miércoles, 6 de mayo de 2009

Grandes pensamientos modernos

Al traducir un razonamiento en una forma simple podemos poner en evidencia lo falaz del mismo.
Hay uno que se escucha estos días que se podría enunciar así: “Que los curas se puedan casar, así no hay curas pedófilos”. Realmente torpe. Es cierto que el matrimonio te cambia la vida, pero quien tiene un problema psicológico de esas características no lo verá solucionado simplemente por encontrar una buena esposa.
Hay otro pensamiento de igual laya que se podría expresar como sigue: “Como hay curas que no cumplen con el celibato, el celibato no debe existir”. ¡Pero claro! Nos estamos perdiendo la oportunidad de aplicar soluciones tan sencillas a otros problemas de la humanidad. Como hay quienes roban, el robo no debería estar penado. Como hay quienes matan, tampoco el asesinato debería estarlo. Y así siguiendo...

10 comentarios:

Francisco Javier dijo...

Hola:

Excelente reflexión, amigo. Hay tantas cosas que las personas andan razonando con el disco duro social, y andan más perdidas que quizás quién. Te dejo un abrazo, y la invitación para que visite mi blog apenas tengas un tiempito... www.vitaego.blogspot.com

Saludos, bendiciones para ti.

Fernando dijo...

Dear JI:

Este post requiere una respuesta muy meditada, pues están en juego varias cosas: la (mala) educación, la manipulación y el hedonismo, entre otras.

Hasta muy pronto.

ecazes dijo...

Salvo la diferencia abismal entre un crimen de asesinato o de robo (o de pedofilia) y la ruptura de un voto de celibato, completamente de acuerdo.
Otras soluciones simples: Divorcio para el éxito de los matrimonios, abortos para los embarazos no deseados, preservativos para la salud sexual de los adolescentes, carcel y pena de muerte para los criminales, escuelas sin sistemas de evaluación para los estudiantes mediocres...

Sebastián dijo...

Estimado Juan Ignacio: lo que vos proponés como un ejemplo irónico y extremo, en realidad es la vanguardia del derecho penal que se enseña hoy en las universidades...

Rome dijo...

Juan Ignacio:

Justo habia planteado el tema en mi blog.

Comparto con vos que si el tema se plantea desde esos presupuestos, es una boludez total.

Ahora si se plantea desde la posibilidad real de que un sacerdote pueda ademas vivir esa dimension plenificante de la sexualidad humana, es otra cosa.
Y obviamente como opcion. Ya que el celibato tambien debe ser un llamado.

Natalio Ruiz dijo...

"Combata el hambre y la pobreza, cómase un pobre".

Otra gran frase del mismo tenor.

Respetos.

Natalio

Juan Ignacio dijo...

Francisco Javier, tengo una deuda muy antigua con vos, y es que a los viejos amigos llego a duras penas...

Fernando, gracias por lo de Dear.

Ecazes, buena colección (por suuesto que son incomparables, es el exageramiento para destacar lo ridículo del razonamiento).

Sebastian, mucho gusto. Es alarmante lo que me decís. En cuanto puedas ampliá o decime dónde escribís del tema.

Rome, gracias por venir y sin duda iré por Rome porque gusto ver la variedad de opiniones que allí se vierten, desde el artículo a los comentarios (a veces es tanto que ni tiempo tengo). En principio podría decir que:

Existiendo tantas y tan variadas vocaciones, desde diáconos hasta laicos consagrados, no veo la necesidad de introducir una nueva vocación que sea el cura no célibe.

Natalio, gracias por el aporte, siempre apreciado.

Saludos a tuitos.

Fernando dijo...

Querido JI:

Tu post me evoca varios asuntos, encadenados como en un silogismo.

·La educación en nuestros colegios es mala.

·En consecuencia, somos gente de poca cultura, o de cultura falsa.

·En ausencia de cultura, somos soberbios, tenemos derecho a opinar de todo, nada que ver con la modestia del hombre culto de verdad; y somos parciales, pensamos que por tener 3 o 4 matices de algo ya tenemos la totalidad del algo.

·¿Cómo podremos opinar de todo sin conocer nada? ¿Cuál será el asfalto que rellene los huecos de nuestro razonamiento, la gasolina que empuje al motor sin revoluciones? Nos guiaremos por el hedonismo y el liberalismo radical, entendidos como "todo el mundo tiene derecho a disfrutar si no hace daño a los demás; no hay que poner límites a la libertad de la gente para que hagan lo que les parezca oportuno". Este principio permite entender la opinión contemporánea sobre el aborto, el servicio militar, la evasión de impuestos, las locuras del alcalde del pueblo, la eutanasia y la educación moderna, entre otras muchas cosas.

...

Aplicando lo dicho a los temas de la Iglesia, como la situación de los sacerdotes a la que te refieres: la educación religiosa es nefasta (empezando por la de los colegios religiosos), la incultura religiosa es total, pero todo el mundo se cree con derecho a pontificar sobre los temas que salen en el periódico. En ausencia de mayores fundamentos, se juzga todo desde una religiosidad vaga, donde lo único importante es tener simpatía por los demás, sin exigencias morales, sin Revelación, sin pecado, sin gracia, sin espíritu: de ese modo, y ahí vienen tus brillantes ejemplos, los sacerdotes, los obispos y el Papa quedan reducidos a unos funcionarios bondadosos, que no deberían ser muy distintos en su estátus a los funcionarios del Estado, ni siquiera en su procedimiento de selección.

Lo malo: que, de alguna forma u otra, todos acabamos contagiados de este aire ambiental.

Juan Ignacio dijo...

Gracias por los pensamientos, Fernando. Sin duda uno se contagia y es difícil encontrar un punto medio en lo siguiente. El celibato es un tema de la Iglesia, para verlo en la Iglesia y como miembro de la misma, y no algo para que charle cualquiera en un periódico o semanario. Y, sin embargo, la Iglesia debe salir a hablar con el mundo.
La educación religiosa es pobre y permiteme agregar la pregunta de si no será pobre también la educación en los seminarios.
Saludos.

Fernando dijo...

Hola, Juan Ignacio.

Al menos en España, supongo que en Argentina igual, hubo una culpa colectiva de los seminarios, de los párrocos, de los laicos, de los intelectuales católicos, un Concilio mal digerido, un afán excesivo de ser simpáticos al mundo moderno, que en nuestro caso se unió al terror a que te llamaran "franquista", tras la muerte de Franco.

Dios nunca abandona, creo, y con Juan Pablo II llegó una nueva remesa de Obispos que han ido corrigiendo algunos excesos.

Saludos.