lunes, 13 de febrero de 2017

Canciones de...

Título completo: “Canciones de historias dramáticas de personas, como recitados (o incluyendo algunos), de duración mayor a la media de la canción de radio de música popular”.

Eso nomás. Y nada menos. Seguro hay muchas más que las aparecen en mi humilde colección:

1. Hurricane (Dylan-Levy) / Bob Dylan
4. Jungleland (Bruce Springsteen) / Bruce Springsteen

El criterio no es claro, ni fácil de aplicar. No valen historias de personas o personajes si no son bastante dramáticas, largas y algo recitadas. O con dos de tres de esas características. Han quedado afuera, por citar entre miles: Historia de Mate Cosido, Run run se fue pa’l norte, El anillo del Capitán Beto, Romance del Conde Olinos…

jueves, 2 de febrero de 2017

Queja de uno del club

No compré todavía “57th & 9th”. Estoy algo desilusionado. Lo escuché en Spotify y… yo qué sé. ¿Por qué lo hicieron volver al rock a Sting? Para vender, seguramente. Habrán considerado que "eso era lo que quería la gente". Será. Pero lo que me desilusionó fue escuchar al mismo Sting, en el show de Jools Holland, con un tono medio despectivo respecto de algunas cosas que habían pasado. ¡Y a mí me habían gustado justamente esas últimas! Eran “Symphonicities”, “If on a winter’s night…” y “The last ship”. Cosas distintas (sobretodo las dos últimas), raras si se quiere, pero geniales. No eran más de lo mismo. Uno ponía el disco, leía el librito y enseguida se había dado cuenta que había descubierto algo bueno (esto, esto, esto…).

Sting hablaba de sus trabajos poco entendidos en el booklet del CD de “The Last Ship”. Mencionando un viejo disco dice: “The Soul Cages was my attempt at elegy, the least loved, least understood of all my recorded efforts, but despite that cold reception, it did establish a select and loyal constituency of listeners who I only half-jokingly refer to as 'the recently bereaved' or similarly haunted. Not the most cheerful club, it must be admitted, but a thoughtful bunch nonetheless”.

Y yo me hice ipso facto de ese club. No por algo la entrada más visitada de este blog ya era “Shape of my heart (interpretación libre)”. No por nada le hice entonces “estudios psicorreligiosos” a Sting. Es cierto que ya en aquellas palabras hay algo de desdén: “not the most cheerful club”. ¿Será que ahora le dio la crisis de los 60 y quiere rescatar perdidos amigos de la juventud? Lo banco. Pero el disco… todavía no sé si lo voy a comprar.

Por suerte esta no es de amor:

 

sábado, 21 de enero de 2017

2016 (y yapa)

El disco 2016 es así de simple:

1) Shakey Graves: Dearly Departed (Shakey Graves)
2) Mercedes Sosa: Arriba quemando el sol (Violeta Parra)
3) Pomplamoose: Expiration date (Pomplamoose)
4) Cereus Bright: Stayin' alive (Bee Gees)
5) Rush: New World Man (Rush)
6) Magdalena Matthey c/Pedro Aznar: Era una rosa (Magdalena Matthey)
7) Bertoldi-Juárez-Romanelli: Runaway baby (Bruno Mars)
8) Sílvia Pérez Cruz: Ai, ai, ai (Sílvia Pérez Cruz)
9) Sting: What have we got? (Sting-Nail-Tickell-Tickell-Sutton)
10) Cereus Bright: Stella (Cereus Bright)
11) Chango Spasiuk: Onírico uno en F (Chango Spasiuk)
12) Swear and Shake: Blouses (Swear and Shake)
13) Immigrasons: El noi de la mare-Vidala del último día (Trad./Valladares-Galán)
14) Sílvia Pérez Cruz: Duérmete (Sílvia Pérez Cruz)
15) Rush: Driven (Rush)
16) Magdalena Matthey: Baguala del viento (Magdalena Matthey)

Yapa: Una candidata al disco 2017. “Orchid”, de Nataly Dawn.

There's an orchid in my cup-holder
And it makes me think of you
So frightened by the roaring wind
But clinging to its roots
And I hope you get the chance to see
What the Good Lord sees in you
But while we wait I'll orchestrate
This small table for two

All the praises in the world
Are all I have to offer you
I must not sing them loud enough
Cause none of them ring true
So when we've had our final course
And all the wine bottles are through
I'll wipe your eyes with eloquent lies
And try not to be cruel

Maybe when the days are longer
We will find the time to change
And stop the unrelenting voices
Pounding in our brains
But for now we'll sail the charted course
And check our hands for stains
Oh hoist your glass to forgetting fast
Till only good remains

Hoist your glass to forgetting fast
Till only good remains

jueves, 19 de enero de 2017

San Javier


No sabíamos si tomar el camino de arriba o el de abajo (¿el Caradhrás o las Minas de Moria?) En realidad debería decirse "el del norte o el del sur". Es decir, entrar por las tierras cordobesas atravesando las Sierras Grandes o por las tierras puntanas rodeando esas sierras por el sur (camino subterráneo no hay; creo).

La duda era que, en la primera opción, a la hora del calor y del cansancio nos tocaría el Camino de las Altas Cumbres. Pero sin Comechingones defendiendo sus tierras, sin pumas ni yararás y con los espinillos solo de vista al costado del asfalto, uno ya no se puede acobardar. El diestro manejo de la lanza y el fusil se cambia por una buena concentración al tomar las curvas y listo. Nos decidimos. Salimos de casa a las 4:10 y a las 14:30 estábamos en San Javier, en el Valle de Traslasierra, Córdoba. 

No hay que negarlo, uno es turista. Pero en el fuero íntimo uno trata siempre de ser un visitante. Las páginas de turismo, las ofertas de turismo, todas esas cosas son aburridas y deprimentes. Lo ideal sería tener un amigo local con el cual adentrarse en el lugar y su identidad. A falta de eso hay que recurrir a las charlas con los ocasionales interlocutores. Pero si encima uno es lento para socializar, queda entonces un recurso: la literatura y la música.

Un compañero de viaje fue don Fandermole. ¿Y qué podría el hombre del litoral paranaense decirnos de San Javier? Algo inesperado. Adormilado en un sillón escucho que empieza la zamba "La Rosa Díaz", a la que nunca había prestado atención. Imagínense mi sorpresa al escuchar:

Esa es la Rosa que baja
con los yuyitos que junta.
La Sierra Grande a su espalda
le tapa el sol que despunta.

Del agua de la Pampita,
por los senderos de piedra
trae a San Javier, solita,
fragancias de las estrellas.

No cabe ni una tristeza
en su humilde alforja vacía
cuando a la tarde regresa
en los vinos de su alegría.

Tiempo lejos vino siendo
de cuantioso amor bendita,
cada estación floreciendo
lo mismo que sus plantitas.

El invierno sin un grito
segó su bulto en la loma
y sobre el pueblo marchito
cayó un silencio de aromas.

Se lleva la Rosa Díaz
sus yerbas al cielo mismo;
ahí vuelve al cerro su almita
perfumando los abismos.

Así que ya conocíamos a alguien. Y M. ya la envidiaba, porque ella quería conocer esos yuyos, algunos de los que se toman en el mate, otros medicinales.

Un día en una placa sobre una casa leí que allí había vivido el poeta Delfín H. Núñez Torres. Cómo en Internet no había nada sobre él, pensé en una visita a la oficina de información turística. Sería una pregunta original: "No, no vengo por el trekking ni por el bird watching, quería saber sobre Núnez Torres". No quise hacerme el raro, así que finalmente formulé la pregunta diciendo que había visto aquella placa y que quería saber si se podía visitar la casa (un clásico). La señorita dirigió la mirada a quien sería su jefe, quien dijo que lamentablemente no, porque vivía una familia allí. Pregunté entonces: ¿Hay algo de información de Núñez Torres, de su obra? Y me dijeron entonces que de "casas históricas" podía encontrar algo en un negocio frente a la plaza o en un centro cultural más allá. En fin, lo esperable; no solo está la placa, hay hasta una calle que lleva su nombre pero en la oficina de turismo no saben nada.

De todos modos entré en ese negocio frente a la plaza y conocí a un nuevo compañero de viaje llamado Claudio Morales Gorleri. Bueno, no a él, sino a un libro suyo. Este señor, que ostenta títulos como Director de la Maestría en Historia de la Guerra del Instituto Universitario del Ejército, o Miembro de Número de la Academia Nacional Sanmartiniana, del Instituto Nacional Belgraniano y del Instituto de Historia Militar Argenina, escribió un libro prologado nada menos que por Silvio Rodríguez (el cubano, sí) que se llama "San Javier, Cuentos".

Leyendo estos cuentos aprendí mucho de las costumbres, geografía y sobre todo historia del lugar. Los atardeceres rojos sobre las sierras (que vimos), los pájaros que abundan y son confianzudos (como pudimos comprobar a diario), la historia sobre la zona que fue disputada por las gobernaciones de Córdoba y San Luis, las familias de un lado y otro, los hombres que se unieron al Chacho Peñaloza, las viudas que quedaron y la comunidad cerrada que armaron, la leyenda de la Porfiada (especie de Virgen a la que se le rezaba al revés), monseñor Uladislao Castellano, los encomenderos, los Comechingones y otras cosas.

El padre de este señor se llamaba Alfredo Morales Gorleri y era pintor radicado en San Javier. Trabajaba para Buenos Aires y hacia retratos y pinturas en la zona. Un ejemplo es el mural de San Francisco Javier, que está en la iglesia parroquial del mismo nombre y que ilustra esta entrada.

PS: El regreso fue toda una aventura: niebla cruzando el Caradhrás… perdón, el Camino las Altas Cumbres e inundaciones cerca de los pagos del mismo Fandermole; más de medio día de travesía.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Olores (Biblioteca Básica Salvat)

Hoy custodio la Biblioteca Básica Salvat de mis padres. En un tiempo hojeé un “Robinson Crusoe” y hasta que creo que lo llevé en un bolso para hacerme el adolescente erudito. En otro tiempo usé en el colegio “Poema de mío Cid” y no sé si intenté por mi cuenta “1984”, de George Orwell. Más adelante recuerdo haber leído “Antígona”. Durante una época me dediqué a buscar los faltantes en la librería de usados. Habré encontrado tres o cuatro. Aún me faltan dos. Cuando llegaron a mi custodia, tantos años después, leí “Cartas desde el molino” de Alphonse Daudet y “Flush” de Virginia Woolf. Una cosa buena de esta colección es que, a pesar de su antigüedad, todavía los libros tienen un olor genial. Quizás sea un olor que maduró con el tiempo, pero también lo sentí por momentos como un olor de la niñez.

Y hablando justamente de olores, ¡quién pudiera oler más! Como Flush en Italia, por ejemplo:

“Y éste es el momento en que el biógrafo se ve forzado a hacer un alto. Si son insuficientes dos o tres mil palabras para expresar lo que vemos -y mistress Browning se declaró vencida por los Apeninos-, no contamos más que con dos palabras y media para manifestar lo que olemos. Casi no existe olfato humano. Los más grandes poetas del mundo no han olido más que rosas, por una parte, y estiércol por otra. Las infinitas gradaciones intermedias han quedado sin registrar. Y precisamente era en el mundo olfativo donde vivía Flush. El amor era, sobre todo, olor; la forma y el color eran también olor; la música, la arquitectura, la ley, la política y la ciencia eran olor. Para él, hasta la religión era olor. Nos resultaría imposible describir la más insignificante de sus experiencias con la carne o el bizcocho de cada día. Ni mister Swinburne podría haber dicho qué significaba para Flush el olor de Wimpole Street en una calurosa tarde de junio. En cuanto a describir el olor a perrita spaniel mezclado con el de antorchas, laureles, incienso, banderas, cirios, y de una guirnalda de hojas de rosal pisada por un zapatito de satén que estuvo guardado con alcanfor, eso quizá Shakespeare, si se hubiera detenido hacia la mitad de Antonio y Cleopatra, cuando lo escribía... Pero Shakespeare no se detuvo en esto. De modo que, confesando nuestra incapacidad, sólo podemos hacer constar que en estos años -los más plenos, libres y felices en la vida de Flush- Italia significaba para él, principalmente, una sucesión de olores”.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Algo sobre el asunto ese de los cuatro cardenales y la Amoris Laetitia

Estuve leyendo esas objeciones que cuatro cardenales presentaron a Francisco por cosas que dice la Amoris Laetitia (y también lo que dijeron otras personas al respecto).
Mi sensación (casi una sensación de piel; el gusto que me queda en el fondo de la boca) es que los señores lo deberían haber manejado en privado. En mi ignorancia no puedo permitirme más que decir eso.

Pero miro el punto 4 que dice:

“Después de las afirmaciones de «Amoris laetitia» n. 302 sobre las «circunstancias que atenúan la responsabilidad moral», ¿se debe considerar todavía válida la enseñanza de la encíclica de San Juan Pablo II, «Veritatis splendor» n. 81, fundamentada en la Sagrada Escritura y en la Tradición de la Iglesia, según la cual: «las circunstancias o las intenciones nunca podrán transformar un acto intrínsecamente deshonesto por su objeto en un acto subjetivamente honesto o justificable como elección»?

Y yo me pregunto: ¿No es la “Evangelium Vitae” de Juan Pablo II, una de mis encíclicas preferidas, la que dice, a propósito de los temas de la cultura de la muerte, de los atentados a la vida, algo equivalente?

Leamos parte del punto 18:

“Las opciones contra la vida proceden, a veces, de situaciones difíciles o incluso dramáticas de profundo sufrimiento, soledad, falta total de perspectivas económicas, depresión y angustia por el futuro. Estas circunstancias pueden atenuar incluso notablemente la responsabilidad subjetiva y la consiguiente culpabilidad de quienes hacen estas opciones en sí mismas moralmente malas”.

¡Epa, eh! Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa pero, ¿qué tul? El mismísimo san Juan Pablo II lo dijo.

sábado, 12 de noviembre de 2016

1 * 2

No hay idea tan mezquina, entre todas las modernas, como la de creer que el heroísmo constituye una extravagancia o una anomalía, y que las cosas que nos unen son únicamente bajas y mezquinas”.
(Gilbert K. Chesterton, Charles Dickens, 1906)

*

Urge ante todo cultivar, en nosotros y en los demás, una mirada contemplativa”.
(Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 83 -cf. Carta enc. Centesimus annus-, 1995)

Debemos mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto”.
(Francisco, Audiencia general a los Delegados Fraternos de otras iglesias y comunidades cristianas, así como a los representantes de las religiones no cristianas, con motivo del inicio de su ministerio de Obispo de Roma y de sucesor del apóstol Pedro, 2013)

domingo, 6 de noviembre de 2016

Mi eterno Chesterton

Siempre me pasa eso con los libros de Chesterton: voy lento, por unos días los dejo, me cuesta, leo párrafos geniales de los que quisiera postear y al día siguiente de vuelta lento, descansar. Pero son sin duda esos libros que, como dicen, me llevaría a una isla desierta.

Porque, como ya dijimos hace tiempo, los buenos libros no se leen rápido sino que se leen lento. Porque queremos que no se acaben, queremos que duren para siempre.

Con Chesterton me pasa lo que él dice que pasa con Dickens (comparando a Dickens con otros autores populares de su época):
El lector de una novela policíaca de Le Queux desea saber cómo termina; el lector de una novela de Dickens deseaba que no se terminara nunca. Las gentes pueden leer seis veces una historia de Dickens, porque se la saben casi de memoria. Si hay alguien capaz de leer seis veces una historia de Le Queux, será que es capaz de olvidarla otras tantas. En una palabra: si las novelas de Dickens eran populares se debía no a que constituyesen un mundo real, sino, al revés, la realidad misma: un mundo en que el alma puede vivir a sus anchas” (Charles Dickens, G. K. Chesterton)
Pues así me pasa con Chesterton.

sábado, 1 de octubre de 2016

Astronomía popular provenzal

“(…) ¡Mire! Justo por encima de nosotros, ahí tiene el Camino de Santiago (la Vía Láctea), que desde Francia va derechito a España; fué Santiago de Compostela quien lo trazó para orientar a nuestro bravo Carlomagno, que andaba guerreando contra los sarracenos. Más lejos está el Carro de las Ánimas (La Osa Mayor), con sus cuatro ejes resplandecientes; las tres estrellas que van delante son las Tres Acémilas, y aquella chiquitina, acurrucadita junto a la tercera, es el Carrero, que va guiando. ¿Ve usted por todo alrededor esa lluvia de luceros que caen? Son las ánimas que el Señor no admite a su lado… Un poco más abajo, el Rastrillo o los Tres Reyes (Orión). Es el que a nosotros nos sirve de reloj: sólo con mirarlo sé que ha pasado ya la medianoche. Todavía más abajo, y siempre hacia el mediodía, brilla Juan de Milán, la antorcha de los astros (Sirio).
___Y vea usted lo que cuentan los pastores acerca de esa estrella: Parece ser que una noche Juan de Milán, los Tres Reyes y la Semillera (la constelación de las Cabrillas [la Pléyade]) fueron invitados a la boda de una estrella amiga. La Semillera, más impaciente, salió corriendo la primera -según dicen- y tomó por el camino alto: ¿ve usted allá arriba, completamente en el fondo del cielo? Los Tres Reyes cortaron por más abajo y la alcanzaron; mas Juan de Milán, el muy perezoso, se había quedado durmiendo y, furioso, intentó detenerlos arrojándoles su cayado; por eso los Tres Reyes se llaman también el Bastón de Juan de Milán. Pero la más linda de todas las estrellas, señorita, es la nuestra: la Estrella del Pastor, que nos alumbra de madrugada cuando sacamos el ganado a pastar, y también a la tardecita, cuando lo encerramos. La llamamos también Maguelonne, la guapa Maguelonne, que va persiguiendo a Pedro el de Provenza (Saturno) y cada siete años se casa con él”.

Del cuento “Las estrellas”, de Alphonse Daudet.

Como indica la nota del autor en la edición que tengo, los datos de astronomía popular fueron traducidos del “Almanaque Provenzal que se publica en Aviñón”.

La traducción del cuento al español que cité aquí es una mezcla de dos traducciones distintas. Una aquí, que no indican autor; otra de la vieja colección llamada Biblioteca Básica Salvat que indica que fue hecha por Pedro Darnell. El texto básico es de la primera, por hallarse en Internet y ser fácil el “copy-paste”. Pero modifiqué algunas puntuaciones y nombres propios al modo de la otra edición, que me gustaban más.

Cambié entonces Pollera por Semillera y Maguelón por Maguelonne. Dejé Tres Acémilas en vez del Triángulo y Carrero en vez de Áuriga. Dejé “las ánimas que el Señor no admite a su lado” en vez de “las almas que Dios no quiere junto a El”, ¡brr!

Una vez más, cómo me gustaría conocer las estrellas y sólo con mirarlas saber que ya han pasado siete años o que es la medianoche.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Cosas bien contadas (o más o menos)

Hubo un tiempo en que no me interesaba eso de las cosas bien contadas. Las cosas lógicas, exactas, perfectas, ¡esas eran un placer! ¿Bien contadas por bien contadas? No le veía valor. (Es cierto que en una época aún anterior me había gustado una especie de cosa bien contada, pero con cierta utilidad, como era la publicidad gráfica; las palabras que llaman la atención, la posición o color de los textos…; pero eso poco representa ahora).

Hoy me gustan mucho las biografías bien contadas o los relatos de lugares y costumbres. No voy a nombrar lo que leí porque no es mucho y porque, salvo algún caso, no es lo más representativo para citar del género. Por supuesto, a uno le gusta aquello contado por alguien que valora los mismos aspectos que uno valora. Porque sin ser la forma exacta (¿qué significaría eso de la “forma exacta” fuera de las ciencias?) hay varias formas de contar “bien” las cosas. Y el pensamiento del autor debe tener una sintonía con el propio para que nos guste.

De todo esto que vengo diciendo me di cuenta leyendo un libro y, al evocar otros ejemplos, para ver si era como yo pensaba, vino a mi mente uno nada “profesional”. Es decir que es un relato que no está escrito por un autor de habilidad conocida por su fama. No es la perfección en el orden, ni en la puntuación, ni en muchas otras cosas. Pero es muy pintoresco. Veo ahora, por cierto, que tampoco hace falta una especie de perfección literaria para que las cosas estén bien contadas. Así que es ideal para traerlo aquí, para ilustrar lo que estuve pensando. Porque, ¿de cuál de los miles de relatos y biografías bien escritas que hay en el mundo hablar? Ó: ¿Cómo hacer una selección de cinco, seis o veinte nombres representativos?

El que sigue es un relato tomado de unos textos, que alguna vez ya cité, sobre el jovencísimo pueblo argentino de Tolhuin. Y de un señor, pionero de la zona, que firma como Juan Kaikén. (Omití algunos puntos y aparte para comprimir un poco el texto).

Allá por 1990 yo tenía problemas de salud: podía quedar ciego. Tuve varias derivaciones a Bs. As., me hicieron varias operaciones, pero mi temor era perder la vista. Fue entonces cuando se me ocurrió instalar una radio en Tolhuin, para tener algo qué hacer.
Ya había cerrado la FM Comunitaria. Tolhuin estaba en silencio.
Un técnico de Río Grande me construyó artesanalmente un transmisor de 10 vatios.- Carlos Brea inició la ampliación de mi casilla en Leguizamón 340, y una buena tarde levanté la antena y salí al aire poniendo música.
Con mis modestos recursos compré dos minicomponentes doble cassettera con autoreversa, marca Philips AW 7404/00, digital. Usaba una bandeja mezcladora casera de tres canales, sin ecualizador.- La antena: una paragüita de ¼ de onda a 8 m. de altura, cable RG 8 U.
Pacientemente recurrí a mis amigos y conocidos y comencé a grabar en cassette de 90´ toda la música del momento, especialmente folclore y melódico.
Me limitaba a pasar música, pero un día me paró una vecina y me dijo: Está bien la música, pero, ¿cuándo van a hablar?...
Y un buen día hablé... no recuerdo que dije, me costó, pero hablé.
Sentí que no era fácil hablar y salí a buscar un locutor en Tolhuin. No lo encontré.- No había. Al fin di con el “Maqui” Barría, pero se negaba a usar el micrófono, ya que dijo era “disc joquey” pero no locutor.- Y durante un tiempo pasaba música pero no hablaba.
Al final aceptó leer comunicados, noticias y alguna publicidad de Grande o de Gobierno, pero no de Tolhuin, ya que el comercio se negó a pagar ningún espacio.
Un buen día, me paró una señora en la calle y me dijo:
--- ¿Usted es el de la Radio?...
--- Si señora.
--- Ponga boleros por la tarde.
--- Si señora-
Una mañana, me golpea la puerta un policía de uniforme y me dice:
--- ¿Usted es el de la radio?
--- Sí señor.
--- A la mañana ponga folclore... ¡folclore!
--- ¡Si, señor!
Esas fueron los primeros contactos con la gente que expresaba su opinión.
Con el “Maqui” de locutor, desde Río Grande yo grababa diariamente el noticiero local de Canal 13, y lo mandaba por Tecni Austral a Tolhuin, para pasarlo a la noche y al día siguiente. No tenía teléfono, Internet, ni TV.
Con el tiempo hubo otras exigencias, como que “repetía” la música, y es que salía caro comprar cassette nuevos.- Don Villordo me prestó unas grabaciones de tango, ya que le gustaba esa música.
En un viaje a Bs. As. pude comprar dos equipos Pioneer CT-M5R, con 10 horas de grabación, y reparar el transmisor que se quemó por golpes de corriente de la usina local, sin que hubiera compensación económica alguna. Es doloroso cuando nadie se hace responsable por el daño causado.
En 1992 dejó de funcionar la radio por razones de rentabilidad económica. Otras radios aparecieron al poco tiempo. Alfonsín me regaló un disco de madera con el emblema de la radio pintado a mano: una lechucita con los puntos cardinales, que aún conservo.
Adiós FM Tolhuin”.