lunes, 8 de abril de 2019

Reflexiones impunemente publicadas

El polvo que acumulan los zapatos.
Es una imagen genial, habla de cansancio y satisfacción.
A veces uno se cansa de limpiarlos, en esos momentos lejos del camino en que lo que uno quiere es descansar.
Pero cuando los limpia se completa la sensación de cansancio y satisfacción.
O quizás ahora lo siento así.
Nuevamente entonces la pregunta, ¿uno vive las cosas plenamente en el momento? ¿El recuerdo del momento es mucho más pleno que el momento?
La foto de todos sonrientes oculta las peleas y discusiones de la reunión y podría parecer una máscara pero, ¿no es la foto la que refleja la verdadera voluntad, que es que todos quieren estar bien allí juntos, aunque no puedan lograrlo plenamente?
La vida es mezclada, la felicidad no viene sola; glory be to God for dappled things. ¿Habría felicidad sin tristeza? ¿Son felices quienes no son libres?
Entonces ahí está el verdadero valor de esa libertad que tantos nos cuesta aceptar y valorar a los humanos cuando vemos el sufrimiento, el mal que hacemos. Libertad para amar. No amaría si no fuera libre (y por ende si no pudiera no amar). No sería feliz si no estuviera triste.
Y estamos tristes porque algo nos falta.
El hombre no desea la vida eterna o la vida con Dios solo porque tiene una “obsesión por perdurar”, señor ateo que canta. El hombre tiene una “necesidad” (casi fisiológica) de entender todo alguna vez, de ser feliz para siempre. Ud. también. No se aguante.

martes, 26 de marzo de 2019

Cuaresma y mundo (y Hilary Hahn, y Natalie Merchant, y Glenn Gould)

Empezando ya la tercera semana de Cuaresma solo puedo decir que de las recientes ocupaciones la más “espiritual” es la lectura de las historias medievales de Hermann Hesse, que incluyen enseñanzas piadosas. El fin de semana leímos en voz alta una de un rey soberbio que es despojado de sus ropas, ignorado y rechazado, que fue reemplazado en el trono por alguien (que no diré quién es para no estropearles el final) y que al final logra redimirse. Oración, lo normal. Caridad, flojazo. Y si apelamos a un “concepto moderno” de ayuno no sé si “araño el cuatro”. Valga esta entrada para proponerme una mejora, como parte del examen de conciencia correspondiente a la confesión.

Ya que esta no puede ser una entrada edificante, procuremos que sea una sana diversión. Las cosas mundanas con las cuales espero no aburrirlos empiezan con las lecturas del Anuario 2019 de Autos de Clarín. Al empezar a ver la variedad de autos que hay (y cada vez más autos chinos) recordé cosas de la niñez. Sentados en un balcón de Mar del Plata frente al boulevard marítimo, jugábamos carreras con los autos que pasaban (a ver quién llegaba primero, largando desde el semáforo y hasta la esquina siguiente). Reconocíamos las marcas de todos los autos y podíamos decir cuál había acumulado más triunfos. Hoy, ni en el anuario ni en la calle, reconozco los modelos y, como ya digo, estoy sorprendido de la cantidad de marcas orientales. Solo me doy cuenta que vivo en el mismo mundo cuando veo que todavía se hacen y se venden el Mustang y el Camaro. Estos autos, claro, no pasaban (al menos no seguido) por las calles de Mar del Plata, pero son unos clásicos que todos hemos visto alguna vez en películas.

Seguimos, pero en otro orden de cosas. Una vez hace mucho tiempo conocí, por “En Compostela” (probablemente cuando quizás solo era “Compostela”), los Tiny Desk Concerts de la NPR (National Public Radio) norteamericana. Nunca les presté mucha atención pero con el tiempo fueron apareciendo más entre mis videos. Hoy en día tengo dos Tiny Desk Concert favoritos y, si lo pienso bien, el segundo puede asociarse muy bien a lo espiritual que necesitamos en esta Cuaresma.

El primero es el de la violinista Hilary Hahn. No sé si alguna vez la presenté acá pero es una violinista norteamericana virtuosa famosa por sus grabaciones de Bach, muy precisa en sus notas según dicen, que eso resta calidez dicen otros, pero para mí es genial. Su video del Concierto para violín de Mendelssohn en vivo en Corea del Sur es de mis favoritos, lo veo desde que tenía 1,6 millones de reproducciones y hoy tiene más de 21 millones. Se los voy a dejar al final, de yapa. Pero acá va el Tiny Desk Concert, porque de eso hablábamos.

 

Mi segundo Tiny Desk Concert favorito es el de Natalie Merchant. Esa compositora y cantante norteamericana es todo un personaje y merece su atención. Tiene una trayectoria impresionante que arranca con el grupo “10.000 Maniacs”. Hoy ya grande, con su pelo blanco y sin maquillaje, tiene una voz aún mejor. Además de sus temas, muy “americana”, hace al final un himno protestante (ella dice ser católica) que canta con el público. Ese himno está en un disco de ella de canciones tradicionales. Y tiene además dos discos de poemas de autores famosos musicalizados que son un lujo. No va nada mal para Cuaresma tararear que uno es un “poor morning pilgrim”.

 

Además de los Tiny Desk Concert, otro hallazgo (para mí) fue conocer a Glenn Gould, el pianista canadiense que tildaron de excéntrico y que es considerado una eminencia en Bach (su grabación de “El clave bien temperado” viaja en la sonda Voyager). En el pico de su fama se retiró de los conciertos y se dedicó solo a grabaciones. Siempre iba con su desgastada sillita de patas cortas, que usaba desde chico, y de ahí su particular posición. Tarareaba, además, mientras tocaba y eso podía ser molesto salvo para los que, como yo, gustan de la belleza de los personajes exóticos como este.

 

En otro orden de cosas, quisiera destacar que estamos hechos unos expertos en los llamados cubos de Rubik y sus derivados. Pero eso debería ser para otra entrada. Por ahora, les dejo la yapa el “veintemillonario” video de Hilary Hahn:

 

domingo, 24 de febrero de 2019

2018

1. Astronauta lírico (Vitor Ramil) | Vitor Ramil
2. The fox (Trad.) | Nickel Creek
3. Crossing muddy waters (John Hiatt) | I’m with her
4. Mom says (Luisa Sobral) | Luisa Sobral
5. La cuartelera (Eduardo Falú) | Juan Falú
6. Un solo corazón (M. Matamoros) | Ainda Dúo
7. Black coffee (Ike Turner, Tina Turner) | Beth Hart and Joe Bonamassa
8. The mists of time (John Mayall) | John Mayall and The Bluesbreakers
9. Mañana (Ana María Moix, Sílvia Pérez Cruz) | Sílvia Pérez Cruz
10. Zamba del que anda solo (Chacho Echenique, Armando Tejada Gomez) | Nadia Szachniuk
11. Tema para mi strat (Nasta Súper) | Nasta Súper
12. Sr. Vinho (Luis Sobral) | Luisa Sobral
13. Mama don’t allow (Trad.) | Live from here
14. I’ve got some mind over what matters (Joe Bonamassa) | Joe Bonamassa
15. Waltz about whiskey (Andrew Marlin, David A. Hutcheson) | Mandolin Orange
16. Let me get by (K. Burbridge, Lefebvre, Trucks, Mattison, Tedeschi, Greenwell) | Tedeschi Trucks Band
17. Don’t think twice (Bob Dylan) | Live from here
18. Midnight train (David Rawlings) | David Rawlings
19. Loucos de cara (Kleiton Ramil, Vitor Ramil) | Vitor Ramil
20. Retrato de un pescador (Ramón Ayala) | Quinké Dúo
21. Keep on growing (Clapton, Whitlock) | Tedeschi Trucks Band
22. Speed of sound of loneliness (John Prine) | John Prine
23. The auld triangle (Dominic Behan) | The Punch Brothers con Marcus Mumford
24. Little worlds (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
25. Inês (Luisa Sobral) | Luisa Sobral con Antonio Zambujo
26. Iko Iko (Sugar Boy and his Cane Cutters) | Live from here
27. Lovesick blues (Cliff Friend, Irving Mills) | Live from here
28. Noite de São João (Fernando Pessoa, Vitor Ramil) | Vitor Ramil con Kleiton y Kledir
29. Cavalry (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
30. Anyhow (Trucks, Tedeschi, Mattison) | Tedeschi Trucks Band
31. Joquim (Joey: Bob Dylan, Jacques Levy; versión Vitor Ramil) | Vitor Ramil
32. Poor boy, poor me (Andrew Marlin) | Mandolin Orange
33. O pato (Jaime Silva, Neuza Teixeira) | João Gilberto
34. No surprises (Thom Yorke) | Sílvia Pérez Cruz y Marco Mezquida
35. Milonga de sete cidades - a estética do frio (Vitor Ramil) | Vitor Ramil

lunes, 21 de enero de 2019

Tres rutas

1

Cuando la 38 torció en la curva final hacia la intersección de Patquía, La Rioja, fue como meterse de lleno en la tormenta. Y fue cuestión de instantes para que caiga con todo. Pero se extinguió enseguida y con ella la duda sobre si deberíamos haber esperado en el pueblo. Las sierras crecían en el horizonte a la derecha en la nueva ruta hacia el oeste y, aunque todavía faltaba bastante para nuestro destino, era como ir llegando...

Hacía tiempo que quería ir por la ruta 38 más allá de Córdoba. Más de quince años eran desde que había pasado por Villa de Soto y me había quedado grabado en la memoria. La plaza, un pasacalle anunciando a Raly Barrionuevo y un cartel que decía, ¡oh sorpresa!, que "para allá" se podía ir a La Rioja. Era como la puerta a un país desconocido. Y el episodio de la tormenta, como el de un sandwich de milanesa en Chamical, forman parte de la realización de aquel deseo.

2

Aunque era declarada por Google como la más conveniente para nuestra travesía, sonaba a aventura. Quizás esa sensación se reforzaba por el dato de que, según dicen, ese trazado pertenecía al Camino del Inca. No eran las seis, todavía no aclaraba y ya salíamos de Barreal, San Juan, por la 149 hacia el sur para alcanzar Uspallata. Mientras amanecía, se iban iluminando los Andes a la derecha. Montañas de hasta seis mil y pico de metros que, a pesar de eso, uno parecía tener cerca, porque el camino llega a superar los dos mil. En Mendoza desaparecía el asfalto y de un ripio con serruchos se pasaba a uno con mejor huella, aunque "más luego" algo suelto y eso obligaba a bajar la velocidad. Antes de Uspallata, a la altura de la estancia Tambillos, volvía el asfalto y el paisaje ya se hacía como el mendocino que conocíamos.

3

Había que regresar por la 8. Por varias razones. La 7 tenía desvío en La Picasa, Google daba el mismo tiempo para ambas, la 8 es más linda y, por sobre todo, podríamos conocer el tramo San Luis-La Toma-Achiras-Río Cuarto. Un tramo que bien merece la pena. Mi descripción sería algo cursi, así que acá lo dejamos. Baste decir que no hay que amedrentarse por la provincial 10 porque está muy bien y los campos sembrados de San Luis son un gran marco.

Nota: Algunos dirán que la 8 es un plomo, que están los tramos urbanizados de Venado Tuerto y Pergamino y etc. Pero a mí la 8 me gusta porque es arbolada en todo el trayecto. Y por las casas antiguas junto a la ruta como en Arrecifes y otras localidades.

2018 (todavía no)

Todavía no pude armar el disco 2018 porque el trabajo de selección se me hace arduo. Pero quisiera contarles algunas cosas. A raíz del hallazgo de “Live from here” estuve siguiendo bastante la música country, bluegrass, "americana" que le dicen, etc.

Una pareja que se hizo famosa en los noventa y en los dos mil ha sido Gillian Welch y David Rawlings. Acá, bajo el nombre de él, una canción reciente pero genial. Dejo el vídeo y las letra abajo. Y a continuación, así ya digo todo y me callo, un dúo nuevo pero ya con grandes trabajos y futuro prometedor, Mandolin Orange. También dejo video y letra.

 

Midnight train

The midnight train and the forty train
run all night long (x2)

They run
until the break of day

The little wheels and the great big wheels
turn all night long (x2)

They turn
until the break of day

The one you left and the one you love
cries all night long (x2)

She cries
until the break of day

This love of mine, little light of mine
shines all night long (x2)

He shines
until the break of day

 

Cavalry

Well, I've carried the world on my back with no more to obtain
The fire in the sky-- a dim light in my eye that's long faded
And I've stood where heroes have fallen their names turned to stone
Yet I remain nameless, the best friend the hero has known

Now I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running

From the age of kings when pride decided all fate
Long before war machines took charge and I was still 'wake
It was blind hope and blinders, with young men to carry between
All the death and the glory; believin' they're one and the same

Now I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running

Yes I've carried the world on my back with no more to obtain
The sword and the shield perched upon saddles and reins
But the stampedes of thunder, the cavalry's charge leaves me now
Your last war will come but I can not follow you down

No, I'm saving my strength for running
These days I'm saving my strength for running
I said these days I'm saving my strength for running

Yapa: Mientras estuve de vacaciones Mandolin Orange llegó a Live From Here, algo que lo ayudará mucho a ser más conocido. En este video de yapa, ahora sí (porque estuvo ausente en el video elegido), podrán ver un buen solo de mandolina en una canción sobre la guerra civil.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

De vuelta a Yoknapatawpha

En este momento el olor del libro se mezcla con el olor de las flores de jazmín. Los dos me gustan. Y no van nada mal juntos. O al menos alternándose.

Eso podría ser toda la entrada. Pero debería leerse algo que resulte tan agradable como la sensación me resulta a mí, y de eso no soy capaz. Así que, para justificar la entrada, les cuento algo más.

Después de haber fracasado con "El ruido y la furia" vuelvo a Faulkner porque encontré un libro que va a tener lo que a mí me gusta: Yoknapatawpha. En la librería de la calle Chacabuco, en la mesa que está a la izquierda pasando la caja, dónde está esa colección que están todos de canto, de colores con centro negro y letras blancas, me estaba esperando un volumen llamado "Relatos", cuyo título original es "Uncollected stories of William Faulkner".

Son "cuarenta y cinco relatos que incluyen los que Faulkner público y nunca incluyó en sus libros, los que más tarde refundió a fin de convertirlos en parte de obras posteriores y los que habían permanecido inéditos" y fueron parte de la formación del famoso condado ficticio sureño de Yoknapatawpha y sus habitantes.

Así que arranqué por textos de "El villorrio", mientras releo (u ocasionalmente leo en voz alta para un paciente auditorio) algunos entrañables pasajes de "Los Invictos", como este:

"Debió de [sic] partir a caballo bajo la lluvia, porque durante el desayuno aún seguía lloviendo, y también durante el almuerzo, hasta que al fin al nana dejó a un lado la costura y dijo:
- Muy bien. Marengo, traeme el libro de cocina.
Ringo trajo el libro, y nos echamos en el suelo al lado del hogar; en la pared, sobre la repisa, estaba colgado de unos ganchos el mosquete cargado.
-¿Qué os parece que leamos hoy? -dijo la nana.
-Lee lo de los pasteles -dije.
-Muy bien. ¿Qué clase de pastel queréis que les lea?
Pero no había necesidad de preguntarlo, porque Ringo, antes incluso de que la nana hubiera terminado de hablar, dijo como de costumbre:
-El pastel de coco, nana.
-Creo que un poco más no nos hará daño -dijo la nana".

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Ego

Una vez (yo era chico) puse un libro en la bolsa de inglés. Era Robinson Crusoe. Supongo que lo hice para que piensen que leía. Porque yo no sé si por ese entonces leía. Y Robinson Crusoe nunca lo leí. Hoy en día cuando tengo un libro que no puedo soltar me lo llevo en una bolsita y cuando lo saco uso la bolsita para ocultar la tapa. Quizás como enmienda de aquello de Robinson Crusoe.
*

Hay dos formas de no entender por qué la gente hace ciertas cosas. La forma típica es cuando la gente hace cosas que vos no hacés, jamás harías y te parecen malas, aburridas o razones por el estilo. La otra es cuando la gente hace cosas que vos hacés y que creés que son raras y, cómo dijimos, no entendés cómo otro puede hacerlas. Es una forma distinta de no entendimiento de la gente en la que no solo no se entiende al otro sino que uno se cree único.

*

En Munro está la esquina del automovilista narcisista. Es en Guido y Spano y Armenia. Una ochava espejada y su continuación (por ambas calles) permite mirarse el auto unos instantes más que lo posible en otros lados del barrio.

martes, 9 de octubre de 2018

La ideología de “género” y el “liberalismo gnóstico” (IV de IV)

Ultima parte. Partes anteriores: uno, dos, tres.

<< ¿Hacemos bien en resistir? ¿Es posible que la concepción dualista de la persona humana haya sido la correcta desde un inicio? Tal vez es real que la persona no es su cuerpo, sino que simplemente lo habita y que lo usa como un instrumento. Tal vez la persona real sí es el yo consciente y sintiente, la psique, y el cuerpo es simplemente materia: la máquina en la que reside el fantasma. Pensar así, sin embargo, exige ignorar el hecho de que la totalidad de nuestra experiencia es la experiencia de ser actores unificados. Nada nos da razón de suponer que nuestra experiencia es ilusoria. Incluso si la posición del dualismo del cuerpo y el yo pudiera cuadrarse en forma coherente —lo que dudo—, de todas formas no tendríamos más razones para creer en ella que las razones que tenemos para suponer que en este preciso instante estamos soñando, o que somos prisioneros de la Matrix sin saberlo.

Pero hay más. Consideremos la más común de las experiencias humanas: el sentir (v.gr. oír o ver). Sentir es, obviamente, una acción corporal realizada por un ser viviente. El agente que realiza el acto de sentir es una creatura corporal, un animal. Pero es también claro que en los seres humanos, en cuanto animales racionales, es uno y el mismo agente quien conjuntamente siente y entiende o busca entender (por medio de una actividad mental) qué es lo que él o ella está sintiendo o percibiendo por los sentidos. El agente que realiza el acto del entendimiento, por tanto, es un ente corporal, y no una sustancia no-corporal usando el cuerpo como una especie de artefacto cuasi-prostético. De no ser así, no seríamos nunca capaces de explicar la comunicación o la conexión que existe entre la cosa que realiza el acto de percibir o sentir y la cosa separada que realiza el acto de entender.

Para ver el punto más claramente, permítanme invitarlos a considerar lo que están haciendo en este preciso instante. Ustedes están percibiendo —viendo— palabras en una hoja de papel o una pantalla. Y no solo están percibiendo, considerado como el acto de recibir impresiones (una especie de dato) a través del medio de la visión, sino que están entendiendo qué es lo que están percibiendo. Primero, están entendiendo que lo que están viendo son palabras (y no, por ejemplo, números o manchas o algo distinto), y segundo, están entendiendo que las palabras en sí tienen un significado (tanto individualmente consideradas, como cuando están junto a otras formando oraciones). Ahora, ¿qué exactamente es la entidad —es decir, ustedes— que está simultáneamente realizando el acto de percibir y entender? Y más precisamente, ¿se trata de una entidad o de dos? La percepción o el acto de percibir es de hecho un acto corporal, pero ¿no es el mismo actor (es decir, ustedes mismos en cuanto seres unificados) el que está viendo las palabras y entendiendo que son palabras y qué significan? No tendría sentido suponer que el cuerpo está realizando el acto de percibir y que la mente, considerada como una sustancia ontológicamente separada y distinta del cuerpo, está realizando el entendimiento. Por lo pronto, ello generaría una regresión infinita de explicaciones en tratar de explicar adecuadamente la relación existente entre las dos sustancias distintas y separadas. No seríamos capaces de entender la idea de que ustedes están realizando el entendimiento, pero que un instrumento que están usando —no ustedes mismos en cuanto agentes únicos y unidos— está realizando las percepciones.

O consideren un caso simple de predicación gramatical y de pensamiento. Se aproximan a su escritorio y juzgan que lo que ven encima de él —esa cosa ahí— es una revista. Ese es un solo juicio, y ambas partes del mismo (el sujeto y el predicado) deben tener un solo agente: un ser que hace o realiza tanto el ver como el pensar, es decir, que ve aquella cosa concreta y particular y que entiende la misma al aplicarle un concepto abstracto (revista). ¿Cómo podría ser de otra forma? ¿Cómo podría ser que un ser contuviera ambas partes unidas en un mismo acto de juicio —la imagen sensorial y el concepto abstracto— sin estar ejerciendo al mismo tiempo las capacidades sensoriales e intelectuales?

Más aún, el agente que siente el particular —aquella cosa ahí— debe ser un animal, esto es, un cuerpo con órganos perceptivos. Y la predicación que va con la percepción es un acto personal; el agente que está aplicando un concepto universal (revista) debe ser una persona. (Una creatura no racional, como un perro, bien puede percibir, pero al carecer de la razón del tipo que permite o hace posible la formación de conceptos universales, no podría entender que lo que está percibiendo es una instancia particular de un universal.) Se sigue de esto que el sujeto que realiza el acto de juicio —aquella cosa ahí es una revista— es un ser, personal y animal. No somos dos entidades separadas. Ni es posible que la “persona” sea plausiblemente una etapa en la vida del animal humano. Si fuera el caso, después de todo, una diferencia categórica en el estatuto moral (persona vs. no persona) estaría basada exclusivamente en una mera diferencia de grado (en vez de ser una diferencia del tipo de cosa que el ser es), lo que es absurdo. Nosotros somos, en todo momento de nuestra existencia como seres humanos, yos-corporales y cuerpos personales.

En el plano del pensamiento moral y la práctica, existen pocos proyectos más urgentes que el de recuperar la noción de sentido común de la persona humana como una unidad dinámica; creaturas cuyos cuerpos son partes de sus “yo”, y no solo instrumentos extrínsecos. El liberalismo social contemporáneo descansa sobre un error, que es la trágica equivocación detrás de tantos esfuerzos de justificar —e incluso de inmunizar de toda crítica moral— actos y prácticas que son, en verdad, contrarios a nuestra dignidad igual, inherente y profunda. >>

(Robert P. George, trad. Tomás Henríquez, Revista Humanitas, Universidad Católica de Chile)

lunes, 8 de octubre de 2018

La ideología de “género” y el “liberalismo gnóstico” (III de IV)

Esta es la tercera parte; es recomendable leer la primera y la segunda antes.

<< Y sobre todo esto encontramos además el transexualismo y el transgenerismo. Si somos compuestos de cuerpo-mente (o cuerpo-alma) y no simplemente mentes (o almas) que habitan cuerpos materiales, entonces el respeto por la persona exige respeto por el cuerpo, lo que descarta las mutilaciones y otros ataques directos e intencionados contra la salud humana. Esto significa que, excepto en casos extraordinariamente raros de deformidades congénitas que llevan al extremo de la indeterminación, nuestra masculinidad o femineidad [en cuanto pertenencia al conjunto macho o hembra] es discernible a partir de nuestros cuerpos. El sexo se constituye a partir de nuestra organización biológica básica en relación a nuestro funcionamiento reproductivo; es una parte inherente de qué y quiénes somos. Cambiar el sexo es una imposibilidad metafísica porque es una imposibilidad biológica. O al menos extremadamente improbable. Es posible que resulte ser tecnológicamente factible cambiar el sexo de un individuo humano en una etapa muy temprana del desarrollo embrionario, ya sea por medio de la alteración del genoma o, en el caso de un macho embrionario, por medio de la inducción de insensibilidad andrógina de forma suficientemente temprana como para que el desarrollo sexual proceda como lo haría si se tratara de una mujer genética. Pero, por supuesto, hacer esto sería inmoral, pues involucraría una intervención corporal radical sin consentimiento del afectado y con graves riesgos para su salud.

Luego, los cambios de sexo son biológicamente imposibles siempre que se hace cierto que el cambiar las capacidades sexuales de una persona desde la raíz requeriría revertir una multiplicidad de órganos y otras características sexuales que ya se encuentran diferenciados sexualmente, al punto de que por hacerlo terminaríamos con un organismo distinto de aquel con el que empezamos (y sospecho que ese punto se alcanza cuanto menos en las etapas más tempranas dentro del útero). Como ha argumentado Paul McHugh, desear el cambio del propio sexo es una patología; un deseo de dejar de ser uno mismo y pasar a ser un alguien distinto. No es por lo mismo desear el bien propio, sino que desear la no-existencia propia de quien uno es.

En contraste, la concepción liberal considera que ninguna dimensión de nuestra identidad personal está verdaderamente determinada por la biología. Si tú crees y sientes que eres una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, entonces eres exactamente eso: una mujer (“transgénero”). Y por lo mismo puedes legítimamente describirte a ti mismo como mujer, a pesar del hecho de que eres biológicamente hombre, y tomar acciones concretas —incluso al punto de realizarte amputaciones y tratamientos hormonales cruzados— para alcanzar la apariencia externa femenina, especialmente donde crees que el hacerlo te permitirá “sentirte” más plenamente como mujer.

Esta forma de plantear el asunto va demasiado lejos. ¿Qué es lo que está diciendo un individuo transgénero pre-operativo de “hombre-a-mujer” cuando afirma que él “es en realidad una mujer” y que desea la cirugía para confirmar ese hecho? No está diciendo que su sexo es femenino-hembra; eso es obviamente falso al no ajustarse a la realidad material. Tampoco está diciendo que su género es “mujer” o “femenino”, incluso si concedemos que el género es en parte o en todo una cuestión de auto-presentación o apariencia social. Es claramente falso el decir que este macho biológico es actualmente percibido como una mujer. Él quiere ser percibido de esa forma. Pero la premisa para su solicitud de cirugía es la afirmación del pre-operado de que es “en realidad una mujer”. Por lo mismo, ella debe ser previa. ¿A qué se refiere entonces? La respuesta no puede ser su sentido interior. Eso de todas formas exigiría que fuera su sentido interior de algo, en circunstancias de que parece que no existe “algo” de lo cual pueda tener un sentido interior (pues aún no lo tiene ni interior ni exteriormente, y desea tenerlo porque no lo tiene).

Para el neo-gnóstico, el cuerpo sirve al placer del yo-consciente, a quien está sujeto, y por lo mismo las mutilaciones y otros procedimientos no presentan problemas morales inherentes. Ni tampoco es contrario a la ética médica el realizarlos; de hecho, puede ser para él contrario a la ética que un cirujano calificado se rehúse a realizar tales procedimientos. Al mismo tiempo, el neo-gnóstico insiste que los cambios quirúrgicos e incluso los puramente cosméticos no son necesarios para que un macho sea una mujer (o que una hembra sea un hombre). El cuerpo y su apariencia no importan, excepto en un sentido instrumental. Dado que tu cuerpo no es el verdadero “tú”, tu sexo (biológico) e incluso tu apariencia no tienen que estar necesariamente alineados con tu “identidad de género”. Tienes un derecho, se nos dice en la actualidad, a presentarte a ti mismo de cualquier forma que sientas que eres.

Y dado que los sentimientos, incluyendo los sentimientos acerca de qué o quién eres, caben o se posicionan en un espectro, y serían por lo demás fluidos, no nos encontraríamos limitados a solo dos posibilidades sobre la cuestión de nuestra identidad de género (pueden de igual forma ser de un “género no conforme”), ni se estaría permanentemente adherido o atado a un género en particular. Existen, por ejemplo, los 56, 58, o más géneros reconocidos por Facebook, y es posible que se encuentre el género cambiando a lo largo del tiempo, o de forma abrupta. Es incluso posible que se cambie el género por medio de actos de la voluntad. Puedes cambiar de género en forma temporal, por ejemplo, por razones políticas, o de solidaridad con otros [o por conveniencia]. Por supuesto, la mayoría de las observaciones aquí realizadas sobre el género pueden extenderse de igual forma a la “orientación sexual”, y la práctica de auto-identificarse en términos del deseo sexual; un concepto y práctica bien servido por una concepción del ser humano como una persona no-corporal que habita un cuerpo no-personal.

La posición anti-dualista que ha sido históricamente abrazada por Judíos y Cristianos (tanto en el Oriente como en el Poniente, por Protestantes y Católicos) ha sido nuevamente articulada en forma potente por el Papa Francisco:
La aceptación de nuestros cuerpos como un regalo de Dios es vital para dar la bienvenida y aceptar el mundo entero como un regalo del Padre y nuestro hogar común, mientras que el pensar que disfrutamos de un poder absoluto sobre nuestros propios cuerpos deviene, a menudo en forma sutil, en el creer que disfrutamos de un poder absoluto sobre la creación. Aprender a aceptar nuestros cuerpos, cuidarlos y respetar su significado pleno, es un elemento esencial de una ecología humana genuina. Asimismo, valorar la propia femineidad o masculinidad del cuerpo es necesario si es que voy a ser capaz de reconocerme a mí mismo en el encuentro con otro que es diferente. En esta forma podemos aceptar con gozo los regalos específicos de otro hombre u otra mujer, la obra del Dios Creador, y encontrar un enriquecimiento mutuo. No es una actitud sana aquella que busca “cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe cómo hacerle frente a la misma”.
El Papa, quien recientemente enfureció a los defensores del liberalismo social al denunciar la práctica de enseñar a los niños que su género es electivo y no dado como una cuestión vinculada a su sexo biológico, no está realizando un ejercicio ocioso o de filosofía puramente especulativa. Está respondiendo a un desafío concreto de la ortodoxia cristiana, representado por el resurgimiento moderno de una antropología filosófica contra la cual la Iglesia luchó en sus primeras batallas formativas contra el gnosticismo. Él sabe que esta antropología en sí se ha transformado en nuestros días en una especie de ortodoxia —la ortodoxia de una forma concreta de secularismo liberal a la que, siguiendo a Robert Bellah, me he referido como “individualismo expresivista”— que ha procurado una posición de dominación entre las élites culturales de Occidente. Ella presenta el sustento metafísico de prácticas sociales y desafíos ideológicos en contra de los cuales los judíos ortodoxos y los fieles cristianos (así como también muchos musulmanes y tantos otros) se encuentran batallando al día de hoy: aborto, infanticidio, eutanasia, liberación sexual, la redefinición del matrimonio, y la ideología de género. >>

(Robert P. George, trad. Tomás Henríquez, Revista Humanitas, Universidad Católica de Chile)

La ideología de “género” y el “liberalismo gnóstico” (II de IV)

Si ha llegado aquí, estimado lector, es recomendable leer primero la primera parte (clic). Acá sobre el matrimonio, pero si le interesa sobre el tan de moda "cambio de sexo" espere la tercer entrega.

<< Bajo la misma premisa, tal antropología es la que sustenta el rechazo del liberalismo social a la ética sexual y marital tradicional y su concepción del matrimonio como una unión masculino-femenina. Dicha concepción carece de sentido si el cuerpo es meramente un instrumento de la persona, a fin de ser usado para satisfacer metas o fines subjetivos o producir sentimientos deseables en la persona-sujeto-consciente. Si no somos nuestros cuerpos, el matrimonio no puede involucrar en su esencia una unión de una sola carne realizada por el hombre y la mujer, como lo sostienen las tradiciones judías, cristianas y clásicas de la ética. Pues si el cuerpo no es parte de la realidad personal del ser humano, no puede existir nada moral o humanamente importante de la unión “meramente biológica”, fuera de sus efectos psicológicos enteramente contingentes.

El presuponer el dualismo del cuerpo y del yo hace más difícil apreciar que el matrimonio es un bien humano natural (pre-político e incluso pre-religioso) con su propia estructura objetiva. Si la sexualidad es solamente un medio para nuestros fines subjetivos, ¿no significa que ella es lo que sea que queramos que sea? ¿Cómo puede estar orientada a la procreación o requerir exclusividad en forma permanente, por su propia naturaleza?

Solo podemos encontrar sentido en la concepción del matrimonio como una unión de una sola carne si entendemos al cuerpo como verdaderamente personal. Es entonces que podemos ver la unión biológica entre un hombre y una mujer como una forma distintiva [y única] de unión entre dos personas, la que es alcanzada, a la manera de la unión biológica de las partes al interior de la persona, por medio de la coordinación hacia un fin corporal único del todo. Para la pareja, ese fin es la reproducción. Su orientación hacia la vida familiar tiene por lo mismo una significancia humana y moral, y no “meramente biológica”. Los cónyuges, en su unidad corporal, renuevan la unión omnicomprensiva que es su matrimonio. Esta concepción, a su vez, nos ayuda a captar el sentido del deseo natural y espontáneo de querer criar a los propios hijos y la importancia normativa de comprometerse a hacerlo cada vez que ello sea posible, incluso a un costo personal elevado. (Una madre desea que la manden de la maternidad a su casa con el bebé que ella de hecho parió, y no con uno que le fuera asignado al azar de la reserva de bebés nacidos durante su estadía en el ala de maternidad.) Este instinto refuerza una ética sexual sensata, que especifica los requerimientos del amor conyugal y parental fiel; una ética que parece carecer de sentido y ser hasta cruel a los ojos de liberales sociales contemporáneos.

Para ellos, después de todo, lo que importa es lo que sucede o se verifica en la mente o la conciencia, no en el cuerpo (o el resto del cuerpo). La unidad personal verdadera, en la medida de que algo así es siquiera posible, es una unidad al nivel afectivo, no al biológico. El “matrimonio” tiende a ser visto y tenido, entonces, como una institución socialmente construida que existe para facilitar los vínculos románticos y para proteger y favorecer los variados sentimientos e intereses de la gente que formaliza esos vínculos. No se trata de una sociedad conyugal en lo absoluto, sino de una forma de compañerismo románticosexual o bien de una asociación doméstica. La procreación y los niños son apenas contingentemente relacionados a ellas. No hay ningún sentido, ni siquiera en términos indirectos, en que el matrimonio es una asociación procreativa o una sociedad cuya estructura y normas reciban su forma de la orientación inherente de nuestra naturaleza sexual a la procreación y sustento de los niños. La concepción conyugal del matrimonio como una unión del tipo que se realiza en plenitud natural por la generación y sustento de los hijos en común se presenta como una idea ininteligible y hasta extravagante para el neo-gnóstico.

En la misma línea, y de la forma en que el liberalismo social presenta esta materia, el sexo en sí no es un aspecto inherente del matrimonio o parte de su significado; la idea de la consumación marital por medio de las relaciones sexuales también aparece como extraña. Así como para los liberales sociales dos (o más) personas pueden tener sexo perfectamente legítimo y valioso sin necesidad de estar casados el uno con el otro, también sería el caso que dos (o más) personas pueden tener un matrimonio perfectamente válido y completo sin tener relaciones sexuales. Se trataría enteramente de una cuestión de preferencias subjetivas. El juego sexual consensual es valioso en la medida que permite a los involucrados expresar sus sentimientos deseados, como la afección, o bajo la misma medida, la dominación o sumisión ante el otro. Pero si es el caso que no tienen deseo por ello, el sexo carece de sentido incluso al interior de la relación matrimonial. Es meramente incidental y por lo mismo opcional, como es opcional el ser o no dueño de un auto, u optar por tener una cuenta corriente conjunta o separada. La esencia del matrimonio es el compañerismo, no la noción sexual, y por supuesto mucho menos la procreación.

Y todo esto explica, por supuesto, por qué la ética liberal contemporánea apoya y patrocina el matrimonio entre personas del mismo sexo. Incluso sugiere que el matrimonio puede existir entre tres o más individuos en grupos poli-amorosos sexuales (o no sexuales). Dado que el matrimonio se desenvuelve con prescindencia de la biología y se distingue por su intensidad emocional y calidad —en atención a que la verdadera “persona” es el yo consciente y sintiente— los “matrimonios” entre personas del mismo sexo y los poli-amorosos son posibles y valiosos en la misma forma básica que la unión conyugal entre el hombre y la mujer. Pues los compañeros en estas otras agrupaciones también pueden sentir afecto los unos por los otros e incluso creer que la calidad de su relación romántica se verá favorecida o estimulada por el juego sexual mutuamente acordado (o por la inexistencia del mismo, según sea el caso). Si esto sería en definitiva la esencia del matrimonio aquello de lo que se trata, entonces negarles el estatus marital implica denegarles “igualdad matrimonial”. >>

(Robert P. George, trad. Tomás Henríquez, Revista Humanitas, Universidad Católica de Chile)