miércoles, 31 de diciembre de 2025

Señaladores (¡y dale con eso!)


Una de las prácticas más comunes es agarrar el cartoncito que sobra de algún embalaje, y puede ser señalador, y diferenciarlo con una marca, escritura o incluso sticker.

Por otro lado, el contenedor de señaladores es más una reserva de papelitos y cartoncitos que me gustan, aún cuando la mayoría no puede o de hecho nunca es usado como señalador.

Alguna vez les mostré el del Chevy. Ese era el señalador ideal para medio de transición como decía al final de la entrada anterior. Me gusta mucho esa foto y la emoción no es muy distinta a la que me genera el del Capitán América.

Pero también tengo gusto por las piezas más raras que puede haber. Etiquetas de ropa, cuya característica alguna vez mencionamos, tarjetas manuscritas que me regalaron mis hijos para distintos aniversarios, separadores de cajas de saquitos de infusiones, entradas a lugares o espectáculos, tickets de compras, etcétera.

Lo más parecido a señaladores con oraciones, como decíamos en la última entrada que debería haber, son las estampas religiosas. Tengo cuatro junto con los señaladores, aunque no los uso mucho.

Uno tiene la que llaman la imagen original de Jesús Misericordioso pintada en Vilna en 1934. Y atrás la “Coronilla de la Divina Misericordia”. Otra es del Espíritu Santo, también con una oración. Una tercera es con un dibujo algo infantil de Mamá Antula, con oración. Y una cuarta con una frase cuyo origen no conozco: “Donde hay vida está Jesús” y al dorso una oración cuya “firma” al pie dice “Iglesia Católica”.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Debería haber oraciones...


Casi tan contento como estoy con mi humilde “Sebastopol" lo estoy con mi señalador del Capitán América.

Iniciando el tercer, más grande y último relato no puedo decir que me resulte un libro que me guste extraordinariamente, pero sí que es interesante como para llegar hasta el final. El contento con el libro es porque es uno de esos chiquitos de la Colección Austral de Espasa Calpe, esos con sobrecubiertas de diversos colores que seguro todo comprador de usados tiene.

Estos son libros viejos que resisten muy bien el tiempo. Y no me refiero metafóricamente a su contenido, que dependerá de cada caso, sino literalmente a su integridad física. Este “Sebastopol” de Tolstoi cumple el próximo mayo nada menos que ochenta años. Las hojas amarillentas pero bien sostenidas en la económica encuadernación lo asemejan a un señor mayor canoso, de vestimenta sencilla pero que aún conserva dignidad en su andar (sepan disculpar esta comparación algo simplona o hasta cursi).


Y toca ahora hablar del señalador, que es una de esas cartas para chicos que vienen en sobres, como las figuritas, y se van coleccionando para completar un mazo. En realidad no tengo mucho más para decir al respecto. No es que no sepa escribirlo. Creo que sería, objetivamente, difícil hacerlo. Me gusta la imagen del Capitán en pose de acción. No sé nada de su historia, aventuras o habilidades. Seguramente la imagen toca alguna fibra juvenil en mí, de cuando me gustaban algunos superhéroes.

Siempre es lindo tener un señalador agradable. Le da color al ritual de abrir el libro: esos instantes en que uno se propone leer pero no puede arrancar. O cuando debe dejarlo: quizás es una sensación agradable para la transición entre el mundo que uno deja y aquel al que vuelve. Debería haber oraciones en los señaladores…

jueves, 25 de diciembre de 2025

Campanilla

Una campanilla sonó por muchos segundos, como en la Vigilia Pascual cuando se encienden las luces (o no recuerdo cuándo). No sé si es parte aceptada o adecuada de la liturgia navideña, pero la alegría que infunde una campanilla sonando un rato largo es conmovedora.

En esta época en que estamos llenos de medios para hacer festejos que exciten nuestros sentidos, el sonido de la campanilla despierta una alegría más sencilla y profunda. O al menos así me pasó a mí.

Entraron al Niño para colocarlo en el pesebre. Dios hecho hombre es algo que supera cualquier previsión. Pero que además algo tan grande e inabarcable se presente en forma de niño es casi como si algo tan vasto como la alegría llegue con una sola campanilla.

¡Feliz Navidad!

lunes, 22 de diciembre de 2025

Hilary, Yamandu y un bajo

Veo casi imposible que antes de fin de año YouTube me regale algo mejor que esto:

   
Pero Hilary anda mal de salud. Y yo de repente me encontré como un fan adolescente o una abuelita cariñosa deseándole salud en sus videos.

Quizás en la siguiente interpretación que les muestro se esté reflejando en su rostro el problema (fue de sus últimas antes del impasse en que se encuentran sus presentaciones): CLIC.

Si parece que fue ayer que nos explicaba todas esas cosas en el Tiny Desk...

En otro orden de cosas nos estamos viendo (también en YouTube, claro) con Yamandu Costa, el prodigio del violão de sete cordas. Cierto que es él quien saca la charla. De todos los rubros que abarca este hombre me permito elegirles esta composición de sonido paraguayo (ojo porque este video crea costumbre): CLIC.

Y se me ha quedado pegada esta melancólica canción en la que don Yamandu acompaña a grandes cantores: CLIC.

En la onda melancólica anduve escuchando también esta canción: CLIC. No sé si será cosa de la versión remasterizada pero es imposible no quedar cautivado con el bajo jugando con los silencios y las palabras de la primera parte...

sábado, 13 de diciembre de 2025

Otra vez con los hermanos...

Un libro es como una habitación. Cuando volvés encontrás el peso que acostumbrás a sostener en la mano, el tipo de tapa que abrís, la forma de quedar abierto o de tener que sostenerlo para que no se cierre, el tipo de hoja, la tipografía y todo eso define ese lugar a donde te retirás un momento.

Llámenlo casualidad que después de los últimos pensamientos tocó releer “Los hermanos Karamázov”. Mi nueva edición vieja, y habitación actual, es de traducción española y el starets Zósima es llamado ermitaño (no starets; ¿es esa una traducción acertada?).

Es conocido el pasaje cuando Zósima habla con la señora incrédula y le dice: “(...) Es imposible demostrar nada, lo posible es convencerse (…) mediante la experiencia del amor activo”.

También en otro pasaje, cuando dialogan Iván y Alexei, dice: “¿Amar la vida más que a su sentido? Justamente, amarla más que a la lógica (...) que se halle siempre por delante de la lógica, y solo entonces comprenderé el sentido”.

Y otro pasaje las palabras también de Zósima: “Hay muchas cosas en la tierra ocultas para nosotros, pero en cambio se nos ha dado la secreta e íntima sensación de nuestro vínculo vivo con el otro mundo, con el mundo elevado y superior…”

Pero a mi me gustó esta vez encontrar también algo de esa espiritualidad o fe en la frase de Dmitri:(...) a pesar de todo, soy tu hijo, Señor, te amo y siento la alegría sin la que el mundo no puede subsistir y ser”.