Eads. Aquí llegamos con el viaje. Un pequeño punto en el mapa con un faro y unas pocas construcciones. Un lugar de acá nomás pero en el fin del mundo a la vez. Y que pareció vivir también un fin de los tiempos.

Fuente: Wikipedia

Cuando se avecinaba el huracán Katrina, dos de su media docena de residentes decidieron no evacuar para sobrellevar la tormenta. Y sigue Wikipedia: “Ambos, Wayne Scarabin, de 53 años, y Roy Clark, de 18 años, lamentablemente resultaron muertos. Sus restos nunca han sido encontrados. Luego del paso del huracán, un año más tarde, un amigo de los fallecidos, Jimmy Bowana, ha regresado como el único residente de Port Eads. Vive en medio de los escombros, repartidos sobre la tierra y el mar, en la oficina de la marina donde Wayne y Roy trabajaban”. [Fuente de Wikipedia: año 2006]

Pero la cosa fue cambiando. Sigue Wikipedia: “La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias originalmente destinó $400.000 dólares para reconstruir el puerto de Marina Eads después de Katrina. El presidente de la parroquia, Billy Nungesser, tomó posesión de su cargo en 2007. En su opinión, los $ 400.000 dólares no eran suficientes y él personalmente viajó a Washington D.C. y apeló sobre la cantidad de dinero. A principios de 2009, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias autorizó 12 millones de dólares para la reconstrucción de Port Eads”.

Hasta ahí Wikipedia. Pero por el sitio “Luisiana Sportsman” sabemos que así Port Eads se transformó en Port Eads Marina. Y en esa zona, uno de las más fértiles zonas de pesca del mundo, hoy en día se hacen grandes torneos. La firma que regentea las instalaciones gusta decir: “Nos definimos como un hotel y un restaurante, así como un puerto deportivo a 23 millas de la civilización”. E indican sus comodidades que incluyen habitaciones, Direct TV, WiFi, espacio en muelle y hasta una pista de aterrizaje de 600 metros.


lunes, 8 de abril de 2019

Reflexiones impunemente publicadas

El polvo que acumulan los zapatos.
Es una imagen genial, habla de cansancio y satisfacción.
A veces uno se cansa de limpiarlos, en esos momentos lejos del camino en que lo que uno quiere es descansar.
Pero cuando los limpia se completa la sensación de cansancio y satisfacción.
O quizás ahora lo siento así.
Nuevamente entonces la pregunta, ¿uno vive las cosas plenamente en el momento? ¿El recuerdo del momento es mucho más pleno que el momento?
La foto de todos sonrientes oculta las peleas y discusiones de la reunión y podría parecer una máscara pero, ¿no es la foto la que refleja la verdadera voluntad, que es que todos quieren estar bien allí juntos, aunque no puedan lograrlo plenamente?
La vida es mezclada, la felicidad no viene sola; glory be to God for dappled things. ¿Habría felicidad sin tristeza? ¿Son felices quienes no son libres?
Entonces ahí está el verdadero valor de esa libertad que tantos nos cuesta aceptar y valorar a los humanos cuando vemos el sufrimiento, el mal que hacemos. Libertad para amar. No amaría si no fuera libre (y por ende si no pudiera no amar). No sería feliz si no estuviera triste.
Y estamos tristes porque algo nos falta.
El hombre no desea la vida eterna o la vida con Dios solo porque tiene una “obsesión por perdurar”, señor ateo que canta. El hombre tiene una “necesidad” (casi fisiológica) de entender todo alguna vez, de ser feliz para siempre. Ud. también. No se aguante.

martes, 26 de marzo de 2019

Cuaresma y mundo (y Hilary Hahn, y Natalie Merchant, y Glenn Gould)

Empezando ya la tercera semana de Cuaresma solo puedo decir que de las recientes ocupaciones la más “espiritual” es la lectura de las historias medievales de Hermann Hesse, que incluyen enseñanzas piadosas. El fin de semana leímos en voz alta una de un rey soberbio que es despojado de sus ropas, ignorado y rechazado, que fue reemplazado en el trono por alguien (que no diré quién es para no estropearles el final) y que al final logra redimirse. Oración, lo normal. Caridad, flojazo. Y si apelamos a un “concepto moderno” de ayuno no sé si “araño el cuatro”. Valga esta entrada para proponerme una mejora, como parte del examen de conciencia correspondiente a la confesión.

Ya que esta no puede ser una entrada edificante, procuremos que sea una sana diversión. Las cosas mundanas con las cuales espero no aburrirlos empiezan con las lecturas del Anuario 2019 de Autos de Clarín. Al empezar a ver la variedad de autos que hay (y cada vez más autos chinos) recordé cosas de la niñez. Sentados en un balcón de Mar del Plata frente al boulevard marítimo, jugábamos carreras con los autos que pasaban (a ver quién llegaba primero, largando desde el semáforo y hasta la esquina siguiente). Reconocíamos las marcas de todos los autos y podíamos decir cuál había acumulado más triunfos. Hoy, ni en el anuario ni en la calle, reconozco los modelos y, como ya digo, estoy sorprendido de la cantidad de marcas orientales. Solo me doy cuenta que vivo en el mismo mundo cuando veo que todavía se hacen y se venden el Mustang y el Camaro. Estos autos, claro, no pasaban (al menos no seguido) por las calles de Mar del Plata, pero son unos clásicos que todos hemos visto alguna vez en películas.

Seguimos, pero en otro orden de cosas. Una vez hace mucho tiempo conocí, por “En Compostela” (probablemente cuando quizás solo era “Compostela”), los Tiny Desk Concerts de la NPR (National Public Radio) norteamericana. Nunca les presté mucha atención pero con el tiempo fueron apareciendo más entre mis videos. Hoy en día tengo dos Tiny Desk Concert favoritos y, si lo pienso bien, el segundo puede asociarse muy bien a lo espiritual que necesitamos en esta Cuaresma.

El primero es el de la violinista Hilary Hahn. No sé si alguna vez la presenté acá pero es una violinista norteamericana virtuosa famosa por sus grabaciones de Bach, muy precisa en sus notas según dicen, que eso resta calidez dicen otros, pero para mí es genial. Su video del Concierto para violín de Mendelssohn en vivo en Corea del Sur es de mis favoritos, lo veo desde que tenía 1,6 millones de reproducciones y hoy tiene más de 21 millones. Se los voy a dejar al final, de yapa. Pero acá va el Tiny Desk Concert, porque de eso hablábamos.

 

Mi segundo Tiny Desk Concert favorito es el de Natalie Merchant. Esa compositora y cantante norteamericana es todo un personaje y merece su atención. Tiene una trayectoria impresionante que arranca con el grupo “10.000 Maniacs”. Hoy ya grande, con su pelo blanco y sin maquillaje, tiene una voz aún mejor. Además de sus temas, muy “americana”, hace al final un himno protestante (ella dice ser católica) que canta con el público. Ese himno está en un disco de ella de canciones tradicionales. Y tiene además dos discos de poemas de autores famosos musicalizados que son un lujo. No va nada mal para Cuaresma tararear que uno es un “poor morning pilgrim”.

 

Además de los Tiny Desk Concert, otro hallazgo (para mí) fue conocer a Glenn Gould, el pianista canadiense que tildaron de excéntrico y que es considerado una eminencia en Bach (su grabación de “El clave bien temperado” viaja en la sonda Voyager). En el pico de su fama se retiró de los conciertos y se dedicó solo a grabaciones. Siempre iba con su desgastada sillita de patas cortas, que usaba desde chico, y de ahí su particular posición. Tarareaba, además, mientras tocaba y eso podía ser molesto salvo para los que, como yo, gustan de la belleza de los personajes exóticos como este.

 

En otro orden de cosas, quisiera destacar que estamos hechos unos expertos en los llamados cubos de Rubik y sus derivados. Pero eso debería ser para otra entrada. Por ahora, les dejo la yapa el “veintemillonario” video de Hilary Hahn:

 

domingo, 24 de febrero de 2019

2018

1. Astronauta lírico (Vitor Ramil) | Vitor Ramil
2. The fox (Trad.) | Nickel Creek
3. Crossing muddy waters (John Hiatt) | I’m with her
4. Mom says (Luisa Sobral) | Luisa Sobral
5. La cuartelera (Eduardo Falú) | Juan Falú
6. Un solo corazón (M. Matamoros) | Ainda Dúo
7. Black coffee (Ike Turner, Tina Turner) | Beth Hart and Joe Bonamassa
8. The mists of time (John Mayall) | John Mayall and The Bluesbreakers
9. Mañana (Ana María Moix, Sílvia Pérez Cruz) | Sílvia Pérez Cruz
10. Zamba del que anda solo (Chacho Echenique, Armando Tejada Gomez) | Nadia Szachniuk
11. Tema para mi strat (Nasta Súper) | Nasta Súper
12. Sr. Vinho (Luis Sobral) | Luisa Sobral
13. Mama don’t allow (Trad.) | Live from here
14. I’ve got some mind over what matters (Joe Bonamassa) | Joe Bonamassa
15. Waltz about whiskey (Andrew Marlin, David A. Hutcheson) | Mandolin Orange
16. Let me get by (K. Burbridge, Lefebvre, Trucks, Mattison, Tedeschi, Greenwell) | Tedeschi Trucks Band
17. Don’t think twice (Bob Dylan) | Live from here
18. Midnight train (David Rawlings) | David Rawlings
19. Loucos de cara (Kleiton Ramil, Vitor Ramil) | Vitor Ramil
20. Retrato de un pescador (Ramón Ayala) | Quinké Dúo
21. Keep on growing (Clapton, Whitlock) | Tedeschi Trucks Band
22. Speed of sound of loneliness (John Prine) | John Prine
23. The auld triangle (Dominic Behan) | The Punch Brothers con Marcus Mumford
24. Little worlds (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
25. Inês (Luisa Sobral) | Luisa Sobral con Antonio Zambujo
26. Iko Iko (Sugar Boy and his Cane Cutters) | Live from here
27. Lovesick blues (Cliff Friend, Irving Mills) | Live from here
28. Noite de São João (Fernando Pessoa, Vitor Ramil) | Vitor Ramil con Kleiton y Kledir
29. Cavalry (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
30. Anyhow (Trucks, Tedeschi, Mattison) | Tedeschi Trucks Band
31. Joquim (Joey: Bob Dylan, Jacques Levy; versión Vitor Ramil) | Vitor Ramil
32. Poor boy, poor me (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
33. O pato (Jaime Silva, Neuza Teixeira) | João Gilberto
34. No surprises (Thom Yorke) | Sílvia Pérez Cruz y Marco Mezquida
35. Milonga de sete cidades - a estética do frio (Vitor Ramil) | Vitor Ramil

lunes, 21 de enero de 2019

Tres rutas

1

Cuando la 38 torció en la curva final hacia la intersección de Patquía, La Rioja, fue como meterse de lleno en la tormenta. Y fue cuestión de instantes para que caiga con todo. Pero se extinguió enseguida y con ella la duda sobre si deberíamos haber esperado en el pueblo. Las sierras crecían en el horizonte a la derecha en la nueva ruta hacia el oeste y, aunque todavía faltaba bastante para nuestro destino, era como ir llegando...

Hacía tiempo que quería ir por la ruta 38 más allá de Córdoba. Más de quince años eran desde que había pasado por Villa de Soto y me había quedado grabado en la memoria. La plaza, un pasacalle anunciando a Raly Barrionuevo y un cartel que decía, ¡oh sorpresa!, que "para allá" se podía ir a La Rioja. Era como la puerta a un país desconocido. Y el episodio de la tormenta, como el de un sandwich de milanesa en Chamical, forman parte de la realización de aquel deseo.

2

Aunque era declarada por Google como la más conveniente para nuestra travesía, sonaba a aventura. Quizás esa sensación se reforzaba por el dato de que, según dicen, ese trazado pertenecía al Camino del Inca. No eran las seis, todavía no aclaraba y ya salíamos de Barreal, San Juan, por la 149 hacia el sur para alcanzar Uspallata. Mientras amanecía, se iban iluminando los Andes a la derecha. Montañas de hasta seis mil y pico de metros que, a pesar de eso, uno parecía tener cerca, porque el camino llega a superar los dos mil. En Mendoza desaparecía el asfalto y de un ripio con serruchos se pasaba a uno con mejor huella, aunque "más luego" algo suelto y eso obligaba a bajar la velocidad. Antes de Uspallata, a la altura de la estancia Tambillos, volvía el asfalto y el paisaje ya se hacía como el mendocino que conocíamos.

3

Había que regresar por la 8. Por varias razones. La 7 tenía desvío en La Picasa, Google daba el mismo tiempo para ambas, la 8 es más linda y, por sobre todo, podríamos conocer el tramo San Luis-La Toma-Achiras-Río Cuarto. Un tramo que bien merece la pena. Mi descripción sería algo cursi, así que acá lo dejamos. Baste decir que no hay que amedrentarse por la provincial 10 porque está muy bien y los campos sembrados de San Luis son un gran marco.

Nota: Algunos dirán que la 8 es un plomo, que están los tramos urbanizados de Venado Tuerto y Pergamino y etc. Pero a mí la 8 me gusta porque es arbolada en todo el trayecto. Y por las casas antiguas junto a la ruta como en Arrecifes y otras localidades.

2018 (todavía no)

Todavía no pude armar el disco 2018 porque el trabajo de selección se me hace arduo. Pero quisiera contarles algunas cosas. A raíz del hallazgo de “Live from here” estuve siguiendo bastante la música country, bluegrass, "americana" que le dicen, etc.

Una pareja que se hizo famosa en los noventa y en los dos mil ha sido Gillian Welch y David Rawlings. Acá, bajo el nombre de él, una canción reciente pero genial. Dejo el vídeo y las letra abajo. Y a continuación, así ya digo todo y me callo, un dúo nuevo pero ya con grandes trabajos y futuro prometedor, Mandolin Orange. También dejo video y letra.

 

Midnight train

The midnight train and the forty train
run all night long (x2)

They run
until the break of day

The little wheels and the great big wheels
turn all night long (x2)

They turn
until the break of day

The one you left and the one you love
cries all night long (x2)

She cries
until the break of day

This love of mine, little light of mine
shines all night long (x2)

He shines
until the break of day

 

Cavalry

Well, I've carried the world on my back with no more to obtain
The fire in the sky-- a dim light in my eye that's long faded
And I've stood where heroes have fallen their names turned to stone
Yet I remain nameless, the best friend the hero has known

Now I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running

From the age of kings when pride decided all fate
Long before war machines took charge and I was still 'wake
It was blind hope and blinders, with young men to carry between
All the death and the glory; believin' they're one and the same

Now I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running

Yes I've carried the world on my back with no more to obtain
The sword and the shield perched upon saddles and reins
But the stampedes of thunder, the cavalry's charge leaves me now
Your last war will come but I can not follow you down

No, I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running
I said these days I'm saving my strength for running

Yapa: Mientras estuve de vacaciones Mandolin Orange llegó a Live From Here, algo que lo ayudará mucho a ser más conocido. En este video de yapa, ahora sí (porque estuvo ausente en el video elegido), podrán ver un buen solo de mandolina en una canción sobre la guerra civil.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

De vuelta a Yoknapatawpha

En este momento el olor del libro se mezcla con el olor de las flores de jazmín. Los dos me gustan. Y no van nada mal juntos. O al menos alternándose.

Eso podría ser toda la entrada. Pero debería leerse algo que resulte tan agradable como la sensación me resulta a mí, y de eso no soy capaz. Así que, para justificar la entrada, les cuento algo más.

Después de haber fracasado con "El ruido y la furia" vuelvo a Faulkner porque encontré un libro que va a tener lo que a mí me gusta: Yoknapatawpha. En la librería de la calle Chacabuco, en la mesa que está a la izquierda pasando la caja, dónde está esa colección que están todos de canto, de colores con centro negro y letras blancas, me estaba esperando un volumen llamado "Relatos", cuyo título original es "Uncollected stories of William Faulkner".

Son "cuarenta y cinco relatos que incluyen los que Faulkner público y nunca incluyó en sus libros, los que más tarde refundió a fin de convertirlos en parte de obras posteriores y los que habían permanecido inéditos" y fueron parte de la formación del famoso condado ficticio sureño de Yoknapatawpha y sus habitantes.

Así que arranqué por textos de "El villorrio", mientras releo (u ocasionalmente leo en voz alta para un paciente auditorio) algunos entrañables pasajes de "Los Invictos", como este:

"Debió de [sic] partir a caballo bajo la lluvia, porque durante el desayuno aún seguía lloviendo, y también durante el almuerzo, hasta que al fin al nana dejó a un lado la costura y dijo:
- Muy bien. Marengo, traeme el libro de cocina.
Ringo trajo el libro, y nos echamos en el suelo al lado del hogar; en la pared, sobre la repisa, estaba colgado de unos ganchos el mosquete cargado.
-¿Qué os parece que leamos hoy? -dijo la nana.
-Lee lo de los pasteles -dije.
-Muy bien. ¿Qué clase de pastel queréis que les lea?
Pero no había necesidad de preguntarlo, porque Ringo, antes incluso de que la nana hubiera terminado de hablar, dijo como de costumbre:
-El pastel de coco, nana.
-Creo que un poco más no nos hará daño -dijo la nana".

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Ego

Una vez (yo era chico) puse un libro en la bolsa de inglés. Era Robinson Crusoe. Supongo que lo hice para que piensen que leía. Porque yo no sé si por ese entonces leía. Y Robinson Crusoe nunca lo leí. Hoy en día cuando tengo un libro que no puedo soltar me lo llevo en una bolsita y cuando lo saco uso la bolsita para ocultar la tapa. Quizás como enmienda de aquello de Robinson Crusoe.
*

Hay dos formas de no entender por qué la gente hace ciertas cosas. La forma típica es cuando la gente hace cosas que vos no hacés, jamás harías y te parecen malas, aburridas o razones por el estilo. La otra es cuando la gente hace cosas que vos hacés y que creés que son raras y, cómo dijimos, no entendés cómo otro puede hacerlas. Es una forma distinta de no entendimiento de la gente en la que no solo no se entiende al otro sino que uno se cree único.

*

En Munro está la esquina del automovilista narcisista. Es en Guido y Spano y Armenia. Una ochava espejada y su continuación (por ambas calles) permite mirarse el auto unos instantes más que lo posible en otros lados del barrio.