lunes, 7 de noviembre de 2011

¿A dónde iremos a parar? (II)

El misterio de “una vida dentro de otra” es tan enorme y tan devastador para la mente del hombre actual, que no lo puede resistir. Huye de él como un niño de los fantasmas.

El que domina todo, el dueño del mundo, no sabe qué hacer cuando se encuentra con una persona dentro de otra. Cuando, como a veces, el que la lleva no la quiere, o no la esperaba, o no la planeó. Y cuando, como siempre, el que está adentro no tiene nada que ver con eso y se prepara para vivir.

El hombre es dueño del mundo. Pero no es dueño del hombre. Llegó al límite. Está ante el misterio. La vida pone juntas a dos personas en una unión íntima. Pero siguen siendo dos, siguen siendo uno y otro. Y como sucede cuando nace y crece el niño, los padres tampoco son en ese momento sus dueños.

Pero el hombre evita ese dilema. Se llena de palabras y justificativos. Y se convence a sí mismo de que hay un lugar en donde la realidad cambia. Que hay una escapatoria al misterio en un lugar de fantasía llamado las doce semanas. O el sistema nervioso. O quizás mañana sean trece. O la cantidad de células. O...

3 comentarios:

AleMamá dijo...

Excelente reflexión, Juan Ignacio, muy bien dicho todo, así es, amén, amén, no sé como aprobarlo más.

Una vida dentro de otra, no hay mejor enunciado para el asunto.

Saludos

Fernando dijo...

En el tema del aborto se suman dos errores.

El primero es una pérdida de la metafísica en el hombre de nuestro tiempo, un desprecio por los principios que lleva a consecuencias burdas. Le preguntaron a la Ministra de Igualdad de España que si un embrión era un ser humano y dijo que no, que era un ser vivo pero no era un ser humano. Si uno no sabe lo qué es el alma y en consecuencia no se plantea cuándo el hombre empieza a tenerla o deja de tenerla, da igual lo que pase con el embrión, que queda rebajado a la categoría de cosa.

El segundo error es la necesidad de libertad absoluta: si uno no puede hacer todo lo que uno quiera hacer no llega a ser uno mismo, queda inacabado, frustrado como hombre. Por eso, la Ley debe permitir (jurídicamente) todo lo que la ciencia o la medicina permiten hacer (realmente).

hna. josefina dijo...

Terrible.
Pero yo diría 'una vida humana, una persona, dentro de la otra'. Porque a los perritos, aunque a veces nos da más pena que a los seres humanos, podemos elegir que vivan o no. Pero con las personas NO PODEMOS disponer nosotros.
¿Y qué me dicen de tantos embriones congelados -personas congeladas- que además después hasta se descartan y todo con total trivialidad?...
¿Qué son los derechos humanos? ¿De qué estamos hablando?
Gracias Juan Ignacio.