domingo, 29 de enero de 2023

Exploradores

Al Lago Argentino llegó “el hombre blanco” por el Atlántico. Remontando el Río Santa Cruz lo intentaron Fitz Roy y Darwin en 1834, pero no llegaron. Años más tarde, en 1867, instalado Piedrabuena en la desembocadura del Santa Cruz, lo hicieron el inglés Gardiner y otros tres marineros ingleses (por tierra) y creyeron que habían llegado al Lago Viedma. En 1873 llegó otra expedición, esta vez por el río, al mando del Capitán Feilberg. Descubrió las fuentes del Río Santa Cruz pero también creyó haber llegado al Lago Viedma. En 1876/77 llega por fin el Perito Moreno por el río y se queda a estudiar bien la zona (con los beneficios que esto trajo luego para defender la soberanía nacional allí). En 1971 llegaron mis padres y unos amigos en un Citroen 2 CV, un Fiat 600 y un Fiat 1500. Fueron acompañando el río por la ruta provincial 9, que sale de la 3 cerca de Comandante Luis Piedrabuena. Y resulta que ahora, más de cincuenta años después, eso no se puede hacer porque el camino está muy deteriorado. Dice La Nación que lo hicieron "percha" para hacer la represa Kirchner, aún no terminada. 

Así que tuvimos que bajar (ya lo sabíamos) hasta el paraje Aike Guer, donde está la Virgen de Guer Aike, a la que se suele peregrinar los 8 de diciembre desde Río Gallegos. Este lugar se transformó en nuestro récord septentrional por vía terrestre, rompiendo nuestra marca anterior por unos aproximadamente siete grados de latitud. (Mientras, en el libro que me acompañaba, James Clark Ross batía un récord de latitud austral con el barco HMS Erebus. Una empresa un tanto más compleja).

Quisimos entrar en Río Gallegos pero unos controles policiales, cuya razón nunca supimos, habían generado una larga y lenta cola, de la cual desistimos, dimos media vuelta y empezamos el rumbo noroeste, pasando por el paraje La Esperanza, luego un frustrado ingreso a laguna Los Escarchados (donde se halló por primera vez al macá tobiano) y finalmente la visión del Lago Argentino desde la Cuesta de Míguez.

viernes, 27 de enero de 2023

Ruteando

Me gusta mucho planear las rutas, sabiendo las distancias y dónde están las estaciones de servicio. Pensar estrategias para cargar antes o después de acuerdo a qué calificación tienen las estaciones de servicio en Google Maps (hay que dar un baño digno a la parte femenina del pasaje) o para evitar las colas de YPF (aunque se pague a veces un poco más), etcétera.

Con destino patagónico, esta vez me aburría ir por la 3, como Celeste Carballo, y no quería ir por la 5 porque para llegar a agarrarla paso lugares feos de madrugada en el GBA. Así que aposté a la 205 (porque además el gusto está en la variedad). Esta ruta parece tener un tramo de 215 km sin servicios entre Saladillo y Daireaux (donde ya no es 205 sino casi su continuación natural, la provincial 65). No es gran cosa para la autonomía de un automotor actual, pero puede serlo para una vejiga de las de siempre. Además siempre hay "momentos justos". Saladillo es muy pronto para parar, pero no es raro que alguien sienta el llamado de la naturaleza justo cuando hacia atrás se ve cómo se aleja la última rotonda de esa destacada ciudad ganadera.

Pero no es así como dije antes, pues hay efectivamente servicios entre Saladillo y Daireaux. Sepan, los que así lo quieran, que hay una Puma nueva en San Carlos de Bolívar (ya también sobre la 65), que reduce la travesía a 145 km. Y yo a Puma no le hago asco. Entonces el hito quedó registrado en los planes. Pero lo que uno planea son alternativas y esta no hubo que usarla, pues el pasaje demostró una autonomía pocas veces vista y llegamos a Daireaux de un tirón. 415 km desde casa.

Lo que no sabíamos, porque no estaba en ningún plan, era que alguna vez volveríamos a Bolívar y a la nueva Puma. Pero eso es otra historia. De Bolívar, mientras, quizás les guste esta historia que Wikipedia cuenta en tono épico:
"Inundación de 1985

El Ing. Alfredo Carretero fue elegido intendente de San Carlos de Bolívar en 1983, representando al partido UCR, marcando su comienzo en el mandato como la vuelta a la democracia de la República Argentina.

En noviembre de 1985 surgió una catástrofe hídrica histórica de la provincia de Buenos Aires. Una inundación, recurrente de todos los finales de siglo, sacudió a las ciudades de Epecuén, Guaminí y Carhué. La ciudad de Bolívar se veía amenazada por esta inundación debido a estar en una pendiente, ya que el agua se estancaría en el casco urbano. El intendente Carretero tomó una drástica decisión que fue ampliamente criticada por la oposición y el pueblo en general; detonar y abrir brechas en la famosa RN 226. Con varios instrumentos explosivos, se llevó a cabo una destrucción de dos sectores de la ruta. Esto lograba que el agua de la inundación -que se acercaba a la ciudad- pasaba por debajo del terraplén y terminaba su curso en los campos lindantes de Bolívar.

Lamentablemente, este proceso dejó una fatalidad; el jefe de compras de la municipalidad Juan Carlos Bellomo falleció bajo una de las lanchas que intentaba supervisar las explosiones (las cuales habían sido satisfactorias). Este hombre fue un héroe para la ciudad, aunque poco reconocido para el resto de la provincia.

Luego del hecho, la policía federal quiso encarcelar al intendente Carretero por dinamitar una ruta nacional, luego de que su petición fuese rechazada. Pero el pueblo bolivarense se hizo escuchar y el ingeniero, terminó libre por haber salvado de la inundación a la ciudad".

jueves, 26 de enero de 2023

La oración y la providencia en tiempos de vacaciones

(43° 5' S, 71° 28' O. Fuimos a ver al dragón que escupe fuego y me encontré con un guitarrista callejero que tocaba el "Camino de las tropas" de Moscardini. ¿No es genial el universo?)

Tuve una nueva experiencia (que las palabras no podrán explicar) sobre la oración y la providencia. Cuando los muchachos de una obra me ayudaron a sacar el auto de una mala posición y supe que ellas rezaron pensé: “yo concentrado en que salga todo bien y me olvidé de rezar”. No es que sin eso la cosa no fuera a funcionar. Las cosas hubieran seguido su curso. La actitud de pedir a Dios en ese momento no es más que un reconocimiento de cómo son las cosas, al fin de cuentas. No es, al menos para mí, pedir que una mano mágica salga de entre las nubes a solucionar los problemas sino saber adaptarse a la voluntad de Dios, pero sin omitir el primer clamor que como niños indefensos nos sale del interior. O como hizo Jesús en el huerto, donde pidió al Padre que le aparte el cáliz, pero que en definitiva se cumpla su voluntad.

Y los muchachos hicieron un gran trabajo. Pero podría haber pasado cualquier cosa por más que ellos fueran del equipo de rally de Sainz. Como cuando De Paul dijo, en unas de las primeras entrevistas después de haber salido campeones del mundo: "no creo que seamos elegidos, trabajamos y logramos esto". No sé qué quiso decir cuando dijo “elegidos” y probablemente esté de acuerdo con él en que esa palabra suena mal. Pero no podés por eso atribuirte todos los méritos. ¿No te das cuenta que por más que hayas trabajado podrías haber perdido? ¿No te das cuenta que no hay un plan perfecto, que no depende todo de vos?

Y también en mi libro de estos días, sobre la historia del barco Erebus, cuando Michael Palin cuenta que en todos los diarios de los oficiales dice que Dios los salvó de un choque en los hielos antárticos, y el torpe de Palin destaca que no fue Dios, que fue gracias a James Clark Ross y sus maniobras. ¿No te das cuenta que antes sabían más que vos? Ellos sabían por qué. ¿No te das cuenta que podrían no haber salido bien, a pesar de las mejores maniobras, como sus autores mismos lo admitieron? ¿No podes al menos pensar en esa cuota de suerte que hay en todo? Para empezar al menos a pensar que no tenés todo en tus manos. Y que cuando uno dice "gracias a Dios", está agradeciendo que eso que pasó haya sido su voluntad. Y si hubiera sido otra, habría que resignarse a aceptarla. Para el que está por encima del tiempo ya está todo escrito. Es su voluntad. Y aunque haya lugar para que elijas tus acciones, solo podés agradecer los resultados.