viernes, 10 de diciembre de 2004

¿Apurarse cuando llueve? (Aspectos físicos)

En negrita el resumen básico. Una V grande es raíz cuadrada.

En mi modelo somos un cuerpo rectangular cuya dimensión más larga está vertical al suelo. Hay dos caras, la superior y la anterior. Digamos que la superior equivale a la parte de cabeza y hombros que se moja aunque estuviéramos quietos bajo la lluvia, y la anterior está formada por todo nuestro frente de cabeza a pies.

Al transitar bajo la lluvia a una velocidad V recibimos una cantidad de agua dada por dos "caudales" a lo largo del tiempo. Un caudal (1) está dado por el área (extensión de la superficie) de la cara superior (AS) y la velocidad de la lluvia, no importa la magnitud de la velocidad V con que caminamos. El otro caudal (2) es de cálculo más complejo. Area y velocidad son una mezcla de áreas y velocidades. El área (de impacto de mi cuerpo con la lluvia) se modifica de acuerdo a la velocidad V con que caminamos. Y la velocidad con que el agua impacta con mi cuerpo surge de la suma vectorial de la velocidad V y la velocidad de la lluvia (VL). El tiempo que afecta a ambos caudales es el mismo y es el tiempo T que paso bajo la lluvia.

Ahora bien, entonces, como intuitivamente se entiende, si voy más rápido pasaré menos tiempo bajo la lluvia y por lo tanto me mojaré menos. Eso es lo que pasaría en mi cara superior, ya que en la fórmula:

Q1 x T1 = A1 x V1 x T = AS x VL x (X / V) ;

en donde X es la distancia a recorrer y, si la V con que transito aumenta, Q1 x T1 disminuye (VL y AS son constantes).
Pero a esa intuición hay que sumarle otra intuición más difícil de plantear en una ecuación (y eso que ya nos hicimos un cuerpo rectangular). Y es la intuición que me dice que si voy más rápido más agua me chocaré con mi cara anterior, más agua "me llevaré puesta". Entonces, a pesar de transitar por menos tiempo bajo el agua, en parte me mojaré más por encontrarme con más agua.
Verifiquemos esta intuición. Si estoy quieto, mi cara anterior no se moja ya que la lluvia (que suponemos vertical) es paralela a esa cara. Sólo se moja mi cara superior. Ahora bien, si avanzo, hay gotas que ya pasaron mi cara superior sin tocarla, pero yo me las encuentro "de costado" cuando bajaban hacia el suelo. (Creo estar razonando bien. Se podrá decir que si avanzo, con mi cabeza tapo la gota que iba a caer adelante, pero es cierto que habrá una nueva gota un paso más adelante aún y es esa la que me toparé, no disminuyendo para nada la cantidad de agua que cae sobre mi cabeza. Supongamos la lluvia de una densidad única y constante).
Me encuentro con más agua. Eso viene dado por el caudal (2) que mencionamos (y el tiempo en que transito). Y el caudal surge de una V2 y una A2, relacionadas con la V, la VL, la AA (área de mi cara anterior) y un área imaginaria auxiliar AI. Porque el área que enfrenta al agua es un area "en diagonal" (lapsus), ya que la lluvia no cae frontalmente sobre mi cara anterior (como lo hace con mi cara superior). Y porque el agua "pega" no sólo a su velocidad, sino a la suya más la mía.

Q2 x T2 = A2 x V2 x T = AA x V(V^2 + VL^2) x (X / V) =
= V(AF^2 + AI^2) x V(V^2 + VL^2) x (X / V) =
= V{AF^2 + [(VL / V)*AF]^2} x V(V^2 + VL^2) x (X / V)
Bueno. En la primera parte se vio que si voy más rápido me mojo menos. Porque la V estaba dividiendo, y si aumentaba, achicaba el resultado. ¿Y acá la V como está? Está dividiendo una vez en su magnitud normal (tercer término). Está también multiplicando en una magnitud poco mayor que normal, ya que se eleva al cuadrado, se suma un número y se saca la raíz (segundo término). Y está también dividiendo en una magnitud poco mayor que normal de igual forma (primer término). Al parecer entonces el tercer término hace más fuerza (los otros dos se oponen y pierden peso) y al aumentar la velocidad con que transito bajo la lluvia, me mojo menos.
Conclusión, habría que comparar un poco las magnitudes de los términos y sus constantes (velocidad de la lluvia, superficie corporal, distancia a recorrer), pero da la idea de que hay casos en que si nos apuramos, nos mojamos menos (hay que ver si esos casos son "posibles" y si no se dan para una V imposible de alcanzar; o en una distancia muy chica a recorrer; por decir dos ejemplos).
Claro, quizás conviene quedarnos bajo un techo esperando que pare. O quizás nos importa un pito mojarnos, porque queremos llegar a casa. Aunque si es para hacer estos posts, mejor quedarse bajo la lluvia.
Tarea para el hogar: lluvia oblicua (o camino por terreno inclinado, o ambas). Pistas: caudal (1) similar. En caudal (2) no será tan fácil obtener velocidades y áreas resultantes (chau Pitágoras).

jueves, 9 de diciembre de 2004

¡Virgen Inmaculada, ayúdanos!

Anécdotas por la fiesta de ayer...
(...) es sorprendente que cuatro años después de la proclamación del dogma, el 11 de febrero de 1858, Nuestra Señora se aparezca en Lourdes llamándose a sí misma la Inmaculada Concepción, confirmando el dogma.
Podía haberlo hecho antes (ha habido decenas, si no centenares, de apariciones marianas que han precedido a Lourdes), pero la Virgen respeta el camino humano, los pasos de la Iglesia. Y se definió «La Inmaculada» sólo «después» de la Bula de Pío IX, de 8 de diciembre de 1854.
(...)
La mañana del 8 de diciembre de 1854, en la basílica de San Pedro del Vaticano, en el momento de la lectura de la Bula «Ineffabilis Deus», sobre Pio IX cayó un rayo de luz. Fenómeno sorprendente, porque en ninguna estación, y mucho menos en vísperas del invierno, desde ninguna ventana de la Basílica Vaticana, podía llegar un rayo de luz al ábside donde se encontraba el Papa. Fue visto como una especie de aprobación celeste, el auspicio de un gozoso porvenir en medio de la atormentada vida de la Iglesia del momento.
Unos meses después, el 12 de abril de 1855, el mismo Pío IX visitaba el Colegio de «Propaganda Fide», en Roma. De repente el pavimento se abrió. En ese instante, el Papa gritó: «¡Virgen Inmaculada, ayúdanos!». Todos quedaron ilesos de milagro. Durante un siglo, en aquel Colegio, siguió la costumbre entre los alumnos, en el momento de romper la fila, de repetir la jaculatoria «¡Virgen Inmaculada, ayúdanos!»
(...)
Entrevista al periodista y escritor Vincenzo Sansonetti en Zenit, aquí.

Un tal Longfellow, por Martí

¡Oh, cómo acompañan los buenos poetas! ¡Qué tiernos amigos, esos a quienes no conocemos! ¡Qué benefactores, esos que cantan cosas divinas y consuelan! Si hacen llorar, ¡cómo alivian! Si hacen pensar, ¡cómo empujan y agrandan!
(...)
¡Y qué hermoso fue en vida! Tenía aquella mística hermosura de los hombres buenos; el color sano de los castos; la arrogancia magnífica de los virtuosos; la bondad de los grandes; la tristeza de los vivos, y aquel anhelo de muerte que hace la vida bella.
(...)
Le sirvieron sus estudios como de crisol, que es de lo que han de servir, y no de grillos, como sirven a otros.
(...)
Veía a la tierra, donde se trabaja, hermosa; y la otra tierra, donde tal vez se trabaja también, más hermosa todavía. No tenía ansias de reposar, porque no estaba cansado; pero como había vivido tanto, tenía ansias de hijo que ha mucho tiempo no ve a su madre. Sentía a veces una blanda tristeza, como quien ve a lo lejos, en la sombra negra, rayos de luna; y otras veces, prisa de acabar, o duda de la vida posterior, o espanto de conocerse, le llenaban de relámpagos los ojos. Y luego sonreía, como quien se vence.
(...)
Le sobrecogía, como a onda mísera, el miedo de perderse en el mar inmenso, y se rebelaba, y se preguntaba cuál era entonces la utilidad de tanta pena y la razón de tanto bárbaro martirio; pero tenía piedad de sí y de los demás, y no contaba estos dolores a los hombres. Quería que se viviese como Héctor y como París; que se viviera sin ira y con agradecimiento; y que se supiese cuánto hay de hermoso en el dolor y en la muerte, y en el trabajo. No incitaba a los humanos a cóleras estériles, sino al bravo cultivo de sí mismos.
Fragmentos de "Longfellow", de José Martí.
Lo descubrí hace muchos años en un texto escolar de 1953 que debe haber usado mi mamá en el colegio secundario (Poesía Moderna, Antología para la enseñanza media, de Albino G. Sánchez Barros). Se refiere a Henry Wadsworth Longfellow, poeta norteamericano del siglo XIX. Ver aquí.

martes, 7 de diciembre de 2004

El ahijado de Pepe Biondi

"Hay una frase muy linda que me dijeron y yo la repito", dice en cada vagón el ahijado de Pepe Biondi. "Sólo el amor salvará al mundo", dice, con un tono especial (con algo de titular urgente de Crónica tevé, aunque más suave y sonriente). O es un tono que utilizaba Pepe Biondi, o creo que es el tono de quien se está animando de a poco a decir algo que admira, para lo cual va ganando coraje, y cambia un poco la voz, ya que aún no se siente suficientemente confiado para decirlo como un "profeta de nuestro tiempo"* lo haría (aunque eso corre por mi cuenta y ¡cómo quisiera yo tener aunque sea el valor que él tiene!).
Pero eso viene después. Primero lo vas a ver entrar...
flaco y alto,
saco y pantalón,
tipo canotié el sombrero,
y en su mano el bandoneón.
Claro que el bandoneón va guardado en una caja. Lo verás cuando la abra, saque el instrumento y ponga la caja como asiento. Se pondrá en la falda un pedazo de cuerina lustrosa o materia similar, y así empezará, anunciando el tango, milonga o vals que va a tocar. Y volarán los dedos por los botones y se moverán las manos y la rodilla. Quizás por eso lo aplaudirá tanto un chico con remera de hard rock como el señor mayor al que algún recuerdo le cuelga en un lagrimón.
Alguna vez lo escuché decir (y mostrar recortes de diario) que él había ganado un concurso (humorístico creo) que apadrinaba el famoso Pepe Biondi. De ahí el nombre con que se hace llamar y da título a esta entrada. Y es de notar su gran parecido físico con aquel humorista, lo cual está reforzado por la imitación que hace cuando termina de tocar (o antes) con la voz y palabras que usa (¡patapúfete!).
Así que mientras el aplauso "desciende" desde los asientos, él se mezcla con el público y con el sombrero recibe el pan de cada día, dice cosas graciosas y de yapa nos deja una enseñanza: "sólo el amor...".
* "Un profeta de nuestro tiempo" es un libro que recopila cartas de San Luis Orione, Don Orione, "autor" de la frase: "sólo la caridad salvará al mundo", y muy probablemente el inspirador del personaje de esta historia (junto con Pepe Biondi), ya que el "ex Mitre" que le sirve de escenario está muy vinculado a la obra de aquel santo.

lunes, 6 de diciembre de 2004

Segunda semana de Adviento


Segunda semana de Adviento.
No hay largas cosas que decir. Vino Juan Bautista y me retó sonoramente. No sólo con eso de "conviértanse", sino que de alguna forma también con eso de los hijos de Abraham, que me sonó así: "por ser cristiano te crees que podés seguir así, si Dios quisiera, haría cristianos de esas piedras".
Y me mandó derechito al confesionario.
(Y si seré boleao, que recién ahora caigo).

Original porque propio


Releí la entrada (el post) este.
“Ya estaba todo dicho”, me di cuenta.
“¿Y qué tiene? Bueno sería imaginar que escribí cosas originales”, me respondí irónicamente.
La hiciste medio enrevesada sólo para decir que Dios sabe lo que es bueno para nosotros y eso nos lo dará”, me ataqué nuevamente.
Pero además quise decir que había descubierto un sentido para la oración formulada, para la oración formulada a la hora de pedir por algo determinado (como que le vaya bien a mi madrina).
Descubrí que la oración formulada puede ser sabia porque implica reconocer que Dios es Dios y hay que alabarlo, eso ante todo (como debemos hacer a la hora de pedir por nuestra santidad), y ahí está la gracia (en dos sentidos). Reconocer que Dios es Dios es reconocer que Dios es Padre Bueno y nos dará lo que más nos convenga. Es dejar un poco de lado eso por lo que fui a buscarlo y decirle: “dame lo mejor, vos sabés”.
¿Qué les parece a continuación el siguiente fragmento de Castellani (nuevo para mí, el fragmento y Castellani) que leí anteayer? Está hablando de la parábola del pan y la piedra (qué padre dará una piedra a su hijo si le pide un pan...), y habla de la oración eficaz, y habla de Baudelaire, y ya son muchas cosas nuevas para mí, y dice como si hubiera estado leyendo aquella mi entrada de antes de anteayer (estas “coincidencias” son las que hacen no creer en las coincidencias):
¿Y cuál era la suya? [la oración de Baudelaire]
Unos días antes: “No me castiguéis, Señor, en mi madre; y no castiguéis a mi madre por causa mía. Os encomiendo las almas de mi padre y de Marieta. Dadme la fuerza de hacer inmediatamente mi deber todos los días y de volverme así un héroe y un santo...” y después de esto, pide inspiración, poemas, productos, dinero, salud, si todo esto va bien con esa otra petición fundamental del Espíritu de Dios (que es preciso para ser "un héroe y un santo"). No iba bien con eso. No se le dio. Por lo cual hemos de creer que lo otro, el Espíritu Santo, sí se le dio. Para mí, se salvó seguro.
Esa es la palabrita iluminadora que pone san Lucas diferente de san Mateo. Mateo dice: “Si vosotros siendo malos sabéis dar bienes a vuestros hijos ¿no os dará el Padre de los cielos COSAS BUENAS, si se las pedís?” Pero Lucas, literalmente igual en lo otro, dice aquí: “No os dará el Padre Celeste SU ESPÍRITU BUENO, si se lo pedís?” Lo esencial, y que condiciona todo el resto, y por lo cual se ha de pedir el resto (todas las otras COSAS BUENAS, que al fin no son más que COSAS), es el Espíritu Santo, la gracia, la salvación. El resto es el "pan cotidiano" del Padrenuestro que también hay que pedir... después: en la cuarta petición. Si el Espíritu Santo mora en nosotros, entonces “El rogará a Dios desde el fondo con gemidos inenarrables", y obtendremos todo lo que pidamos en Él: -lo que pida Él en realidad para nosotros; lo cual se hará infaliblemente: pues entonces Dios pide a Dios, y sabe lo que pide.
Si Dios escuchase materialmente todos nuestros caprichos, ocurrencias, deseos aun lícitos, e incluso santos, nos tendría que dar muchísimas veces una piedra en vez de un pan, y un áspid, que nosotros creemos pez. “Aut dabit quodpetis aut quod nóverit melius”: todo está en cifra en esta fórmula de san Agustín: "O te dará lo que pides, o lo que Él sabe mejor". La verdad es que ese MEJOR que Dios da, a veces es terriblemente duro y oscuro.
De Las Parábolas de Cristo, de Leonardo Castellani.

viernes, 3 de diciembre de 2004

Reencuentro con los noticieros

Por fuera de lo común me sorprendió escuchar al famoso periodista del noticiero nocturno referirse a los suyos colegas como "los que buscan la verdad". Prometedor. Lo digo en serio. No me digan iluso.
Lo que me desilusionó fue cuando descubrí que: "el infierno, hora por hora", titular intrigante, no era cuestión muy profunda ni metafísica sino el análisis de barrio y científico a la vez de un día caluroso en la ciudad, a cargo de periodista en pose de Doña Rosa y especialista meteorólogo en sabroso contrapunto.
(Como podrá alguien apreciar, ando con dudas "infernales"; y hace mucho que no veía un noticiero).

Rezo - Razono

Que un confesor criteriosamente indulgente te dé palabras de ánimo puede no ser suficiente, a veces somos muy exigentes. Pero si lo dice una santa, ahí la cosa cambia. Santa Teresita hablaba de su amor a la oración pero confesaba sus dificultades para rezar con fórmulas especiales. ¿Digo bien? Ver capítulo XI de "Historia de un Alma". Y eso anima un poco cuando andamos con ciertas dificultades similares. Y no creo que sea falso o injusto este ánimo obtenido (o sea, no creo que sea un disfraz de una actitud de conformismo con un defecto).
Mi madrina me dijo anteayer que rece un Avemaría por ella al día siguiente, que la operaban. Y cuando me dicen cosas así, mi cabeza razonadora entra a buscar lógicas y porqués. Y yo me dije: "yo le voy a rezar a Dios y a la Virgen, le voy a pedir que le vaya bien a mi madrina, porque realmente me interesa que así sea, pero esa petición no la puedo formular con un Avemaría". Si recé un Avemaría fue porque me lo pidió ella, pero mi cerebro atrancado en la lógica no entendía. Yo primero le pediría a la Virgen por mi madrina, y luego empezaría con el Avemaría, que sería más para alabar a la Virgen (aunque hay una súplica bastante acorde con la situación: "ruega por nosotros, pecadores", pero no es específica: "cuida de mi madrina en su operación").
Para estas trabas, me ha llegado otra luz. En la búsqueda de la perfección personal, es sabido que uno puede centrarse mucho en uno mismo, en las propias fuerzas, sin considerar que las mejores cosas son imposibles de realizar sin la ayuda de Dios. Relacionado con eso está (si no yerro) ese texto de las Confesiones que dice: "da lo que mandas, y manda lo que quieras". Danos lo que mandas, ya que nosotros solos no podemos obtenerlo, lograrlo.
Eso ayuda a no centrarse tanto en las propias fuerzas, como propone el San Francisco de Eloi Leclerc tan paradójicamente en "Sabiduría de un pobre", cuando habla a un hermano obsesionado por su pureza: "No te preocupes tanto de la pureza de tu alma. Vuelve tu mirada hacia Dios. Admíralo. Alégrate de lo que Él es, Él, todo santidad. Dale gracias por Él mismo. Es eso mismo, hermanito, tener puro el corazón. Y cuando te hayas vuelto así hacia Dios, no vuelvas más sobre ti mismo".
Yo me imagino entonces que algo similar a esto que ejercitamos en nuestra búsqueda de la santidad, lo podemos realizar a la hora de la oración. La oración formulada es, entre otras cosas, me aventuro a decir, fruto o germen de un estado de contemplación, ese estado de contemplación en que nos concentramos en Dios y aprendemos a aceptar su voluntad, a confiar en su designio. Es sin duda entonces una oración formulada un acompañamiento ideal (y de superior calidad espiritual) del pedido por las cosas que nos inquietan (que a mi madrina le vaya bien en la operación). Hay algo más importante que el hecho de que a mi madrina le vaya bien, y es el hecho de que se cumpla la voluntad de Dios. Visto de otra manera, cumpliéndose esa voluntad es como le va a ir bien a mi madrina (aunque nosotros, como muchas veces, hayamos imaginado otra forma de "irle bien"). Por eso la oración formulada puede ser algo más sabio que el pedido del niño: "que a mi madrina le vaya bien", al modo en que saber que las fuerzas nos las da Dios es más sabio que pensar que son solo mías.
Por ahora digo "puede ser". Porque de esto poco sé. Y creo que no hay porque dejar de hacer ese pedido primero (que le vaya bien a mi madrina, como yo me imagino que sea irle bien), no hay que dejar de hacer ese pedido porque es lo que queremos, hasta donde sabemos en ese momento. Y si es cosa de niños, pues es volverse como tales y eso está bien, ¿o no?

jueves, 2 de diciembre de 2004

Bravos gauchos

Allá va ese Martín Güemes,
barba florida y entera,
con sus gauchos infernales,
defendiendo la frontera.
Con toda la polenta de Cafrune este recitado da comienzo a la chacarera "La Martín Güemes". La única duda que me queda es porqué eso de "infernales". Infernales para los invasores, en todo caso, y así y todo... no sé, será una afectación de sensibilidad religiosa, pero no me convence. Jamás se me hubiera ocurrido apodar de "infernal" a alguien que quiero recordar por su valor o bravura. Y si lo traigo a colación es porque se supone que esto no es una expresión moderna, muchas de ellas no justas en su aplicación ("sos un genio", "es una fiera"), sino una canción de Adolfo Abalos y León Benarós (del cual poco puedo decir pero sé que es escritor "profesional").
Pero es pintoresca la chacarera y, olvidando estas cosas y otras que puedan aparecer, con sentimiento patriótico, nos ponemos a cantar (aquí).

miércoles, 1 de diciembre de 2004

Tres sorprendentes

Él percibe de una manera sorprendente. Si estoy saltando de acá para allá para jugar, sonríe. Si estoy saltando de acá para allá para matar a un polillón de esos que entran a la noche, se pone a llorar. Hay una tensión especial y distinta cuando uno está por matar a un insecto que le molesta (que realmente le molesta, y uno va y viene, dando golpes fallidos y "estocadas" en el aire); no es lo mismo que la tensión, que se podría decir que no hay, cuando uno salta de acá para allá jugando, con alegría. Con respecto a él... tengan en cuenta que su santo tenía un amor especial por los animales, por toda criatura de Dios. Aunque no sé si es eso, o sólo la percepción de una tensión lo que le afecta, y que esa tensión sea una especie de "estado de combate" primitivo que es posible que haya en el hombre (a veces uno se siente "atacado" por un bicho) y él recién lo esté conociendo y lógicamente*, le asuste.
El depósito quedó construido sobre antiguas tierras. Y en las zonas en que quedó tierra original, destinadas a zona parquizada, creció sólo el pasto. El pasto crece sólo. Es asombroso. También algunos de los árboles, que quedaron podados casi hasta su tronco y se salvaron por unos metros de su muerte, volvieron a brotar. Me hizo acordar a ese poema de Machado, A un olmo seco.
Ayer soñé que imaginaba e iba dando forma a un post muy interesante. Caramba, al despertar sólo había quedado en mí un vago recuerdo de alguna palabra. Y era imposible recordar la idea. Es llamativo que las imágenes de los sueños sean imposibles de recordar voluntariamente. No se puede hilar el pensamiento. Es como si nunca hubiera existido; distinto a lo que sucede con los recuerdos de vivencias conscientes (precisamente porque aquellas son "inconscientes" o, precisamente por eso se las llama inconscientes, ¿no?)
* lógicamente. Esta palabra es una de esas muletillas que nos persiguen por todos lados. Siempre recuerdo cuando Dolina dijo: "ahora todo es fundamental", refiriéndose a una de las expresiones muy utilizadas en el lenguaje común hoy en día: "es fundamental" tal cosa o tal otra.