martes, 16 de mayo de 2006

Status viatoris XIV

Dos para el camino:

El hombre se encuentra en la vida presente como en un camino por el que ha de marchar hacia su patria. En este camino le amenazan muchos peligros, tanto interiores como exteriores, según aquello del Sal 141,4: En la senda por donde voy me han escondido una trampa. Por eso, así como a los que van por caminos inseguros se les pone guardias, así también a cada uno de los hombres, mientras camina por este mundo, se le da un ángel que le guarde. Pero cuando haya llegado al término de este camino, ya no tendrá ángel custodio, sino que tendrá en el cielo un ángel que con él reine, o en el infierno un demonio que le torture.

El Señor quiere que no pasemos ningún tiempo sin acudir a El, con la intención de perdonar. Por ello nos mandó reconciliarnos con nuestro enemigo en el camino de la vida, no sea que al tiempo de la muerte nos vayamos sin terminar la paz comenzada. Por ello dice: "Acomódate luego con tu contrario mientras que estás con él en el camino, no sea que tu contrario te entregue al juez".
Catena Aurea; San Hilario in Matthaeum, 4. Ref. al pasaje Lc 5, 25-26.

1 comentario:

Eduardo Mangiarotti dijo...

Muy bueno... en un comentario a los salmos, cuando comenta los que son llamados "de peregrinación" como el 121, dice algo que me quedó grabado: "Una de las características del camino es tener algunas de las propiedades de la meta". El camino nos va regalando un anticipo de la llegada, y la intuición de que estamos yendo por la senda correcta, así como la presencia creciente de piedras nos dice que la montaña no está lejos o la arena que se empieza a colar en los zapatos habla de la cercanía del mar...