martes, 14 de septiembre de 2004

Las cosas son a la noche

"Mi verdad está en pedazos y no puedo considerarlos más que uno tras otro. Si estoy vivo, esperaré la noche para reflexionar. La noche bien amada. Por la noche, la razón duerme y las cosas son, simplemente. Las que verdaderamente importan recobran su forma, sobreviven a las destrucciones de los análisis del día. El hombre reconstruye sus pedazos y vuelve a ser un árbol tranquilo."
Piloto de Guerra, Antoine de Saint-Exupéry, Cap. I.
¡Cuántas cuestiones difíciles fueron consideradas por la noche y se tomó una resolución valiente y decidida, seguros de que era auténtica, original, valiosa, bella! ¡Y cuántas veces al amanecer del día siguiente todo dejaba de estar tan claro y parecía una locura poder realizar lo meditado la noche anterior!
Hasta conocer el texto de Saint-Exupéry, yo consideraba a mis resoluciones de esas noches como ideas generadas en una especie de embriaguez de trasnochador. Había llegado incluso a plantearme que no debía hacer caso de esas resoluciones, ya que seguramente yo no era plenamente consciente cuando las tomaba (todo se comprobaba a la mañana siguiente).
Pero ahora dudo. Quizás eran las ideas más transparentes, y la mañana las destruía con su lógica opaca...
Hmm... quizás no. Quizás Saint-Exupéry se refería a otra cosa.
Somos hijos de la luz; algo aún me hace desconfiar de las fuerzas de la noche. En definitiva, es probable que la noche engañe. Pero lo que Saint-Exupéry descubre en la noche es lo que la noche tiene de bueno por ser descanso, final del día. Quizás hubiera sido menos engañoso para mí que la hubiera llamado "atardecer". Y así tendría su expresión una fuerza mayor, una analogía con la vida: la sabiduría a la que llegamos cuando la vida transita su último crepúsculo.

lunes, 13 de septiembre de 2004

El boletero-paloma otra vez

El otro día lo volví a ver. El boletero-paloma es una paloma canchera. No vuela, es de esas que se apartan empezando con pasos rápidos y termina con pasos lentos cuando ya calcularon que están fuera del peligro. Así hizo el boletero-paloma cuando el semáforo se puso verde.

viernes, 10 de septiembre de 2004

El boletero-paloma

Rascándose el portamonedas, dando pasos sin ritmo fijo, girando o avanzando, arrojando papelitos abollados (quizás algún boleto sin dueño), caminaba por Lacroze y Corrientes. Un semáforo despejaba el asfalto de autos-caminantes y colectivos-caminantes, y ya tenía su propia plaza el boletero-paloma. Mientras el colectivo no venía, él paseaba por la calle. Y a mí, evocando caminatas por Plaza de Mayo en las que me abría camino entre las palomas, me era fácil imaginar el semáforo poniéndose verde, los autos-caminantes pasando y el boletero-paloma remontando vuelo con sus brazos-alas, para no ser pisado.

jueves, 9 de septiembre de 2004

¿Entienden mal o escapan?


"Se desperezó lentamente, y los elásticos volvieron a gemir su de profundis. En la calle Monte Egmont arreciaba el escándalo de varones y hembras que, como Lucio Negri, sólo entendían el sentido literal de las cosas y se daban enteros a la ilusión de una realidad tan cambiante como sus horas y tan efímera como sus gritos, moscardones ebrios ya con el néctar de aquel día, mugrientos de sudor y de polen, zumbantes y golosos bajo un sol que también se pondría como ellos."

"El mundo nos despierta y al oído
nos confiesa el afán de cada cosa
por empujar la puerta misteriosa
y escapar de la muerte y del olvido"


El primero es un fragmento de Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal.
El segundo es un fragmento de El Ruiseñor, de Francisco Bernárdez.
La relación entre los dos textos la hace cada uno en su mente. Los hombres que muchas veces nos damos "enteros a la ilusión de una realidad tan cambiante..." quizás no estamos sino intentando escapar a la muerte y al olvido.
Por ahora nada más; creo que Saint-Exupéry podría aportar algo, pero no tengo material fácilmente disponible en este momento. (Ver libro Piloto de Guerra).

miércoles, 8 de septiembre de 2004

Mi pobre realidad y mi santo ideal

Escribía el 12 de julio de este año:
Se necesita la dimensión religiosa. Y bien entendida.
Se necesita que filtremos todo nuestro accionar, incluso el que parece más alejado de la religión, a través de las palabras de Jesús.
Nada nuevo. Nada más vigente, sin embargo. Ayer mismo domingo, en el Encuentro más importante de cada semana, lo volvimos a escuchar, y nos sigue obligando.
Y agregaba ayer:
No debemos esquivar la inquietud (estará siempre presente) generada en cada momento de nuestra vida por la tensión entre lo que podemos hacer y lo que debiéramos hacer si queremos ser fieles a lo que creemos (se podría acotar: si fuéramos realmente fieles a lo que creemos, "lo que debiéramos" no sería otra cosa que "lo que quisiéramos").
Hay muchas situaciones de mundo en las que lo que nos enseñaron se torna difícil de llevar a cabo. Nos cuestionamos entonces: ¿esta enseñanza quería efectivamente decir eso? ¿Cómo hacerlo acá y ahora? ¿Cómo poner la otra mejilla? ¿Cómo perdonar al que me ofende? Y muchas veces las respuestas que nos damos pueden ser: "en este caso no se puede realizar" o "no es eso lo que quiere decir la enseñanza, no leamos literalmente".
Esas respuestas pueden tener algo de verdad. Es muy probable que necesitemos la ayuda de un caminante más avanzado en el camino de la fe para que nos siga enseñando en mayor profundidad la palabra de Dios. Pero también esas respuestas pueden ser engaños que nos hacemos a nosotros mismos. Tenemos que recordar que lo que Jesús nos pide es ambicioso. No hay que negar que si bien su yugo es suave y su carga ligera, se entra por la puerta estrecha y se entra de su mano. Estamos entonces llamados a cosas grandes, a ser perfectos. Y esa perfección nos la propone la Palabra de Dios, la cual no es de este mundo, y por eso va contra la corriente de este mundo.
El camino está trazado, la enseñanza está dada y no hace falta ser un sabio para comprenderla (sino precisamente todo lo contrario). Estamos llamados a ser santos. La enseñanza es exigente. Que no la podamos cumplir de inmediato (que no es otra cosa que no poder dejar que Él actúe, falta de fe) no quiere decir que la enseñanza deje de tener valor, ni quiere decir que en algunos casos no haya que intentar aplicarla, ni quiere decir que estamos leyendo literalmente y por eso interpretándola mal.
Jesús nos pide amar al enemigo, Jesús nos pide poner la otra mejilla, Jesús nos pedía nuevamente este domingo dejar todo y seguirlo. Y para mí "dejar todo" aún puede ser "no darle excesiva importancia a las cosas de acá", pero para otro más avanzado en la fe, o con otra vocación, ya puede ser literalmente dejar todo. Y para nosotros los laicos "inmersos en el mundo" quizás nunca pueda ser dejar todo, o quizás sí, pero será cada vez más algo parecido a eso. (Nota para pensar en otro post: ¿qué es todo?).
Seamos capaces de dejar la meta ahí donde está, para que nos siga exigiendo llegar a ella. No temamos el diario enfrentamiento entre mi pobre realidad y mi santo ideal. Entre lo que podemos hacer y lo que debemos, o mejor dicho, queremos hacer.

martes, 7 de septiembre de 2004

Pan, sufrimiento y el inquisidor de Dostoievski

Por el mes de abril de este pasado había hecho este escrito que viene bien como post. Como siempre, las reflexiones sobre la Palabra son sólo personales y quién sabe cuán equivocadas.
La gente diciendo "éste es el profeta que debe venir al mundo", después de la multiplicación de los panes, ¿esconde un deseo terrenal imperfecto? ¿Es la manifestación del deseo de encontrar a alguien que les de alimento y, en definitiva, solución a los problemas? Y bueno, Jesús se retiró, porque querían proclamarlo rey (de este mundo). O sea que "algo de eso había".
Supongo que es normal (y no "culposo" de por sí) sentir el deseo de querer que alguien venga y solucione nuestros problemas. Pero Jesús mostró que ese no era el camino, que Él no podía venir, anular nuestra libertad y solucionar nuestros problemas de una vez para siempre. Y fue tentado, y en el desierto dijo que "no sólo de pan vive el hombre". Y nos dejó una tarea ambiciosa, pero con la certeza de que es la que vale. Una tarea imposible para todos nosotros solos, pero posible si nos ayuda Él. No podemos renunciar a nuestra libertad, y sufriremos por eso. Pero lo más grande de todo: lo dijo y luego no se fue. Nos acompañó. Pasó por la misma "prueba". En el desierto y en la cruz. Como "certificando" que así debe ser. Sufrió con nosotros. Y más que nosotros, porque Él fue (y es) justo, sin culpa alguna. El misterio es insondable, pero acá está Él para acompañarnos.
Todo surgió con la lectura del Evangelio de hoy (Jn. 6,1-15) y el recuerdo del relato del Gran Inquisidor en Los Hermanos Karamázov, de Dostoievski. Y este último se preguntaba qué sería de los que no pertenecen al pequeño grupo de los elegidos que pueden afrontar su libertad. De los que entregan su voluntad a alguien o algo de esta tierra. Bueno, pues creo que Dios conoce hasta dónde podemos llegar, hasta dónde somos "culpables", y se nos "juzgará" en consecuencia.

lunes, 6 de septiembre de 2004

¿Jesús escandaliza?

Los posts que surjan de la lectura de la Palabra no son más que reflexiones personales.

Lc 6, 6-11
[¿Está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?]

¿Jesús escandaliza? Yo me imagino que escandalizar puede ser bueno o malo (o utilicemos dos palabras distintas). Malo cuando es por una curiosidad desmedida o por desorden del placer o por ira descontrolada. Pero bueno cuando hay autoridad para enseñar y cuando hay un bien superior que defender y para ello hay que "sacudir" un poco las estructuras.

Otros discutirán acerca de qué necesidad tenía Jesús de curar a ese hombre en ese momento. Y esas son personas "muy atrevidas", por cierto. Pero no todos ellos pecan con plena intención al atreverse a juzgar, como criaturas redimidas, el accionar del Redentor. Muchos esconden en ese juicio su forma de tratar de entender. Yo no debo ni puedo discutir acerca del accionar de Jesús. Sí tratar de entenderlo, pero debo aprender mucho antes. Me imagino miles de cosas que hay que conocer para poder reflexionar o simplemente entender esa situación. Sólo imagino que Jesús sabe cómo enseñar (dónde y cuándo) y que la opción que Jesús presenta: "salvar una vida o perderla", puede haber sido excluyente de tal manera (si no la salvo, la pierdo) que sólo en ese momento se podría haber intervenido de manera tal de salvar a ese hombre (ya que la curación podría haber significado mucho más que la curación de un mal físico, por su esencia o por sus consecuencias).

Pero la Palabra es inmensamente más grande que cualquier reflexión.

viernes, 3 de septiembre de 2004

Problemas eternos y cuestiones prácticas


"Iván es un hombre de alma agitada. Tiene la mente cautiva de un gran pensamiento, todavía sin aclarar. El no es de los que necesitan millones, sino poner en claro su pensamiento."
Alexiéi Karamázov en Los Hermanos Karamázov, de Fiódor M. Dostoievski.
"Allá otros con sus preocupaciones; nosotros, los boquirrubios, hemos de ocuparnos de lo nuestro; nosotros ante todo hemos de resolver los problemas eternos, ésta es la preocupación nuestra. La joven Rusia, toda ella, sólo se ocupa ahora de los problemas eternos, no discute de otra cosa. Precisamente en la actualidad, cuando todos los viejos, de pronto, se han metido en la cabeza que han de estudiar cuestiones prácticas."
Iván Karamázov en la misma obra.

jueves, 2 de septiembre de 2004

Derechos y zurdos con Descartes


Hay dos zurdos y hay dos derechos.
Hay un zurdo que puede ser malo: cuando es escéptico, cuando es violento.
Hay un zurdo que puede ser bueno: cuando es sensible, cuando tiene ideales.
Hay uno de derecha que puede ser malo: cuando es individualista, cuando es materialista.
Hay uno de derecha que puede ser bueno: cuando es optimista, cuando es de acción.
Inspirado, en cuanto a su forma, de una serie de posts del blog Ens, que hablan de dos izquierdas y dos derechas. Inspirado, en cuanto a su contenido, de... ¡puf, de tantas cosas!
Y se puede, y es necesario, ampliar un poco más las descripciones de cada uno de los tipos.
Luego podemos pasar a la siguiente etapa. Con paciencia.
Podríamos, fieles a nuestra tradición ingenieril, trazar unos ejes cartesianos de abscisas y ordenadas. Sólo en su "sector positivo", digamos. En abscisas el nivel de derechismo y en ordenadas el nivel de izquierdismo. O viceversa. ¿La escala? Sólo dos valores por eje: bueno y malo. Pero como las cosas no son así ("blanco o negro"), ambos valores son en realidad un rango, una porción de eje. Desde el origen hasta tanto más allá, por las abscisas, un tramo es del derecho malo, y otro tramo a continuación es del derecho bueno. Análogamente por las ordenadas con los zurdos. O viceversa: unos por un eje, otros por otros; aunque me gustaría conservar la maldad cerca del origen de coordenadas (así los puntos de coordenadas "derecho bueno-zurdo bueno", o "zurdo bueno-derecho bueno", se encontrarán más "elevados" en un gráfico tradicional, hoja en posición vertical). Y así podríamos tener cuatro zonas, una zona de puntos de coordenadas ambas malas, dos zonas de puntos de coordenadas buena-mala, y una zona de puntos de coordenadas ambas buenas.
¿Y esto para qué? Bueno, para poder ir pensando en las personas con las que discutimos e ir ubicándolas en alguna de estas zonas, y más o menos cerca del límite con otras.
¿Y la viga en el propio ojo? Este ejercicio que hice no es para juzgar a nadie.
Esto se me ocurrió que puede servir, al contrario, para ampliar nuestra capacidad de considerar y dialogar con los demás. Solemos encasillar: "ah, este dijo tal cosa porque es zurdo", o: "ja, hizo eso porque es ultraderechista"; y no nos ponemos a discutir las ideas sino a descalificar al emisor. Para liberarnos de ese nefasto prejuicio, y si aún no podemos desterrarlo del todo, este ejercicio es como que lo afloja un poco; agranda las casillas en las que encasillamos a los demás.

miércoles, 1 de septiembre de 2004

Cuento


El colectivo iba muy lento, arrancaba y frenaba en todos los semáforos. Me dormí.
Me desperté en otro lugar, pero no lo reconocí. Mucho más descampado, tenía algo de varios lugares, pero todo de ninguno. Algo de los chalets de Ranelagh, algún otro algo de las callecitas tranquilas de Acassuso, otro poco de otro algo de la ribera de Puerto Madero.
Miré mi boleto y era del 174. ¡Ciento setenta y cuatro! ¿Ciento setenta y cuatro? ¿Qué bondi es ese que no está en la filcar? Una vez un remisero me dijo: "el 174 me traía desde Caballito hasta acá"; estabamos en la zona de Punta Chica. Y ¿ahora yo dónde estaba? Este debería ser uno de esos lugares en los que yo estaba por primera vez. Pero era como un anticipo de que sería uno de esos lugares en que pasaste cuando eras chico sin saber dónde era que estabas y luego ya de grande lo conocés... lo conocés, ¡bah!, sabés qué lugar ocupa en el plano, si eso es conocerlo. Y esas cosas quizás ya no te pasan más cuando sos grande, cuando sos grande siempre sabés a dónde vas. Antes de ir mirás la guía, o mirás el plano, estudias bien el camino y las formas de ir y volver. Una vez, sin embargo, me pasó de grande.
Yo había ido con no sé quién a una fiesta en el club Banco Nación, en Benavidez si ahora no recuerdo mal, pero yo no tenía idea dónde estaba, ya que me habían llevado en auto y no me había interesado o no había podido mirar guías o planos (raro, es cierto, pero fue hace unos 8 años más o menos, yo tendría 21 años y quizás aún no tenía el interés tan desarrollado por las guías y los planos).
Solía aburrirme en esas fiestas y esa no fue una excepción. Y cuando me aburro de esas fiestas me voy, sin avisar a nadie me voy. Pero ¿cómo volver de ahí? Pensaba que estábamos "lejos-lejos", pero vi que pasaba el colectivo 60, a esas horas de la noche cada media o una hora más o menos. Algo, sin embargo, antes de ver el 60, me había hecho pensar que tan alejados no estábamos, porque de alguna forma intuía que podía volverme solo. O era sólo ignorancia, o una especie de inocencia, en un inconsciente pensamiento: "¿por qué no voy a poder volver de alguna forma?".
Como se dice ahora: "la cuestión es que" me tomé el 60 y me dije: en algún momento llegaré a Plaza Italia (algo pasó también con el chofer, que no nos entendimos con lo de Plaza Italia porque se ve que por la zona hay otra Plaza Italia). La cuestión es que hice un recorrido larguísimo; lo observé un poco al principio, pasando por calles como rutas, puentes sobre ríos y otros paisajes, luego me dormí y no recuerdo como terminó el viaje, pero sé que bien. Años más tarde, revisando guías y planos, conociendo más acerca de la línea 60 ya que me mudé al norte, di con un lugar que podría ser sin duda ese dónde yo había estado. De hecho, si no me equivoco, es el Club Banco Nación en Benavidez, de dónde me debo haber tomado un 60 cartel R9 (o el que va a Rincón de Milberg, aunque creo que ese termina ahí mismo); algún día revisaré la filcar y pasaré en auto para sacarme la duda.
Por eso pienso que luego buscaré este lugar en dónde me encuentro en al guía y sabré dónde estuve, dónde estoy ahora. Pero veamos con el chofer:
- Oiga, don, ¿falta mucho para Punta Chica?
- Y... diez minutos.
"Va a Punta Chica, nomás", pensé. "Como me había dicho aquel remisero".
- ¿Qué calle es esta?
- No recuerdo, no suelo hacer este ramal.
Por lo menos me enteré que llegaría a un lugar conocido, aunque no sabía por dónde iba, ni cuándo me despertaría.