jueves, 7 de junio de 2007

De rebeldías y razones

La rebeldía juvenil tenía en otra época más inocencia. El rebelde sabía que era rebelde. Y la veracidad de la norma (que él no cumplía) seguía vigente precisamente por la negación, porque la rebeldía se oponía a ella.
Hoy en día pareciera que la rebeldía ya perdió su inocencia. Y que no hay nada respecto a lo cual ser rebelde. Que se puede ser de cualquier forma ya que no hay referencias o modelos a seguir.
Pero una vez más se comprueba que es a la inversa del dicho popular. Que la verdad es que primum philosophari, deinde vivere. Que nadie puede obrar sin un fundamento y que si se empezó a vivir sin pensar cómo, luego se buscará dar un fundamento a lo que se hace. Y si la rebeldía no se basa, aunque sea por la negación, en una norma, se inventa la norma que justifique la forma de vida que se adopta.
Muchos jóvenes de hoy aprendieron a vivir sólo “hacia fuera”, sólo buscando los sentimientos fuertes, lo que se sienta a flor de piel. Y no por rebelarse a una norma sino porque es lo único que aprendieron (y que les enseñaron). Es por eso que, cuando llega (que siempre llega) la hora de dar un sentido a sus propios actos, surgen los slogan como los de ese nuevo boliche del conurbano bonaerense que se promocionaba el otro día en la vía pública: “El consumo en exceso de diversión es lo único que te mejora la vida”.
¿Podemos creer que alguien dice eso en serio? Y sin embargo, ahí está. Y yo creo que lo escribieron en serio. Que lo que antes era rebeldía (“Vayámonos de juerga, ya habrá tiempo de sentar cabeza”) hoy es cosa seria (“El consumo en exceso de diversión es lo único que te mejora la vida”).
Es tremendo, triste pero esperanzador a la vez. Al mismo tiempo que vemos como se intenta justificar un exceso, vemos qué cosa grande el hombre, que puede y quiere dar un sentido a su vida. Y si el rebelde de hoy perdió la inocencia, por lo menos ganó otra cosa: busca razones para sus actos. Cabe la esperanza de que, empeñados en la verdad, lleguen por esa vía a la madurez de quien sienta cabeza porque sabe que eso es lo mejor, y tiene razones para explicarlo.
Nota: podría pensarse que el slogan en el tapete es fruto del marketing, y que no hay un pensamiento de pretensión filosófica sino un análisis estrictamente comercial. La situación es peor, pero es parte de lo mismo. ¿Quién hace el marketing hoy sino los mismos jóvenes a quienes se dirige? ¿Qué reemplaza el lenguaje del marketing sino a un pensamiento filosófico más elevado?

3 comentarios:

Néstor Aparicio dijo...

Suscribo palabra por palabra lo que dices, porque lo veo a diário. Hace años me dijeron "si no vives como piensas, acabarás pensando como vives": lástima que ya no valga el consejo, porque "pensar" exige un precio que pocos muchachos están dispuestos a pagar.

hna josefina dijo...

¡Qué distinta la reflexión de Francisco en tu entrada anterior!¿no?... Será que ¿ya se está pegando la vuelta?... Por ahí SÍ!!

Juan Ignacio dijo...

No he comprendido...