lunes, 6 de julio de 2026

Algo más; leyendo Magnífica Humanitas

Impecable enseñanza. Algo que me vino bien ver es que a diferencia de otras tecnologías, las aplicaciones de la IA no son solo instrumentos buenos o malos según bien o mal se los use sino también según bien o mal se los diseñe.
(Sin duda cuando tienen que tomar “decisiones” en base a criterios o principios prefijados por alguien). 
Digo yo: la fisión nuclear no es algo bueno ni malo. Por suerte la fisión nuclear no “decide” por sí sola si generar energía eléctrica o arrojarse en forma de bomba sobre Hiroshima. Y al delegar una “decisión” a una tecnología viene el problema de la responsabilidad.

En este sentido, el peligro que yo decía de “darle nombre” encuentra una nueva justificación. El darle nombre es algo más que nos puede hacer pensar en darle responsabilidad. Cuántas veces le ponemos nombre a un auto y decimos qué bien que se portó, que nunca nos dejó a pie, etc. Es algo inofensivo porque sabemos que en definitiva nosotros tendremos que hacemos cargo frente a los pasajeros cuando se rompa y decirles: he olvidado hacerle el chequeo.

Pero qué fácil es pensar que nadie se hará cargo cuando se establezca que un diagnóstico médico lo establece una IA “para evitar errores humanos”... Y haya errores.

De todos modos es difícil imaginar que en definitiva no se podría establecer un litigio contra el creador de la IA, contra la “institución humana” que la aloje… Eso siempre y cuando no hayamos llegado a estar tan locos de que la IA adquiera una identidad equivalente a la humana… Ahí ya es inimaginable la legislación… porque la IA necesitaría un abogado o se declararía la infalibilidad de la IA… Entonces solo queda la guerra contra las máquinas de Terminator…

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