sábado, 20 de marzo de 2010

De verdad te digo

(...) Sí, cómo no, estamos totalmente de acuerdo. La verdad se busca permanentemente, nunca llegamos a poseerla plenamente... Sí, sí, coincidimos en ese pensamiento. Vos tenés una parte, él tiene otra. ¿Conocés el cuento del elefante y los ciegos?... Claro, es ese. El ciego que tocó la pata cree que elefante es una columna, el que toco la oreja cree que es una manta, etc.; mientras que el elefante es todo eso y más. En todos estos puntos estamos de acuerdo. ¿Sabés cuál es la única diferencia? Que yo sé dónde está la verdad... No, no te estoy cargando. Sí, dije eso, que nadie la tiene y que se busca permanentemente. Pero, ¿es que a Dios acaso vos lo tenés?... La verdad esta en Dios, eso es lo que te digo. Y la búsqueda de Dios es permanente, nunca lo conocemos en plenitud... No, no es prepotente mi postura (¿por qué no puedo proponerte a Dios?). Al contrario, tu mensaje es pesimista, desesperanzador. Decís que nunca encontrarás la verdad. De ahí al relativismo hay un solo paso, basta soltar dos o tres cabos más y ya caés al vacío... Mi mensaje, en cambio, es esperanzado. Algún día podremos conocer la verdad en plenitud. Y más aún, en vida hay que desearla y perseguirla, porque en estas cosas no hay reposo, sino avanzamos hacia ella nos alejamos... Mi Dios y mi vida eterna pueden sonarte a cuento. Pero mi fe no está hecha de fantasías. Me dice que a la verdad le debo tomar el gusto acá, en este mundo. Y en este mundo se decide mi suerte de conocer algún día la verdad plena. Mi mensaje es esperanzado. Y no hay más motivo para creer en un mensaje desesperanzado como el tuyo que para creer en uno esperanzado como el mío (que no es mío, vamos a decir). Al contrario, tengo más razones para creer en un mensaje esperanzado: Me lo piden las entrañas.
(¿Estás seguro que no te lo piden las tuyas?)

6 comentarios:

Javier de Navascués dijo...

Coincidimos en adherirnos a la fábula del elefante y volvemos a coincidir en que la Verdad no es nuestra (muy acertada esa precisión). Cuando uno discute (o conversa amigablemente, da igual)con interlocutores como el de este post, siempre te echan en cara tu soberbia, el que te sientas dueño de la Verdad. No es así; lo que pasa es que cree el ladrón que todos son de su condición. Y lo cierto es que enunciar lo que uno cree honestamente, no es lo mismo que apropiárselo.
Por lo demás, felicitaciones por el nuevo formato de blog: es más limpio, se lee a gusto.

Fernando dijo...

Hola, Juan Ignacio. Entiendo que el texto es tuyo, pese a los (...).

Me llamó la atención la idea de que en este mundo se decide el poder conocer alguna vez, en el cielo, la verdad plena. Me trajo como un eco lejano, la tesis de un predicador de que el infierno no eran las llamas ni nada de eso, sino no poder conocer nunca a Dios, que Dios no ponía como castigo sino como consecuencia de la indiferencia en vida hacia Él, "¿no querías ignorarme? ¡pues toma ignorancia, para siempre!".

Sí, la idea central es exacta: si se duda de poder conocer la Verdad ya se está dando el primer paso hacia el relativismo. Lo contrario de eso no es creer que uno va a alcanzarla, en vida, sino que uno puede estar en camino de alcanzarla.



(¿Cambiaste la cabecera? ¿No salía antes el pez, junto al título?)

Juan Ignacio dijo...

Buen punto, Javier. Hoy la historia del elefante se entiende mal. Cada uno anda con su pata, o su trompa, o su oreja, muy feliz y chocho de la vida. Y al que propone unir las partes para tratar de ver al elefante lo tildan lo menos de prepotente o creído.

Fernando, efectivamente se fue el pez en el anzuelo. Y se busco limpiar, gracias Javier por apuntarlo porque es lo que pretendía. El pez era accesorio, el mensaje principal está en el título. Saque el pero y dejé una especie de flechas en ambos sentidos. Es que el católico moderno vive haciendo un balance entre estas dos cosas, su deber de santificarse aquí pero teniendo en cuenta lo más importante, que no es de aquí.

Fernando dijo...

Oh.

Jamás me pareció que tu blog necesitara claridad o limpieza, es sencillo como un problema matemático bien planteado.

Bueno, la nueva cabecera también está muy bien, felicidades.

hna. josefina dijo...

Muy buena la entrada.
También la renovación.
Saudos.

Juan Ignacio dijo...

Gracias, Josefina.