miércoles, 9 de octubre de 2019

Pilgrims

Hace tiempo me hicieron conocer el siguiente poema, que había olvidado (¿a quién le importará que a uno le hicieron conocer esto y luego uno lo olvidó si lo interesante, de serlo, puede ser solo el poema?):

The Pilgrim
(John Bunyan)

Who would true valour see,
Let him come hither;
One here will constant be,
Come wind, come weather

There’s no discouragement
Shall make him once relent
His first avowed intent
To be a pilgrim.

Whoso beset him round
With dismal stories
Do but themselves confound;
His strength the more is.

No lion can him fright,
He’ll with a giant fight,
He will have a right
To be a pilgrim.

Hobgoblin nor foul fiend
Can daunt his spirit,
He knows he at the end
Shall life inherit.

Then fancies fly away,
He’ll fear not what men say,
He’ll labor night and day
To be a pilgrim.

Con una buena traducción podríamos recitarlo a coro en voz alta en una peregrinación a Luján (hay quienes dirán que basta con el Rosario, claro). Pero como no está a mi alcance el tema, haré algo totalmente distinto.

Resulta que cuando me recordaron este poema yo estaba (¿oh, casualidad?) recolectando algunas canciones sobre “pilgrims”. Así que lo que haré es dejar acá abajo en su compañía esas canciones. Algunas de estas canciones no responden al tipo de un peregrino cristiano, claro, pero es una interesante colección.

En la primera vemos a un groso moderno del folk americano, David Rawlings. No sé si la canción es la historia de una persona, quizás son varias. Pero todas comparten una especie de peregrinaje porque no pueden volver su hogar. Sería todo lo contrario al sentido de nuestra vida como peregrinos. Porque nosotros vamos a Dios e incluso si pecamos (y nos alejamos) siempre podemos volver, hasta el último momento. Gran canción la de Rawlings cuya letra, algo compleja, está en el siguiente video.



La segunda sí tiene significado espiritual. Es decir, explícito. Este "Weeping Pilgrim" es religioso, como el de Bunyan. Según explica Natalie Merchant en el Tiny Desk Concert, este tema es un himno protestante tradicional (Bunyan, por otro lado, era un bautista reformado en la Inglaterra del siglo XVII). Aparentemente hay varias musicalizaciones para la misma letra. La que hizo Merchant es una de ellas (aunque no me queda claro si es algo como su propia versión libre o una de las musicalizaciones previamente existentes). La letra no necesita mayor explicación. Y no dejen de ir por el enlace al Tiny Desk Concert, minuto 18:55, donde la cantante invita al público a participar.



En tercer lugar un ineludible dentro del repertorio del argentino Dúo Coplanacu. Un himno, como dicen ahora (pero sin referirse al tipo de composición musical). La canción se llama Peregrinos. En la llegada del dúo “cordosantiagueño” a Buenos Aires, representada en el disco en vivo llamado “El encuentro”, se escucha este tema acompañado de toda la emoción del público. Claro que la letra no menciona la palabra “peregrinos”, pero podríamos llegar a entender todo lo que pasa como aquello que le sucede a un peregrino por este mundo.



Y en cuarto lugar un tema de Eric Clapton. Un sonido que no me gusta mucho. Muy ochentoso. Pero una letra a la que es imposible no darle un sentido trascendental. No tengo mucho para decir. La dejo solo para quienes gusten de este tipo de canción (letra allí en el video).



Seguramente hay muchas canciones más sobre peregrinos. Hay una de Abel Pintos, pero no me gusta. Hay una de un grupo de rock progresivo llamado Van der Graaf Generator; parece de letra elaborada. Hay también una del moderno grupo The Shins llamada "Young pilgrims", pero la mención a peregrinos parece solo marginal respecto al tema principal. Y hay otras, seguramente, pero de las que encontré ninguna me ha atraído para completar esta colección. Así, entonces, se cierra la entrada.

martes, 1 de octubre de 2019

Cosas de las fotos

Hace un tiempo pensaba: "La foto de todos sonrientes oculta las peleas y discusiones de una reunión y podría parecer una máscara pero, ¿no es la foto la que refleja la verdadera voluntad, que es que todos quieren estar bien allí juntos, aunque no puedan lograrlo plenamente?"

Las fotos para el niño Orhan Pamuk eran varios cosas. Allí en la casa de su abuela, dónde había muchas enmarcadas y de distintas épocas de la familia y sus miembros, le resultaba raro ver a la persona actuando en el presente y atrás su foto de otro suceso anterior. Pero además decía: “Cada nueva mirada a aquellas fotografías me mostraba la vida real y me enseñaba la importancia de ciertos momentos extraídos de ella, protegidos contra el tiempo y subrayados al colocarlos en un marco”.

De todos modos las fotos le daban también tristeza. Y es triste también su descripción de la felicidad de las reuniones familiares, que de grande supo que oculta llevaba peleas.

Yo asocio las reuniones familiares a la felicidad y, aunque a medida que las familias crecen hay dificultades, en mi experiencia son solo accidentes en un camino de felicidad. Y quizás por eso en mis fotos familiares pueden aparecer, como en el pensamiento del principio, las sonrisas.

Debería agradecer más por esto.

martes, 17 de septiembre de 2019

Alter Mundi - XVII. Meandro de Brian

Foto: La Nación

Imaginemos una aventura de una película argentina. Vienen los chorros huyendo, se meten en la villa 21-24 por la avenida Iriarte y empiezan a correr en sentido sur. Se les acaba el camino y están en un estrecho pasillo por donde discurre una vía de ferrocarril con un puente que se lanza sobre el Riachuelo. Deciden seguir adelante y encaran en puente, de ruinoso aspecto. Unos pocos cientos de metros más adelante están sobre tierra otra vez. Más descampado. El cambio es notorio pero, de golpe, y como si en vez de una película argentina fuera un libro de Marechal, los asalta una duda metafísica: “Cruzamos el Riachuelo pero, ¿realmente dejamos la Ciudad de Buenos Aires?”

Foto: Google Maps

Uno de ellos saca el celular y se fija. Consulta el Google Maps y éste le dice que está en Piñeyro, Avellaneda. Pero el otro también había sacado el celular y le refuta, porque en Wikipedia dice que están en el Meandro de Brian, donde ambas márgenes del Riachuelo pertenecen a la Ciudad de Buenos Aires. ¡Ahijuna!

Foto: Wikipedia

Según dicen, el límite de Buenos Aires con provincia se modificó con la rectificación del Riachuelo, obra de la primera mitad del siglo pasado para evitar las inundaciones que se producían en los meandros del río. Si bien la zona en cuestión (Meandro de Brian) nunca llegó a rectificarse, se dispuso que el límite de la ciudad esté en la línea imaginaria de la rectificación planeada. Entonces la tierra que abarca el meandro estaría dentro de la ciudad de Buenos Aires (y su único acceso desde territorio capitalino sería por las vías del tren).

Foto: Mapa Interactivo de Buenos Aires

A esta altura los alcanzan los policías, que quedan desconcertados, como en una película muda o como en el Chavo del 8. De repente se encuentran discutiendo con los chorros (sobre geografía) y uno de los polis saca el celular y acude al Mapa Interactivo de Buenos Aires. Allí dice que donde están parados pertenece a Piñeyro, Avellaneda. Duda entonces acerca de si tiene autoridad, como policía de la ciudad, para atrapar a los chorros allí. Pero no dice nada, herido e inflamado su sentido de justicia, preso en ese momento de las limitaciones de la organización política.

Viendo la duda en el rostro de su compañero, otro policía saca su propio celular. Va también a Wikipedia. Entonces reclama en voz alta: “¡El Meandro de Brian está oficialmente dentro del catastro de la ciudad de Buenos Aires, forma parte de la manzana 104, de la sección catastral 26 siendo la dirección oficial de la parcela la calle Luna 2101! ¡Alto en nombre de la ley!”

“¡Lo parió!”, dice uno de los chorros y salta un muro y se mete en la cancha del Club Victoriano Arenas. Un policía chequea y ve que el club tiene dirección en Google en la Ciudad de Buenos Aires. Decide llamar por teléfono y en nombre de la policía de la ciudad pide que cierren todas las puertas del club. El chorro llega al rato a una puerta donde lo esperaba el cana. Se deja atrapar pero allí, en la misma puerta, llega a ver un sobre con una factura de un servicio cobrado por la Municipalidad de Avellaneda. Sinceramente consternado, se lo muestra al Policía. El policía duda un instante y el chorro forcejea y se escapa. Entonces corre desesperado buscando la línea imaginaria de rectificación del Riachuelo (y ahí la escena termina con un fade out).

No se sabe qué pasó con los otros chorros, ni cuántos eran, menos aún los policías. Solo se supo que dos días después la Policía Federal encontró a uno de los fugitivos escondido y dormido en un puente que yace apoyado en tierra en la parte angosta de terreno que forma el Meandro de Brian. Dicho puente era el que se iba a utilizar cuando se rectificara el Riachuelo.

Foto: Google Maps

Algunos de los peritos que fueron a identificar cuál sería la línea de rectificación del Riachuelo dijeron que el fugitivo yacía ya en Piñeyro. Pero se llegó a alzar una voz diciendo que debía considerarse su posición relativa en el puente como si el puente estuviera ya colocado sobre el Riachuelo rectificado. Es decir, había que ver en qué mitad del puente se encontraba el chorro, no importando donde estaba el puente. Eso, como se vio enseguida, no tenía sustento. Y acá finaliza el relato, pero les dejo algunos datos más sobre el Meandro de Brian.

Nuestro alter mundi lleva su nombre, según Wikipedia, por la ya desaparecida estación de intercambio de cargas Ingeniero Brian, playón que hoy ocupa la villa 21-24. Según Wikipedia, el nombre de la estación refiere a su vez un ingeniero ferroviario “británico”, que en La Nación nombran como ingeniero civil Santiago Brian. Pero en la página de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la cual Brian fue presidente, dicen que el don era argentino.

Ya para no cargarlos demasiado (tienen enlaces en el texto por todos lados y video aquí) solo decirles que me prendo en un viaje a conocer el meandro. Claro está, no por el lado de la 21-24 sino por el lado de provincia. Tal vez solo sea cuestión de sacar entrada para el próximo partido del Victoriano, que en 2018 ascendió a la C.

Foto: Google Maps

viernes, 13 de septiembre de 2019

Señaladores


Cuando me jubile voy a realizar un emprendimiento relacionado con el diseño de señaladores (na, ni a palos). Si lo hiciera, empezaría con un estudio ingenieril, teniendo en cuenta la importantísima relación del libro con el señalador. Relación que tiene que ver con tamaños, espesores del papel, formas de los mismos y quién sabe cuántas cosas más. No hay que perder de vista que, después de eso, de la adecuación libro-señalador, entrará el gusto del usuario, que puede incluso modificar lo que hasta ese momento se consideraba como la relación ingenierilmente ideal de libro con señalador. Pero habría que avanzar igual.

Y la cosa tiene variantes. Uno puede gustar de un buen señalador firme como señalador principal, que se saca cuando uno lee, pero necesitar otros de menos espesor para ir dejando marcadas anteriores páginas. Como estos otros señaladores no se sacan, deben plegarse con facilidad por la sola presión de la hoja del libro, cosa relacionada estrechamente con el gramaje de dicha hoja.

El uso de más de un señalador es propio del lector que necesita atrapar esas expresiones o reflexiones que considera acertadas o lindas a su entender o gusto. Puede ser propio de lectores que consideran casi como algo sacrílego marcar el libro con un lápiz, o no. Puede haber marcas de lápiz y varios señaladores a la vez. La marca de lápiz, siendo un libro que no es de estudio, es como para que queden registros para un futuro más lejano. El señalador, al contrario, es para ir y volver. Aunque es cierto que muchas veces los señaladores quedan, aun cuando el libro volvió a la biblioteca. Y cumplen una función a largo plazo.

El momento en que uno abre el libro por la parte indicada por el señalador es también muy importante. Eso deriva en el cálculo de la densidad del señalador y de cuánta parte del mismo debe sobresalir del libro. Un libro de hojas muy sensibles, aún cerrado, puede ser dañado al intentar separarlo en las dos mitades que el señalador marca. La separación es de hoja a hoja. Si el señalador es delgado pero firme, y sobresale con holgura, uno hace una especie de suave palanca sin acercar la yema del dedo y dañar las hojas. Alguno podrá decir que la densidad no cuenta, que estoy complicando el asunto, que la densidad está relacionada con el espesor del señalador. Puede ser, pero puede no ser. Para libros gordos de hoja muy delicada, lo ideal es un señalador denso pero lo más delgado posible. Porque si no es muy delgado abulta el libro, tuerce la página (como poner una regla escolar). Y necesito su alta densidad para, como ya dijimos, abrir desde lejos.

Sin embargo hay formas y formas de abrir un libro. Para un libro que se abre y se cierra con alta frecuencia, como los que se leen viajando en transporte público (y uno no está en una posición muy estable o definitiva) muchas veces se utiliza el dedo gordo, barriendo las hojas por el canto, al modo en que uno pasa el dedo gordo cuando mezcla unos mazos de naipes. En ese caso un señalador muy débil, de igual o inferior espesor y densidad que una hoja, pasa desapercibido (en el mal sentido). Pero un señalador correcto produce, en el barrido del dedo gordo, la separación mayor en el lugar donde él se encuentra, abriéndose el libro casi solo. Algo que ayuda muchísimo en la situación ya mencionada.

En general en un señalador son importantes los bordes, nada filosos, para no dañar las páginas que se doblan sobre ellos. Quizás en este punto sea hora de observar bien el ancho del señalador, cubriendo este gran parte de la hoja, también para una mejor palanca. Aunque es sabido por muchos que un señalador extremadamente ancho es muy incómodo (lo han visto, ¿no?).

Los señaladores que agarran la hoja nunca fueron del todo de mi agrado. Se necesita una hoja fuerte y además es incómodo ponerlo y sacarlo. Tengo uno muy apreciado pero que lo uso sin la función agarra hoja. Hablando de eso, en general en mi caso los señaladores se van quedando atrás (es decir, en los libros que se van). No uso señaladores que compre; no uso metálicos, ni tejidos, etc. Salvo en la Biblia, donde trato de tener uno muy lindo. Y entonces los señaladores empiezan con un libro. Si el libro no fue gran cosa es probable que el señalador lo abandone y continúe su vida activa en otro libro. Si, entonces, este otro libro fue bueno, el señalador queda luego allí, muchas veces con otros señaladores secundarios y van juntos a la biblioteca. No es ley, pero pasa. Y es bueno que así sea, sobretodo para los que recibimos muchos señaladores como regalo, muchas veces como pequeñas tarjetas de cumpleaños o con dibujos de los chicos. ¿Dónde poner tantos regalos? Dado este problema, qué bueno que cada uno vaya quedando en un libro.

Y ese es otro tema. Cuando logramos desprendernos de un buen libro que va a ir a la biblioteca con un señalador, ¿en qué parte del libro dejar el señalador? Salvo que haya más de un señalador (es decir, salvo que estén los secundarios), el señalador lo pongo antes del inicio o después del final. Un libro con un señalador por la mitad es un libro que aparenta no haberse terminado. Es triste que haya libros que no se hayan leído enteros.

Cualquier cosa que parezca señalador puede ser un señalador: estampas religiosas, recuerdos como entradas de cine, teatro, recitales musicales, parques nacionales, museos, etcétera, etcétera. Y como ya dije, yo no compro y tiendo a usar regalos familiares o cosas de poca monta. No soy elegante para el señalador (quizás porque no leo libros elegantes). Por decir un ejemplo, en las cajas de sobres de té o mate cocido sin ensobrar suele haber, como separador entre filas, un cartoncito de puntas redondeadas muy agradable. Más lustrado de un lado (aunque no mucho), más rústico del otro. Es un señalador ideal para muchos libros.

Tengo una bolsita con señaladores posibles. Es extraño pero la experiencia hasta el momento es que rara vez se uso esos señaladores. O bien no voy a la bolsa cuando necesito uno, o bien es eso sumado a que cualquier cosa puede ser un señalador, como dijimos. La cuestión es que siempre quedan relegados. La bolsa de los olvidados. El purgatorio de los señaladores. Algunos quizás con razón, porque a veces he tomado uno de allí, no ha prosperado e incluso ha sido reemplazado por otro. Hay uno, por ejemplo, que siempre quise usar de señalador, pero fue algo incómodo hasta ahora en la mayoría de los libros. Imaginen que es un pequeño almanaque, de esos de billetera que se entregaban en los negocios, pero hecho de un plástico o plastificación más gruesa y resistente. Es genial porque es un almanaque 1971 con una foto de un Chevy al dorso. Pero resulta muy grueso a veces. O corto.

Una inquietud me ha llegado repetidamente a través de numerosas cartas de lectores. Por eso dimos forma a la encuesta-test psicológico titulada: “Dime donde dejas el señalador cuando abres el libro y te diré cómo eres”. Los resultados no podemos aún divulgarlos ni podrán saber aquí ustedes cómo ustedes son. Pero sí les daremos algunas opciones de respuesta, para aquellos poco perceptivos que, interesados por la encuesta, no se habían hasta ahora detenido a observar el propio comportamiento. ¿Dónde dejás el señalador cuando empezás a leer? ¿Lo dejas en el mismo libro? Si es afirmativo, ¿lo dejás en la misma hoja en que iniciaste o lo movés hacia la tapa o contratapa para que no moleste? Si no lo dejás en el libro, ¿dónde lo apoyás o colocás? Si es así, ¿te cuesta encontrarlo al momento en que vas a cerrar el libro? Si es así y si no lo encontrás, ¿cerrás sin señalador o utilizás el primer objeto a mano?

El uso del señalador tiene matices de análisis tanto cuando lo sacamos como cuando está en el libro cumpliendo su función. No falta quien ensaya formas originales de colocarlo, por lo general completamente inútiles. Quién no ha sentido más de una vez la necesidad de, una vez, dejarlo transversal y que asome por el costado. Como para marcar el renglón. Pero es una cosa totalmente inservible, al menos para mí. Casi nunca arranco sin tomar un poco de carrera, es decir, retroceder un poco en lo ya leído, aunque sea unos renglones.

He usado como señalador objetos con formas raras. Digamos que planos, pero no rectangulares. Suelen ser incómodos. O muy chicos, o muy grandes. No se quedan fijos cuando uno quiere. Se deslizan o remontan vuelo apenas uno abre el libro.

El transporte del libro con señalador es todo un problema de la logística internacional. Es feo que el señalador se doble. Muy feo. Si el libro se lleva en la mano suele correr menos riesgos, pero ni bien ingresa a un bolso, mochila o sencilla bolsa plástica, el señalador corre peligro de torceduras. Por eso yo lo asomo poco. Aunque esto complique la apertura posterior. Torcido ya, la clásica solución es ponerlo invertido. Aplastando la parte doblada y asomando su otro extremo. Se me ocurre pensar que un señalador algo doblado pero luego “planchado” puede ser interesante. Suma al libro su aspecto de libro utilizado, aprovechado.

Algunos libros vienen con una solapa en la tapa. A pesar de que me gusten los señaladores, lo cierto es que no busco uno antes de empezar un nuevo libro. Y entonces cuando sé que el libro me ha atrapado y tengo que frenar la lectura, es normal recurrir a aquella solapa. Pero no me tengo permitido el uso de esa solapa más allá de las primeras hojas. No muchas más de cuatro o cinco. Después ya no entran, se curvan, queda horrible. Me alegra que me gusten tanto los libros que los empiece sin pensar en nada, sin ser tan previsor u organizado como puedo ser. Y es incómoda la situación ya descripta: haber empezado y tener que detenerse por primera vez sin un señalador a mano, a veces ni siquiera esa solapa. Pero aún así, bien vale la sensación de empezar un libro sin recaudos, encontrarlo de casualidad, quedar atrapado. La solución es bien conocida por los lectores: se coloca un lápiz, un libro pequeño, un libro abierto en sentido opuesto, una servilleta de papel, un pedazo de otros tipos de papeles, incluso los dedicados a los menesteres más íntimos. Es solo un instante, mientras se va a buscar el señalador.

¿Escribir en el señalador? No es raro. No consulten. Cuando uno tiene una frase que lo ha dejado “pum”, emocionado, a veces la escribe. Yo qué sé, nunca lo escribí en el señalador pero sin duda cosas como: “Hombre dado al silencio como a un vino precioso” (Marechal), o “Da lo que mandas y manda lo que quieras” (San Agustín), impactan. Puede uno, por otro lado, escribir ideas propias. Eso está muy bien también, cómo no.

Y vamos cerrando. En la foto, el señalador del Chevy probando suerte en el Estambul de Orhan Pamuk. Mientras yo pruebo suerte con Pamuk y su traductor y su fea edición de Mondadori de 23 por 14 centímetros y tapa blanda.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

Árboles paganos, primavera de fe

Estos árboles como paganos de Faulkner me hicieron acordar, por oposición, a la primavera en que Adán Buenosayres dejaba este mundo:

Los árboles estaban quietos, incorpóreos e inmóviles como reflejos, pues el viento había amainado; a la espera del invierno y de la muerte, como paganos indiferentes a los rumores de inmortalidad”.
(William Faulkner, Relatos, Relatos inéditos, Adolescencia)

La primavera reía sobre las tumbas, cantaba en el buche de los pájaros, ardía en los retoños vegetales, proclamaba entre cruces y epitafios su jubilosa incredulidad acerca de la muerte”.
(Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres, Prólogo)

viernes, 30 de agosto de 2019

Don't pity the fool (corregida)

Hay una canción, un soul blues dice la enciclopedia, que se llama "I pity the fool". Su autor no es tan conocido como su primer intérprete, que aún así no es tan conocido como su talento mereciera (he’s underrated, dicen ahora). Se llamaba Bobby Bland y la verdad es que tanto él como los músicos hacían en esta canción una interpretación genial. En el tema el protagonista se compadece de los tontos que se entregarán enamorados a una fulana (su ex, por lo visto) y a quienes ella (sin duda) engañará también:
I pity the fool | That falls in love with you | And expects you to be true”.



Recordé casi inmediatamente esta canción, que yo conocía por la Tedeschi Trucks Band, cuando escuché una canción mucho más nueva, que hizo la portuguesa Luisa Sobral. Y es que ella dice en la canción:
"Don't pity me | love was made for fools".

Parece justamente lo opuesto. En esta canción, llamada “Déjà vu”, la protagonista se vuelve a meter en un amor en que ya falló y que sabe que va a terminar mal, pero que parece no poder evitar, o no importarle. Y le dice a él (o a quien escuche) justamente eso: "Don't pity me | love was made for fools".



Y yo la agarré por el lado heroico. Porque si bien hay una necedad en quien insiste con algo que se ve que no funcionará, ¡qué difícil puede ser darse cuenta! El amor es así, es algo que pareciera a veces cosa de gente poco sensata. Es una entrega en el que a uno lo pueden herir, una confianza que puede ser traicionada. Y hay cierto orgullo en el tono de la canción. No me tengas lástima. Soy un tonto, pero es por amor.

Hasta aquí el tema principal de la entrada. A continuación algunas curiosidades.

Si uno va al mundo Google y pregunta por "I pity the fool", todo es Mr. T y su catch phrase de Rocky III: "No, I don't hate Balboa, but I pity the fool". En un video el actor explica que acuñó esa frase basado en la Biblia. Porque en muchos pasajes bíblicos hay personas que piden piedad y en muchos otros hay quienes dicen que hicieron cosas tontas. Entonces él los juntó, dice, y registró la frase. Pero la canción “I pity the fool” es más antigua que la película, y me sorprende que nadie destaque eso. Yo, por lo pronto, ya lo hice.

Y ya cerrando, quizás convenga hablar algo sobre el título de la canción de Luisa Sobral, “Déjà vu”. Es que el otro día el candidato Fernández asoció la crisis actual a la crisis del 2001 mediante un efecto déjà vu. Y creo que le pifió. Porque un déjà vu sería como “el recuerdo de algo que no pasó”, esa sensación que “yo estoy lo viví antes”, pero en realidad nunca pasó. Y como en 2001 hubo una crisis según él similar, lo que sucede ahora es que se reviven o recuerdan esos momentos, existentes sí en el pasado.

Y Luisa Sobral, ¿lo usa bien? Ella, que se entrega de nuevo al mismo amor que le falló, dice que ve en él una mirada de déjà vu. Pero, de nuevo, si eso ya pasó, la experiencia de él solo sería literalmente algo déjà vu (en francés: algo ya visto), pero no el tipo de paramnesia del reconocimiento llamada déjà vu y que, como dijimos, podría ser explicado como “el recuerdo de algo que no pasó”.

jueves, 29 de agosto de 2019

Cumple de quince

Hoy cumple quince el blog.

En el baile nos moveremos al ritmo del siguiente cover de Pomplamoose (lo importante es seguir los pasos de Jack Conte, el pelado barbudo de la izquierda, sobretodo a eso de los dos minutos del tema):



Para el momento de la reflexión, estos típicos pensamientos: ¿Qué es el blog a esta altura? ¿Tiene realmente quince años? ¿Vive aún? Algún lector cada tanto pasa. Algún comentario tuve por ahí este año. Un like cuando enlacé un post en Facebook. Así que no se puede declarar muerto del todo…

En las charlas intelectuales de sillón desmenuzaremos unas canciones de los Oh Hellos...

En el video de la segunda canción alguien comentó (sic):
- Is the horse the angel of death? I sort of like that idea that spirits are animals. They talk about this horse In another song.

Y respondieron varios (sic):
- I think those represent the horsemen of the apocalypse.
- im fairly certain the horse is the one that carries death. and the rider is now missing due to Jesus conquering death.
- That’s how I take it.

Entonces yo dije:
- So the "where is your rider" question could be a sort of "death, where is your sting"?

Y me respondieron:
- I think it’s meant to be taken exactly like that, yes.


Pale white horse
Down they fell like the children of Eden
Down they fell like the tower
As the land relinquished her ghost
Heed the sirens, take shelter, my lover
Flee the fire that devours
But the sight held me fixed
Like a bayonet against my throat
Neither plague or famine tempered my courage
Nor did raids make me cower
But his translucent skin
Made me shiver deep within my bones
It was a pale white horse
With a crooked smile
And I knew it was my time
It was the raging storm
Of a foreign war
And a face I'd seen before


Where is your rider?
Was it you 'mid the fire and the ember?
Were you there to bedevil and beguile?
See, your face wasn't quite as I remember
But I know that wicked shape to your smile
Bury me as it pleases you, lover
At sea, or deep within the catacomb
But these bones never rested while living
So how can they stand to languish in repose?
He has thrown down the cavalry as gravel sinks
And as the stone founders underneath the sundered sea of red and reed
The shadow of Hades is fading
For he has cast down leviathan, the tyrant, and the horse and rider
Where is your rider?
He will hold with all of his might the armies of night,
Still as boulders laid to the side 'til we pass by
He has hoisted out of the mire every child
So lift your voice with timbrel and lyre
"We will abide, we will abide, we will abide"

Y finalmente llegamos al momento de la torta, con los deseos de que cumpla muchos más…

(En el día de Nuestra Señora de la Guardia)

domingo, 21 de julio de 2019

Luna de buenos y malos

La luna de la montaña
ilumina también
a los ladrones de flores.
(Matsuo Bashô)

Encontré este haiku en un juego de cartas y lo primero que pensé fue en el sol que sale sobre buenos y malos. Porque la palabra también me hizo pensar que lo otro que no eran los ladrones de flores eran, no sé, "no ladrones", digamos. Luego, por algo que leí, pensé que lo otro (a lo cual venía a contraponerse "también los ladrones de flores") eran justamente las mismas flores. La luna ilumina a las flores y también a los ladrones de flores. Lo cual sería lo más simple si hubiera que encontrar algún significado.

Había pensado si la luna no era el beneficio otorgado por un Dios, como el sol bíblico, que sale sobre buenos y malos (en este caso para aquellos que la necesitan para caminar y para aquellos que la usan para robar). Luego pensé si no era una especie de iluminación en el entendimiento de la realidad, que nos hacía ver las dos cosas, lo bueno y lo malo (las flores, pero también sus ladrones). Pero, por lo que también leí, los haikus no expondrían enseñanzas o razonamientos, sino que serían sólo una contemplación de lo visible.

Quizás la idea de una luna de montaña iluminando buenos y malos se me metió sola en la cabeza por culpa de estos versos, con resonancias de frases bíblicas...

While the weary nations weep
Awakening me from a dream
I see the moonlight steal across my sheets
My love is lying fast asleep
Chasing its beams
She stirs, and then she turns her back to me

The clouds overhead open up
For the wicked and just all the same
And lay low the hills, so to fill
Every valley below to the brim

But like the sun that turns the sky
Illuminating all, in time
The tables in the temple will be turned on their side
And just as it scorches up the dunes
Beneath the height of noon
The pillars of the empire will be burned, in kind

And by the holy rock I stand
As blessed as the sacred ram
I see the trail of shoulders I've climbed over, but
By god, I'll bloody up my hands
With everything I am
To cut away the mountains I've made
And fill the dales below

(The Oh Hellos, O sleeper)

viernes, 19 de julio de 2019

The Oh Hellos

No saldrán indiferentes si se detienen un poco a escuchar a los Oh Hellos de San Marcos, Texas. Son mis nuevos favoritos.

Like the dawn

I was sleeping in the garden when I saw you first
He'd put me deep, deep under so that he could work
And like the dawn you broke the dark and my whole earth shook
I was sleeping in the garden when I saw you

At last, at last
Bones of my bones and flesh of my flesh, at last

You were the brightest shade of sun I had ever seen
Your skin was gilded with the gold of the richest kings
And like the dawn you woke the world inside of me
You were the brightest shade of sun when I saw you

And you will surely be the death of me
But how could I have known?

 

Es buen momento para el Tiny Desk:



Lay me down

Fire and brimstone fell upon my ears
As their throats of open graves recited fear
Like the bullets of a gun they drove my tears
And my feet to run the hell out of here

See, I was born a restless, wayward child
I could hear the whole world calling me outside
Of the masses I routinely sat behind
And Lord, I had to see with my own eyes

Take me home
I want to go
Down the road that will take me
To the living oak
And Lord, I know
That I'm a weathered stone
But I owe it to my brothers
To carry them home

Take me home
I want to go
Down the road that will take me
To the living oak
And Lord, I know
It's a heavy load
But we'll carry our brothers
Oh, we'll carry them home

And oh, there is no power on Earth or below
That could ever break our hearts or shake our souls
And when you lay me down, you'll only bury bones
'cause oh, my heart and soul are going home



New River

It took forever and a day for the canyons and coasts to erode away
By the weight of the ocean's cyclical motion they swayed

And though the eons may pass as slow as the sands of an hourglass
Every grain that we've counted
claims that even the mountains can change

Let it come down, let it come down
Let it make in you a new river

I know the winds from the south have
the waves riled up like a hungry mouth
And your stomach goes hollow at the
thought that it could swallow you whole

Well, it'll rain for forty days and nights,
and nothing you do can slow the rising tides
But the river takes her shape from every tempest she abides
And like her, you'll be made new again

Let it come down, let it come down
Let it make in you a new river



Soldier, Poet, King

There will come a soldier
Who carries a mighty sword
He will tear your city down,
o lei o lai o lord

O lei, o lai, o lei, o lord
He will tear your city down, o lei o lai o lord

There will come a poet
Whose weapon is his word
He will slay you with his tongue,
o lei o lai o lord

O lei, o lai, o lei, o lord
He will slay you with his tongue, o lei o lai o lord

There will come a ruler
Whose brow is laid in thorn
Smeared with oil like David's boy,
o lei o lai o lord

O lei, o lai, o lei, o lord
Smeared with oil like David's boy, o lei o lai o lord

O lei, o lai, o lei, o lord
He will tear your city down, o lei o lai



Eurus

Spinning that stone uphill again
Like atonement for a bygone sin
Under the weight of it, my bones
Cracking like a dry branch in a westward wind

But Zeus and his pantheon of kin
Take the first nine out of every ten
Minas, like lightning changing hands
It all returns back to his pockets, in the end

You can't take any gold or rings further than the grave
Nothing we make can we bring
But still the bait hanging from the string is calling my name
And like the wind it slips again
Out of my fingers

As Fortuna sits idly by
I spin her wheel with all my might
Crushing my kin for warring-wage
Minted from the ivory of your tooth and eye

Under the table where she dines
I sit hungry with my mouth foamed white
Fighting for crumbs that trickle down
As she finishes her cake, then takes a bite from mine

You can't take any gold or rings further than the grave
Nothing we make can we bring
But still the bait hanging from the string is calling my name
And like the wind it slips again
Out of my fingers



Merece verse toda esta presentación:



Y esta también:

lunes, 17 de junio de 2019

Días de junio

[ACTUALIZACIÓN 21/06/2019: Ver al final]

En la Vélez Sarsfield de Munro, en una librería de usados, había una edición de 1946 de Sopena de "Quintin Durward", de Walter Scott, a 15 pesos. Impreso y editado en Argentina, cuando mi mamá tenía 7 años y mi papá todavía no había venido a Buenos Aires, pues tenía 11. La segunda guerra mundial había terminado un año antes y como en libro se imprimió en septiembre, los argentinos recién estaban estrenando a Perón. Dependiendo de cuál de las referencias históricas uno elija el libro puede o no parecer muy viejo. No me resulta viejo si pienso que podrían haberlo tenido mis padres en su niñez. Sí me resulta viejo si pienso en la segunda guerra mundial. El libro tiene esas hojas amarillentas ásperas y una impresión a doble columna poco atractiva, pero ha logrado atraparme. Fue como un rescate que hice de él entre las cosas totalmente irrelevantes entre las que se hallaba. Y solo valdría más que su rara compañía (cuyos nombres ahora no recuerdo) por tener esas introducciones históricas tan interesantes que se ve que hacía Walter Scott (lo digo por haber leído el principio de Ivanhoe y ahora este). Es una forma agradable de aprender historia, una historia que no hubiera ido a leer a otro lado. La tapa es realmente fea y en el canto ya se despegó del interior. Pero aún así es un libro agradable de tener entre manos. El olor y la tipografía son, como diría un youtuber español cuyos videos ven los chicos, muy satisfactorios. Escribo esto mientras voy y vengo del libro porque por alguna razón, no puedo leer mucho seguido, aunque libro me guste. Alguna vez pensé que era una especie de ansiedad. Lo cierto es que es una rara sensación y por mucho tiempo la vengo analizando porque me disgusta. Aunque lo cierto quizás sea que el libro no me atrapa del todo, porque hace poco leí "El mendigo alegre" de Luis de Wohl y tuve esa sensación que hace mucho no tenía: querer seguir leyendo en cualquier momento o lugar, no necesitar un clima especial, recordar todo de forma que no tengo que ir para atrás si continúo con la lectura después de una larga detención, etcétera. O quizás sea solo la necesidad de frenar mientras me siento bien para poder escribir sobre lo bien que me siento. No estoy seguro de si eso es bueno, malo, algo que hay que moderar, o solo dejar ser.
En el sillón hace rato, espero que traigan a G. de un cumpleaños. Es en San Fernando, el río estaba muy crecido y había agua hasta en la esquina de la casa donde festejan. G. ya debe tener sueño. El resto de los de la casa no creo que la reciban ya despiertos.
Cambio de día. Sería fantástico que sonara el reloj o campana de alguna torre.

*

Lunes 17 de junio. Feriado de Güemes. La historia de Quintin Durward se ha hecho muy interesante en estos dos días. Hoy despedimos a Juan Carlos. ¡Quién iba a decir que en junio de 2019 estaríamos con Teresa y Luis tomando un café con leche en una confitería de Chacarita! Este fin de semana no salió el sol y no paró de llover. Estamos entrenados, no sé... como para un viaje a Londres. Mientras, ¿qué quieren escuchar? Tengo una especie de góspel hecho por David Byrne y Brian Eno o una genial versión del clásico brasilero Asa Branca interpretado por Sílvia Pérez Cruz y sus secuaces de cuerdas.

"Even though a man is made of clay
Everything can change..."





[ACTUALIZACIÓN 21/06/2019: Cuando pensé que terminaba el libro me di cuenta que terminaba la primera parte. Parecía un final algo abrupto, pero el índice no decía nada. El dato solo estaba en la hoja del título y no lo vi. Tampoco lo veía al abrir y cerrar el libro. No me di cuenta que una estrellita pequeña en portada y otra en el canto lo indicaban. Y lo terminé la noche antes del feriado, con lo cual quedé un día en suspenso. Por suerte hoy pude volver a la librería y la segunda parte estaba allí, cosa que podía fallar, por ser un recontra viejo libro del cajón de 15 pesos. Pero entonces debo corregirme: Quentin Durward, de Walter Scott, edición Losada de 1946, cuando mi mamá tenía 7 años y mi papá 11, me salió 30 pesos].