jueves, 31 de marzo de 2005

Un caso de eutanasia que debe hacernos cambiar

¿Cómo fue el “caso” de la señora Terri Schiavo? Este artículo, de dudoso sesgo, les dará un buen resumen informativo. Verlo en origen por este link: clic. Es de La Nación, antes de la muerte de Terri, escrito por una doctora en Filosofía y magíster en Bioética llamada Diana Cohen Agrest. De todos modos, lo iré desgranando aquí. Hay varias cuestiones superpuestas en esta historia.

Una de esos temas queda descubierto desde las primeras palabras, que a título descriptivo dicen: “Terri Schiavo no puede decidir por sí misma qué hacer con su vida”. Esto debe sonar, digamos, obvio para nosotros los cristianos. Nadie puede decidir completamente sobre su vida. Como dice en el inciso 64 de la encíclica "Evangelium Vitae": “(...) el hombre, rechazando u olvidando su relación fundamental con Dios, cree ser criterio y norma de sí mismo y piensa tener el derecho de pedir incluso a la sociedad que le garantice posibilidades y modos de decidir sobre la propia vida en plena y total autonomía”.
Algunos dirán que esto sólo vale para los cristianos. Pues bien, eso es otro tema. Si bien no lo podemos “imponer”, los cristianos pensamos que esto es para todos. Y podemos luchar para que los demás lo comprendan. Hay formas y formas. Pero de hecho, con la razón solamente podrían muchos entender lo que pasa si no se actúa como la Iglesia propone. Y casos como los de Terri Schiavo son, lamentablemente, grandes ejemplos. Cuando la vida queda en manos de la decisión del hombre, se dan situaciones tan aberrantes como la que sufrió Terri. ¿No es ridículo que a alguien le anden dando y sacando el alimento cada día que pasa? ¿No es una aberración? En el artículo que vinculé no está, pero se puede encontrar la historia de la cantidad de veces que se le “desconectó” y “conectó” el alimento.* (Hay que notar, además, que las distintas sociedades se preocupan por evitar los suicidios, en lo que se ve que la idea de la completa determinación sobre la propia vida no es del todo aceptada).

Así y todo, hay rasgos de pensamiento profundo. En un caso similar al de Terri pero anterior, sucedió esto: “El caso que sentó precedente en los Estados Unidos fue el de Nancy Cruzan, una joven que entró en estado vegetativo persistente tras un accidente automovilístico en 1983. Sus padres, tras acompañar a su hija durante más de un año, solicitaron a la Corte Suprema de Missouri la autorización para quitarle el tubo de alimentación. El pedido fue denegado, alegando que uno de los intereses del Estado es preservar la vida (...)” Tratando de no ser desconsiderado con el dolor de esos padres, creo que el fundamento de la decisión de la Corte fue valiente. No es falta de sentimientos. Hay que ser valiente para defender la vida. Ojalá uno tuviera ese valor.

Pero volvamos a este caso. Dije que había varias cuestiones superpuestas. Al escribir el post anterior me pregunté: “pero, ¿cuánto sé yo de este caso? ¿No me estaré dejando llevar, sin conocer que lo que están haciendo con esa muchacha es extender su vida sin sentido?” En ese aspecto, la “Evangelium Vitae” es clara. Inciso 65. “De ella [de la Eutanasia] debe distinguirse la decisión de renunciar al llamado « ensañamiento terapéutico », o sea, ciertas intervenciones médicas ya no adecuadas a la situación real del enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados que se podrían esperar o, bien, por ser demasiado gravosas para él o su familia. En estas situaciones, cuando la muerte se prevé inminente e inevitable, se puede en conciencia « renunciar a unos tratamientos que procurarían únicamente una prolongación precaria y penosa de la existencia, sin interrumpir sin embargo las curas normales debidas al enfermo en casos similares ». Ciertamente existe la obligación moral de curarse y hacerse curar, pero esta obligación se debe valorar según las situaciones concretas; es decir, hay que examinar si los medios terapéuticos a disposición son objetivamente proporcionados a las perspectivas de mejoría. La renuncia a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa más bien la aceptación de la condición humana ante al muerte.

Es muy interesante. Es una lástima que la doctora Cohen no explicite algunas cosas. Dice: “(...) en una de las instancias judiciales, Terri fue evaluada por cuatro neurólogos, un radiólogo y su médico de cabecera. Aquellos nombrados por los padres de Terri sugirieron que podría mejorar con terapias no probadas, tales como vasodilatadores, pero sin datos objetivos que científicamente avalaran tal terapia”. No se aclara si se aplicaron algunos de esos tratamientos y cuál sería el efecto de ellos. Eso no nos permitiría estimar (o a la persona competente) si se trata de esos medios desproporcionados de los que hablaba la encíclica. Tampoco está claro esto: “El marido de Terri, que, según las leyes del Estado, es quien debe decidir en su lugar, alega que Terri expresó una vez su deseo de ‘no ser mantenida viva con una máquina’”. Pero no está claro si ese mantenerla viva con una máquina es algo que le esté causando algún dolor o sufrimiento excesivo y que no genere expectativas de vida. Lo que sí entendemos, por lo que leímos en otros artículos, es que es un dispositivo de alimentación lo que ella tenía. Y que lo que estaba en disputa es su conexión o desconexión. Ese medio de alimentación no parece ser algo que le cause un sufrimiento que no esté en proporción con sus expectativas de vida.

Para ir cerrando este post, aunque no el tema (o quizás sí), otro fragmento del artículo. “No es la primera vez que se debe tomar una decisión en lugar de un paciente incapacitado para hacerlo y, sin lugar a dudas, esa figura legal, que se conoce por el nombre de ‘juicio sustituto’, da lugar a perplejidades de compleja resolución”. ¿No surgirían menos complejidades si nos ajustáramos a la idea de que nadie decide completamente por la propia vida? Sería poner un criterio “externo” de “validez universal” que prepondere sobre intereses personales. No tendría que haber luchas entre los distintos parientes por decidir sobre la vida de alguien. Claro, esto generaría dificultades en caso de enfermos más conscientes que pidieran por ellos mismos la muerte. Pero sería otro el camino entonces. Y hay ideas para encararlo. Así como se busca evitar el suicidio, se pondrían los esfuerzos de la sociedad en tratar de ayudar al paciente terminal a enfrentar con valor el final de su vida.
Y así acontece el verdadero amor, no la falsa compasión que esconde la eutanasia.
Bueno, si siguen leyendo el artículo verán cuantas cosas se pueden cruzar con las palabras de la "Evangelium Vitae". El alcance de la medicina actual, el heroísmo del que acepta el sufrimiento y cuándo exigirlo, etc.
* Lean este link (clic). Tiene la información de la penosa sucesión de desconexiones y conexiones. Y respuestas para lo que venía preguntándome: "Febrero 1990: Terri Schiavo, entonces de 25 años de edad, sufrió un Accidente Cardiovascular (ACV), que le dejó graves daños cerebrales. Desde entonces permaneció inmovilizada y tuvo que ser alimentada mediante una sonda. Aparte de esto, su organismo no dependía de ningún sistema artificial".
¿Queda algo por decir?

Sueño

Ayer había escrito esto...
Alguien se las va a ingeniar. Va a entrar en secreto, va a burlar a la seguridad y va a dar alimento a la señora Terri Schiavo. Sí, así será.

Creo que soñaré eso. Lo imagino constantemente cuando leo las noticias. Sí.

Espero que este
post no sea en vano. Lo escribe quien al minuto de haberse conmovido ya se olvidó de ella. Quien se olvidó hasta ahora de rezar por su alma, las de sus verdugos y las de sus familiares. Quien quizás no se acuerde de hacerlo esta noche. Quien no hará eso que sueña que alguien hará.

Ese héroe puede aparecer. Ese santo héroe. Pertenecerá a un grupo de fanáticos o de lo que sea. Pero díganme que no se ganará el cielo, ¡ja!
¿De cuántas manos depende que el alimento llegue sea como sea? No lo sé. Esta noche quizás un enfermero, un asistente, un médico, un juez, el que sea, no podrá con su conciencia. Y tramará todo el “rescate”. Pronto nos enteraremos.
No fue así, recién leo que la muchacha murió. Ver.

Algo acerca del conocimiento

La Introducción al Pensamiento Científico me sorprendió con su sinceridad.

La ciencia es un hecho histórico, es decir, apareció en un momento de la evolución de la especie humana, y de ese momento tenemos registros, documentos. No obstante ello, ya desde antes de su aparición los hombres disponían de información, con la cual transformaban el medio en el que vivían. ¿A qué nos referimos? A cosas como las que menciona Ernest Nagel:

"Aprendieron a reconocer las substancias que alimentaban sus cuerpos. Descubrieron las aplicaciones del fuego y adquirieron la habilidad de transformar las materias primas en refugios, vestidos y utensilios (...)"

Es usual llamar conocimientos a estas adquisiciones y, si continuáramos haciendo una lista, seguramente incorporaríamos otros, ya sean habilidades que hemos desarrollado o creencias que hemos aceptado. Además, de un número considerable de nuestras creencias decimos que son el resultado de la investigación científica. Esta diversidad de conocimientos que forman parte de la herencia ancestral de la humanidad incluye, pues, al conocimiento científico como una de sus formas. No es la única, aunque para muchos constituye la forma más preciada de conocimiento.
*

Así que ando un poco desilusionado con la lectura de la filosofía de la ciencia. Quién sabe, quizás más adelante se ponga más interesante, por ahora sólo disquisiciones sobre la inducción o método inductivo.

En mis años de estudios universitarios (los primeros) hubo cosas que me interesaban mucho. Física, algunas cosas de química, mecánica... si hay una máquina fascinante esa es el automotor. El carburador, los motores Diesel... y eso que no recuerdo mucho; frente al mecánico soy un ignorante total.

Sin embargo, ese no es mi conocimiento más preciado. Creo que hay algo que me interesa aún más que el motor del auto. Y es saber porqué el hombre hizo autos, cómo usar mi auto en orden a la salvación de mi alma, de dónde venimos, a dónde vamos...

Sí. Hay un orden y es fascinante descubrirlo. Pero también es fascinante conocer al que lo hizo y cómo hacer para llegar a él. Buscarlo en ese orden.

Y es que creo que si nos quedamos sólo con ese conocimiento científico llegaremos a lo que dijo Hernán que dijo Chesterton: “explican todo el universo, al precio de tornar al universo indigno de necesitar una explicación”.
* Tomado de “La ciencia y el conocimiento. Algunas distinciones conceptuales”. María Cristina González, José Ramón Romero y Alejandra Valente.

miércoles, 30 de marzo de 2005

Respuestas hoy

Cuando allá en los últimos años de colegio secundario se nos ofrecía en los Grupos Juveniles realizar alguna labor de "servicio", eran distintas las reacciones. Estaban quienes decían: "la caridad debe empezar por casa". Yo siempre pensé que esa frase era muy sensata pero que, en realidad, en ese momento, ocultaba un simple y llano: "no quiero y esta puede ser una buena justificación", dos puntos y la frase ya dicha.

Ayer ojeando la "Exégesis de lugares comunes" leí algo muy interesante que me hubiera dado a mi razones para discutir aquella justificación. El lugar común "criticado" esta vez es "Hacer el bien alrededor de uno". Y dice al inicio:

"Cuestión de perímetro. Cuanto menos extenso es éste, mayor es el bien que uno se hace a sí mismo. Creo que esto no necesita demostración".

Pues para mí no, es clarísimo. Lástima que no lo supe antes. Hubiera resuelto varias inquietudes.

Lecturas cruzadas

Lecturas cruzadas de las "ofertas" del último post.
De "La moneda falsa":
Kemskoi: Hola, compadre, buenos días... Pero, oye... ¿qué clase de gente son todos estos inquilinos? No estoy contento... me disgusta...
Yacoliev: (Abriendo los brazos). ¿Y qué quiere usted que yo le haga? Tampoco me gustan a mí... Pero hay que vivir... Hay que comer... Hay que vestirse...
Como para ejemplificar una situación. Con este ejemplo tengo pie para citar el apartado de "Exégesis de lugares comunes" intitulado "Hay que comer para vivir"(lugar común criticado por el autor).
—Yo no pido otra cosa que comer —dice un pobre diablo—. Aunque la vida no es agradable, necesito llevar algo a la boca. Los perros comen y viven. Los que no tienen la suerte de ser mantenidos por un amo, se alimentan lo mismo con excelentes desperdicios que bastan para su vida de perros. Yo no puedo. Tengo la desgracia de pertenecer a la raza humana y de estar favorecido con una frente sublime que debe alzarse constantemente a los astros. No tengo olfato de perro y la carroña me queda en el estómago. . .
He oído decir que en otros tiempos había un Alimento para los pobres y que los muertos de hambre tenían el recurso de comer a Dios para vivir eternamente. Uno se arrastraba, llorando lágrimas del Paraíso, de una capilla de confesor a una cripta de mártir y de un santuario milagroso a una basílica llena de gloria, por caminos colmados de peregrinos que mendigaban el Cuerpo del Salvador. Este alimento único les bastaba a algunos bienaventurados, cuya languidez tenía el poder de curar todas las languideces y, a veces, de resucitar a los muertos. Todo eso está lejos, terriblemente lejos. . . Hoy, el burgués ha reemplazado a Jesús, ¡y hasta los cerdos retrocederían ante su cuerpo!

Con diez pesos

Por la calle Corrientes e inspirados por Hernán, que reavivó en nosotros gustos por antiguas prácticas, estuvimos husmeando estantes de libros.
¿Qué les parece la siguiente inversión por diez pesos? Con los primeros tres, un ejemplar de 1945 de Editora Inter-Americana (Buenos Aires) del que muchos consideran un clásico (con perdón de Arp): "Las llaves del reino", de A. J. Cronin.
Con otros tres, un librito de Ediciones Síntesis (Buenos Aires, 1983) intitulado: "Tres obras rusas". Son tres piezas teatrales. "El casamiento", de Gógol; "La moneda falsa", de Gorki y "La chinche", de Maiakovsky. A este último autor diré que no lo conocía; pero los escritores rusos "viejos" nos gustan. (Nos resistimos a un libro de Sholojov).
Nos sorprendió encontrar, en dos librerías, un ejemplar de ¡Leon Bloy! Al conocer por Hernán también a este autor, y muy interesados, no pudimos dejar de invertir otros tres pesos en "Exégesis de lugares comunes", de la Ediciones Carlos Lohlé (1977, Buenos Aires). El que llevamos traía una fajita que decía: "Bloy vitupera mejor que los profetas: su fuego se alimenta de todo el estiércol de nuestra época", F. Kafka. Qué tul, ¿eh? ¿No será demasiado?
Queda un peso, ¿qué comprar por un peso? Novedad para mí un libro que eligió Mariana para husmear. Se llama "La Iglesia es algo distinto", de R. Adolfs. También de Lohlé, 1966. He de referirles algunos datos. Título original en neerlandés: "De Kerk is Anders". Nihil obstat: Dr. Rafael Kuiters o. s. a., Censor Deputatus. Imprimi permittimus: Lucas Hoogveld o. s. a., Prior Provincialis. Imprimatur: Matteo A. P. J. Oomens, Vicarius Generalis. Buscoduci, die 27 aprilis 1966.

lunes, 28 de marzo de 2005

En Pascua

Ningún luchador es tan divino como aquél que puede aprestarse a vencer mediante la derrota. En el momento en que recibe la herida mortal, su adversario cae definitivamente herido a tierra. Pues él ataca al amor y resulta afectado por el amor. Y mientras el amor se deja atacar, demuestra lo que había que demostrar: que precisamente es el amor.
"El corazón del mundo", El reino, I. Hans Urs von Balthasar.

viernes, 25 de marzo de 2005

En esta Semana Santa (2)

Ponerle a una entrada "Semana Santa" y hablar de trivialidades es quizás liviandad. Aunque no tenga palabras nuevas, en Semana Santa una bitácora de autor católico apostólico romano no puede dejar de hablar de la Semana Santa, ¿no les parece?
Vivimos muriéndonos. Muriéndonos vivimos. Lo nuestro es morir. Me gusta decir que es nuestra "vocación". Quizás el tiempo sea eso. Esa imposibilidad de morirnos. "El tiempo es la imposibilidad de morirnos", anotá, me gusta. No poder morir, eso es el tiempo. Por menos resistencia que pongamos a la muerte, aunque no seamos casi nada "escapadores"de la muerte, ya tenemos algo desde Adán que nos hace imposible morir.
(Poné al pie, "delirios del autor, tomarlos con pinzas". Bueh, como si no se hubieran curado de espanto ya).

Y la vida es eso, es ir cediendo, aflojándose, dejándose llamar, dejándose conquistar, dejándose amar. Y ebrios de amor, dar amor. Y dar la vida por amor.
O al revés para el tiempo. El tiempo es el que nos va matando. El tiempo es lo que dura mientras morimos, pues es quien nos va matando.
Ahí les va un texto, y seguro que el autor no quiso decir lo que yo dije, pero a mi me parece que "pega".
Mientras en el exterior vamos colocando las cosas de modo que sus envoltorios se toquen y nos blindamos contra las inexorables exigencias de la vida, la fuente sigue manando en lo más íntimo del individuo y quebranta los muros y va minando nuestra más dura fortaleza. Nadie resiste hasta el final el incesante empuje de este oleaje: nos va reblandeciendo día tras día, va carcomiendo guijarro tras guijarro de la orilla ya desgastada: al final nos derrumbamos. Con el tiempo, hasta el más estúpido comprende el tiempo. El tiempo va cavando para sí mismo un lecho en él y con su redondo vientre lo va limando como el torrente que se precipita lamiendo un glaciar.
Tomado de "El corazón del mundo", Hans Urs von Baltasar, El reino, I.
¿Y esto qué tiene que ver con Semana Santa? Y bueno, algo tiene, algo tiene...

En esta Semana Santa (1)

Pensé en alejarme de las "ocupaciones" diarias, de las más o las menos "obligatorias", y así poder pasar una mejor Semana Santa con tiempo para la oración y la reflexión.

No fue esa la causa directa por la que no escribí nada en mi bitácora en cuatro días. Lo que sucedió fue que, para poder lograr mi objetivo de alejarme de las "ocupaciones", debía "liquidar" varias de ellas. La principal era: "dejar cuanto antes mi trabajo". He conseguido uno nuevo, pero mi ya ex jefe me pidió que me quede unos días más para dejar bien terminados y traspasados algunos asuntos. Soñaba poder abandonar el viernes pasado, luego esperé que sea el lunes y terminó siendo a las once de la mañana del Jueves Santo. Es por eso que no tuve tiempo de hacer entradas aquí.

Pero el objetivo, que ya parecía perdido, en buena forma se cumplió. Llegar temprano a casa fue una bendición (otros Jueves Santos he trabajado, ya que en la empresa en donde trabajaba no daban feriado). Tuve tiempo de jugar con Francisco, el hijo del matrimonio Finitud <-> Aquí estamos, charlar con Finitud misma, hacer un examen de conciencia y confesarme con el nuevo cura párroco, al cual atrasé de tal forma que la misa comenzó siete y cuarto* (y no fue por mi larga "lista de pecados", sino porque me dio el sacramento con una serenidad tal que ni se notaba que un templo de bote a bote lo esperaba; lo cual le agradezco profundamente). Así quedó el "campo libre de obligaciones" para el resto de los días de esta Semana Santa y su coronación pascual.
* queda "casi" implícito que la misa referida debía comenzar a las siete. Pero por si acaso lo aclaro. En la parroquia de Santa Julia, en el barrio de Caballito, la misa vespertina solía ser a las siete y cuarto y no por atrasos sino que era la hora oficial.

domingo, 20 de marzo de 2005

Domingo de Ramos casero

Marisa consiguió que las Benedictinas le regalen una canasta llena de ramos de Olivo. Así que con Elvira dedicaron la tarde a armar pequeños ramitos para los chicos del Hogar Zanocchi. Los demás cebamos mate, vinimos a poner un post y leer otros blog, alguno escucha el partido después de la siesta... Francisco, que se había salteado la siesta, cayó rendido.

Esto me hizo acordar a cuando éramos chicos. Podía ser en lo de mi tía o en la quinta de mi abuelo. Toda la tarde haciendo esas cosas o haciendo casi nada. Bien podía consumirse toda la tarde en un eterno partido de cartas. O en un recolectado y pelado de nueces. O una mañana entera en un corte de pasto y rastrillado. O pileta libre continuada, con las escalas para renovar fuerzas.

Toda la familia reunida, se dedicaba a algo. La familia tenía este día para estar junta. Hoy no hay tantos de esos días. No sé, es como que hubiera menos tiempo. No son tan comunes los domingos en familia, en esas familias "ampliadas" que incluyen abuelos, tíos y primos.

Se mueve Francisco, este teclado suena muy fuerte, chau...

¡Qué empiecen una Semana Santa muy con Cristo!

Shhh...