sábado, 10 de diciembre de 2005

Otro "testarudo"

Ayer en un casamiento (¡hoy tengo otro!) se leyó un fragmento del Libro de Tobías (pero no hablaré de ese fragmento, que es del capítulo 8). Según contó el cura, Tobit, padre de Tobías, era un judío que había sido deportado junto con varios compatriotas a Nínive, en el país de los Asirios (Tob 1, 3). Era un hombre muy justo y caritativo y entre las cosas que hacía había una en especial que le había traído muchos problemas.

Tobit se encargaba de enterrar a sus compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive (Tob 1, 17). Cuando un rey se enteró de su accionar lo buscó para matarlo. El escapó y perdió sus bienes. Pero pudo salvarse porque ese rey fue asesinado. Una vez reestablecido, bajo el reinado de otro rey, él volvió a las mismas costumbres, a lo cual los vecinos se burlaban de él diciendo: "¡Todavía no ha escarmentado!" (Tob 2, 1-7).

Recordé inmediatamente a Antígona. Y pensé muchas cosas. La característica del castigo de no permitir enterrar a los muertos. Se ve que era algo usado. Dijo el cura el castigo era para humillar al muerto y a su familia. Lejos estoy de saber el orígen de esta práctica (según la Biblia "El Libro del Pueblo de Dios", el libro de Tobías fue escrito hacia el año 200 a. C.; según vimos, "Antígona" fue escrito en siglo V a. C.). Crucé unas palabras con el cura a la salida, pero no obtuve mayores informaciones.

Primero pensé que el tipo de castigo podría provenir de un pueblo que no tuviera un culto a los muertos (¿se dice así?). No comprendiendo la gravedad del hecho, los Asirios aplicarían estas condenas a otros pueblos (Judíos) que sí tenían un cuidado especial por los muertos. Pero está a un tris de ser un error garrafal, ya que los asirios, al parecer, creían en "algo como" la vida después de la muerte.
A la manera de hoy, se dirá que Antígona y Tobit nunca "existieron" (mal dicho, porque existen al menos como "personajes"). Poco importa que hayan existido como personas de carne y hueso, ya que lo que buscan los textos es pensar y edificar, pero... ¡qué bien se hubieran entendido estas dos personas! Y pensando en sus distintas religiones, un lindo encuentro "ecuménico" podría haber tenido lugar.
(Mirá que digo pavadas, ¡eh!)

7 comentarios:

finitud dijo...

Más allá de la interpretación pastoral, a mi me hizo reflexionar acerca de la confianza en la posibilidad de torcer el destino trágico, también en el sentido de la muerte, y de la sepultura como espera de la resurrección. Y por analogía, de ocuparnos de "lo muerto" que hay en nosotros y de confiar en que trabajando en ello, una recompensa habrá. (Perdón por el divague, me interesó mucho el post)

Hache dijo...

Primero pensé que el tipo de castigo podría provenir de un pueblo que no tuviera un culto a los muertos (¿se dice así?). No comprendiendo la gravedad del hecho, los Asirios aplicarían estas condenas a otros pueblos (Judíos) que sí tenían un cuidado especial por los muertos.

Un ateo podría castigar a un cuerpo muerto para burlarse de las creencias religiosas.

Quien cree en la resurreción de los cuerpos (y por ende en la importancia de mantener cuidado el cuerpo para que pueda resucitar) puede dejar al muerto sin sepultura no solo como humillación sino para generarle un verdadero daño (si a tu cuerpo se lo comen los buitres te impido resucitar)

Ecazes dijo...

Persevera, persevera en ellas que están muy bien…

Anónimo dijo...

Hola! me gusta la línea que vienen trayendo los temas. Urgar sobre castigos y costumbres antiguas con siglos de diferencia entre ellas es meterse con Los Temas humanos, eternos.
Averiguate algo sobre los Romanos y sus castigos a los primeros cristianos de Roma de no poder enterrar a sus muertos, que tiene el sentido de una especie de burla que vos señalas en el post. Los cristianos hacían un posito en sus guetos, una escalerita, y de ahí para abajo, kilómetros (puede ser que exajere) de galerías subterráneas en tierra de sedimento de volcán, de hasta tres pisos bajo el suelo, y eso era un sementerio privado subterráneo. Las catacumbas cristianas de Roma.
chau!

martin_busca@yahoo.com.ar

Juan Ignacio dijo...

Interesantes "comments"... gracias.

Aeronauta dijo...

Trato de ponerme en la mente de alguno que pensara de verdad que por no conservar los cuerpos no resucitaremos...¿habrá alguno?

¡Si el cuerpo se descompone de todos modos! y al menos los elementos de lo que estaban compuestos volverán al ciclo de la vida, es decir compartiremos los átomos que formaron nuestras moléculas,inclusive con plantas y animales sin perder por eso dignidad ¿no?

Bueno, entonces para Dios no es obstáculo para la resurrección eso. Sí es una pena enorme no poder sepultar a tus seres queridos e incluso una humillación, pero ¡qué sorpresa encontarnos todos vivitos y coleando, bellos y gloriosos en una tierra nueva y unos cielos nuevos, aunque de un modo misterioso!

¿Han pensado en que las células del cuerpo se van renovando todas más o menos cada 11 años? ¡Y sigo siendo la misma! Tengo mi personalidad, recuerdos, etc.

Frank Sheed, en "Teología y Sensatez" (Ed. Herder , quinta edición 1991, pg 318) algo dice muy cuerdo sobre ese punto de vista. Él piensa que ese como "elemento" que se mantiene-- a pesar de que ya no soy la misma físicamente-- es lo que hará que cuando resucite siga siendo yo misma a pesar de la putrefacción, cremación, disolución, o lo que sea, de mi cuerpo mortal.

Sheed cita a C. Dawson: "Una vez más la materia será extensión del espíritu, no su límite; el instrumento del espíritu, no su enemigo"

No sé si he divagado mucho, pero la resurrección es un tema que me ha costado entender y era una ocasión de hablar de ella.

Hache dijo...

Otra vuelta sobre una charla abandonada...

Leo en Un millón de muertos (sobre la guerra española) que a los moros les causaba pavor la aviación por miedo a que un bombazo les destrozara el cuerpo y por eso no pudieran entrar al paraíso.