ama y odia la guerra, odia y ama la paz.
De noche ofrece a Venus mil millones de sexos
y en el día consagra sus niños a Moloch. (*)

Te presienten cercano las estrellas,De "La casa del hombre"; José Miguel Ibáñez Langlois; 1962
de girar hacia ti, te han aprendido.
Y los vientos, qué tacto insobornable,
ya sabrán hacia dónde se desvelan.
Y la última piedra de este mundo,
de rodar a tus manos, te adivina.
Sólo yo giro errante, adusto mártir
de un amor desconocido.
Sólo yo te acompaño cada día
como un ciego a su noche, como un hombre
que se sienta a los bordes del abismo
donde cae su vida, caen años
ataviados de hueca oscuridad.
Sólo a fuerza de amarte tal vez sepa
cómo te llamas, tiniebla.
Y a costa de verter toda mi sangre
por tu nombre en los días, llegue a ver
por quién muero, oscuridad.
Se conversa de Dios tras estos cortinajes.
Las buenas personas se interesan por el caso de Dios.
En el uso del hombre se fatiga el silencio.
Las rutas envejecen con el paso del hombre.
Lo intentaré otra vez, lo intentaré otra vez -se prometió, acallando la burla que por sí mismo sentía-. No me importan (sic) cuantas veces vuelva a caer. Lo intentaré de nuevo siempre.
Cuarta vía de la demostración de Dios
tú que llegas a Él como mi Bien supremo
y Verdad y Belleza ilimitada
dile todo mi amor dile no soy digno
cuarta vía no olvides este recado
escóndelo entre tus silogismos como una lágrima
tú que por todos los grados del bien finito
asciendes al Infinito de mis amores
dile todo mi amor díselo entero
baña todo su Rostro con mi llanto
muéstrale la huella de mis malas noches
dile todo mi amor dile mi dolor si quieres
si lo estimas compatible con tu carácter lógico
pero no se lo digas al paso de tus silogismos
mi amor ya no soporta esa lentitud mental
de premisas mayores y menores
díselo en el relámpago de tu conclusión
dile todo mi amor en el instante
dile cómo por todos los grados del bien finito
mi pobre inteligencia o mi corazón pensante
suspira por el Infinito mientras tu lógica
se convierte en un salmo del rey David
y llora con sus lágrimas teologales.