martes, 8 de septiembre de 2026

Sentidos imposibles

Tristecito, Hermes Fredes, Casa Fader

Recuerdo que Javier de Navascués buscaba significados para aquello de "la Ciudad de la Yegua Tobiana" con que Marechal hablaba de Buenos Aires. Me gusta pensar, por lo poco que se puede leer al respecto, que sería como una versión más prosaica de aquello de Roma como "la ciudad de la loba capitolina". Y la yegua tobiana (o tordilla, en Heptamerón) representaría, dicen, algo del contraste o la unión de la ciudad con lo campestre, con la llanura pampeana.

Estando en Mendoza en el Museo Emiliano Guiñazú (Casa Fader), en los jardines, vi una escultura en metal que es como un caballo o lobo fantástico que de su boca salen alambres que terminan en edificios de una ciudad sobre su lomo. (En la chapa figuraba el nombre "Tristecito", de autor Hermes Fredes, si no copie mal). No pude evitar pensar en aquello de la Ciudad de la Yegua Tobiana, claro. Porque sería una nueva forma de pensar el apelativo, con una yegua como mater generatrix.

La loba capitolina alimentó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma. Una yegua como esta de la escultura (si es que fuera una yegua) fundaría ella misma la ciudad y adquiriría así un significado aún más notable. Pero sin duda todo esto no tendría ni la más remota conexión con las ideas de Leopoldo Marechal...

sábado, 29 de agosto de 2026

Veintidós años

Veintidós años. Extraña criatura. No vive por compromiso (aunque su autor cree en los compromisos). No vive por disciplina, ni por amistades, ni por dinero. Más que nunca en estos días honra el nombre de su dirección web: "dehoy". Hoy ésto. Mañana no sabemos.

Nunca quise darle importancia. Ni la mínima que le daría el simple hecho de ponerle fin voluntariamente, por ejemplo. Y así siguió y si alguna vez dudé de verme con cincuenta años haciendo el blog, hoy no me parece nada raro. Hasta me alegra, en las entradas más bromistas, verme niño como antes.

viernes, 21 de agosto de 2026

Y todo eso queda escrito acá

El "67.000 millas a bordo del Gaucho" es un libro entretenido, con escritos que tienen más de setenta años. Lo vi en la Prólogo de Beccar pero me pedían dieciséis mil. Lo encargué por ML y por el mismo precio me lo trajeron a casa con unos cuentos de Dickens.

El señalador es una foto revelada sobre papel fotográfico de 10 x 15. Tiene un conjunto de molinos de viento de la pampa húmeda de esos que van con el tanque australiano al lado. Pero sin tanque y todos juntos. Según supe este paraje estaba en la ruta provincial 11 de Buenos Aires cerca del peaje La Huella. No sé bien cómo o por qué se juntaron tantos molinos en una formación que no parece ser funcional sino de almacenamiento o decoración (con un buen artista hoy podría ser una cotizada "instalación").


El rectángulo trazado con bolígrafo fue hecho para realizar una ampliación y un cuadro que hoy está en una oficina de Munro. Dentro de muchos años ya nadie sabrá más de él. Pero yo, ayudado por otras personas, me estiré hacia atrás en el tiempo y rescate el dato del paraje, que alguna vez quizás pueda dejar escrito en el cuadro, para que el paso del tiempo y significado se retarde un poco en él.

Mañana cumple años la persona que mandó a hacer el cuadro y hace tiempo no tengo contacto con él, pero podría aprovechar la excusa, saludarlo y mandarle una foto (de la foto) y contarle que la tengo y que supe, por otra persona, que sé lo que es esa foto, fuente del cuadro y su ubicación. Quizás le interese.

Quizás sepa más sobre el origen de ese cuadro y se pueda rescatar más información para que dure un tiempo más en el futuro.

(...)

El velero doble proa Gaucho llegó a Rio de Janeiro después de un tren ciclónico. Tormenta real. Como las de Conrad pero real.

Unas páginas atrás contaba el autor (y capitán) sobre tres navidades pasadas en el mar. Y cómo en una de ellas la tripulación le pidió pasarla en tierra y él se negó:

"Hoy, víspera de Navidad, es un gran día para todos nosotros y creo que como cristianos y marinos debemos celebrarlo en este escenario magnífico del Mediterráneo"

Pero el capitán fue de chico también admirador de Stevenson y su Isla del Tesoro (y hasta fue a conocer las Islas Salvajes en su Gaucho, islas que dicen que inspiraron a Stevenson). Así que él debería conocer el poema del mismo Stevenson llamado "Christmas at sea". Ahí la situación es inversa. El autor se apena de haberse embarcado cuando los suyos están pasando la Navidad en tierra.

"And O the wicked fool I seemed, in every kind of way,
To be here and hauling frozen ropes on blessed Christmas Day"

Así que en otro esfuerzo para unir significados, o cosas que podrían haber estado juntas, imprimí una versión de tamaño reducido de "Christmas at sea" y la puse dentro del libro de historias del Gaucho.

Y todo eso queda escrito acá.

sábado, 15 de agosto de 2026

Biblioteca que sigue en revisión

Continuando con el análisis de la biblioteca y como fue solicitado por nuestra numerosa audiencia en Bangladesh, vamos a estudiar el caso de las estanterías exclusivas and related affairs.

Hay ciertos autores que por ser nuestros preferidos tienen estantes propios. Allá hace tiempo unimos bibliotecas teniendo ella un grueso conjunto de libros de Dostoievsky, Unamuno y Lewis, principalmente. Yo tenía algo así con Marechal.

Esos paquetes se fueron engrosando también en la nueva biblioteca y se crearon además nuevas estanterías exclusivas como las de Chesterton, Dickens o Tolkien.

Tolkien comparte con Lewis. A la colección marechaliana la acompañan dos obras de su amigo Bernárdez. Y Chesterton sostiene a un pequeñito volumen de Hilaire Belloc. Digan si no es un interesante criterio de ordenamiento de bibliotecas este de “por amistad de autores”.

Un autor numeroso pero cuya obra se dispersa y por eso no se ve su volumen (y por cierto es gigante, más allá de su volumen) es quien escribió como Karol Wojtyla y luego como Juan Pablo II. Y como ya trascendimos la literatura hay que mencionar la importante representación de Romano Guardini en nuestros estantes.

Cuánto tenés de cada autor se puede medir en centímetros de estantería. En ese caso Marechal sale ganando porque, después de tener varias obras, un buen día me compré las completas. Me animo a decir que el de Almagro está a la cabeza con 46 centímetros. No importa que haya obras repetidas. El que lo haya puede ser un indicador de la atención que le dedicaste alguna vez al autor.

Otros autores no mencionados que, sin ser de estantería exclusiva, disponen en nuestra biblioteca de una buena cantidad de ejemplares (y por ende de centímetros de estantería) son: Greene, Conrad, Tolstoi, Melville, Conan Doyle, Faulkner y el ya mencionado Verne.

(En el día de la Asunción)

miércoles, 12 de agosto de 2026

Respuestas a la estantería de franceses

Dijo Raúl del barrio de Versalles: "Proust"
¿No será tiempo perdido, Raúl?

Dijo Mauro Sergio de Mar del Plata: "Dumas"
¡Pero claro! ¿No tengo a los mosqueteros?

Dijeron don Florencio Arnaudo y el decano de la Facultad de Ingeniería: "Descartes"
Indudablemente.

Dijo mi otro yo: "No había caído que Verne era francés"
¿Viste?

Dijo Jean Paul el amigo de Julián: "¿El del explorador antártico Jean-Louis Étienne lo leíste?"
Sip

Dijo Perotá Chingó: "Escuchá 'Bau del aire' de Gustavo Pena"
Dale

Alguien cuyo nombre no recuerdo dijo: "Simone"
¿Nina? Ah, no, ¿Simone de Beauvoir? ¿Realmente?

Dijo alguien: "Stendhal"
Tengo "Rojo y negro", olvidé mencionarlo (y leerlo)

Alguien tiró doble: "Zola, Malraux"
Caramba

Alguien dijo: "Yourcenar"
Na, ¿si?

Se escuchó: "Houellebecq"
Me da miedito.

martes, 11 de agosto de 2026

Biblioteca revisada

Empecemos con la estantería de franceses. Qué tenemos, se los digo. Uds. me indican que nos faltaría.

Para empezar tenemos "La canción de Rolando" (o el “Cantar de Roldán”).
Tenemos Montaigne, Rabelais, Molière, Madame de La Fayette.
Tenemos Victor Hugo, Flaubert, Balzac, Maupassant, France, Schwob, Daudet, Mauriac, Saint-Exupéry.
Tenemos Peguy, Claudel, Pascal, Grignon de Monfort, Bernanos, Bloy, Maritain.
Tenemos Olivier Clément, Jean Daniélou, André Frossard, Jean Vanier, Eloi Leclerc.
Y tenemos Verne, que también es francés. Y un tal Philippe Claudel.
Entre cosas de espiritualidad veo también que están Adolphe Tanquerey, Michel Quesnel y Christian de Chergé.

Así de una veo que faltaría Voltaire, ¿no? ¿Vale la pena? ¿Y Baudelaire? ¿Y Sartre? ¿Y Camus?

(¿Qué importa tener un libro si está todo en Internet? Es lindo y sirve para cuando llegue Fahrenheit 451, 1984 o la época de Mad Max).

martes, 21 de julio de 2026

Perder y ganar

El ejemplar de "Loss and gain" de John Henry Newman nos habla de un dueño anterior que, por las marcas que le hizo, lo leía para alguna clase, estudio personal o grupo de estudio (no pude evitar recordar esas viejas reuniones de Comunión y Liberación en la Facultad de Filosofía de la Universidad del Salvador dónde se desmenuzaban los libros de Luiggi Giussani; quizás me hizo acordar también el hecho de que muchos libros de Giussani estaban editados en español por Ediciones Encuentro).

Los estudios parecen haber sido abandonados poco más allá del tercer capítulo porque allí desaparecen las apasionadas marcas de birome. Apasionadas. Al prologo de original título: "Para leer antes o después", le tachó con una decidida diagonal el nexo coordinante y lo pasó de disyuntivo a copulativo: "Para leer antes Y después". Toda la libertad correctiva que dedica al prologuista se transforma en respetuoso seguimiento para con el autor, con líneas verticales al margen y pequeñas flechas en zonas especiales.

Abandonado el curso o los estudios, el libro ha de haber pasado a una desprolija y pesada caja o pila de libros que deformaron su encuadernación. Yo lo adopté así y cada vez que lo cierro lo tuerzo un poco a ver si recupera la posición original.

Se nota que "Perder y ganar" (así ha sido traducido en esta edición) es una novela que sirve para presentar en forma amena autobiográficos sucesos, pensamientos, discusiones teológicas de un Newman camino a la conversión. Se nota; eso sería un defecto, pero la forma es lo suficientemente agradable como para ayudarnos a dejar eso de lado y seguir.

lunes, 6 de julio de 2026

Algo más; leyendo Magnífica Humanitas

Impecable enseñanza. Algo que me vino bien ver es que a diferencia de otras tecnologías, las aplicaciones de la IA no son solo instrumentos buenos o malos según bien o mal se los use sino también según bien o mal se los diseñe.
(Sin duda cuando tienen que tomar “decisiones” en base a criterios o principios prefijados por alguien). 
Digo yo: la fisión nuclear no es algo bueno ni malo. Por suerte la fisión nuclear no “decide” por sí sola si generar energía eléctrica o arrojarse en forma de bomba sobre Hiroshima. Y al delegar una “decisión” a una tecnología viene el problema de la responsabilidad.

En este sentido, el peligro que yo decía de “darle nombre” encuentra una nueva justificación. El darle nombre es algo más que nos puede hacer pensar en darle responsabilidad. Cuántas veces le ponemos nombre a un auto y decimos qué bien que se portó, que nunca nos dejó a pie, etc. Es algo inofensivo porque sabemos que en definitiva nosotros tendremos que hacemos cargo frente a los pasajeros cuando se rompa y decirles: he olvidado hacerle el chequeo.

Pero qué fácil es pensar que nadie se hará cargo cuando se establezca que un diagnóstico médico lo establece una IA “para evitar errores humanos”... Y haya errores.

De todos modos es difícil imaginar que en definitiva no se podría establecer un litigio contra el creador de la IA, contra la “institución humana” que la aloje… Eso siempre y cuando no hayamos llegado a estar tan locos de que la IA adquiera una identidad equivalente a la humana… Ahí ya es inimaginable la legislación… porque la IA necesitaría un abogado o se declararía la infalibilidad de la IA… Entonces solo queda la guerra contra las máquinas de Terminator…

domingo, 5 de julio de 2026

Antropocentrismo

Mientras leo la Magnifica Humanitas se me van los pensamientos “pal rumbo que ya elegí, pero siempre he sido así…

Dice León XIV que “el posthumanismo (...) critica el antropocentrismo” y me da una palabra clave para anteriores reflexiones.

El antropocentrismo aún vale. A la vez, si eliminamos a Dios, qué difícil es sostener el antropocentrismo. El orgullo del que pensábamos acá. Pero quiero ampliar algo que empezó por allá.  

Vamos conociendo cada vez más “miserias”. Porque tenía fe en ser criatura de Dios, el hombre se creía flotar en el centro del espacio. Por qué tenía fe en ser criatura especial de Dios, el hombre imaginaba una distinción aún mayor de su materia, de su "barro", con el de otras criaturas.

Se puede seguir creyendo que somos especiales a pesar de todo eso. Hasta ahí es solo una serie de desengaños materiales y biológicos. Pero la fe no queda anulada.

Cuidado con el paso que sigue. La biología indica que no somos la cima de la evolución. Las palabras ahora son más relevantes y los terrenos pierden sus límites.

Si azar sólo describe la imprevisibilidad de los factores evolutivos, OK. Si azar es algo que anula el sentido que puede tener la existencia, no compro.

Porque estaría negando la fe. La biología dice que el hombre no es la cima de la evolución (proceso biológico que conoce muy bien y en el que ninguna traza muestra que haya una dirección prefijada). Pero no puede decir que no sea la cima de la creación en un sentido metafísico.

Como la biología indica que la evolución biológica es azarosa, muchos piensan que somos fruto del azar. Ahí ya no es tanto un desengaño sino una fe negativa. Una creencia. Es la misma disyuntiva de siempre. Sentido o no sentido.

Y si a alguno le resulta difícil creer en Dios, le digo que no es nada fácil (por no decir imposible) creer que toda esta aventura no tenga algún sentido.

sábado, 13 de junio de 2026

En eso estamos

Un suscriptor de Alemania, de la ciudad de Dresden, nos pregunta en qué andamos. Le cuento con orgullo que estamos chochos como niños viendo el regreso de Rush con una compatriota suya sentada en el trono de la batería y haciendo un buen papel, comprándose con un trabajo impecable y una escueta sonrisa alemana a todos los viejos fans.

Que el señalador de "Tesoros del Cusifai - Antiques Shop", un delirante nombre del negocio de unos muchachos de Munro que compran lotes de muebles y objetos, está haciendo también muy buen papel marcando el "Almas muertas" de Gógol.

Que (vergüenza no nos da tanto confesarlo como que lo malentiendan) tenemos un fixture del mundial y hemos visto ya algunos partidos (por cierto: buen gol el primero de Corea del Sur).

¿Que si leí la nueva encíclica? (Siempre hay alguien tratando de educarte; se agradece).

¿Que quieren ver a Rush? (Siempre alguien se conecta con la idea de distenderse un rato)

Para cerrar, contarles que no hay mucho para traer acá. Pero este pasaje de Gogol, del libro mencionado, puede ser un aporte interesante a aquel tema de la naturaleza que imita al arte. Va toda la descripción y al final la reflexión:
El antiguo parque abandonado que se extendía detrás de la casa sobrepasaba el pueblo y se perdía en el campo, dando él solo una nota de frescor pintoresco al inmenso y lúgubre lugar. Las copas juntas de los árboles, que crecían a la buena de Dios, cerraban el horizonte como nubes verdes, como cúpulas irregulares estremecidas. El tronco blando de un olmo gigantesco se alzaba, como una columna de mármol deslumbrante, por encima de ese mar de verdura. Su copa puntiaguda, desgarrada por la tempestad o el rayo, rompía esa blancura de nieve: parecía tocado con un sombrero o coronado por algún pájaro negro.

El lúpulo invadía los matorrales de saúcos, serbales y nogales, recubría todo el recinto y, por fin, se había lanzado al asalto del olmo partido. A mitad del tronco caía, agarrándose a las copas de los otros árboles, o permanecía colgado en el aire y enrollando sus anillos ligeros dulcemente balanceados.

Las masas verdes, inundadas de sol, se abrían a veces sobre un abismo gigantesco sumido en la sombra. En esa sima negra podía adivinarse un sendero que lucía, una balaustrada caída, un pabellón titubeante, el tronco hueco de un viejo sauce, por donde asomaba el matorral inextricable de ese árbol tan común en Rusia llamado ‘caragán’, hojas y ramas secas entrelazadas y, por último, una rama joven de arce que tendía oblicuamente sus hojas palmeadas verdegueantes; un de sol se deslizaba, Dios sabe cómo, bajo una de ellas, transformándola en algo transparente, algo maravillosamente luminoso en medio de las espesas tinieblas.

Solitarios, apartados en la extremidad del parque, algunos álamos temblones y altos pinos, unos más altos que otros, acunaban en sus copas enormes nidos de cuervos. Algunos dejaban colgar sus ramas de hojas pequeñas y resecas, medio desgajadas del tronco.

Un cuadro tan perfecto exige el esfuerzo combinado de la naturaleza y el arte. Para conseguirlo es preciso que la naturaleza dé el toque final, supremo, a la obra, a veces demasiado compleja, del hombre. Es preciso que ella, espontánea, aligere las masas densas, destruya el exceso de simetría, recubra la desnudez sabia del plano, infunda su ardor a las creaciones frías de lo mesurado y de buen tono.