martes, 20 de junio de 2006

Fuimos elegidos (y no por nuestros méritos)

Hernán habla de la metáfora de la Iglesia como familia y para eso se basa en la bienvenida que dieron algunos católicos a una nueva hermana conversa. Pero no quiero hablar de ese tema sino tomar algunas palabras iniciales.

Entre los varios que se alegran y le dan la bienvenida (...) uno le advierte que esta familia, como todas, incluye su lote de tíos chiflados, y tías..., como pronto podrá comprobar.

Claro está.

Y claro está que esto no debería ser motivo de sorpresa ni de escándalo; ni ocasión de vergüenza (ante los de afuera) ni de división (ante los de adentro); ni de desaliento ni de indiscretos afanes purificadores. Más bien debería ser ocasión de ejercitar la paciencia y la caridad —y aun el humor, si a mano viene.
Y también la humildad: recordar siempre que la familia es más grande (en todo sentido) que nosotros, y que somos recién llegados, y siempre lo seremos.

Ante el escándalo de algunos de mis amigos (y mío) por los errores de los curas (o de los laicos), yo solía recordar lo que había hecho Jesús: cómo había elegido para discípulos a personas de lo más comunes y por lo tanto pecadoras.

Pero no más de dos o tres días antes de leer el texto de Hernán, había leído las primeras palabras de las meditaciones del cardenal vietnamita François-Xavier Nguyên Van Thuân, hechas para la Curia Romana en la cuaresma del año 2000, a pedido del mismo Juan Pablo II. Y tomé nuevamente conciencia de que ya antes de que el Hijo de Dios venga al mundo, el mismo Dios Padre elegía para guiar a su pueblo a gente “de lo más pecadora”.
El «Libro de la genealogía de Jesucristo» se articula en tres partes. En la primera, se nombra a los patriarcas; en la segunda, a los reyes antes del exilio de Babilonia; en la tercera, a los reyes posteriores al destierro.
Lo que sorprende en primer lugar en la lectura del texto es el misterio de la vocación, de la elección por parte de Dios, llena de gratuidad y de amor, incomprensible a los parámetros de la razón e incluso a veces escandalosa.
Así, en el «Libro de la genealogía de Jesucristo» aparece que Abrahám, en vez de elegir al primogénito Ismael, el hijo de Agar, elige a Isaac, el segundogénito, hijo de la promesa, hijo de su mujer, Sara.
A su vez, Isaac quiso bendecir a su primogénito, Esaú, pero, al final, bendijo a Jacob, según un misterioso designio de Dios.
Jacob no transmite la continuidad familiar, que avanza históricamente hacia el Mesías, ni a Rubén, el primogénito, ni a José, el más amado, el mejor de todos, el que perdonó a sus hermanos y los salvó del hambre en Egipto. La elección recayó sobre Judá, su cuarto hijo, responsable, junto con los demás, de la venta de José a los mercaderes que lo condujeron a Egipto.
El misterio desconcertante de la elección que Dios hace de los antepasados del Mesías empieza a requerir nuestra atención.
Esta página ilumina el misterio de nuestra vocación.

«No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15, 16). No hemos sido elegidos a causa de nuestros méritos, sino solamente a causa de su misericordia.
Nota: el cardenal Van Thuân tiene una historia muy valiosa como testimonio de fe por haber estado encarcelado mucho tiempo en su país. Es muy interesante, además, que comience los ejercicios hablando de la genealogía de Jesús, destacando la idea que Hernán también menciona, la de la familia que “nos supera”, de la cual somos una pequeñísima parte. Los ejercicios se encuentran en el libro “Testigos de esperanza”.

10 comentarios:

Rodríguez dijo...

Muy bueno el post. Cuando era jóven creía que las cosas eran de esta o aquella manera según los méritos de cada uno. Conforme me he ido haciendo mayor y la vida me ha ido dando palos he visto mis limitaciones. Dios me ha escogido porque ha querido no por que yo valga algo.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

¡Cómo he disfrutado este post, Juan Ignacio! No sólo porque entre mis posts pendientes está 'Los defectos de Jesús', de Su Eminencia, el cardenal Van Thuân, sino porque, una vez más, el Nuevo Testamento, en este ejemplo que mencionas, adquiere su verdadero sentido a la luz del Antiguo.

En la elección de Dios (cuestionable a primera vista) está implícita una exigencia, igualmente desproporcionada (en apariencia): un pueblo miserable en el desierto que ha de transmitir Su mensaje de salvación, un pastorcillo débil que ha de convertirse en Rey de Israel, una muchacha humilde de Nazareth que ha de llevar a Su Hijo en el vientre... y, por supuesto, a hombres falibles y débiles que han de servir a la Iglesia y a la Humanidad entera.

Todo esto me lleva a una conclusión: todas esas tareas sí son, en efecto, mucho más grandes que los eligidos. ¿Cómo, entonces, pueden los pequeños triunfar sobre lo más grande? Fácil: encomendándose a lo Infinito, mayor que lo más grande de esta Tierra...

E. G-Máiquez dijo...

Aplaudo con Rodríguez. Y añado otro dato. En la genealogía de Jesús que se ofrece en los Evangelios (¿es San Mateo?) se nombran, contra la costumbre de entonces, tres mujeres y ninguna de ellas por su pureza de sangre o de vida.

Juan Ignacio dijo...

Gracias por sus comentarios y testimonios.

(A propósito, Van Thuân también menciona a las mujeres a las cuales también se hace referencia en el Evangelio de San Mateo).

isladetera dijo...

He oido buenas cosas sobre Van Thuân pero aún no he leído nada directamente. Me planteé regalarle ese libro a mi hermana por su reciente confirmación, como madrina quería hacerle un regalo de peso que pudiera meditar largamente. Finalmente opté por 'Solo Dios basta' de Slawomir Biela. Curiosamente el padrino se debatió entre los dos mismos, pero optó por el de Van Thuân. Lo que son las cosas... 'Estaba de Dios' que mi hermana los leyera!

Gracias por la visita, aportó un detalle que faltaba!!

Juan Ignacio dijo...

Slawomir Biela... gracias por despertar la curiosidad...

hna josefina dijo...

Dijo Jesús: Te alabo Padre porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y se las revelaste a los sencillos y pequeños.
Y estaba diciendo algo en serio: no era una ironía.
Dios siempre se acerca a los más pequeños. Somos los hombres los que pensamos distintos.
Ah! también dijo: No he venido a salvar a los justos sino a los pecadores.
Y yo creo, no dudo, que ésta es una de las grandes buenas noticias del cristianimo.
¡Me encanta Van Thuan!

Juan Ignacio dijo...

Sencillo y ameno, ¿no? Igual leí muy poco (¿15 pags?). Cuando lea más, daré mi opinión.

Sangre Azul dijo...

De Van Thuân (un santo, dicen) recomiendo leer "Cinco panes y dos peces", su testimonio de sus años en las cárceles comunistas.

Juan Ignacio dijo...

Mi esposa lo encontró a cinco pesos y me lo regaló. Ya está en mi lista de espera.