martes, 15 de febrero de 2005

Como querés que te crea

La calle se llama Corrientes, como la de Buenos Aires. Entre casas de comida, inmobiliarias y locutorios hay una librería. Esas que venden libros viejos.

- ¿Cuánto sale
este?
- Nueve noventa
-
Mmm
–y revuelvo la pila dudando si llevarlo. Y aparece un ejemplar con etiqueta-. Acá dice seis noventa -digo sorprendido.
- Sí, está bien.
Y en voz baja agregó:
- Esos son unos que salieron mal impresos...
- ¡Ah!, pero... ¿le faltan hojas?
- No, no, hojas no. Son unos bordes negros, fallas de impresión...
- ¡Ah!, bueno. Lo llevo.
- Gracias.
- Gracias.


Desandando el camino a casa lo saco del sobre plástico. Lo hojeo y ¡zás!, le faltan hojas. Vuelvo presuroso. El vendedor no estaba. Había otro en la puerta.

- Señor, recién llevé este libro, pero le faltan hojas.

No sé si lo llegó siquiera a ver, pero se quedaba, no decía nada. A mí me dio la impresión de que se quería hacer el tonto o que no quería meterse en lo que hizo otro vendedor.

- A ese libro le sacaron un capítulo en la época de los militares –dijo de pronto.

No sé si fue su actitud o qué cosa fue, pero no le creí. Me pareció una original excusa.

- Pero no me sirve así el libro.
- Véalo con el otro vendedor –me dijo y yo entré. Y volví.
- No está el señor. ¿Puedo ver si le faltan las hojas también a otros ejemplares?
- Sí, sí...


Y al rato se me acerca. Una pregunta y un ademán como tratando de mirar los libros que yo estaba revisando. Algo así como:

- ¿Cuál es el libro?

"¡Eh! ¿Cómo? ¿No era que sabías lo que le había pasado? ¿Ahora me preguntás cuál es?", pensaba yo.

- De ese autor, si te gusta, tenés también éste –dijo, y me mostró un ejemplar de "Antígona Vélez".

Le dije que ya lo tenía (no es verdad). Y seguí abriendo ejemplares del otro. El vendedor se fue. Abrí dos más. A todos les faltaban exactamente las mismas hojas. La cosa cambiaba. Pero no podía creerle a los vendedores: jugueteo de precios, dice que no faltan hojas y faltan, dice que fue recortado y después pregunta cuál es. ¿Cómo creerles? Dude un segundo.

- Bueno, me lo llevo. ¿Sabe qué? Están todos igual.

No hubo respuesta, pero no fue descortés el saludo. No me lo llevaba por que les creía, sino quién sabe porqué (¿falta de coraje para reclamar la devolución de la plata?). Lo que llevaba conmigo bajo el brazo era: "El espía y otros relatos", de Leopoldo Marechal. Y hoy decidí "investigar" sobre este libro en Internet. En el
primer resultado me llevé una sorpresa:

"En la mesa del café Izmir de la calle Gurruchaga dos intelectuales, Horacio González y Claudio Pérez, recuerdan la figura de Leopoldo Marechal a partir del capítulo faltante en la edición de fines de 1975 de El espía y otros relatos. Aparentemente, una mención a la isla de Fidel bastó para que un temeroso editor lo sustrajera."


Es un comentario de la película "Marechal o la batalla de los ángeles", de Gustavo Fontán. Sorprendente revelación para mí. El vendedor tenía razón.

Nota: de todos modos, mucho no encontré. Aquí otros links similares (leves diferencias):
clic y clic. El libro en mis manos es editado por "Editorial Jorge Kiek".

3 comentarios:

Sangre Azul dijo...

Curioso, muy curioso. En un post que habla de la mentira de los vendedores y se pregunta cómo creerles y cómo no ser estafados, a mis ojos resalta una frase, como si estuviera en un rojo chillón: “Le dije que ya lo tenía (no es verdad)”. Y esto es a más modo de reflexión general que de crítica. ¿Cómo creerte? Vos también mentiste y entraste en el juego.
Vivimos tan rodeados de mentira, que resultan muy naturales las “mentiras piadosas” y nos resulta lícito mentir en ciertas circunstancias. Pero la mentira siempre es mala, siempre. Y nunca es piadosa, nunca.

Juan Ignacio dijo...

Muy buen punto. Alguien me dijo algo de esa mentira mía también. Quizás el post debería llamarse: "Cómo querés que te crea si ni yo digo la verdad", ¿no?

Lo cierto es que la mentira mía (y eso no la justifica) es esas que me salen cuando no sé decir "no". Para huir de un vendedor insistente uno miente a veces diciendo: "no, ya lo tengo", "no, ya lo leí". Bah, yo por lo menos.

Sangre Azul dijo...

Es muy difícil vivir en la verdad. Otro caso difícil es cuando algún jefe o alguien te pide que mientas y decir la verdad te puede costar por lo menos un fuerte reto.