miércoles, 17 de junio de 2020

Superpoblación

Superpoblación. Es algo que no puedo concebir. Si ves la cantidad de frutas que tiene este árbol sin que yo haya hecho lo más mínimo al respecto, si ves la riqueza que puede haber en un cuadradito de tierra en el que tiras una semilla y se multiplica por un millón, no podés creer en la superpoblación. La superpoblación es un invento de miedosos de escritorio. La semilla explotando es la realidad. La superpoblación es una historia de dudosa reputación.

De música: Todos los conciertos para Oboe de Vivaldi o el disco completo de Lari Basilio, Far more.

viernes, 5 de junio de 2020

La ciudad de nadie (V)

Habíamos dejado de publicar la serie "La ciudad de nadie" (la transcripción por capítulos del ensayo o relato de viaje del venezolano Arturo Uslar-Pietri en la Nueva York de 1950) cuando leímos tantas malas noticias.

Pero hoy leí que tuvieron el primer día sin muertos, así que decidí reiniciar la serie.

Esta parte, la V, es una de las que más me gusta. Es sobre la comida.

(Partes anteriores en I, II, III, IV; textos copiados de Revista ViceVersa).

"El pintor que tuviera que hacer el elogio plástico de los claros varones de Manhattan tendría que pintarlos ensimismados, en un sueño de poderío abstracto, entre sus ruedas dentadas, sus curvas estadísticas, de espaldas a una ventana que domina un bosque de rascacielos y contemplando en la mano un segmento de la blanca lombriz aplastada que mana del teletipo con las últimas cotizaciones. A lo sumo, como nota de fruición y de alegría, en la pared, la silueta triangular del gallardete de una universidad deportiva.

Son los amos de un mundo cuyo botín se resuelve en cifras.

Nunca podría ocurrírsele al pintor encargado de inmortalizarlos ponerlos en el momento de gozar de los sazonados frutos de la tierra. Sentarlos a la cabeza de una caótica mesa de Renacimiento donde todos los climas de la Tierra han delegado sus frutas y sus animales, o en el centro de la resonante boda flamenca, con derramados vinos y risas, que todavía gira en algún Brueghel.

Y es que las gentes de esta isla no tienen ni el gusto ni el arte de la comida. Apenas dedican tiempo a alimentarse en una forma somera, desabrida y rápida. Los mira uno ingerir con apresuramiento y sin dedicación un sandwich o una ensalada, mal sentados en la estrecha silla de un mostrador, con el sombrero puesto y el diario bajo el brazo. Hay quienes no toman sino una pintoresca ensalada de hierbas. Esa ensalada verdi-blanca que desborda de las cazoletas de madera es la única fantasía de su alimentación. Pero el plato típico preferido y ponderado que se come en los hoteles de los millonarios y en las fritangas de los muelles es el jamón con huevos fritos y el pastel de manzana. O acaso el «perro caliente».

Lo que un pueblo come retrata su historia y su psicología. La cocina es una de las más elaboradas formas de la cultura. Algunas salsas significan tanto culturalmente como un estilo arquitectónico o como una forma poética. Algunos vinos están tan entrañablemente mezclados a una raza y a un suelo como la propia lengua en que se expresan. La aptitud para sublimar el contenido de las necesidades primarias es el verdadero signo de la cultura. La transformación del refugio rupestre en catedral barroca no es muy diferente, como hazaña y marca de una cultura, a la transformación del bocado de carne asada en tournedos Rossini.

El pueblo griego, con el mismo impulso sagrado con que hizo el Partenón y creó la filosofía, transformó el acto animal de alimentarse en el noble ambiente del symposium, el banquete socrático en el que junto con la comida y la música de las flautas tiene lugar el rito del diálogo. Son también las sobremesas de los alejandrinos cargadas de gracia escéptica, y las de las villas florentinas bajo los Médicis, y las del París de la Restauración, cuando Talleyrand, con sublime elevación, explicaba el difícil arte de tomar una copa de fine Champagne. Un arte no menos complicado, sutil y simbólico que el que los chinos han madurado en milenios para preparar y servir el té.

Esa refinada estilística de la cocina, que adquiere tan extraordinario esplendor en la cultísima nación francesa, es una de las mejores vías de acceso hacia la intimidad espiritual de un pueblo. El Chianti, la polenta y las pastas son la parte más viva y asequible de la historia cultural italiana. El sauerkraut y la cerveza dicen más sobre el alma alemana que el falso Arco de Brandeburgo. El cocido de Castilla y el arroz de los valencianos son de las expresiones más reveladoras de la vida de la meseta y del mediterráneo español. Y la diferencia tónica y conceptual del vino de Burdeos y del vino de Borgoña reflejan la más rica de las contraposiciones del alma de Francia.

Lo que el hombre de Manhattan come es de lo más pobre e insignificante de la cocina universal. El refinado arte de las salsas le es desconocido. El vino y el aceite, que son dos de los más extraordinarios alimentos de la cultura antigua, le son ajenos. El maíz, que es la planta naturalmente más ligada al misterio telúrico del continente americano, les llega puro, en hábito de trigo, sin los significativos procesos de preparación y de fermentación que los indios han llevado a los pobladores de otras zonas, y que son la arepa, la chicha, la mazamorra, y todos esos conceptos en los que sobrevive y se transmite el sentimiento de una raza casi muda en la historia.

Comen poco, desabridamente y con premura. Las más de las gentes entran de carrera al mediodía al mostrador de una farmacia y a medio sentar comen un sandwich. Es ese mismo sandwich, que a esa misma hora, hora standard del Este, comen uniformemente millones de hombres y mujeres. Algo sin duda tiene que ver esta alimentación con la historia de la isla, con su arquitectura, con su paisaje y con su espíritu. Forma parte de una sensibilidad, de una manera de entender la vida. Algo del rascacielos, y del inmenso estadio de pelota, y del luminoso sol de invierno, y del color del Hudson, se refleja en el sandwich y en el vaso de Coca-Cola con que almuerza el hombre que los habita, los construye y los ama. El mongol que hizo su historia a caballo, que se calentaba con estiércol, y que se adornaba con crines, también se embriagaba con leche de yegua. La comida es una de las formas fundamentales de conocimiento y una de las mayores expresiones de la sensibilidad. Lo que fundamentalmente puede diferenciar los rascacielos de los palacios de Gabriel y la java rezongada en acordeones en los fonduchos franceses de la monótona cantata de los ozarks resalta más contrastadamente entre el hombre que almuerza con sandwich y Coca-Cola en el mostrador de una farmacia de Nueva York y el locuaz obrero que en una acera de París se instala a comer un elaborado guiso, mientras rebana un grueso pan sostenido bajo el brazo y empina repetidamente la botella de vino rojo que siempre está a su lado con poderosa presencia. En esa botella de vino la historia y la geografía de Francia entran en comunión con su pueblo. Es un caldo espiritual que los nutre de la esencia mágica de su tierra. El obrero de París tiene una noción precisa de los finos matices que distinguen a Anjou, de Alsacia y de Burdeos al través de los matices del cuerpo y del espíritu del vino en que cada región se expresa. Nada de esto ocurre en Nueva York. La Coca-Cola es igual desde el Atlántico hasta el Pacífico y las ensaladas higiénicas son hechas de las mismas desabridas y limpias yerbas en toda la extensión de la Unión.

Taine, en sus grandes hazañas de teorizante, trató de explicar una vez algunas de las diferencias de la expresión artística en los pueblos tomadores de vino y en los pueblos bebedores de cerveza por la influencia de estas bebidas. El arte del mundo latino estaría en gran parte influido y explicado por el vino, como la inorgánica, oscura y aletargada expresión de los sajones por la cerveza. El teorizante de la historia cultural y de la sensibilidad de este pueblo, que siendo tan universal tiene tan marcado acento localista en su vida, tendrá que escudriñar bastante en la significación de la Coca-Cola. No es el americano pueblo de vino o de cerveza. El hispanoamericano, que tampoco lo es, tiene, en cambio, su bebida tónica, su licor de trance, su caldo espiritual en el concentrado y profundo café. Pero esta bebida yerta que no ha pasado y salido enriquecida con los fermentos y las decantaciones, esta agua industrial y sin misterio no toca la sensibilidad ni la tiñe.

En el proceso de hacer en esta isla una vida con estilo, el terrazgo de una cultura, no se habrá adelantado mucho mientras no haya una cocina y un licor. Mientras no forjen sus propias salsas, sus guisos ambientados, su bebida emocional. Mientras no tengan la sensación de redonda y perfecta unidad que uno adivina entre la pagoda, la moral confuciana, el puente abovedado, la escritura ideográfica, los palitos de comer arroz y el té de los chinos. Entre tanto, y en medio de todas las magnificencias y los esplendores de su crecimiento, serán gente incompleta, no aclimatada en su tierra.

Este hombre del Hudson, que come apresuradamente su magra e incolora ración, no conoce la sobremesa. Y éste es también un grave inconveniente para la formación de una cultura. La sobremesa es la ocasión en que el tono de los alimentos sazonados pone su nota en las ideas y en los conceptos. Es el momento en que la naturaleza muerta de la mesa se transforma en fermento vivo del pensamiento creador. Es la hora de la unidad cultural, en la que después del banquete, sobreviene la música socrática. Lo que las musas y los dioses revelan allí ya estaba en la cocina. No pocas veces lo divino se mueve entre los pucheros, como lo sabía Santa Teresa.

Este hombre sano, fuerte, resuelto y apresurado, apenas acaba de comer se levanta. Se levanta a hacer algo. No conversa después de la comida, ni hay ninguna vinculación visible entre lo que puede decir y lo que ha comido. El comer no forma parte armoniosa de su existencia, sino que la interrumpe, la corta por un breve momento con la necesidad de alimentarse de la manera más simple, más rápida, más insignificante".

lunes, 1 de junio de 2020

Top 5+4=9

En las últimas semanas se me han aparecido unas bestias de canciones y tuve que agrandar el top 5 para hacer un top 9 de canciones de la cuarentena.

Justo cuando hablábamos del subcinco se produjo un hito musical que fue la publicación del disco "Ma" de Sílvia Pérez Cruz y Marco Mezquida, que recoge una presentación en vivo de ellos en Japón (todo había empezado hace un tiempo…)

Y aunque en esa presentación hay "tantas muchas" magníficas canciones, la primera que se me escapó para arriba de a poquito pero firme fue una en catalán, muy sentimental. Llegó a la nube y después la superó, llegando al top.

Un comentarista en YouTube me explicó que "ratllar" es, en dialecto menorquí, hablar. Con eso, el resto de la traducción es relativamente sencilla para alguien con Internet.



Claro que el top ya había sido agrandado con una entrada meteórica de la siguiente canción que se publicó también por aquellos días. Un tema de “los redondos” hecho a la perfección por unos buenos músicos y la cantante de Eruca Sativa.



También en días de la actualización del ranking Hilary Hahn reactivó su canal YouTube. En una semana pasó de 100.000 a 130.000 subscriptores solo con un video de 20 segundos. Mientras esperamos nuevos videos, quedamos capturados por este fragmento de su especialidad, Bach.



Finalmente es un gusto poder incluir en este ranking una canción de los amigos de Pomplamoose. Como siempre, llevan a otro nivel (y a otro mundo) las canciones que versionan. Ella siempre se luce cantando pero en esta, además, el piano de Jack fue genial.
"The city's cold and empty..."



Y bueno, eso es todo amigos, con 73 días de cuarentena cumplidos, Pentecostés ya pasó y arrancando junio...

jueves, 28 de mayo de 2020

Cuarentextos

Tiempo para ver cómo se las arregla uno y saltar de una vida muelle sobre la cinta sin fin de los hábitos cotidianos sin sentido, a la aventura de pequeños grandes desafíos ante cosas que dábamos por corrientes y son extraordinarias”.

Aunque no coincido en todo lo que dice (soy un tipo simple, supongo, y si me dicen quedate, y no me apura el hambre, me quedo) está muy completa e interesante la entrada "cuarenténica" de la Revista Ens, de donde tomé las palabras del inicio.

Además soy un tipo poco social, con lo cual las recomendaciones que dicta la autoridad de turno no son más que lo que siempre deseo hacer. Y hasta puedo manifestar cariño a lejanos afectos sin temer ser convocado a eventos.

Pero para entender a los que gritan en torno mío quizás me pueda inspirar en este texto de Henry James de un cuento que leí el otro día:

Con la partida de Paul, la casa pareció hundirse en una terminante quietud. La señora De Grey no salía ni recibía visitas. Alguna que otra visita matutina constituía la única apelación a su hospitalidad. El señor Herbert, que era todo un erudito, pasaba el tiempo estudiando; la dueña de casa, entre tanto, permanecía sentada a solas, ataviada con una perfección que nadie llegaba a admirar (salvo su criada, para quien la señora era objeto de temores reverenciales), leyendo algún libro piadoso o tejiendo ropas para los más necesitados de la parroquia. De vez en cuando, por cierto, le escribía una extensa carta a su hijo, una carta cuyo contenido el señor Herbert no lograba adivinar. Esto, hace cuarenta años, se consideraba una existencia aburrida; en el presente, sin lugar a dudas, no sería visto ni siquiera como una forma de vida”.
Henry James, Una historia romántica (ambientado a principios del siglo XIX; desmerece un poco el trabajo para los necesitados, pero bueno...)

Puedo darme cuenta que con esta cuarentena récord los argentinos vamos a estar entrenados para un lindo viaje a Marte:

Algunos de los obstáculos que hay que superar para concretar un viaje tripulado a Marte son:
- Enfrentar los efectos de la exposición a radiación cósmica, radiación ionizante, baja gravedad y baja luminosidad.
- Enfrentar el aislamiento de la vida en la Tierra durante varios meses.
- Enfrentar la falta de servicios, en particular médicos.
- Enfrentar, a lo largo del viaje, los problemas psicológicos derivados de una convivencia constante entre pocas personas, confinadas en un espacio minúsculo durante un periodo de alrededor de 6 meses (...)"
Wikipedia

Al día siguiente de leer eso, salió esta nota en el diario La Nación:

"24 de mayo de 2020 • 16:15
A través de su página oficial la NASA emitió un llamado para seis ciudadanos estadounidenses que estén dispuestos a vivir un período de aislamiento de ocho meses en lo que sería la réplica de una nave espacial.
El experimento se llevará a cabo en Moscú , Rusia, y lo que se busca es analizar los efectos físicos y psicológicos que puede producir un encierro de este tipo de cara a las futuras exploraciones espaciales que planea la agencia aeroespacial a la Luna y, más adelante, a Marte, en el marco de su proyecto Artemisa. (...)"

Pero no convocan a argentinos. No se dieron cuenta.

En fin… Si estamos llamados a aceptar lo que viene en la vida, en este caso hay que aceptar que no viene nada, que nada sucede. Es decir que el encuentro con la voluntad divina no será como una caída del caballo sino como la llegada a un remanso de este río que va a la mar. (¿Cursi?)

sábado, 16 de mayo de 2020

Subcinco (Sub-5)

La primera vez que lo preguntaron llegó por fax desde Menlo Park, USA. Querían saber si había cambios en el "top five" y si había canciones en puestos inferiores al quinto. En esto último fueron muy insistentes en sus mails los lectores de la querida Guinea Ecuatorial. En especial ese muchacho de Malabo que hacía cuatro meses no salía de su casa (se le habían juntado dos cuarentenas o algo así, ahora no recuerdo).

La cuestión es que cambios no hubo. La única que tambaleó un poco fue la Yer Blues Chacarera. Y dependiendo del puesto hasta el que hubiera caído podrían haber entrado las siguientes canciones, que no están claramente en un puesto definido sino simplemente abajo del quinto.

Una de ellas es "I can't be satisfied" en la versión de Joe Bonamassa, de aquella vez que estuvo en el Red Rocks Amphitheatre homenajeando a Muddy Waters y Howling Wolf. Waters es el autor de esta canción que hicieron luego famosa los Rolling Stones (y no es Satisfaction, no).

Otra de la nube subcinco es, y perdón por estar tan sureño norteamericano, el archiclásico "Ramblin' man" de los Allman Brothers pero en versión casera de las Larkin Poe. ¡Ojo con las Larkin Poe, eh! Tienen toda una trayectoria musical que empezó cuando eran chicas y eran las Lovell Sisters (y eran tres). La steel guitar es mortal.

También en la mencionada nube hay un clásico del rock nacional. "Estaba soñando con un pianista de jazz que tocaba un azules..." decían los Les Luthiers. En este caso no sé si es un blues, pero el señor de los diez dedos largos y flacos decía estar así. En blue. Hasta que llegaron "Los buenos tiempos". Es Fito Páez y con un gran solo de guitarra de David Lebón.

Finalmente diremos que en la nube ha quedado también una versión única de "Over the rainbow" que hicieron Nataly Dawn y los Sheriffs de Shroedingham.

Para el que no quedó satisfecho, vaya una más de Bonamassa y una más de las Larkin Poe. Y como broche de oro, otra magnífica pieza del dúo que encabeza el ranking. "Como el aire", zamba de Juan Falú:

miércoles, 13 de mayo de 2020

Intrascendente

Leo en la contratapa de mi libro de Flannery O'Connor: "El escritor trabaja en un cruce de caminos donde el tiempo, el lugar y la eternidad se encuentran. El problema está en hallar ese cruce".

Me imagino que sin un concepto cristiano de eternidad esta frase carecería de sentido. Muchas veces tomamos vulgarmente la "eternidad" como un tiempo infinito y en realidad la eternidad es algo que está más allá del tiempo.

El pasaje a la eternidad es una trascendencia de un plano a otro superior.

Marechal decía que el arte encuentra su plenitud cuando trasciende lo local para llegar a lo universal (al mismo y tiempo y sin contradicciones ahonda en lo autóctono y trasciende a lo universal). Este es un "salto" importante. Pero un salto a la eternidad sería aún algo más.

Claro que, volviendo a la frase de Flannery O'Connor, ella no estaba dando ningún salto, sino que hablaba de una especie de encrucijada. Aún así, ¿podría hallarse una relación entre la trascendencia marechaliana a lo universal y este encuentro de Flannery con lo eterno?

Mejor dejo de leer citas sin contexto y continúo conociendo a Flannery O'Connor...

viernes, 1 de mayo de 2020

Top 5

Mucha gente de todas partes del mundo se contactó con "Aquí estamos..." pidiendo el ranking, las mejores canciones de la cuarentena.

Celebrando el día 43 de la cuarentena y Día del Trabajador (¡los quiero ver hoy, solo los chinos abren!) hemos elaborado un comentado "Top 5". Las canciones con sus videos se presentan en orden inverso, como en todo ranking musical que se precie.

En el número 5, escalando una posición; directo desde Los Ángeles, Estados Unidos, una joven de talento cada vez mayor, que se mueve en el ámbito de la música llamada Americana y que, por supuesto, hemos conocido en los shows "Live from Here" de la National Public Radio. Nos gusta mucho como toca la guitarra en esta canción, además de la simpática letra de la misma, que narra sus primeras experiencias en el barrio Eagle Rock de la ya mencionada ciudad californiana. Se trata de Madison Cunningham y el tema "L.A. Looking Alive":



En el puesto número 4 seguimos en norteamérica con un curioso dúo que tiene la dicha de poder pasar la cuarentena juntos, pues forman una simpática y musical pareja en la "vida real". El es un guitarrista prodigio, que tocó a los 12 años en el show de los Grammy y su fama es ascendente, tanto que ha sido luego nominado a varios (en Contemporary jazz y Contemporary instrumental). A ella todavía no la conocemos bien, pero eso no importa si el resultado del encuentro es esta simpática canción (de su autoría). "Best behavior", por Margaret Glaspy y Julian Lage:



En el puesto número 3 "algo que nada que ver". Los cercanos a "Aquí estamos..." saben que en el mundo del violín clásico quien nos guía es esta norteamericana de apellido alemán, niña prodigio del violín que tuvo la suerte de haber elegido este año como su año sabático. Me animo a decir que ella es una de las violinistas más dada a los medios y a tocar en ambientes no clásicos (no conozco casi nada de otras violinistas pero los 100.000 suscriptores de YouTube de la que vamos a presentar supera a los 2 o 3 mil de otras famosas). YouTube nos conoce y un día nos trajo su versión de esta pieza corta de autor inglés. Para el final de un día agitado les recomiendo entonces a Hilary Hahn interpretando "The lark ascending", de Ralph Vaughan Williams, sin olvidar a la Orquesta Sinfónica de Londres a cargo de Sir Colin Davis:



Número 2. Usemos las palabras del presentador original: "Fue a fines de 1968, durante las sesiones del Rock and Roll Circus de Los Rolling Stones. Keith Richards propuso probar Yer Blues con ritmo de chacarera, 'antes de que en medio siglo la haga un gil con una computadora'. Y al grito de '¡Primera!' comenzó, meta guitarra y bombo, esta versión hasta hoy inédita que Biribiri Records pública".



Recuperamos la seriedad para encontrarnos con esta interpretación que alcanzó el número uno en el debut y va a ser difícil bajar de allí. Hace tres días más setenta y nueve años se registraba en SADAIC esta zamba de los Hermanos Ábalos. Sé que hay quienes prefieren las interpretaciones tradicionales, pero hasta a ellos se les hará imposible no apreciar la belleza de los arreglos e interpretación que hacen de la famosa zamba un consagrado guitarrista argentino y un joven pianista brasileño, radicado en argentina y muy conocido en el ambiente. Nada menos que Juan Falú y Andrés Pilar "charlan" juntos en el escenario las Nostalgias Santiagueñas:

lunes, 27 de abril de 2020

Arlt (calle)

Dicen en el diario que hoy (ayer, ya) "podría ser" el aniversario del nacimiento de Roberto Arlt. Yo hace poco había escrito una cosa. Como es una pavada, no lo puse. Pero ahora que volvió a aparecer Arlt, me dio ganas de ponerlo. No tiene nada que ver con la literatura:

Supongo que habrá un puñado de personas dispersas por quién sabe dónde para los que, como yo, Roberto Arlt fue primero una calle antes que un escritor.

No era muy grande yo cuando le cambiaron el nombre a la calle, que pasó a llamarse Gregorio Aráoz Alfaro. Pero seguramente en sus cercanías han vivido muchos chicos que conocían la calle, su nombre y, como suele pasar, salvo que fueran precoces lectores, o hijos de literatos, o lo que sea, ellos no conocían al escritor.

Un interesante ejercicio sería lanzar la pregunta en las redes sociales. Y de a poco ir encontrándonos. El grupo de personas que de chicos conocieron el nombre Roberto Arlt como el de una calle antes que el de un escritor. De a poco se iría juntando más y más gente. Si bien lo pensamos, muchos podrían estar viviendo todavía por la zona. Un día se fijaría el lugar de encuentro y allí estaríamos todos alrededor de una mesa grande. Y entonces nos miraríamos y diríamos: "Y ahora, ¿qué?"

Nota de hoy: Roberto Arlt era (Aráoz Alfaro es) una calle "pasadizo", muy angosta. Formaba parte además de un camino de regreso a casa que, si bien lo vemos, era todo un pasadizo. Si uno venía del oeste por Avellaneda, de Avellaneda sin notarlo estabas en Neuquén. Neuquén se hacía Roberto Arlt y ahí el estrechamiento, como cuando en Star Wars tienen que poner al Halcón Milenario de costado (yo por entonces de Star Wars nada, mi amigo Diego quizás sí). Y Arlt se hacía a su vez Venancio Flores, que no era tan estrecha pero sí misteriosa con ese paredón de tren al costado y ese descenso que parecía sumergirse como una entrada de túnel (hubiera parecido eso sino fuera tan luminoso y soleado).

martes, 21 de abril de 2020

Mezcla de mundos

(19/4/20, Domingo in albis, Domingo de la Misericordia)

Cada libro tiene su ambiente. El blanco es el nuevo, del que tengo cierta expectativa. Que por ahora va bien pero quizás no tanto por culpa de la expectativa. O porque está el autor del naranja, contra quién compararse es difícil. El naranja es un viejo amigo, de olor agradable, de agradable compañía, pero ya se está terminando. Y el azul es una edición seria como antiguo y romántico resultó el autor. Pero ameno.

Es difícil esto de leer un cuento de cada uno. Hay que cambiar mucho de clima. Ya de por sí uno necesita cierto clima para leer, así que se requiere un trabajo extra. Resulta que logré clima de lectura, estoy en un mundo y de golpe, en una misma noche y en un mismo sillón, toca cambiar de mundo.

Hablando de distintos mundos, pasó algo raro recién. Resulta que Faulkner se metió con los aviones.

No pega el apellido Sartoris como piloto de un avión, ni aunque sea voluntario americano en el Imperio Británico de la primera guerra. (¿Esto prosperó en algún libro conocido? Al parecer, no). Es un relato inédito llamado "Con cautela y diligencia" (no sé el original en inglés) y dice en las notas que Faulkner estuvo un tiempo corto en la RAF, de donde sacó la experiencia.

Lo gracioso es que justo hoy vimos una de las últimas películas de Miyazaki. De aviones, una de las preferencias del japonés. Entonces, después de haber leído decenas de historias de Faulkner con caballos y ferrocarriles, o incluso autos, justo en la anteúltima del libro el norteamericano se va al tema aviones. Parecía una confusión, como si de golpe se mezclaran las cosas, como en un sueño, y estaban los personajes de Faulkner en una historia de Miyazaki o de Saint-Exupéry.

lunes, 13 de abril de 2020

The lark ascending... en Pascua

Hallábame yo escuchando la famosa composición titulada "The lark ascending" (¡qué culto!), del inglés Ralph Vaughan Williams, interpretada en el violín por Hilary Hahn junto con la Orquesta Sinfónica de Londres a cargo Sir Colin Davis, cuando pensé que eso del ascenso podría también ser algo pascual.

La obra musical no es de inspiración religiosa (aquí su historia y aquí otra explicación). Pero resultó que, buscando, la figura de la alondra ascendiendo estaba nombrada en un par de composiciones religiosas pascuales.

La primera es un himno (¿digo bien?) compuesto por el poeta alemán Emanuel Geibel, cuya traducción al inglés (anónima) dice:

"At Easter morn the lark, ascending,
Loud caroled forth her merry lay,
To Heav’ns high dome her swift flight wending
To greet with praise the newborn day.
And as she caroled, thus resounded
From field and grove glad nature’s voice:
Awake! let joy be now unbounded,
Our Lord is risen, let all rejoice!
(...)"

La segunda es un poema del inglés Peter Levi. Un fragmento dice:

"The lark ascending when Christ was risen
is our mind on any simple morning,
and the Chorus at dawn in blushing light
and the last bird calling through evening light
repeat the happy wishes of childhood;
mysterious trees flower deep in the wood.
Because Christ is risen and his mountain
is streaming water and will never die,
and we are overshadowed by his tree.
(...)"

Y eso es todo. "Esteijoum, esteiseif, seivlaivs".

¡Feliz tiempo de Pascua!