domingo, 21 de agosto de 2016

Entrada falsa

Parece que se generó una entrada falsa por e-mail. Gracias E. por avisar. Espero no haberlos hecho incurrir en virus. [Esto se borrará cuando venga la próxima entrada].

domingo, 31 de julio de 2016

Fuera de programa

Las vacaciones no salieron como planeadas, pero esa suele ser la forma en que llegan muchas buenas cosas. Y ahora al relatarlas y recordarlas, como dice Jyoi en Malacandra, son parte del mismo suceso placentero.


En la plaza Giordano Bruno, en Caballito, cumplí con un sueño de mi infancia que era subirme al puente de maniobras del tren. Es un tramo de vía-puente giratorio que servía sin duda para girar el sentido de la locomotora y hacer reparaciones. Tiene ruedas transversales en sus extremos, que giran sobre una vía circular en un pozo.

En la plaza Vicente López y Planes, frente a la iglesia Jesús en el Huerto de los Olivos, un chico discapacitado cayó al piso lado mío. No me preocupé, aunque su mano temblara, porque conozco chicos con estos problemas gracias a mi esposa. A pesar de eso no sabía qué acción tomar. Por suerte llego la maestra o instructora y lo animó a levantarse. Como parecía dispuesta a ayudarlo ella misma, ofrecí mi ayuda por el peso, pero ella me dijo que no era necesario. Y como me lo dijo de una manera muy amable lo sentí también como un consuelo para mi inutilidad.

Así estuvimos, de plaza en plaza, de acá para allá. Y estuvo bien. Mientras tanto ella acompañaba a su tía M., que se estaba yendo.

(Hoy, San Ignacio de Loyola de 2016)

martes, 28 de junio de 2016

Marechal, Dickens y Chesterton

Desde que descubrí a Dickens se me ha hecho muy querido. Y aunque solo leí David Copperfield, leí y estoy leyendo cosas sobre Dickens. Luego, como estoy releyendo mi ya-querido-desde-hace-tiempo Adán Buenosayres, empiezo a tener presente a ambos autores, Dickens y Marechal.

Y no es que descubrí relaciones entre ambos, pero sí quizás cosas para comparar, para pensar. Apenas releí el nacimiento de Samuel Tesler recordé y fui a presenciar otra vez el de David Copperfield. No es que tengan algo en común, es solo que los dos están llenos de un gran humor. Distinto, pero cada uno genial a su modo.

Más tarde aparece un tercer jugador. Justo cuando Marechal hace una referencia indirecta al hombre que fue Jueves, me regalan la biografía de Dickens hecha por Chesterton (genio de mis preferidos, y del humor también). Y en las primeras páginas descubro esto:

El optimista es mucho mejor reformador que el pesimista; el que está persuadido de que la vida es excelente, es el que más la modifica. Parece esto una paradoja, y sin embargo, la razón es obvia. Podrá el espectáculo del mal encolerizar al pesimista; sólo el optimista es capaz de sorprenderse ante él. Es menester que el reformador posea una ingenua disposición de sorpresa, una capacidad de pasmo violento y virginal. No basta que le acongoje la injusticia; es necesario que le parezca absurda, una anomalía en la existencia, y asunto más que para lágrimas, para desatarse en risa demoledora”.

Si bien el punto es otro, no deja de sorprender ese final. No solo habla de que le parezca absurdo, o una anomalía, o le acongoje el mal o la injusticia, sino que le desate la risa. ¡Caramba! ¿No será este optimista de Chesterton alguien que posee ese humor angélico del que habla Marechal, alguien que tiene “la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres”?

sábado, 18 de junio de 2016

De vuelta al Adán (IV)

Libro primero, II

[ACTUALIZACIÓN: Creo que sería de interés notar un error teológico si desde el punto de vista cristiano hablamos. En el paraíso Dios no hizo al hombre para el otium poeticum (como dice Marechal en la historia de Samuel Tesler), sino que para el trabajo (Gen. 2, 15). Sin fatiga, que entra luego con la condena y la expulsión, pero trabajo.]

Esta segunda parte es más cómica. El encuentro de los dos amigos, los problemas de amor; geniales las descripciones de la vida y forma de ser de Samuel Tesler.

Cuando Adán lo despierta y le dice que es jueves, y Tesler se refiere a él como “si hay un hombre que debiera llamarse jueves”, Javier de Navascués menciona la relación del punto con Chesterton y destaca lo significativo de llamarlo jueves, siendo el jueves un día clave en la vida de Adán. (Es interesante leer en el estudio preliminar la ubicación del libro en tres días, de jueves a sábado a la noche, como una suerte de “pasión” de Adán).

Fui a repasar “El hombre que fue jueves” y encontré algo curioso: “Acababa de oír Syme estas palabras, cuando vio en las caras de los hombres que lo rodeaban una alteración sublime y temerosa a la vez, como si el cielo se abriera sobre su cabeza”. ¡"Sicut liber involutus"! Ja, ja.

Recordar el relato del nacimiento de Samuel me gustó mucho y al punto lo asocié, sin muchas razones, con el nacimiento de David Copperfield. No es que tengan algo en común, es solo que descubrí que ahora conozco dos humoristas geniales, Marechal y Dickens.

Dentro de los placeres literarios no solo están los relatos del nacimiento de Tesler, su relación con el trabajo, su filosofía de la higiene, los diálogos con sus padres, el angel de cemento, el búho y la gallina, el kimono y su descripción, el día y la noche, las cavilaciones sobre los problemas de amor, el relato anticipado de la muerte de Samuel Tesler… No solo todo eso, digo (tan sabroso), sino algunas pequeñeces que esta vez pude apreciar más que antes. La entrada de Adán a la habitación silenciosa y oscura hace desdarrollar toda una serie de metáforas geniales:

“Con el nudillo de los dedos (…) así llamó Adán Buenosayres (…) Pero un silencio duro reinaba en el interior del antro, como si la habitación número cinco no fuese hueca sino maciza”;
“(…) insistió en su golpeteo (…) volvió a responderle un silencio que parecía gozarse en su misma perfección”;
“Y la puerta cerróse tras el visitante, pesada de solemnidad”;
“Adentro señoreaba toda la oscuridad, la sombra palpitante, la tiniebla viva, como si la última noche, acosada por el día y sus mordientes perros, hubiera buscado refugio en la habitación número cinco y temblase aún llena de zozobra”.

De todos los relatos, descripciones y diálogos que mencioné, mi preferido siempre fue el de Samuel con sus padres, según relata en el recuerdo el propio Samuel. Pero en esta lectura no pude dejar de reírme con este otro:

Digo, pues, que Samuel Tesler, no bien estuvo de pie, metió el pucho de su cigarrillo en un cenicero y lo reventó con la uña de su pulgar. Luego fue hasta el pizarrón y borró con esmero las anotaciones del día veintisiete. Salió por fin a la ventana y sus ojos dominaron la ciudad, que reía desnuda bajo el arponeo del sol. Entonces, como llevado por una idea fija, tendió un brazo elocuente y mostró los techos de zinc, las terrazas de color ladrillo, los campanarios distantes y las chimeneas que humeaban al viento.
—¡Ahí está Buenos Aires!—dijo—. La perra que se come a sus cachorros para crecer.
Gritos y carcajadas que venían desde afuera interrumpieron su naciente discurso.
—¿Quiénes gritan afuera? —preguntó el filósofo arrugando el ceño.
Adán le señaló un edificio en construcción que se levantaba enfrente:
—Los albañiles italianos.
—¿Y de qué se ríe la bestia itálica?
—De tu quimono.
Así era, en efecto, porque los albañiles, olvidándose de las cebollas crudas que a esa hora mordían en el cielo, se agitaban ya en sus andamios para celebrar la aparición del quimono y de las asombrosas figuras que contenía. Entonces, con expresión enigmática, Samuel Tesler miró a los albañiles italianos y les trazó el signo masónico siguiente: colocó su antebrazo izquierdo en la articulación de su brazo con antebrazo derecho; armado ya el signo, agitó dos o tres veces el antebrazo derecho y esperó con visible ansiedad. Pero los albañiles no tardaron en responderle con signos iguales, observado lo cual el filósofo estalló en una risotada satisfecha: se habían entendido”.

sábado, 11 de junio de 2016

De vuelta al Adán (III)

Libro primero, I.

Acá las primeras menciones al tejedor de humo, al desertor de la ciudad. Al desprecio por los Lucio Negri que se entregan ebrios a las ilusiones vanas pero a la vez el arrepentimiento por no haber sido como el abuelo Sebastián y no darse entero a una causa.

Acá la filosofía y la teología, con el “vivir en otro por la eternidad de Otro”…

Al releer la filosofía marechaliana que abunda en este capítulo (que en definitiva es la cristiana, ¿no?) me di cuenta de una cosa. Él se pregunta “en qué intuiciones personales había conocido la inmortalidad de su alma”. Y uno de sus respuestas es: “en su increduidad, extrañeza o repugnancia de la muerte como total aniquilamiento”. Esto quizás algunos lo nieguen como “prueba de inmortalidad” porque, después de todo, ¿qué es esa “prueba” que buscan sino un mero producto del pensamiento científico? Yo veo la repugnancia del alma por la muerte como un “alimento de la fe” en su propia inmortalidad.

Algunas cosas secundarias que no entiendo. ¿Por qué los chicos jugando al futbol son diez voces que gritaban? Y luego las otras diez. ¿Será que el arquero no grita? ¿Por qué el día viene cada doce horas? Luego habla del maestro “ciruela”. ¿Es con cé? Hay algo raro que chequeé en otras ediciones. En todas está la misma palabra. Justamente cuando dice que Lucio Negri aprovechó quizás la ausencia de los cuatro “haces” de la tertulia. ¿Haces o ases?

Al despertar Adán va ascendiendo: saliendo de las profundidades; se izaba; salía a la superficie. Pero luego dice: “al tocar el fondo cierto de este mundo”.

¿Por qué está herido de muerte? Pues siempre supuse que era lo mismo que estar en el anzuelo del pescador. Por eso “desertor de la ciudad y del día”. Lo que pasa es que solo ve por ahora la herida, y no los beneficios de la muerte. Aún no llegó a la confesión frente al Cristo. Solo está herido por todo lo que la belleza no da.

Siempre recuerdo el temor apocalíptico de que el cielo desaparezca “sicut liber involutus”, o los elásticos de la cama de Adán gimiendo su “de profundis”. Expresiones que me gustaron esta vez:

“(…) al que se resistía él con todo el peso de una voluntad muerta”;
“el grito de un reloj”;
“figura de poeta sin destino visible”;
“aquel tabaco salteño que sería su alma un minuto”;
“desnudo ya en su esencia y revelado en la forma exacta de sus desvelos”;
“su risa era un elogio de la mañana”;
“le habían permitido desensillar y había soltado su tordillo viejo en el campo de las estrellas”.

Y así como esta ese “cielo gauchesco” del abuelo, está el mito del carro alado platónico, en descripción gaucha que empieza así: “Su alma era semejante a un carro alado del cual tiraban dos potros diferentes: uno, color de cielo, crines abrojadas de estrellas y finos cascos voladores, tendía siempre hacia lo alto, hacia las praderas celestes que lo vieron nacer; el otro, color de tierra, sancochado de boca, empacador, lunanco, barrigón, orejudo, vencido de manos, jeta caída y rodador, tiraba siempre hacia lo bajo, ansioso de empantanarse hasta la verija (…)”

Y no recordaba el viaje al silencio, ese que va desde el ruido de los animales hasta el fantástico eje de la tierra girando. Y eso tan infantil de: “¿Cómo se reconstruía la cara del abuelo Sebastián? Era necesario juntar los párpados con fuerza y pensar en el intensamente: al punto, dentro de la negrura interior, aparecían la barba lluviosa, los ojos redondos y lucientes como cabeza de tornillo y la encorvada nariz del abuelo Sebastián”.

domingo, 22 de mayo de 2016

Immigrasons


En abril, cuando llenamos el Teatro ND para la primera presentación en Argentina de Sílvia Pérez Cruz, ella explicó que había estado acá hace 10 años con el proyecto Immigrasons. Ese era un proyecto dirigido por el argentino Ernesto Snajer y el catalán Raül Fernández Miró que incluía, además de ellos como arregladores e intérpretes, a Sílvia, a un groso como Mariano "Tiki" Cantero (de Aca Seca) y a otros músicos que si no nombro es por ignorancia.

El otro día estaba en la disquería Miles de Palermo (genial) buscando un regalo y me crucé con el disco Immigrasons. De más está decir que lo llevé inmediatamente y he descubierto que es una joyita. Ya está nominado a disco del año en este blog.

Aunque ya lo sabíamos, en el concierto del ND confirmamos, al escuchar un tango y una vidala, que SPC puede cantar cualquier cosa. En este disco, con una voz más joven, ya se encarga de cosas como "Laura va" (Spinetta), "La Nochera" (Cabeza/Davalos), "Sólo se trata de vivir" (Litto Nebbia) el tango "Loca" o la "Doña Ubenza" de Chacho Echenique, todas con magníficos resultados.


En el disco los arreglos y ejecución son muy buenos. Instrumentos y tecnología modernos no arruinan canciones tan conocidas sino que las adornan con muy buen gusto. Y la combinación de temas locales con catalanes logra un punto especial cuando se juntan "El noi de la mare" (villancico catalán) con la "Vidala del último día" (del "Chivo" Valladares y Raúl Galán). ¡Qué genial! Además de la versión de Luna Monti y Juan Quintero, recordé la sorpresa de aquella noche en el ND, cuando Sílvia invita al final a los Acá Seca y hacen esa vidala. Les salió perfecta. ¡Qué lujo esas cuatro voces juntas! Debo decir que superaron un poquito a la de este disco.

Si entre las argentinas no mencioné a "Carabelas nada" de Fito Páez es porque al lado de la versionaza que hicieron Sílvia y Raúl en 2012 en el disco "granada" esta es sólo un ensayito. Lo mismo pasa con la catalana “Corrandes d’exili”, que me encanta. Está muy bien, pero Sílvia la siguió perfeccionando después. Confieso que en este caso no me gusta la versión de “granada” sino la de un video que anda por ahí de “Concerts privats”.

Está la “Menuda” de Serrat, el clásico “L’emigrant” y muchas otras más. Y nos vamos yendo, pero les vamos dejando algo para los que hasta que acá llegaron…

Què li darem, a n'el Noi de la Mare?
Què li darem, que li sàpiga bon?
Li darem panses amb unes balances
li darem figues amb un paneró.

 

sábado, 7 de mayo de 2016

De vuelta al Adán (II)

Las intenciones fueron declaradas allá a principios de marzo. Empiezo entonces ahora con el prólogo, del que me atrevo a decir (a pesar de mi ignorancia literaria) que debe ser uno de los mejores prólogos de la literatura argentina.

Cuando dice el autor que les parecía cargar en el ataúd de Adán “la materia sutil de un poema concluido", ¿suena a plenitud? ¿O suena a una tristeza por que se terminó algo agradable, como un lindo poema? Este último sería un sentido más superficial. A mi me sonó a lo primero, a plenitud, a que culminó bien la historia de Adán.

De entrada se nota el estilo de la poesía de L.M. (digo yo, que no soy literato) con esa forma de reiterar las palabras, en este caso ya frases, cuando vuelve a mencionar lo de que les parecía llevar “no la pesada carne de un hombre muerto, sino la materia leve...”

Las frases, oraciones o fragmentos que más me gustan son dos y este es el primero: "La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte". Quien haya ido a un cementerio con parque en un día soleado no podrá dejar de "verla". Pero me encanta sobre todo la insinuación de una muerte vencida.

¿Por qué son "los terrones amigos" los primeros que caen en la tumba? ¿Será porque son los más cercanos al cajón para el resto de sus días?

La “ostentosa devoción” de Samuel Tesler con su rosario, su “orgulloso impudor” en la oración... Si no recuerdo mal, esta no es la única vez que L.M. critica la religiosidad de su Samuel Tesler. Cuando pienso que la inspiración del personaje es Jacobo Fijman y que este era un converso, no puedo dejar de pensar si no es la profunda religiosidad que a veces muestran los conversos lo que nos da envidia a los que somos esa especie de "hijos mayores".

¿Por qué en la cruz dice el nombre de Adán y un "rip"? ¿Por qué no un "qepd"?

La Ciudad de la Yegua Tobiana. Me gustaría desentrañar en eso un significado o analogía oculta (yo qué sé, como Roma tiene una loba, Buenos aires tendría una yegua). Por ahora me debo conformar con lo que dice Javier de Navascués: “Caballo tobiano es aquel que presenta, sobre un fondo blanco, grandes manchas de color oscuro. Según Barcia, el símbolo de la Yegua Tobiana, aparte de su matiz criollo, alude al carácter dual e la ciudad de Buenos Aires (una y múltiple, diurna y nocturna, etc.), que se desarrollará en todo el libro”.

Y la segunda frase, oración o idea que más me gusta es esta: “(…) podría suceder que alguno de mis lectores identificara a ciertos personajes de la obra, o se reconociera él mismo en alguno de ellos. En tal caso, no afirmaré yo hipócritamente que se trata de un parecido casual, sino que afrontaré las consecuencias (…) todos los personajes de este relato levantan una «estatura heroica»; y no ignoro que, si algunos visten el traje de lo ridículo, lo hacen graciosamente y sin deshonor, en virtud de aquel «humorismo angélico» (así lo llamó Adán Buenosayres) gracias al cual también la sátira puede ser una forma de la caridad, si se dirige a los humanos con la sonrisa que tal vez los ángeles esbozan ante la locura de los hombres”.

Soy fan de esta teoría marechaliana. ¿Qué hará Dios misericordioso con ciertas faltas nuestras sino sonreír? Sonreír como un abuelo que, recordando su infancia, sabe que somos pequeños y ya vamos a crecer.

martes, 26 de abril de 2016

Domus

Sacarle la música a estas letras de Sílvia Pérez Cruz es sacarle mucho. Si eso vale la pena, lo dirá el que las lea. Pero si algo le interesa (¡a mi me estos fragmentos me parecen geniales!) no dude en ir a escucharlo con música. Es algo extraordinario.

(clic a los audios)

Mal pescador
el que no sabe de vientos,
ni nombra a los peces,
ni quiere mojarse en el mar,
ni cortarse la boca con sol y con sal.
Cambiar o remar.
Ir a misa o repicar”.

Levantemos la copa y el sol
del poeta que atiende el dolor
que se inspira y expira perdón
que se esconde a llorar a un rincón
que declina con alma y pudor
en voz baja y desde lejos
él resiste y persiste
y confía en su don”.
(Todo hombre)

Mentiras, sonrisas y amapolas
discursos, periódicos, banqueros y trileros,
canciones, manos y pistolas,
bolsos, confeti, cruceros y puteros,
te roban y te gritan,
y lo que no tienes también te lo quitan”.
(No hay tanto pan)

Mi alma ya no está en tus oraciones
pero aguantará el muro de mis lamentaciones.

Mi alma ya no está en tus azucenas
pero seguirá en mis fotografías”.
(Smile and run)

I’ll jump to the sun
and you will not catch me”.

I’ll wear a cape,
ride a horse to escape.
Ai, ai, ai.
With a secret map
for mom and dad.
Ai, ai, ai”.
(Ai, ai, ai)

Una cosa encima de la otra
que reposa justo donde hay una hermosa
que me guardo para respirar
porque alguien quiere ahogar
la poca dignidad que me queda”.
(De frente)

Reina de la morería,
no estés triste como el tigre,
pon sonrisa de planeta
que serán tus mañanitas,
guapa, princesa y coqueta
corona de margaritas”.

Guapa tiene que ser
la que de verde, verde, verde
se puede poner”.
(Verde)

There was a child,
quiet and shy.
He never dreamt
being the next prince”.
(My dog)

Eu ja fui e voltei
meu viagem,
minha cuota ficou
bein, bein, bein…

Eu ja cantei en ingléis,
ja amei a um portugueis
ate a lua e a Lula tambéin
(Cuota da lua)

Si no duermes no podrás saber
que hay dos soles y un mundo al revés,
que las piedras esconden sus pies
y que te quiero hasta la luna
sin volver
(Duérmete)

sábado, 23 de abril de 2016

Ai, ai, ai (happy)

I’ll wear a cape,
ride a horse to escape.
Ai, ai, ai.
With a secret map
for mom and dad.
Ai, ai, ai

Lo de Sílvia Pérez Cruz son las canciones de pena. Cómo lo dice en una entrevista:

"Desde muy pequeña he cantado canciones tristes, no sé por qué. No sé si porque en casa eran las que más se cantaban. El humor en la música lo descubrí con el flamenco. Ya tenía dieciocho o diecinueve años. Aprendí que se podía reír con la música. (…) Canto canciones graciosas y no pasa nada, pero como decía un amigo mío: cantemos canciones tristes para ser felices. Es como una purga. Yo me lo tomo en serio, pero conecto con muchas cosas. Sí que hay una tendencia a lo triste, pero también puedo disfrutar de lo otro. Y lo voy descubriendo. Pero una canción de ir al estómago —«Pequeño vals», «Compañero», «No hay tanto pan»…—, una canción con que puedas mover el instrumento para que vibre todo, me gusta (…)”.

El último proyecto de la catalana fueron las canciones para una película sobre los desahucios (desalojos) en España. El tema de por sí es triste, claro, pero por ahí surgió la necesidad de hacer un canción en cierta forma alegre. Dice así en la misma entrevista:

Al final de la película la niña sale bailando una canción de Shakira, pero como no tenían los derechos, me dijeron que hiciera alguna canción tipo Shakira. [Risas]. Yo ya había compuesto todo, ya se había acabado para mí esa fase, y tuve que ponerme a pensar en hacer una canción que fuera como de Shakira: bailable, con ritmo. Fue muy raro y muy divertido. Decidí hablar desde la niña, con sencillez”.

Así nace la canción "Ai, ai, ai"...


Happy, happy,
ai, ai, ai.

And make me happy,
nice, cute and funny.
Ai, ai, ai

And let me fly
it’s not time to cry.
Ai, ai, ai

And leave my room,
my shirts, my spoon,
my door, my walls,
my mom, my dolls,
and leave my bed,
my bear, my bread…
I’ll jump to the sun
and you will not catch me.

I’ll wear a cape
ride a horse to escape.
Ai, ai, ai
With a secret map
for mom and dad.
Ai, ai, ai

martes, 19 de abril de 2016

Dickens y Kierkegaard (IV)

Para cerrar, hay algunas otras cositas que encontré que hablan de una relación o punto en común entre Dickens y Kierkegaard.

Está por ejemplo la historia que Kierkegaard hace en su libro “Philosophical fragments”, en donde un rey quiere presentarse a la humilde doncella que ama y no sabe si hacerlo como rey en todo su esplendor, o como una persona normal, para ver si ella lo quiere por lo que es y no por lo que tiene o representa. El danés emplea esta historia para mostrar que Dios se tenía que encarnar como el hijo de un carpintero y no como un rey, “ya que el pleno esplendor de Dios no lograría el objetivo de la venida de Cristo como un acto de amor”. Así lo explica un tal Soren Landkildehus en el libro “Kierkegaard’s influence on Literature, Criticism and Art. Tome II: Denmark” (editado por Jon Stewart). Y dice luego Landkildehus que esta misma temática la presenta magistralmente Dickens en su última novela completa: “Our mutual friend” (“Nuestro amigo común”), donde hay un millonario heredero y un posible matrimonio y este heredero se debe esconder bajo una falsa identidad más humilde (ver más de esto aquí).

Otro punto interesante encontrado en Internet sería un artículo llamado “Existential Scrooge: A Kierkegaardian Reading of A Christmas Carol”, es decir, un análisis de la famosa obra de Dickens (y su personaje Ebenezer Scrooge) con la lente del kiekergardiano “concepto de la ansiedad”. Acá el autor del ensayo, en oposición a aquello que citamos al principio de la serie, dice que Dickens podría haber influido en Kierkegaard: “A Christmas Carol is indeed historically important, so much so that it may have influenced or even inspired Søren Kierkegaard’s The Concept of Anxiety”. Y agrega estas ambiciosas palabras: “It is timely, however, to propose that one of the key concepts of anxiety that Kierkegaard expounds in this extraordinary work, that of ‘the demonic’ or neurotic individual, was actually anticipated 6 months earlier, in the fictional form of Ebenezer Scrooge, in Charles Dickens’s widely published and translated popular masterpiece, A Christmas Carol”.

Conocimiento, similitudes, coincidencias, influencias. Dejé para lo último la más pintoresca. Y es que se ha difundido en Internet que Dickens y Kierkegaard compartían una característica que también tenían otros famosos: escribir de pie. Pero no solo eso sino que también eran grandes caminantes. Lo curioso es que para Dickens caminar habría sido un escape, un alivio (“The walking was so important for Dickens because it meant he wasn’t writing”) y para Kierkegaard una forma de pensar en sus trabajos (“he’d walk the streets of Copenhagen, mentally composing paragraphs and working through new ideas”). Pero, en coincidencia, en ambos casos sería terapéutico, ya que Kierkegaard también lo recomendaba para la salud.