jueves, 22 de octubre de 2015

Mens sana in corpore sano

La poesía es el campo de la intensidad y de lo esencial. Necesariamente conlleva una enseñanza de vida: educa el corazón y la mirada. Luego están los amigos que te regala, los momentos únicos, las memorias intensas…
(Enrique García-Máiquez)

El trabajo intelectual tiene este defecto: puede ser muy duro, pero como no hace sudar, no elimina nunca del cuerpo los tóxicos sobrantes. Las tristes alucinaciones mentales gastan las fibras, pero no os incitan a reponer vitalidad; un esfuerzo físico rejuvenece, un esfuerzo mental envejece. Os entran unas ganas irresistibles de sudar, de tirar de una cuerda, de sacar unos palangres, de remar. Por la tarde tenéis sueño; el cerebro rechaza cualquier obsesión, os entra el desfallecimiento delicioso de la felicidad. No se puede pedir una evasión más útil que la que produce un barco”.
(Josep Pla; dicen que de “Agua de mar”, yo lo leí en un volumen llamado “Historias del Ampurdán”)

viernes, 16 de octubre de 2015

Levantando la cabeza

“¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado eso de leer levantando la cabeza?”
[clic]

“––¿Ves? Ya te vas curando; ya empiezas a devorarte. Lo prueba esa pregunta. ¡Ser o no ser!..., que dijo Hamlet, uno de los que inventaron a Shakespeare.
––Pues a mí, Víctor, eso de ser o no ser me ha parecido siempre una solemne vaciedad.
––Las frases, cuanto más profundas, son más vacías. No hay profundidad mayor que la de un pozo sin fondo. ¿Qué te parece lo más verdadero de todo?
––Pues... pues... lo de Descartes: «Pienso, luego soy.»
––No, sino esto: A = A.
––Pero ¡eso no es nada!
––Y por lo mismo es lo más verdadero, porque no es nada”.

“Por si fuera poco, como usted no ha podido dejar de darse cuenta, no tengo ilusiones, y ¿qué haría el Senado de mí, de un legislador inexperto que carece de la facultad de engañarse a sí mismo, este requisito esencial en quien quiere guiar a los demás?”

“Agitóse el ágora como las grandes olas que en el mar Icario levantan el Euro y el Noto cayendo impetuosos de las nubes amontonadas por el padre Zeus. Como el Céfiro mueve con violento soplo un crecido trigal y se cierne sobre las espigas, de igual manera se movió toda el ágora”.

domingo, 4 de octubre de 2015

Silbando

Tu es venu en sifflant

- S'il vous plaît, ‘silbon’ la chanson.
- Oui, très bon, monsieur.
(Les Luthiers, Les nuits de Paris)

El silbido es alegría y tristeza y quién sabe cuántas cosas más. De veras que en el tango y en el folklore debe haber mil silbidos más que los que voy a dejar acá. Yo puse solo los de mi recuerdo. Y algunas otras cositas que descubrí hace poco.

1. Changuito lustrador (Leo Dan/M. Ferreyra) | Los Chalchaleros
2. Zambita pa’ don Rosendo (Julio Díaz Bazán) | Jorge Cafrune
3. Silbando (Piana-C. Castillo/González Castillo) | Edmundo Rivero
4. Chamarrita de los pájaros (Marateo/Cuestas) | Los Hermanos Cuestas
5. Angel in the snow (Whiskey Shivers) | Whiskey Shivers
6. Milonga del bicho feo (Edgardo Cardozo) | Puente Celeste
7. Winds of change (Klaus Meine) | Skorpions
8. Friday I’m in love (The Cure) | Jorge Drexler
9. Marbles (Swear and Shake) | Swear and shake
10. Juan del Gualeyán (Mondragón/Aráoz) | Los Hermanos Cuestas
11. Zamba del Chalchalero (Jaime Dávalos/Los Chalchaleros) | Los Chalchaleros
12. Me and Julio down by the schoolyard (Paul Simon) | Paul Simon
13. (Sittin' on) The dock of the bay (Otis Redding) | Otis Redding
14. Un día me fui del pago (José Larralde) | José Larralde

(*) Raphaël Haroche

sábado, 5 de septiembre de 2015

Te’i de llevar

En la zamba “Agitando pañuelos” los hermanos Ábalos decían: “Yo me iré, tu vendrás; / yo te llevaré, mi rancho se alegrara”. Linda pa’ un casamiento. Pero si la cosa con el don o la doña no pudo ser, lo mejor que puede pasar es “llevarse al otro” al modo en que lo hacen los noveles Wagner-Taján en este aire de chaya llamado precisamente “Te’i de llevar”.

 

Te’i de llevar (*)
(Octavio Taján)

Hei de llevarte conmigo
Por los andares del tiempo.
Luna que acuna mis sueños,
Alma que calma el desvelo.
Hei de llevarte conmigo
Pa’ que acompañes mi vuelo.

Hei de llevarte conmigo
Pa’ hacerle bulla al lamento.
Como una ausencia furtiva,
Como una brisa en el viento.
Hei de llevarte conmigo
Pa’ sublevarme al destierro.

Te’i de llevar en mí,
Brasa que abrasa este invierno.
Te’i de llevar en mí
Como el refugio más tierno.
Te’i de llevar en mí
Pa’ cobijar los recuerdos.

Hei de llevarte conmigo
Pa’ que fecundes mi aliento.
Como una ofrenda que anida
Bajo el rumor del silencio.

Hei de llevarte conmigo
Como un tesoro del cielo.
Te’i de llevar en mí,
Brasa que abrasa este invierno.
Te’i de llevar en mí
Como el refugio más tierno.
Te’i de llevar en mí
Pa’ que acompañes mi vuelo.

(*) La letra la transcribí yo ya que no la encontré en internet; puede haber errores (y en Internet también). En el video se pueden escuchar todos los temas del disco “Piedra lunar”, magnífico.

lunes, 31 de agosto de 2015

viernes, 21 de agosto de 2015

Desprolijas notas sobre una lectura clásica

“Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles…”
A los cuarenta me metí con esto. Quizás sea una buena edad. Justamente.
Quizás no pase de las primeras páginas.
Pero ya leí dos capítulos.
Y conté, grupo a grupo, las cóncavas naves de los aqueos; me da 1.186.
Y me gusta Palas Atenea, frenando la violencia Aquiles, arengando a Ulises.
Y las metáforas que comparan a la multitud agitada, sea en el ágora o en la preparación de la batalla, con campos de trigales al viento, con mares.
Aqueos, dánaos, argivos… Chequeo en Wikipedia: son los mismos. Lo sospeché desde un principio.

(Entiendo que los hombres actúan inspirados por los dioses. Puedo entender que Agamenón decida poner a prueba a los aqueos tentándolos a irse de regreso. Lo que no puedo entender es por qué para tentarlos dice que Zeus le dijo de volverse. Si lo pone en boca de Zeus, ¿no sería adecuado obedecerlo? ¿No los debería haber tentado con algo humano, diciendo que tal dios ya no los escucha o algo así?)

sábado, 15 de agosto de 2015

Metáforas

Al ver esos camiones de distribuidores de bebidas con sus estelas de colgantes “film stretchs” recuerdo la impactante historia que me contaban mis padres cuando era chico sobre Isadora Duncan y su larga chalina que, enrollándose en las ruedas del auto, la ahorcó. Este tipo de asociaciones son de las cosas que más disfruto en la vida.

*

Metáforas. Ahí está el gusto de la mente y el desarrollo de la inteligencia. Poder encontrar una analogía entre dos cosas de lo más diversas. Las buenas metáforas son parte de las buenas descripciones y ahí se obtiene el gusto en la literatura, superando el aburrimiento de la mera ficción.

(Hoy, Asunción de la Virgen María)

martes, 21 de julio de 2015

In medias res

Me dijo ella que hay cuentos que comienzan “in medias res”. Y entonces me di cuenta que hay también canciones que empiezan “in medias res”. Quizás no sea un “in medias res” musical, pero tienen una letra que empieza así, empezada.

He aquí a continuación una caprichosa selección de innumerables… tres canciones. Tres canciones que yo digo que empiezan “in medias res”. Como éstas, seguro conocen ustedes otras.

Creada por Ramón Ayala, es desde hace 11 años la canción oficial de la Ciudad de Posadas. Yo siempre pensé que más que “Posadeña linda” debería llamarse algo como “Río mío” u otra cosa referente al río, ¿o no es más importante el río que la muchacha en la canción? Digo que esta canción empieza “in medias res” porque empieza: “Y me fui por la bajada vieja…”. Es decir, empieza con un “y”, como que hubiera algo antes que no se contó, ¿no les parece? La genial versión que les dejo es de Mariana Baraj, intérprete que a su vez tiene dos versiones grabadas. Esta es la que tiene una larga y linda introducción con instrumento de viento y está en el disco “Lumbre”.

“Then, as it was, then again it will be…”, canta Robert Plant con los muchachos de Led Zeppelin. Ese “then”, puesto al inicio, es como si hablara de una conclusión sobre algo anterior. Pero eso anterior no existe. Por eso (digo yo) empieza “in medias res”.

Más sutil en este caso de Edgardo Cardozo. Como empieza: “Ya que no sé qué decirte, casi mejor que vaya…”, es como si hubiera habido un silencio anterior, ¿no? Siempre hay un silencio antes de empezar una historia, pero en este caso hablamos de un silencio que fue parte de la historia, que ya está empezada.

domingo, 19 de julio de 2015

No hay otra

Al final, lo único que nos puede consolar es buscar hacia arriba. Buscar esas palabras únicas que hablan de Dios. Y la fe nos dirá que son Palabra de Dios. Lo único que podemos hacer, que tenga sentido, es hacer esas cosas que parecen sin sentido para el mundo. Lo único que nos queda es disponernos para que Dios nos regale la fe. No queda otra cosa para hacer, si queremos ser felices.

martes, 14 de julio de 2015

El camino de las llamas

A mí se me hace que la historia (de amores, mentiras, intrigas, muertes) no es más que una más. Lo que me gustaron fueron las descripciones campestres de Hugo Wast. A continuación quizás no estén las mejores, pero sí las que yo marqué.
El conjunto de la grácil persona era misterioso y triste. Esos indios descendientes de los bravos y bellos araucanos que vencieron a los españoles en el antiguo reino de Chile, tienen todos una fisonomía sellada por la melancolía de una raza que ha reinado, ha decaído y se extingue irremediablemente.
Se limitó a pedirle una baraja y dos copas de caña calchaquí, cierto licor que traían en vasijas de barro desde muchas leguas al norte, y que ponía llamas en cada gota de la sangre.
¡Vaya, pues! ¡Qué fiesta para el paisanaje de la región! Hasta de Mendoza vendrían a bailar y chupar. Y, por cierto, mientras durase el jolgorio habría tregua entre la policía y los bienaventurados perseguidos por ella, pues era vieja costumbre allí, que nunca un comisario aprovechase un baile para capturar a un bandido. Habría sido condenarse él mismo a muerte, porque todos los invitados hubieran hecho causa común y libertado al preso a tiros y puñaladas.
Pizarra notó que Tancredo y Aguilar se quedaban mirando a aquel oficial que no tardó en desaparecer en las vueltas del camino, y que los dos se sonrieron. Pizarra se les acercó y les dijo:
- ¿Les ha caído en gracia el mozo?
- Que lo parta un rayo -respondió Tancredo-. No me ha dado ni un medio por lo que le he servido.
La cocina era un cuarto de piedra, espacioso, como para que veinte hombres se acomodaran alrededor del fuego que ardía en el suelo mismo. Tancredo removió los tizones, sopló hasta que se levantó una alegre llama, puso agua a calentar y limpió y llenó el mate, con yerba nueva para tomar unos cuantos cimarrones antes que nadie.
Indio de edad mediana, bajo y fornido. En el atezado rostro, sin asomo de barba, hondas arrugas denunciaban su edad. Pero cuando hablaba, el brillo salvaje de sus ojos y la blancura de sus dientes le rejuvenecían.
Doña Margarita no faltaba nunca a esa hora, detrás del mostrador, porque era el momento en que su cajón se llenaba de plata boliviana, aquella plata que solo tenía dos tercios de metal puro, y que por eso desalojó las buenas piezas acuñadas en Córdoba y La Rioja, y fue durante muchos años la única moneda de la Confederación Argentina.
Cuando una porción del costillar de un buey que se asaba sobre una tosca parrilla estaba a punto, la cortaban y comían con esa rara pulcritud de los gauchos, que aunque tironeen la carne con los dedos y la corten a flor de los labios, no se precipitan ni se ensucian, y mascan pausadamente, como hombres sin prisa.
El capataz habló así y el rostro de Quilpara se nubló como el cielo cuando el viento sopla de la cordillera.
- Pues cuento el caso y es verdad -referió Canuto, palmeando al loco sobre las espaldas para desenojarlo- (…)
[En un asentamiento casi aldea fronterizo de montaña]
La guerra no se presentaba a sus imaginaciones como un espectro flaco y sangriento, más bien una buena vaca lechera, de la que se abastecerían abundantemente, si sabían acercarse a sus ubres y esquivar sus cuernos y sus coces.
Así pensaban los viejos. Para los jóvenes la guerra era la esperanza de ver tierras nuevas, de recibir un caballo y una silla y un fusil y de ser pagados por el gobierno, y de participar en maravillosas aventuras, batiéndose por la patria, sin temor de que la policía les averiguara cuantos centímetros de hierro o cuantas onzas de plomo le habían metido en el cuerpo al adversario.
Y para las muchachas, aquello significaba la ilusión de muchos bailes, de alguna serenata en las noches tranquilas, y del novio soñado, que podía ser algún soldado y hasta algún oficial.
-¿Cómo está la luna para capar yeguarizos?
(…) Ninguno se apresuró a contestar. Los paisanos son hombres de pocas palabras y menos consejos. Sin embargo, todos sabían que el tiempo era oportuno para castrar y no muy frío.
Si el camino de su pensamiento en las tenebrosas veladas fuera una cinta, podría envolver diez veces el mundo; más tal vez: podría llegar hasta las estrellas. ¡Tanto cavilaba!
- ¡Va a haber hierra! ¿Qué tal sos para el lazo, Tancredo?
- Soy mejor para el cuchillo -respondió taloneando su mula despeada, que a duras penas se aproximaba a la del capataz.
- ¡Cierto! -confirmó Aguilar. Tancredo maneja bien el fierro cuando le ponen un asado por delante.
- Eso pensé decir -agregó humildemente el loco.
[Aprontándose para la capada]
- (…) Voy a quitarle a este viejo engreído las facultades extraordinarias.
[Después de la capada]
- Aura márquenlo y cerdéenlo. Aura estás como el tirano Rozas (sic), después de la batalla de Caseros, con rabia, pero sin facultades.
¡Cuánto no habría dado Soler para saber enlazar siquiera de las patas, aunque hacía más de veinte años que se ensayaba en sus gallinas y en los perros dormidos al sol! Pero el lazo es un don misterioso, que conceden las hadas del campo a los criollitos en la cuna.
Cuando la joven araucana volvió en sí, halló a la patroncita junto a su catre y le sonrió sin rencor. A la orilla de ese oscuro abismo de la muerte, en los corazones nobles, se borran las pequeñas pasiones de la vida como los dibujos de un niño en la arena del mar.
-¿Qué puede interesarle a un hombre que recién me conoce, saber quién haya sido mi novio antes de Aguilar?
Comprendió Moscoso que más valía seguir la corriente del misterioso río de aquella vida, que intentar remontarla, y echó a buena parte la réplica.
- ¡Así es, mi capitana! Perdone mi necia curiosidad. Y ya que no es posible saberlo todo, me contentaré con que me diga quién va a ser su novio… después de Aguilar.
- Eso no lo sabe sino Dios, porque solamente Él adivina lo que no existe