miércoles, 11 de junio de 2008

Para charlar con un amigo

Ayer una lectura (Mt 5, 13-16) de la que me hubiera gustado hablar con un viejo amigo que hace tiempo no veo. Jesús que dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?”.
¿Ves, N.? Eso que te preocupa tanto, que tanta rebelión te causa, eso de que todo lo bueno nos viene de Dios y lo malo es culpa nuestra (dicho mal y pronto), eso que te hiere el orgullo... bueno, acá tenés la contraparte. Debemos dar sabor al mundo. Y si no somos nosotros, ¿quién será? Acá tenés la importancia que querías, la que estabas buscando, para un testigo de Cristo.

8 comentarios:

Alemamá dijo...

Sal de la tierra ¡y luz del mundo!
Casi nada (risas)

Moro dijo...

Se extienda el animo para quien lo lee Juan. A mi me ha animado también.

Saludos.

Fernando dijo...

Querido Juan Ignacio:

Es indudable que para los que somos tendentes al desánimo (N., yo), ser cristianos es un gran antídoto. El fatalismo de que es inútil hacer nada, porque todo está mal y porque el hombre es malo, queda corregido cuando pensamos que Dios puede coger nuestro pequeño esfuerzo, nuestros pequeños actos de justicia, nuestro pequeño grano de sal, y empezar con ello a corregir el mundo.

Oye, a lo mejor es el momento de volver a llamar a N., ¿no?

F.

Jesús Sanz Rioja dijo...

Es curioso lo difícil que se me hace imaginarme a Jesús hablando con acento rioplatense. Oh, la limitación humana.

Juan Ignacio dijo...

Yo me voy acostumbrando de a poco, no creas...

Fernando dijo...

Querido Juan Ignacio:

Para los que tenemos una visión un poquito pesimista del mundo y del hombre (no sé si era el caso de tu amigo N., pero desde luego sí es el mío), el cristianismo es nuestra tabla de salvación: basta un pequeño acto, basta un poco de caridad con alguien cercano, basta rezar un poco, para saber que el mundo ya ha empezado a ser mejor, para saber que Dios puede apoyarse en ese punto para volver a hacer el mundo mejor, o al menos un poco menos malo.

F.

hna josefina dijo...

Es impresionante cómo nos 'despreciamos' las personas... Y pensar que somos totalmente amados por Dios; ¡Y él no va a amar algo que no sea 'amable'!
¡Por supuesto que sal de la tierra y luz del mundo! sencillamente si somos la persona que él planeó que seamos.

Juan Ignacio dijo...

Gracias por los comentarios. Fernando, aparentemente uno había quedado sin autorizar, quizás me entró el aviso en masivos de mi mail. Me ha pasado varias veces. Lo vi hoy en blogger.