[Actualización 04/03/17: Qué estupidez esta entrada que escribí]
[Actualización 08/10/18: Estuve a punto de borrar esta entrada, pues conocí gente que quiere volver al seno de la Iglesia en plena comunión y podría sonar ofensiva; pero así y todo, aún las palabras más ofensivas no distan de lo que está haciendo la persona: entender por qué fracasó el matrimonio, analizando si puede haber forma de cambiar la situación actual, etc.]
Dentro de mis limitaciones, pienso que no sé si hay un católico de fe viva, amante del matrimonio, de la Eucaristía y de las enseñanzas de la Iglesia, separado y vuelto a juntar con otra persona, que desee realmente acceder a la comunión a pesar de su estado. Parece un caso algo especial. Uno tiende a pensar que esa persona (separada y vuelta a juntar), firme en su fe y convicciones sobre el matrimonio, amante de la Iglesia y sus enseñanzas (como todo católico debe ser), si realmente anhela acceder a la comunión debe “por lo menos” estar preguntándose por qué falló su matrimonio (y, dependiendo del caso, preguntándose si el suyo puede ser un caso de nulidad matrimonial). Y sin duda debe estar inmerso en un sufrimiento por eso, sufrimiento que quizás yo no pueda comprender.
[Actualización 08/10/18: Estuve a punto de borrar esta entrada, pues conocí gente que quiere volver al seno de la Iglesia en plena comunión y podría sonar ofensiva; pero así y todo, aún las palabras más ofensivas no distan de lo que está haciendo la persona: entender por qué fracasó el matrimonio, analizando si puede haber forma de cambiar la situación actual, etc.]
Dentro de mis limitaciones, pienso que no sé si hay un católico de fe viva, amante del matrimonio, de la Eucaristía y de las enseñanzas de la Iglesia, separado y vuelto a juntar con otra persona, que desee realmente acceder a la comunión a pesar de su estado. Parece un caso algo especial. Uno tiende a pensar que esa persona (separada y vuelta a juntar), firme en su fe y convicciones sobre el matrimonio, amante de la Iglesia y sus enseñanzas (como todo católico debe ser), si realmente anhela acceder a la comunión debe “por lo menos” estar preguntándose por qué falló su matrimonio (y, dependiendo del caso, preguntándose si el suyo puede ser un caso de nulidad matrimonial). Y sin duda debe estar inmerso en un sufrimiento por eso, sufrimiento que quizás yo no pueda comprender.
Pero no lo imagino buscando un cambio “porque sí” de las disposiciones de la Iglesia, solo para acceder a la comunión. Si no la Eucaristía sería como un objeto que alcanzar a todo precio. O sería que la persona no le está dando al matrimonio la importancia que tiene. O, peor aún, sería alguien que pretende saber más que la Iglesia o el mismo Jesucristo. Lo más que puedo imaginar es a alguien que, en su sufrimiento, anhele que la enseñanza de la Iglesia sea otra (esa persona estaría imaginando, por ejemplo, algo como que su situación pudiera ser considerada no necesaria de reparación para acceder a la comunión; pero eso es cosa imposible).
En fin, para la persona que cree (o todavía no cree, pero está dispuesto a creer) las cosas que dijimos, y a practicarlas en serio, y que por eso sufrirá cuando falla, para esa persona es que debería ser una reforma o actualización en la pastoral de la Iglesia (o en el derecho canónico, por los casos de nulidad). Reforma que sin duda se debe tratar a un nivel de profundidad que supera al que puede tener un diálogo de panelistas de programa periodístico medio. El lugar y el momento para ese tema es, en cambio, el Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la familia. Y el alcance de los cambios o reformas seguramente deben estar relacionados con una mejor o más cristiana forma de acompañar, pero también de instruir en la fe, a la persona que sufre.
Visto de otra manera, ¿qué le importa, a alguien que no trata de ser buen católico, si puede comulgar siendo un separado y vuelto a juntar? El anhelo de la comunión debe ser parte de un anhelo de vida cristiana plena.


