martes, 18 de noviembre de 2008

Litúrgicas (IV)

Guardini cita dos textos bíblicos que son claves para entender la “inutilidad” de la liturgia. Uno es un pasaje de la visión de Ezequiel en Ez 1,4ss. Y el que él llama “definitivo” es el de Proverbios 8, 30-31, donde se habla de la Sabiduría: “Cum eo eram, cuncta componens; et delectabar per singulos dies LUDENS coram eo omni tempore: LUDENS in orbe terrarum”.[*]
Podemos leer allí la figura del Hijo. “El Padre halla su alegría y su gozo en la contemplación del Hijo, plenitud de la verdad, que difunde ante sus ojos los infinitos tesoros de su belleza, de su sabiduría y de su bondad, (...) del Hijo que se recrea, ludens, jugando, ante el Padre”. Asimismo es la vida de los ángeles, “que se complacen, sin ningún fin ni objeto práctico, en moverse misteriosamente delante de Dios (...)”
También en este mundo encontramos dos manifestaciones vitales que tienen la misma inutilidad: los juegos del niño y las creaciones del artista.
Los juegos de los niños están libres de toda finalidad práctica, pero impregnados de profundo sentido, “y éste no es otro que el de expansionar su vida incipiente y traducirla en pensamientos, impulsos y movimientos, para lograr su plenitud de vida: en una palabra, para demostrar la conciencia de su ser, de su existir. (...) La expresión de esa vida se desborda y trasciende al exterior, llena de cautivadora armonía, bajo las formas de la más pura y desinteresada belleza; su conducta, su vivir se convierte espontáneamente en ritmo y movimiento, en imagen y armonía, en canto y acompasada rueda”.
Luego, cuando la vida avanza, el hombre se plantea lo que quiere y debe ser, pero al intentar hacerlo la vida pone obstáculos y el hombre toma conciencia de lo arduo de su objetivo. Entonces busca resolver ese conflicto en la región de la imaginación, en el arte. El arte no busca un fin práctico en sí mismo; “el artista no intenta otro fin que liberar su ser y su ideal, exteriorizándolos, y proyectar su verdad interior por medio de las representaciones vivas”. El espectador, por otro lado, no debe buscar más que el gozo de la contemplación.
La liturgia tiene, en este sentido, mucho mayor rendimiento aún que la obra de arte. Ella brinda al hombre la posibilidad y la ocasión de realizar, ayudado por la gracia, su esencial y verdadero fin, que es ser lo que debe y quisiera ser, si se mantiene fiel a sus destinos eternos, un verdadero hijo de Dios. (...) Esto es indudablemente algo sobrenatural, pero por eso mismo responde a lo más íntimo de nuestra naturaleza”.
Como la liturgia está muy por encima de lo que la realidad cotidiana nos puede ofrecer, se vale de las formas y armonías del arte (melodía, ritmo métrico, uso de colores y ornatos que no se encuentran en la vida corriente, movimientos solemnes y majestuosos, fechas y lugares detallada y rigurosamente reglamentados y acoplados). “Bien puede afirmarse, en el más alto sentido de la palabra, que es la verdadera vida del niño, en la cual todo está admirablemente combinado: imágenes, ritmos y cánticos”.
He ahí, pues, el fenómeno admirable, la realidad íntima que se da en la liturgia: el arte y la realidad, admirablemente conciliados, en una sobrenatural infancia, se despliegan y viven bajo la mirada de Dios”.
Sin finalidad práctica pero plena de sentido. “Es que no es un trabajo, sino un juego jugar ante Dios; no crear, sino ser uno mismo la obra de arte, he ahí la esencia de la liturgia. De ahí proviene esa mezcla dichosa de profunda gravedad y de divina alegría...” (Recuerda Guardini la seriedad con que los niños establecen las reglas de sus propios juegos).
Al igual que el artista que lucha por lograr la expresión de su intimidad (que es a su vez imagen de la creación divina, de Dios que ha hecho las cosas sencillamente para que sean, ut sint), así la teorización de la liturgia. “Con un exquisito esmero, a la vez que con la seriedad convencida del niño y la meticulosidad del verdadero artista, se esfuerza también por expresar, proyectándola bajo mil diversas formas, la vida del alma, la dichosa vida del alma, que ha sido creada para Dios, sin más finalidad que la de poder desplegarse dentro de ese maravilloso mundo de imágenes que hacen posible su existencia”.
Mediante un código de severas leyes, ha reglamentado la liturgia el juego sagrado que el alma ejecuta delante de Dios. (…) Es el Espíritu Santo (…) el que ha ordenado ese juego que la sabiduría eterna ejecuta en el recinto del templo, que es su reino sobre la tierra, ante la faz del Padre que está en los cielos, ‘cuya delicia es habitar entre los hijos de los hombres’”.
Vivir litúrgicamente, movido por la gracia y orientado por la Iglesia, es convertirse en una obra viva de arte, que se realiza delante de Dios Creador, sin otro fin que el de ser y vivir en su presencia: es cumplir las palabras del Divino Maestro que ordenan que nos hagamos como niños; es renunciar a la artificiosa y falsa prudencia de la edad madura que en todo pretende hallar un resultado práctico, y jugar como David lo hacía delante del Arca de la Alianza”.
[*] Yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo, jugando por el orbe de su tierra (y mis delicias están con los hijos de los hombres).

10 comentarios:

Natalio Ruiz dijo...

Gracias por este nuevo post.

De todos modos no termina de cuajarme el tema del arte y los juegos en lo que dice Guardini. Igual es un tema demasiado hondo como para meterse, ya lo pensaré con más detenimiento para ver si me termina de cerrar o no.

En cualquier caso, me encanta siempre el tema de la liturgia como modo de contemplación. Aristóteles habla del fin del hombre como contemplación de Dios. La liturgia nos anticipa a ese final divinizándonos del algún modo (como dice San Pedro) mediante la gracia.

Ahora bien, la liturgia sin gracia (como ocurre con algunos que por tanto cuidar la liturgia se alejan de la fuente de la gracia) es, como diría Castellani, como la contemplación del baile sin escuchar la música: algo que, además de no tener sentido, es ridículo.

Respetos.

Natalio

Juan Ignacio dijo...

Guardini es muy consciente y avisa antes de comenzar que todas las ideas que va presentando se van complementando y que se podría profundizar más.

Por eso un solo capítulo no dice todo, y mucho menos una selección de fragmentos hecha por mí. Quizás hasta me olvidé de la frase clave.

Pero la idea de liturgia como juego es recordada por Ratzinger en "Introducción al Espíritu de la Liturgia", lo cual, si es que hiciera falta un referente que le de autoridad, bueno, allí está.

Muy bueno lo que decís al final.

Gracias por comentar.

Fernando dijo...

1/3

(Juan Ignacio, con tu permiso, antes de comentar este post tan denso quisiera hacer una reflexión general sobre la liturgia, a partir de tus tres posts anteriores, y muy en especial a partir de la gran frase que pusiste en el tercero de ellos, que me impresionó y me hizo pensar mucho: si la Misa podría durar 5 minutos, como en los casos de urgencia eucarística, ¿por qué dura casi una hora?, ¿por qué se habla tanto? Durante estas semanas he meditado sobre ello, incluso durante la Misa)

Se me ocurre que la liturgia de la Misa tiene tres finalidades (o utilidades) y dos consecuencias, y que las cinco son muy importantes.

Finalidades

1- Prepararnos para lo sublime,
para lo sagrado, para la Consagración y la Comunión, creándonos un estado mental que no tenemos al empezar la Misa.

2- Rezar a Dios con unas oraciones perfectas, que nadie podría redactar o imaginar solo.

3- Recibir una catequesis sobre las grandes verdades de la fe, tanto por las oraciones (si estamos atentos) como por las lecturas y la homilía.

Consecuencias

1- Unirnos al resto de la Iglesia
, si usamos la liturgia aprobada por Roma.

2- Vivir vida de comunidad, al menos una vez por semana.

Juan Ignacio dijo...

Sí, Fernando, me ha quedado muy larga esta cuarta parte. Pero es muy denso en ideas el libro y no pude resumir más (quizás porque me falta más comprensión).

Quiero aclarar que yo no dije nunca eso de los 5 minutos. Pero es lógico entenderlo así a partir de las palabras de Guardini. La idea es similar.

Me parece muy interesante lo de las finalidades. Y si bien son ideas que creo son ciertas, no agotan el sentido de la liturgia.

Esta bien decir que hay cosas que "sirven para". Pero no es la liturgia algo que se agote en "servir para algo".

Por un lado, no puedo decir que todas las oraciones, himnos, etc, sólo sirven para "preparar un ambiente".

Y sería impreciso decir que "sirven para rezar". Mejor sería decir que son oración ellas mismas.

Por último, recibir una catequesis no es la finalidad de la liturgia. Bien lo aclara Guardini, por eso puse:

“Según el sentir de la Iglesia, no debe considerarse la liturgia como un intermediario (...) sino como un mundo animado y rebosante de vida, que se apoya y tiene su razón de ser en sí mismo. Esto es de una importancia superlativa, pues por no haberlo entendido así se ha tratado (...) de atribuir a la liturgia toda suerte de propósitos y de intenciones pedagógicas y formativas”, que no son su “objeto preferente”. En la liturgia cada gesto, cada oración, cada movimiento implica una finalidad pedagógica, sin embargo no se encuentra en ella un código educativo o un método completo de formación ética.

Es llamativa, provocativa y (no a mi nivel) discutible esa idea que resumen con una frase final Guardini:

“Vivir litúrgicamente, movido por la gracia y orientado por la Iglesia, es convertirse en una obra viva de arte, que se realiza delante de Dios Creador, sin otro fin que el de ser y vivir en su presencia: es cumplir las palabras del Divino Maestro que ordenan que nos hagamos como niños; es renunciar a la artificiosa y falsa prudencia de la edad madura que en todo pretende hallar un resultado práctico, y jugar como David lo hacía delante del Arca de la Alianza”.

Y fui largo otra vez.

Fernando dijo...

2/3: liturgia y juego.

Sobre la utilidad utilísima de la liturgia, ya hablé en mi comentario 1/3. Tus matizaciones son exactas, claro: no es que uno vaya a Misa para recibir catequesis, para conmoverse antes de la consagración, etc, pero sin duda si uno está atento y abierto a la gracia de Dios, uno reza mejor, uno aprende, uno siente mejor la Consagración y (en su caso) la Comunión, uno se une a los demás, ...

Sobre la utilidad del juego infantil, que Guardini declara “inútil”, según iba leyendo los párrafos me dije: “Este hombre no tuvo hijos, o no jugó con ellos”. Efectivamente, veo en tu enlace que fue sacerdote (¡y alemán!). Quizá, si hubiera sido padre, hubiera sabido muy bien que el juego de los niños es de las cosas más útiles, más prácticas de su vida: ¡como que es lo que les permite huir del vacío, del horror al tiempo que pasa sin sentido! ¿Cuántas veces no te habrá dicho F., todo seguido, ”Papá me aburro a qué jugamos”? Así que de la inutilidad de los juegos habría mucho que hablar.

Utilidad de la liturgia, utilidad del juego infantil, carácter reglado de la liturgia, espontaneidad del juego infantil.

La frase clave para comprender todo creo que sería ésta, casi al final: “Vivir litúrgicamente (...) es cumplir las palabras del Divino Maestro que ordenan que nos hagamos como niños; es renunciar a la artificiosa y falsa prudencia de la edad madura que en todo pretende hallar un resultado práctico”. La frase del Evangelio de Mt 18, 3-4 a la que se refiere tu autor, siempre ha sido para mí difícil de comprender: ¿qué es ser como niños? Pues creo que actuar como si nuestros hechos no tuvieran la gravedad que queremos darles, no sentirnos tan importantes en todo lo que hacemos. ¿Qué más da que ganen los vaqueros o los indios, qué más da que yo logre estar muy muy atento en todas las frases de la Misa, si al final interviene la gracia de Dios, que todo lo arregla? Dios no me ayudará o estará más contento conmigo porque yo me fije mucho en todas las frase de la liturgia, en todas las avemarías del Rosario, en todas las estampitas que rezo, así que me tranquilizo. ¿Iría por ahí el razonamiento de Guardini?

Este carácter lúdico no significa tomárselo a risa, ni mucho menos: aquí viene la importantísima puntualizacion de Guardini, o la tuya, no sé: ”la seriedad con que los niños establecen las reglas de sus propios juegos” (aquí se ve que sí se fijó en el juego de los niños cercanos).

¿Se puede entender que todo queda resumido en esta gran frase: “Es que no es un trabajo, sino un juego jugar ante Dios; (...) de ahí proviene esa mezcla dichosa de profunda gravedad y de divina alegría”?

Juan Ignacio dijo...

Fernando:

Suena medio provocativo cuestionar la teología de Guardini porque haya sido un sacerdote y por lo tanto no tuvo hijos (me hiciste acordar a aquellos que dicen: "¿Por qué me va a hablar o confesar sobre cosas o pecados que tienen que ver con mi esposa o mis hijos un sacerdote, que no los tiene?").

Por supuesto, la idea del juego es muy peculiar. Y los matices que le quieres agregar tienen sentido. Cuando Ratzinger rescata la idea en su libro de 1999 (el de Guardini es de 1918) dice cosas como esta:

Durante los años veinte del siglo que terminamos se hizo una propuesta singular: entender la liturgia como un juego. El fundamento de la comparación consistía en que, tanto la liturgia como el juego, poseen sus propia reglas y configuran un mundo propio. Se trata de cosas válidas en tanto que la persona se introduce en ese circuito y deja de tener validez en el momento en el que el juego —o la liturgia— llega a su fin. Otra de las bases de la comparación estriba en que, aunque el juego sea razonable, carece de una meta obligada, constituyéndose así en algo terapéutico, liberador. En efecto, nos sustrae del mundo de los afanes cotidianos con sus obligaciones para conducirnos a un ámbito en el que las ambiciones no cuentan. De esta guisa somos liberados durante un tiempo de los lastres del mundo dominado por el solo rendimiento. Por decirlo de alguna manera, el juego vendría a ser otro mundo, un oasis para la libertad, en el que durante un instante podemos dar rienda suelta al caudal de la existencia. Es como si necesitáramos esos momentos de libertad con respecto a la tiranía de lo cotidiano para poder soportar su lastre. En todos sus puntos, esta concepción tiene algo de verdad, pero de ningún modo resulta suficiente. Y es que, en el fondo, no importaría a qué jugamos. Todo lo dicho puede ser referido a cualquier clase de juego.

En definitiva, todo juego posee una cierta seriedad interior vinculada a unas reglas, lo cual da lugar a un lastre propio y a un nuevo empeño por conseguir alguna meta. Si pensamos en el mundo del deporte, en los campeonatos de ajedrez o en otra disciplina agonística, siempre nos sale al paso la misma consideración si no hacemos de él un pasatiempo vacío, el juego deja de ser inmeditamente algo totalmente distinto por su condición de "anti-mundo" o de "no-mundo" para convertirse en una parte más del mundo.

Hay que mencionar aún otro aspecto de esta teoría del juego que nos conduce más cerca de la índole propia de la liturgia. El juego de los niños aparece como una especie de anticipación de la vida. Es como un entrenamiento para la vida que ha de venir, sin comportar, por ello, el lastre y la adustez de esa vida futura. De análoga manera la liturgia podría remitir al hecho de que en la vida verdadera a la que nos dirigimos, todos nos hacemos como niños, o, al menos, así tendría que ser. En esc caso, la liturgia sería una suerte totalmente distinta de anticipación, una ejercitación previa. Se trataría de un ensayo de la vida futura, de la vida eterna, de la que san Agustín dice, que, al contrario de lo que ocurre en la vida presente, entretejida de carencias y necesidades, se halla en la dimensión de la pura liberalidad del don y la entrega.

En ese sentido, la liturgia despertaría en nosotros una actitud infantil auténtica y daría lugar a una apertura a la grandeza aún por alcanzar, a la cual la vida adulta no es capaz de otorgar plenitud. Entonces se produciría una configuración de la esperanza, que nos haría capaces de experimentar anticipadamente la vida futura y verdadera, la cual nos proporciona libertad, inmediatez al ser de Dios y apertura hacia los otros. De este modo, podría sembrar las señales de la libertad en la pretendida realidad de la vida cotidiana, permitiría eliminar toda violencia y haría que el cielo envolviera la tierra con su esplendor.

Tal modulación de la teoría del juego sustrae radicalmente la liturgia a una concepción general del juego, en el cual, no obstante, vive siempre el anhelo por el "juego" verdadero, por lo totalmente otro de un mundo en el que orden y libertar se fusionan. La modulación a la que me refiero da cabida a lo singular y a lo distinto del "juego" de la sabiduría en oposición al juego obvio y convencional, tendente a conseguir un objetivo, pero, que no obstante se halla humanamente vacío. La Biblia habla de este juego en el que la liturgia nos introduce.


(He sido larguísimo otra vez).

Fernando dijo...

3/3 Liturgia y arte

Esta comparación de Guardini me resulta mucho más comprensible que la de los juegos de los niños. Al igual que en el arte, la liturgia no es imprescindible (por ejemplo, en arquitectura). Al igual que en el arte, la liturgia (“melodía, ritmo métrico, uso de colores y ornatos que no se encuentran en la vida corriente, movimientos solemnes y majestuosos, fechas y lugares detallada y rigurosamente reglamentados y acoplados”) excita nuestros sentimientos, nuestras emociones, hasta el punto de que de alguna forma, la liturgia es arte, sobre todo en las Misas solemnes, cantadas.

Los textos de Guardini que copiaste y que comentaste hablan de un tercer nivel en que la liturgia se vincula con el arte: hacer de la propia vida del cristiano una obra de arte. “No crear, sino ser uno mismo la obra de arte, he ahí la esencia de la liturgia”; “es convertirse en una obra viva de arte, que se realiza delante de Dios Creador, sin otro fin que el de ser y vivir en su presencia.” Escribes un texto y no da igual cómo salga, intentas que quede bien; cocinas un guiso para tus invitados y no da igual como caiga en la fuente, se trata de que quede bonito; hablas con un familiar y no le despachas con siete frases, intentas que para él la charla sea algo interesante. Si todo eso lo haces por tu vanidad o por alguna manía, es algo un poco ridículo; pero si lo haces por Dios o por los demás, te sale una auténtica obra de arte. Pues, igual, la oración, la caridad, y desde luego la liturgia: al asistir a Misa con atención, cantando incluso, eres como un actor, quizá un actor secundario, de los de las filas del fondo, pero siempre habrá alguien en el público que te estará mirando: Dios. Esto es importante.

Si obras así, si no te limitas a hacer las cosas utilitariamente, sino que intentas que salgan bonitas, empezando por la Misa y la oración, evitas la depresión: la vida puede acabar siendo algo muy sórdido, feo y aburrido, pero si hora a hora tú intentas que quede algo hermoso, porque Dios lo ve, evitarás caer en el pozo del tedio, todo será ... ¡como un juego de niños!

Juan Ignacio dijo...

Bueno, te ha quedado redonda la tercera reflexión, Fernando. Muchas gracias.

Fernando dijo...

Muchas gracias a ti: es maravilloso cuando un post le lleva a uno a reflexionar sobre algo que siempre le ha parecido natural o evidente, como es la liturgia de la Misa.

Me impactó, en tu respuesta 2/3, la cita del Papa Benedicto: como siempre en él, logra hacer claros incluso los temas más oscuros. Es admirable, en todo caso, que no sólo leas el libro de Guardini sino también el libro de Benedicto sobre el libro de Guardini. Impresionante.

En fin, querría recomendarte un blog nuevo que han montado unos sevillanos, y que creo que te puede interesar:Taberna. Sólo lleva dos posts, veremos cómo sigue.

Outsider friar dijo...

Nunca he leído cuatro páginas seguidas de Guardini sin aprender algo nuevo.