domingo, 11 de diciembre de 2005

Adviento (tercera semana)

Les dejo "una punta", la introducción de la carta pastoral de Adviento 2005 de Mons. Jorge Casaretto, que repartían a la salida de la iglesia.
Queridos amigos:
Hace mucho tiempo que quería escribirles sobre la vida eterna, la vida que nos espera después de ésta. Desde que era chico, la idea de la eternidad, de llegar a la presencia de Dios, fue para mí muy fuerte. Creo que sin una conciencia clara de esa dimensión, nuestra vida cristiana queda recortada, parcializada.
Es posible que antes del Concilio Vaticano II, se haya insistido en una visión de la eternidad que dejaba un poco de lado la construcción de la vida y de la sociedad en esta tierra. Pero también creo que en la actualidad podemos estar corriendo el riesgo contrario: tener una valoración tan fuerte en las cuestiones de esta vida, que olvidemos nuestra dimensión de eternidad.
El adviento es un tiempo propicio para trabajar en la virtud de la esperanza y para prepararnos para las diversas "venidas" del Señor: su llegada cotidiana a nuestras vidas a través de lo acontecimientos diarios y de los que viven a nuestro lado, la venida de la próxima Navidad, nuestro encuentro con Él al final de nuestra peregrinación por este mundo y su venida definitiva al final de la historia.

sábado, 10 de diciembre de 2005

Otro "testarudo"

Ayer en un casamiento (¡hoy tengo otro!) se leyó un fragmento del Libro de Tobías (pero no hablaré de ese fragmento, que es del capítulo 8). Según contó el cura, Tobit, padre de Tobías, era un judío que había sido deportado junto con varios compatriotas a Nínive, en el país de los Asirios (Tob 1, 3). Era un hombre muy justo y caritativo y entre las cosas que hacía había una en especial que le había traído muchos problemas.

Tobit se encargaba de enterrar a sus compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive (Tob 1, 17). Cuando un rey se enteró de su accionar lo buscó para matarlo. El escapó y perdió sus bienes. Pero pudo salvarse porque ese rey fue asesinado. Una vez reestablecido, bajo el reinado de otro rey, él volvió a las mismas costumbres, a lo cual los vecinos se burlaban de él diciendo: "¡Todavía no ha escarmentado!" (Tob 2, 1-7).

Recordé inmediatamente a Antígona. Y pensé muchas cosas. La característica del castigo de no permitir enterrar a los muertos. Se ve que era algo usado. Dijo el cura el castigo era para humillar al muerto y a su familia. Lejos estoy de saber el orígen de esta práctica (según la Biblia "El Libro del Pueblo de Dios", el libro de Tobías fue escrito hacia el año 200 a. C.; según vimos, "Antígona" fue escrito en siglo V a. C.). Crucé unas palabras con el cura a la salida, pero no obtuve mayores informaciones.

Primero pensé que el tipo de castigo podría provenir de un pueblo que no tuviera un culto a los muertos (¿se dice así?). No comprendiendo la gravedad del hecho, los Asirios aplicarían estas condenas a otros pueblos (Judíos) que sí tenían un cuidado especial por los muertos. Pero está a un tris de ser un error garrafal, ya que los asirios, al parecer, creían en "algo como" la vida después de la muerte.
A la manera de hoy, se dirá que Antígona y Tobit nunca "existieron" (mal dicho, porque existen al menos como "personajes"). Poco importa que hayan existido como personas de carne y hueso, ya que lo que buscan los textos es pensar y edificar, pero... ¡qué bien se hubieran entendido estas dos personas! Y pensando en sus distintas religiones, un lindo encuentro "ecuménico" podría haber tenido lugar.
(Mirá que digo pavadas, ¡eh!)

viernes, 9 de diciembre de 2005

Antígona: justicia y compasión (400)

Muchas veces la opción del amor por el pecador puede llevarnos a querer justificar el pecado. Otras veces no lo hacemos, y bien está, pero hay quien lo interpreta del primer modo. Por ejemplo: uno de dos rivales nos ve defender al otro, pecador, en un aspecto que trasciende a la lucha que ellos tienen (derecho a poder arrepentirse un condenado, por ejemplo), y piensa que estamos atacándolo a él, piensa que estamos tomando partido. O a veces tememos llorar por la suerte de un desafortunado porque pareciera que estamos justificando su accionar, cuando lo que estamos haciendo es simplemente lamentarnos por su persona, por su alma, como cristianos que somos.
Recuerdo aquella película en que la monja que ayudaba a un asesino condenado a muerte a "arrepentirse" era increpada por los padres de la víctima, creyentes, que le recriminaban buscar la salvación del criminal y estar “en contra de ellos”, que eran de su comunidad (en "Mientras estes conmigo" o "Dead man walking").
O pienso en las muchas veces en que nos sucede que al conocer de la muerte de alguien (fríamente, como conocemos de esas cosas en los medios de comunicación), cometemos la falta de caridad de, en vez de lamentarnos, fijarnos en "la vida que llevaba" esa persona. Claro, el ejemplo alecciona, el ejemplo ahí está, y en su dureza puede ser enseñanza: llevó mala vida y así terminó. Pero a veces tenemos que revisar cuál es el sentimiento que está en nuestro corazón, donde debe haber compasión.

Así que ahí está Antígona, pero esta vez de apellido Vélez, a cargo de Marechal, dialogando con su hermana (émulo de Ismene) y aclarando algunas cosas:
Carmen: Dicen que traicionó a su casa.
Antígona: ¡No lo sé ni me importa! Que lo digan los hombres, y estará bien dicho. Yo sólo sé que Ignacio Vélez ha muerto. ¡Y ante la muerte habla Dios, o nadie!
Es interesante porque no niega la posible culpa de su hermano, “estará bien dicho” que traicionó a la casa. Pero ella se está fijando en el algo más, que no invalida lo dicho por los hombres.

Se me ocurre pensar que la mujer tiene más facilidad que el hombre para estas cosas de la compasión. El hombre se aferra más a la justicia, que no sabe dejar de lado cuando es hora de ver otras cosas. Hay grados, por supuesto. Y excepciones. Pero fíjense que Antígona fue mujer. Y Antígona Vélez hace la referencia a los hombres como los que hablan de justicia.
Y así cerramos la entrada número cuatrocientos (y terminamos por ahora con Antígona).

jueves, 8 de diciembre de 2005

Llena eres de gracia

Dios te salve, María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita Tu eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el día de la Inmaculada Concepción. Que comprendamos qué gran don es haber sido preservada sin pecado original y así aclamemos a nuestra madre María y por ella alabemos a Dios.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

Antígona y cristianismo

Siguiendo la propuesta de la entrada del lunes y la letra del prólogo de Pemán (que es interesantísimo)...
Es esa anticipación de valores humanísticos, de temas de nuestra civilización, lo que da a la Antígona de Sófocles su perennidad y su atractivo. No hay que recurrir al plan­teamiento un tanto extremoso de Papini, que cree que, así como el pueblo judío fue elegido por la Providencia, median­te "la promesa" bíblica trasmitida por los "profetas" y las "figuras" de la Redención, así el mundo grecorromano elegido providencialmente para encarnar la síntesis cristia­na, fue objeto de otra "promesa" o anticipación a cargo de las sibilas, la égloga IV de Virgilio, la moral de Sócrates y la metafísica de Platón. Es esta atmósfera "precristiana" la que ha dado permanencia, través de los siglos, a esta tragedia y a la proclamación jusnaturalista que nos trasmite sin des­mayo: la certeza, cantada en el famoso "estásino segundo" de Edipo rey, de que el mundo está presidido por "altísimas leyes, engendradas en las etéreas regiones de los cielos", porque en ellas "habita un dios que no envejece".
Lo que no entiendo bien es porqué, cuestionando la idea de Papini, destaca que es la atomósfera "precristiana" la que ha dado permanencia a esta tragedia. La antigüedad del evento puede dar importancia, pero no el hecho de ser previo a Cristo de por sí. (Casi diría que todo lo contrario. Puesto que Cristo "es para todos y para siempre". Pero bien, no estoy a la altura de estas discusiones).

martes, 6 de diciembre de 2005

Antígona hoy

El mensaje de "Antígona" de la preponderancia de las leyes eternas ante las humanas, o de la necesidad de adecuación de estas últimas a las primeras, es “esencial” para cultivar una verdadera democracia (¡uy, qué chabacana que me sálió la introducción!). Si la voluntad de la mayoría no se adecua a leyes naturales superiores, el resultado es una tiranía. El rey Creonte “es un poroto” al lado de las cosas que se ven en estos tiempos.

Se discute de temas relacionados con la homosexualidad, con la anticoncepción, con el aborto, se discuten muchas cosas. Pero lo que pasa es que hay una discrepancia previa a salvar. Si no se salva esa discrepancia, no hay camino posible de entendimiento.

La discrepancia se da entre los que piensan que la ley o normas o disposiciones me deben permitir "hacer lo que quiera" ("libertad para elegir", engañoso concepto) y los que piensan que la ley me debe llevar a hacer lo mejor (y para eso la ley debe estar acorde a lo bueno, a lo verdadero, a lo bello, a las leyes naturales). Sólo una ley como esta última me permite cumplir con una obligación y ser a la vez libre.

Claro, hay algo aún anterior. Hay quienes renuncian a la posibilidad de descubrir qué es lo mejor (lo bueno, lo verdadero, lo bello). Y entonces ni siquiera aceptarían que hay que salvar esta discrepancia.

La principal consecuencia es que se hace ley lo que dice la mayoría, sea ello bueno o malo, transformándose eso en la mencionada tiranía de la democracia, tiranía de las mayorías. Si tomáramos consciencia de la gravedad de esto, veríamos qué importante que es volver a buscar lo bueno, lo verdadero y lo bello, qué importante es la ley natural.
PD: nada nuevo lo que digo. Hasta dirán que es inocente mi planteamiento. Que el mal está arraigado en muchos y no quieren escuchar. Lo sé. Pero por el camino de la razón se debe seguir insistiendo.

lunes, 5 de diciembre de 2005

Antígona

Antígona enterró a su hermano, aunque el rey Creonte lo haya prohibido por haber sido aquél enemigo de la ciudad.
Este fragmento de una escena principalísima de la obra de Sófocles podría ser un punto de partida para comentarios acerca de lo cristiano de ciertos conceptos precristianos. O de lo precristiano de ciertos conceptos cristianos. Aunque todo cobra nuevo significado en Cristo, ¿no?
CREONTE: Y, así y todo, ¿te atreviste a pasar por encima de la ley?
ANTÍGONA: No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que sólo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien: ya veía, ya, mi muerte –¿cómo no?—, aunque tú no hubieses decretado nada; y, si muero antes de tiempo, yo digo que es ganancia: quien, como yo, entre tantos males vive, ¿no sale acaso ganando con su muerte? Y así, no es, no desgracia, para mí, tener este destino; y en cambio, si el cadáver de un hijo de mi madre estuviera insepulto y yo lo aguantara, entonces, eso sí me sería doloroso; lo otro, en cambio, no me es doloroso: puede que a ti te parezca que obré como una loca, pero, poco más o menos, es a un loco a quien doy cuenta de mi locura.
Sin promesa de seguir con el tema; hay muy buenas obras, tanto ensayos como nuevas "Antígonas", que pueden dar más gusto a los interesados (y menos aburrimiento a los iniciados).

domingo, 4 de diciembre de 2005

Adviento (semana segunda)

Seguimos el adviento junto al Papa. Dijo Benedicto XVI hoy:
La palabra latina «adventus», se refiere a la venida de Cristo y pone en primer plano el movimiento de Dios hacia la humanidad, al que cada uno está llamado a responder con apertura, espera, búsqueda, y adhesión. Y así como Dios es soberanamente libre a la hora de revelarse y entregarse, pues sólo le mueve el amor, así también la persona humana es libre al dar el su asenso*, aunque sea algo debido: Dios espera una respuesta de amor.
No hace mucho que descubrí la reveladora expresión de San Agustín: "da lo que mandas y manda lo que quieras" (escrita en "Confesiones"). Eso me ayudó mucho a liberarme de presiones o cargas insoportables. Pero como mi entendimiento no es perfecto, a veces puedo deformar la expresión y "relajarme" en exceso pensando que Dios todo me dará sin yo hacer nada. Es por eso que estas palabras que destacan nuestra necesaria respuesta a Dios me hablan hoy más especialmente que otras veces.
Sin pensar que lo podremos todo por nuestra cuenta, nuestra primera acción es la de pedir, la de orar para que Dios nos dé la fuerza para hacer lo que manda (orar insistentemente, orar incansablemente). Como me enseñaban en el catecismo, la misma oración es una respuesta a Dios, que es el que primero nos habla.
Nota: "el su asenso" es sin duda una expresión que se tradujo del italiano, aunque "asenso" existe en castellano como sinónimo de asentimiento.

viernes, 2 de diciembre de 2005

Verdaderas causas

"¿Que porqué robaron en mi casa? ¡Pues porque dejé la puerta abierta!"

Pues más acertado y profundo (y sencillo) sería decir que te robaron porque alguien cometió un robo y tomó tus cosas. Sí, ya sé, si vos no hubieras dejado la puerta abierta…

Pero digo esto porque me parece que vamos camino a pensar que la única o principal causa de que se expanda el SIDA es porque no se usan preservativos.

Sí, sí, la reja o la alarma quizás hay que ponerla, pero cuánto más efectivo sería que la gente no se metiera a robar. Y esto no es imponer moral cristiana, aunque la moral cristiana concuerde.

Dicen que buscamos una “nueva generación de no fumadores”, o “gente cuidadosa que use el cinturón de seguridad”; estamos supuestamente tan preocupados por “la educación de nuestro pueblo” y no somos capaces de ayudarlo respecto a otro tipo de cosas. En esas otras cosas, decimos, cada uno es “libre de elegir” (¡uf!, que engañoso concepto es ese).

Pensar que la única o principal causa de la expansión del SIDA es que la gente no usa preservativo es como pensar que los embarazos indeseados se multiplican también por ello, por no usar preservativo.

Así como pensar que para evitar el aborto hay que evitar los embarazos no deseados. Que suena "lógico". Pero para evitar el aborto hay otra solución también, y es no abortar. Y para evitar embarazos no deseados otra solución es desearlos. Y si no es prudente que haya concepción y nos disgusta tanto abortar (bueno, buen síntoma), no andemos jugando como niños con fuego.

Lo que pasa es que sólo queremos el color y el calor del fuego, pero no sabemos que también quema. Y menos aún pensamos que es bueno que queme.

Pero me fui un poco… dejemos acá.

jueves, 1 de diciembre de 2005

Salamina

"¿Qué separa Europa de Asia?", creo que me preguntaba alguien. A mí se me representó Cacho Fenelli, profesor de Geografía del secundario, y ante su mirada seria supe responder: los montes Urales. Eso no respondía a la otra pregunta: ¿por qué se separan ahí?
Supuse que eran (y aún serán) cuestiones de pueblos, de razas. A favor de eso está la idea que conocí ayer (en ese prólogo, que resultó fructífero de alguna forma) que responde a las dos preguntas juntas:
Los otros continentes, África, Asia, Oceanía, están separados entre sí por mares. Europa y Asia, que son geográficamente una unidad continental euroasiática, están separados entre sí por la batalla de Salamina.
Y antes:
(...) batalla central también de la historia clásica, de la que dijo Eça de Queirós que "nos salvó a todos nosotros, hombres de raza aria, de ser orientales y tal vez persas".
No sé, soy tan poco conocedor de historia que no sabría decir cuán acertado es este concepto. Pero vale para despertar la curiosidad y el interés.