
Tuvalu (que en idioma local quiere decir “los ocho unidos”, por las ocho islas inicialmente habitadas) es una región poblada desde el último milenio antes de Cristo, descubierta por los españoles en 1568 y colonia británica por muchos años, proclamada independiente en 1978 y que acepta la monarquía del antiguo colonizador dentro de la forma de gobierno (en una forma similar a la de Canadá o a la de Australia).
En los 26 kilómetros cuadrados de palmeras, playas y aguas cristalinas, viven 11.992 tuvaluanos que en su mayoría son polinesios, hablan el inglés, el kirivati o el tuvaluano, profesan una religión cristiana congregacionalista y pueblan el mundo a razón de tres niños por mujer (cifra alta para el mundo actual si consideramos que en toda América Latina, desde México hasta Argentina, sólo cuatro países superan ese número).
Pero no es tan paradisíaca la vida en Tuvalu. Y lo que sucede es una prueba para su espíritu de vida simple y amistoso. Por ser una nación de islas de coral, su altura máxima sobre el nivel del mar no supera los 5 metros y eso hace que sea considerada por muchos como una nación pronta a desaparecer: tormentas tropicales, ciclones y el ascenso del nivel de las aguas serían los causantes.
En 2002, Tuvalu junto con Kiribati y Maldivas (otras naciones bajo el mismo riesgo) demandaron a EE.UU. por su renuencia a ratificar el Protocolo de Kyoto, que prevee la reducción de la emisión de gases de “efecto invernadero” en la atmósfera. La cuestión del cambio climático (que yo aún pienso que se presenta de forma un tanto apocalíptica) ya ha hecho que el gobierno tuvaluano tenga planes de evacuación y traslado de sus habitantes a una isla dependiente de Nueva Zelanda.
Mientras tanto, los tuvaluanos se dedican a la agricultura de subsistencia y a la pesca. No parece que el hecho de tener la economía menos dinámica entre los estados independientes les impida ser felices. Como dice uno de ellos: “We live a simple lifestyle, setting our own limits and taking time out to remember our creator and the humble position that we hold in creation (…) Tuvaluans do not risk their lives by allowing the modern lifestyle to destroy their quality time; rather, they schedule their days' activities knowing that there are only ever going to be 24 hours in one day no matter how much technological progress we make”. [*]
Nota (cortita y al pie): Un reciente suceso alteró la economía del país y es el hecho de tener el país el dominio de Internet “.tv”. Tuvalu cedió los derechos de ese dominio en el 2000 a una empresa norteamericana, de la cual recibirán cincuenta millones de dólares en doce años.
[*] Trad. libre: “Vivimos una forma de vida simple, estableciendo nuestros propios límites y tomándonos tiempo para recordar a nuestro creador y la posición humilde que tenemos en la creación (…) Los tuvaluanos no arriesgan sus vidas permitiendo que la forma de vida moderna destruya su “tiempo de la calidad”; en vez de eso, programan sus actividades diarias sabiendo que siempre va a haber 24 horas en un día, no importa cuanto progreso tecnológico hagamos”.
(Foto: tuvaluislands.com)

