jueves, 9 de diciembre de 2004

Un tal Longfellow, por Martí

¡Oh, cómo acompañan los buenos poetas! ¡Qué tiernos amigos, esos a quienes no conocemos! ¡Qué benefactores, esos que cantan cosas divinas y consuelan! Si hacen llorar, ¡cómo alivian! Si hacen pensar, ¡cómo empujan y agrandan!
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¡Y qué hermoso fue en vida! Tenía aquella mística hermosura de los hombres buenos; el color sano de los castos; la arrogancia magnífica de los virtuosos; la bondad de los grandes; la tristeza de los vivos, y aquel anhelo de muerte que hace la vida bella.
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Le sirvieron sus estudios como de crisol, que es de lo que han de servir, y no de grillos, como sirven a otros.
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Veía a la tierra, donde se trabaja, hermosa; y la otra tierra, donde tal vez se trabaja también, más hermosa todavía. No tenía ansias de reposar, porque no estaba cansado; pero como había vivido tanto, tenía ansias de hijo que ha mucho tiempo no ve a su madre. Sentía a veces una blanda tristeza, como quien ve a lo lejos, en la sombra negra, rayos de luna; y otras veces, prisa de acabar, o duda de la vida posterior, o espanto de conocerse, le llenaban de relámpagos los ojos. Y luego sonreía, como quien se vence.
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Le sobrecogía, como a onda mísera, el miedo de perderse en el mar inmenso, y se rebelaba, y se preguntaba cuál era entonces la utilidad de tanta pena y la razón de tanto bárbaro martirio; pero tenía piedad de sí y de los demás, y no contaba estos dolores a los hombres. Quería que se viviese como Héctor y como París; que se viviera sin ira y con agradecimiento; y que se supiese cuánto hay de hermoso en el dolor y en la muerte, y en el trabajo. No incitaba a los humanos a cóleras estériles, sino al bravo cultivo de sí mismos.
Fragmentos de "Longfellow", de José Martí.
Lo descubrí hace muchos años en un texto escolar de 1953 que debe haber usado mi mamá en el colegio secundario (Poesía Moderna, Antología para la enseñanza media, de Albino G. Sánchez Barros). Se refiere a Henry Wadsworth Longfellow, poeta norteamericano del siglo XIX. Ver aquí.

1 comentario:

Sangre Azul dijo...

¡Qué no se entere Fidel! Sino le va a cambiar el nombre a la plaza.