sábado, 23 de julio de 2022

Vuelta brava


Dice Miró en un pasaje llamado Toponimia: "Un nombre de lugar demasiado histórico y celebrado es un bien de todos; es decir, demasiado ajeno". Eso pasa no solo con los nombres sino con los lugares mismos, y muchas otras cosas como canciones, libros, etcétera. Y por eso (también por eso; y lo supe al leer esas palabras) me gustan las cosas raras y alternativas, siempre y cuando sean de buena calidad.

Vamos al punto. Yo podría traerles acá hermosas fotos de la Laguna Brava, o La Brava; fotos de lugares que algunos recuerden y a los que otros puedan acceder fácilmente. Pero les traje estas porque no las va a tener cualquiera. En el momento de tomarlas el fotógrafo y su familia se encuentran en un puentecito sobre el arroyo El Peligro, afluente de la laguna desde el sur.


Cruzar el arroyo permite darle una vuelta a la redonda a la laguna y correr entre las sierras Brava y La Vigilancia. El cacique Cangapol era quien dominaba en una época la zona (dicen que fue quien expulsó a los jesuitas de la cercana Laguna de los Padres) y de su nombre alternativo, Nicolás el Bravo, vienen los toponímicos de la zona.

Ya no estaba el cacique y sí los signos de nuestra civilización, pero costó hacer la vuelta porque la huella es angosta y profunda. Nuestro móvil no es 4x4 pero es alto y pudo salir adelante mientras los pastos le acariciaban la panza. Pero hubo que ir como el mostaza Merlo, paso a paso, para no meter la pata en un "aujero".

Ir despacio no fue un problema porque se iba charlando con el entorno. Los protagonistas de siempre estaban allí; los que vieron caciques, españoles, jesuitas y nosotros. Los destacados: dos halconcitos plomizos (Falco femoralis) y unas loicas con su pecho encendido.



Nota: para hacer este camino salir de la 226 a la altura del parador El Dorado e ir por camino consolidado hacia el complejo Ruca Lauquen. Pasado este y habiendo tocado tangencialmente la orilla este de la laguna, seguir otro tanto hasta camino que sale a la derecha sin indicaciones.

domingo, 10 de julio de 2022

Sunday, baladí sunday

Fui a abrirle al gato sin soltar el libro y cuando me di cuenta lo estaba sosteniendo con un dedo a modo de señalador (al libro). Me acordé de aquél amigo de la casa que decía hacer eso y la foto de su ancestro inmortalizado en una escultura con un libro en la mano y el dedo como señalador (estuvo aquí). 

*

El libro va por las páginas de los primeros "cienes" y siempre recuerdo a los colectivos cuando veo los números. Hice una pausa en el 108, ese colectivo que cuando estudiaba en la facultad había fallecido y lo hacía un ramal de la 168, pero que hace poco lo vi moderno y veloz, con su propio número en la frente, en Retiro. Puse el señalador en la 110, ese colectivo que tenía tan buena pinta por aquellas mismas épocas; unidades nuevas y brillantes que iban por Scalabrini Ortiz y al final cambiaban a Malabia y Luis Viale.

*

El ruido fue claro. Fue casi como la primera vez que lo escuché. Casi. No fue exactamente igual. Pero nada podría haber hecho ese ruido sino una palta. (Hace unos pocos años escuché por primera vez una palta, y cualquier fruto, caer del árbol al piso). Pero no estaba. No estaba en el piso al descubierto, ni entre las ramas de la última poda. ¡Estaba en una horqueta del limonero! Pero ya estaba vieja y tenía dos caracolitos milimétricos. ¿Sería esa? ¿Tan avanzada estaba cuando cayó? Y debía ser nomás, no había otra opción. Anoto: Este año las paltas están listas antes. Hay muchas menos y están listas antes.

sábado, 9 de julio de 2022

Un tren interrumpe menos y promete más

(Vías en desuso en Azcuénaga, Buenos Aires; foto propia)

¿Qué sentido tiene lamentarse por el fin del apogeo de los trenes como si fuera una injusticia o un mal de la modernidad? Los trenes eran más lindos y más románticos que los ómnibus o los camiones. Eso sin duda. Pero su apogeo fue un apogeo de la economía y la industria, dentro de un proceso que, por sus mismas razones de ser, iba a derivar en otra cosa sin reparar en la belleza o el romanticismo de aquellos. No ver eso y lamentarse es algo necio. Ahora bien, lamentarse por una belleza perdida no está mal. Porque, ¡qué lindas eran las cosas del tren!

De las cosas más lindas que leí sobre vías férreas estaba aquello de Faulkner en “Los invictos”, cuando el primo le mostraba a Bayard las vías y cómo pasaba el tren. El descubrimiento y el asombro. Lo trajimos en Enero: clic.

Pero en su relación con las carreteras este es un fragmento genial, de la experiencia de Miró en el Levante español:
“Camino nuevo en los montes cerrados. Esta era la comarca de los pueblos escondidos. El camino sigue nuevo. El frescor de la sierra no le deja criar polvo. A los lados, las matas de madroños, de sabinas, de aulagas y enebros; la salvia, el brezo, el romero, las pimpolladas de pinar, aun tienen su verde intacto. Porque nada rae y encallece el paisaje en el paisaje como las carreteras. La carretera es gente y arrabal, aunque esté solitaria. La carretera ya no es distancia, sino la medida de las distancias. Suprime un concepto de silencio, de clausura, de pureza que tenía cada rodal, cada instante del campo, siendo como era, guardado en sí mismo. Un tren interrumpe menos y promete más. Los carriles traspasan los campos con prisa y sutilidad. Brota la hierba, más dulce junto a las vías. Cuando el tren desaparece deja una emoción de países remotos. Es como una leyenda de civilizaciones, de hermosuras, que se comunica de cualidades agrestes. Después se queda el campo más hondo, más callado, más estático. La carretera siempre es la misma; es vecindad, y nada más promete el pueblo inmediato. De modo que para Sigüenza, ese ruralismo de las carreteras con automóviles quita la intimidad de los lugares que vio, en otros tiempos, sin carretera”.
(Gabriel Miró; Años y leguas, Caminos y lugares, Bolulla)

domingo, 3 de julio de 2022

Agua de la buena

Hace tiempo que no leía algo tan bueno sobre el agua. Es para leer muy tranquilo; debería haberlo colgado más temprano...
"   ¿Quién recogió las aguas entre sus brazos como una túnica?

   Únicamente Dios. Ya lo sabe Sigüenza.

   Sigüenza y muchos quisieran gozar del agua, cogiéndola, ciñéndola, modelándola como una ropa dócil a nuestros dedos. Se lo hace decir a Salomón en sus Proverbios que sea el agua tan infinita en sí misma, tan incorpórea en su cuerpo, y la codicia de tenerla y de romperla en su unidad fugaz y perdurable.

   Si ve, Sigüenza, bullir el agua en la sierra o en la vera, la sentirá con los ojos, con las manos, con la boca, con el pecho, aspirándola desde la superficie al fondo. Si pasa Sigüenza por los secanos, se incorporará su carne la sed de los terrones. Y en la sed se le aparece el agua en todas sus imágenes: agua de hontaneda, delgada y virgen; agua despedazada por los berrocales; agua de rambla, con guijas tibias de sol y adelfos rojos; agua celeste de albercón; agua de pozo, que siempre está esperando nuestra mirada; agua de surtidor, que sube soltándose entera en cada gota, cada gota cerrada con luz y júbilo de ser ella hacía el cielo, y arriba se dobla el tallo de toda el agua y cada gota vuelve a ser agua lisa de balsa; agua hacendosa de molino; agua que se aprieta en los alcorques, calando las cepas y los troncos; agua de lluvia; agua cogida viva dentro de la mano; agua de la peña a la boca como una miel mordida en la bresca y como una fruta en la rama; agua recién nacida, que se arranca con cantarillo de lo más profundo del origen, que todavía sale con el helor duro de la piedra, y viene sin sol, sin cielo, sin campo encima y dentro de ella; agua afilada y desnuda; agua de roca... ¡Quién la recogerá y torcerá como un paño precioso!

   Dios.

   Pero, además de Dios, ¿no cae también en poder de los hombres que la uncen como un buey a todos los trabajos y servicios, y la ciegan en cañutos de plomo y de cemento, y la cuentan, la miden y la envuelven en fojas de escrituras de propiedad? Esta es el agua urbana; y el agua es creación y corazón que estremece lo creado, espejándolo y comprendiéndolo todo; tierra, firmamento, aire, soledades. Agua en la inocencia y la gracia antes de los primeros hombres de empresas hidráulicas.

   ¿No es esa misma agua la del cantarero de las casas levantinas? Esa, pero de cada pueblo. El primitivo lar se ha trocado en cantarero, y la brasa en frescor. Un poyo de yeso y de manises, o de madera de pino y chopo, siempre recién fregada. Arriba, la leja donde están los tazones redondos, con un poncil encima, los vasos tallados, con geranios, albahacas y mirtos, las copas con un clavel, con una biznaga de jazmines que llevó la hija de la casa entre sus dedos o entre su pecho, y se le ha quedado el olor de virgen que hace pensar en la muerte. Cuelgan del muro los platos de Valencia y Murcia, de orlas azules, y, en medio, un pájaro, un pez, un ciervo, un pomo de flores o de frutas, un pescador, un cazador, todo balbuciente, como pintura de niño rural de esta comarca. Plateras y lebrillos, con sus bordes de rizo de una cerámica de ágatas; picheles de reflejos de lumbres antiguas; lo mejor de la loza y del vidrio que trajo la mujer el día de la boda. Y en los ruedos de los poyos, o encima de la piedra, de pie, se levantan los cántaros, de un blancor rubio y tierno, de caderas finas y húmedas, y las asas como unos hombros y codos redondos que parecen de pasta de candeal. Siempre llenos. Se les siente siempre llenos, cerrados con limones grandes, olorosos. Pero hay, por lo menos, dos cántaros que tienen en su boca la magnolia de la jarra, el bernegal de labios ondulados como un follaje de arcilla dulce. También siempre llenas las jarras; con tapa de respiraderos, porque el agua ha de respirar y mirar para que no se duerma o se quede encantada; y el agua se siente a sí misma. En ella está todo el campo, el campo del pueblo del que recibe su nombre; allí quietecito en el cantarero. Y aunque no tengamos sed cogemos la jarra de las dos asas y bebemos despacio, mirándonos los ojos en el guardado corazón del agua. En seguida nos circula una claridad de inocencia rebrotada, una intimidad de viejas memorias con las vigas del techo, un reposo de principio de tiempo que ha de durar mucho. La familia se acordará de otro forastero que también bebía y se sentaba como nosotros y que ya no sabe por dónde camina, ni si camina siquiera.

   El agua del bernegal nos hace sentir al lado toda la fuente del pueblo; la de la cuesta con el ruido de los once chorros dentro del ruido alto de los grandes follajes de los álamos. Manan los caños en la pila morena y larga del abrevadero y lavadero. Vienen y vuelven las mozas con los cántaros acostados o rectos sobre su frente nazarena; niñas en filas, con los cántaros cogidos de la mano como criaturas; mujeres de luto con el cántaro en los ijares, mendigos, ovejas, jumentos de aguador, mulos con el arado en el lomo y al aire el filo de la reja untado de madre de bancal.

   Suenan más puros y más frescos los caños en el atardecer. Hora bíblica y de romance, hora vieja de humanidad, como en todas las fuentes del mundo; como siempre. Olor íntimo del agua que toca las raíces profundas en la tierra tan tierna como un fruto descortezado; olor del agua desde el tiempo. Como en todas partes; es verdad; pero en cada pueblo, su olor. El de la fuente del pueblo donde está Sigüenza, el suyo, el mismo que recogió Sigüenza en otros años, que era el mismo de siempre; el aliento de aquel lugar desde su principio. Allí en esa eternidad y fugacidad del agua se quedaba el tiempo inmóvil y solo.

   Agua de pueblo, de este pueblo, que Sigüenza bebió hace veinte años. Tiene un dulzor de dejo amargo, pero de verdad química, que todavía es más verdad lírica. Bebiéndola se le aparece en la lengua el mismo sabor preciso del agua y de su sed de entonces. En aquella sed estaban contenidas todas las promesas de las claridades de un agua lejana para todas sus avideces. Desde aquella sed, junto a la pila de esta fuente, ¡cuánto mundo, Señor, cuánto mundo se le deparaba entre el arco de sus sienes! Y, ahora, todos esos años, los veinte años venían dóciles como corderos y se paraban a beber y mirarse en la pila viejecita donde cabía temblando el firmamento.

   -¡Como esta agua no habrá catado ninguna! -le dicen las gentes-. ¡Ya es usted otro hombre desde que llegó de Madrid y bebe de nuestra agua! ¡Un hombre nuevo!

   ¡Hombre nuevo! ¡El hombre nuevo a costa del hombre de antes, como el de las Sagradas Escrituras!"

(Gabriel Miró; Años y leguas, Agua de Pueblo, El cantarero y la fuente) 

 

viernes, 17 de junio de 2022

Modo Miró

Y claro, se impuso la lectura que era ágil, la del inglés de los güesos. Además de que su también pobre impresión era, sin embargo, mucho más agradable de manejar. No es que no sean ágiles los años y las leguas de Miró, y son un disfrute total. Pero se necesita estar fresquito para aprovecharlo, para leer la metáfora y sentirla. Y esa penosa edición de Salvat no ayuda. Edición que encima se da corte de tener un "Comité de patronazgo" cuyos integrantes eran Dámaso Alonso, Presidente de la Real Academia Española, Miguel Angel Asturias, Premio Nobel de Literatura y Maurice Genevoix, Secretario Perpetuo de la Academia de Francia.

Después de leerlo un rato fui al fondo y los limones estaban de postal. Capturaban la última luz del día y brillaban tenues en medio de la penumbra. La misma luz final se agarraban dos laterales ciegos de dos edificios cercanos. Los limones probablemente la tomaran de ellos. El farol del vecino ya estaba prendido pero su luz solo estaba allí. Brillaba solo dentro del farol porque la poca luz de afuera era, sin embargo, de una fuerza superior. Había tanto silencio que escuché el tren. El grado normal de un silencio notable es poder escuchar las campanas de las benedictinas. Este era un grado superior de silencio.

Uno escribe torpe pero siente adoptar, aunque sea en forma tosca, el modo de lo que lee. Como cuando veías una película de acción y salías dando patadas de karate.

domingo, 12 de junio de 2022

¡Qué te han hecho!

Y me lo imagino al pelado raro ese hablando de cómo mejoraron la conectividad de la ciudad… Pero, ¡han violentado al Pentágono!

Seguro le viene bárbaro a los camiones de Danone o de Carrefour o quizás a algún emprendedor de zona, y no niego que a todos aquellos que muchas veces sufrimos en algún paso a nivel. Sin embargo, ¿han consultado a todos los vecinos? ¿Y a los poetas? ¿A los contemplativos que viven felices con lo que tienen y saben que aunque a veces los nervios nos ponen ansiosos ese lugar era tan pintoresco, tan una isla que no necesitaba ser herida por los autos que pasan a toda velocidad sin saber por dónde pasan?

Ya la veo a una joven con su Up cero kilómetro yendo a su fiestita y pasando por ahí porque así lo indicó Google. Cuando haga Punta Arenas, Bauness y llegue a Warnes ni sabrá que pisó un pedacito de la Donato Álvarez oculta. ¡Y por entrar y no haber seguido el perímetro (ese que es para los que tiene que pasar nomás) nunca habrá conocido el bulevar más triste de Buenos Aires, ese que forman Del Campo y Garmendia! (Salvo que lo hayan sacado, o embellecido; a esto último no me negaría ya que no es fácil transitarlo con el alma sensible).

Túnel de Punta Arenas y vías elevadas de La Paternal, dos heridas al Pentágono que nos dejan algo tristes. Nos consolamos pensando que aún viven tranquilos la Iglesia de Santa Inés y San Camilo o el Club Floreal.

(Y si bien la pena de Carnota debería ser más grande, haber estado escuchándola en estos días me impulsa a dejarla como acompañamiento al cierre de esta entrada).

miércoles, 8 de junio de 2022

Entre el Levante y la Pampa

(6 de junio)

Ando con un problemilla de lo más divertido. Iba yo para la Astral de Munro en este mediodía de poco pero esperado sol (un sol que también luego se desearía hacia atrás y que según dicen no se volverá a ver hasta mañana al mediodía) y no pude evitar detenerme en los cajones de libros usados. En el cajón de $50 ya no había nada que valga la pena. Pero en el de $100 había un ejemplar de "El inglés de los güesos" y, como no lo tenemos, lo tuve que tener. Y mientras caminaba mesmo me adentré un par de capítulos en la historia y quedé enganchau.

¿Y ahora qué hago? ¿Lo dejo a Sigüenza? ¿Me vengo de golpe del Levante a la Pampa? Soy lector de un solo libro y encima ya tengo abierto "La Ciudad de Dios". En fin...

Mi hijo está estudiando biología y una orientación posible son “los huesos”. Y se sabe los nombres científicos de los animales. Por eso a la tarde le leí este pasaje:
- A ver, míster -preguntaba, por ejemplo, el muchacho, señalando con la barbilla un grupo de teruteros reales, que mojaban sus rojas patitas en el agua-, a ver, míster, ¿a que no sabe qué bichos son aquéllos?
- ¡Aoh! ¡Yes!
Y desdoblando su larga silueta, míster James miraba curiosamente hacia el sitio indicado, la recia diestra a modo de pantalla sobre los ojos azules y decía al cabo, muy contento:
- ¡Aoh! ¡Yes! Imantopus, imantopus… ¡Aoh! ¡Yes! Mí conoce…
- ¿Cómo dice?
- Imantopus, imantopus melanurus… ¡Yes! ¡Yes!
Y enarcaba las cejas rubias con gravedad cómica, tratando de convencer al muchacho, que se echaba a reír irreverente:
- ¡Qué “mantopo” ni “mantopo”, míster! ¿No ve que no sabe? Esos son teros riales; ahí tiene, teros riales, ¡pa que aprenda!
Y se retorcía de risa sobre el caballo, divertidísimo con la ignorancia de aquel hombre…
Según notas del editor de mi ejemplar (Editorial Troquel, Clásicos, 1960), acá Benito Lynch "hace alarde de sus lecturas científicas".

Y es en otra nota donde surge el interesante tema del mate dulce. (Recordemos que aquí en el blog siempre pensamos que el mate dulce era una "barbaridad" hasta que supimos que Don Segundo Sombra lo tomaba).

La joven Balbina se había puesto hacer tortas fritas. Y entonces dice el libro:
Después, cuando la masa ya estuvo lista, cuando comenzó a chirriar la grasa hirviente en el sartén y el grato olorcillo de las primeras tortas doradas a esparcirse en el ambiente de la cocina, todos se alegraron de pronto, y hasta el mismo don Juan levantó la cabeza para decir a su consorte que le habían venido deseos de tomar un mate dulce…
A lo que el editor anota: "Habitualmente el paisano toma el mate amargo, cimarrón; pero en ocasiones excepcionales, como especial agasajo, toma el mate con azúcar".

¿Qué opinan de esto? Dejen sus comentarios, suscríbanse y activen la campanita (¿chiste repetido?)

domingo, 5 de junio de 2022

Primeros años y leguas

Y entonces agarré de la biblioteca el librito que tenía al lado. Y era "Años y leguas" de Gabriel Miró. Y me enganché. Y resolví la situación. Dos o tres comienzos ya tentados tendrán que esperar. Porque ahora tengo que leer la historia de este Sigüenza. ¡Qué potentes descripciones!
"Y entonces Sigüenza percibe el grito interior sobrecogido: «¡Campo mío!». Ya se ve, sin verse, en el agua de los riegos que corría, en la cal de los cortinales, en el temblor de los chopos, en el azul, en todo lo que le rodeaba. Como en esa tarde vino en aquel tiempo. El olor de los viejos campos de la Marina, como el olor de su casa familiar en la felicidad de los veranos de su primera juventud. Pero no pareciendo que «fuese ayer», o pareciéndolo precisamente porque entonces sentimos todo lo contrario. Y porque nos oprime la verdad del tiempo devanado tuvo más fuerza alucinante la emoción de esta hora que se había quedado inmóvil para Sigüenza desde entonces. Y hasta hizo un ademán suave de tocarla, de empujarla, queriendo que volviese a caminar a su lado. Una lente lírica le acercaba a sí mismo. En ese algarrobo desgarrado, en aquella quebrada, en un contorno de una colina, en una tonalidad, en un rasgo preciso, debió de dejarse más hincada su mirada, y ahora, entre todo, se le presentaba, no el recuerdo óptico y casuístico, sino la misma mirada, la sensación de su vida, que se había envejecido allí, y ahora le salía para verle pasar, a veinte años de distancia…"
El tomito es de los horribles (pero por alguna razón entrañables) de la famosa "Biblioteca Básica Salvat", esa de distintos colores por temática. Pasar las páginas es desagradable y se nota a mis cuarentilargos lo chiquito de la tipografía. Pero eso no es obstáculo.

¡Y alguien lo estuvo marcando! ¿Lo habrán pedido en el colegio alguna vez cuando éramos chicos? ¿Se leía a Miró en los colegios a fines del siglo pasado? ¿O quizás lo prestamos a alguien? (Solía pasar eso en casa).

El Levante me va a gustar. Estoy seguro. Y se sumará a la Costa Brava, que me mostró Josep Plá hace unos años, para completar en gran parte el Mediterráneo español.
"Las avispas vuelan con dejamiento, con descuido de sí mismas. No se preocupan ni de recogerse las patas. Deben haberse dicho: «Voy cerca, y no es menester que me suba las piernas; colgando van bien; tal como estaba, sobra...». Esas zancas llevan una media de vello arrugadita y caída. Pasan, vuelven, meciéndose en el sol, distraídas y comadres.
Los abejorros, repolludos y malhumorados, se afanan por sentir mucha prisa. Si no se fijan ni cavilan más en las cosas, no es porque les falte capacidad de atención y ahínco; y, si no, que se repare en el bramido que llevan. Pues, si se estuviesen en torno del parral, no lo podría resistir el envigado; cada pámpano se estremecería, doblándose bajo el ímpetu de su viento; una perdición. Además, es que no pueden parar. La inmensa mañana les solicita; todo ha de recibir la sensación de su diligencia.

Llegan los escarabajos con su negrura pavonada. Antenas, palpos, patas se les cruzan reciamente como un costillaje. En su sotanilla bombada y en su bonete, traen ellos todo el sol de los campos en una gota; todo el sol miniaturizado dentro de un azabache. Sus alas y elictras son un molino de hélices y exhalaciones moradas. Se pesan tanto a sí mismos que rebotan contra los pilares. Temen no haberse puesto las alas que les corresponden. Esa es su lástima. ¡Tan bien acabados, esferoidales, carbonosos, bruñidos, organizados para empresas de terquedad, y con las mangas tan cortas que no les permiten sostenerse en todo el día del cielo!

Ven la redonda entrada obscura de un cañuto del techo del parral. Las avispas y los abejorros han visto ese agujero, y nada. Pues los escarabajos no pasan delante del misterio sin escudriñarlo. Les obliga su naturaleza y su crédito. La creación les contempla. El mediodía tan grande, con tanto sol, no puede sumergirse en un tubo de caña. No importa: allí está el escarabajo. No temerá. Para él solo estaba guardada la tenebrosa aventura. Y se agarra al borde del cañuto y se va asomando. Su cuerpo tan orondo principia a sudar y crujir, adelgazándose, afilándose para internarse en el abismo. Después, se queda silencioso; y en silencio, blandamente, se hunde. Fuera, está toda la mañana esperándole. ¿Qué sabrá, a estas horas, el desaparecido? ¿Cómo podrá salir?

El desaparecido sale reculando, y en seguida se le encienden en su espalda y en su sombrero de luto los negros fanalillos de sol. Y se pasa a otra caña horadada. Es otro misterio. No se cansará el investigador. Vuelve a sumirse; vuelve a salir; y acude insaciable al cañuto de al lado. ¿Qué hace dentro? Está encogido, atendiendo lo que piensa de él la gloriosa mañana. A otro cañuto, después al siguiente; todos los pesquisa; y nunca acaba, porque tiene el goce doctísimo de volver a penetrar en los mismos misterios de los mismos cañutos de antes, sin darse cuenta…"

domingo, 29 de mayo de 2022

Scrabble

"¡Quisiera escribir esta palabra, aunque valga tan pocos puntos!" Seguramente alguno de los millones de lectores de este blog haya experimentado alguna vez esa sensación jugando al Scrabble.

Y es como una frustración pues pensamos que el juego se trata de nuestro gusto y capacidad de descubrir una palabra en ese revoltijo de letras, capacidad que está relacionada con nuestro conocimiento, con nuestro arsenal mental de palabras.

Pero en este juego muchas veces se obtienen más puntos si cuidamos la elección del lugar en donde colocar una palabra que la elección de la palabra en sí. O dicho de otra manera, para mejorar nuestro puntaje hay que buscar una palabra para determinado lugar más que una palabra cualquiera solo entre nuestras letras.

Escribir "pampa" o "andar" sobre una casilla de "duplica palabra" o "triplica palabra" puede valer mucho más que escribir en casillas comunes cosas más pintorescas como "hirsuto" o "celemín". Así resulta también que quizás sea más ventajoso poner una ese a una palabra existente y transformarla en plural que disfrutar de formar una bella palabra con más de nuestras letras.

Pero los juegos son así. Y muchos son los que no solo apelan a una capacidad del jugador sino a varias. Y eso es mejor, si es que se puede decir esa palabra, ya que a la larga puede ser más entretenido (o como gustaría decir a los que buscan la parte utilitaria del juego: "desarrolla más capacidades").

Y sin embargo esta característica del Scrabble a veces molesta. Y no me resultaría extraño que en la historia desconocida de este juego, esa historia que se ha desarrollado en casas de familia o quizás plazas de la ciudad, haya habido alguna vez un loco lindo que prefiriera armar bellas palabras a sumar puntos.

domingo, 22 de mayo de 2022

Ring them bells

Hay nuevas bibliotecas, encargadas por M. Son 32 espacios adicionales de 61 centímetros de frente cada uno. Hay que reorganizar todo el conjunto. ¡Genial! Algunos módulos van quedando cerca de la entrada, lo cual es muy útil porque los días en que no se escucha el timbre y uno decide esperar la pizza con la puerta entornada tiene mil opciones para ir picoteando de parado.

Hecha esta "introdisgresión" les voy a transcribir la letra de la canción “Ring them bells” de Bob Dylan. A ver qué les parece. No ayuda mucho que solo digan de esta canción que está “inspirada principalmente en un evangelio” (Wikipedia). Pero tampoco es correcto que lean algo agresivo hacia los cristianos (alguien por ahí en Songmeanings). Si hasta un gesto ecuménico habría por ahí al decir que nuestro Dios es uno. (Claro que el nuestro es también trino, pero no provoquemos ahora al pobre Dylan, creo que viene en son de paz).

Toquemos las campanas porque es necesario avisar al mundo de varias cosas, sí señor. (O yo no entendí nada…) ¿Cuál es tu opinión? Dejala en los comentarios, suscribite y activá la campanit… Ah, no.

Ring them bells ye heathen from the city that dreams
Ring them bells from the sanctuaries cross the valleys and streams
For they're deep and they're wide
And the world is on its side
And time is running backwards
And so is the bride

Ring them bells Saint Peter where the four winds blow
Ring them bells with an iron hand
So the people will know
Oh, it's rush hour now
On the wheel and the plow
And the sun is going down upon the sacred cow

Ring them bells Sweet Martha for the poor man's son
Ring them bells so the world will know that God is one
Oh, the shepherd is asleep
Where the willows weep
And the mountains are filled with lost sheep

Ring them bells for the blind and the deaf
Ring them bells for all of us who are left
Ring them bells for the chosen few
Who will judge the many when the game is through
Ring them bells for the time that flies
For the child that cries
When innocence dies

Ring them bells Saint Catherine from the top of the room
Ring them from the fortress for the lilies that bloom
Oh, the lines are long and the fighting is strong
And they're breaking down the distance between right and wrong

Primero les dejo una versión del autor, con su voz cascada pero con una expresividad única. Y luego para los más remilgados (dicho en forma amistosa) una simpática versión de Sarah Jarosz (o ya el trío "I'm with her", pues están Sara Watkins y Aoife O'Donovan). Y está también Rich Dworsky en los teclados. Era la época de "A Prairie Home Companion", hoy "Live from here".