miércoles, 16 de mayo de 2007

Camuflado

Hoy el mundo no parece odiarme. Y sin embargo Él dijo que el mundo nos odiaría (Jn. 15, 18-19). La respuesta es simple: no soy buen cristiano, me disimulo muy bien en medio del mundo.
Ser odiado no sería condición suficiente para comprobar que soy buen cristiano (¡El mundo odia a tantas personas y a tantas cosas!). Pero no serlo, no ser odiado, ¿es sí una prueba suficiente de que no soy buen cristiano?

9 comentarios:

Tito... dijo...

Habría que ver si se refería a un odio visible y continuo. A Él mismo lo recibieron bastante bien en Jerusalén.
De todas maneras, siempre es una buena idea preocuparse por esforzarse más.

Saludos.

hna josefina dijo...

Ojo, que a veces la indiferencia es mayor signo de desprecio que el odio...
Otra cosa, vale examinarse, pero creo que "auto-castigarse" por ahí no ayuda. Y creo que siempre nos va a faltar mucho para ser "buenos cristianos"... Por eso, acogerse a Su Misericordia, y pedirle la gracia a Él de que, cuando realmente en algún momento el mundo nos odie, sepamos serle fieles.

XavMP dijo...

JI ¿Tenés un 0km de más de 50000 U$S ? si es no, entonces el mundo te odia.

Yo creo que el mundo tiene una manera muy sutil de odiar que es, además de atacar, negar lo que más aprecia: el éxito y el dinero.

Juan Ignacio dijo...

Interesantes puntos... me quedo pensando...

Néstor dijo...

En una ocasión lei de un santo que interrogaba a Dios con un duro "¿es que ya no me quieres?" cuando no Le había enviado ninguna contradicción a lo largo del día.
No le pidas problemas: pídele el don de saber "redireccionarlos" cuando llegue el momento.

Cruz y Fierro dijo...

Muy interesante tu punto. Otro que a veces me hago es si soy locura y soy escandalo como dice San Pablo. Si no lo soy, es que estoy demasiado comodo "en el mundo".

Milkus Maximus dijo...

Recomiendo una breve lectura de la primera parte de "Temor y temblor", de Kierkegaard.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

No creo yo que ser un buen cristiano, un santo, necesariamente signifique ser odiado por el mundo, por quienes nos rodean, por muchos enemigos... Puede haber casos, como a monseñor Romero, por ejemplo, asesinado por el odio que a algunos les provocaba la dimensión social del Evangelio. Mas, ¿quién odiaba a la Madre Teresa o al abbé Pierre?

Al menos yo, los buenos cristianos que he conocido, completamente entregados al servicio de Dios en el prójimo, los he visto siempre felices, porque no nada más se saben amados por Dios, sino acariciados por Él a través de las personas con las que conviven, a quienes sirven...

Habrá que darle más reflexión y exégesis a este versículo...

¡Saludos a todos!

Juan Ignacio dijo...

Bien. Más buenos puntos...
Gracias otra vez.