lunes, 14 de febrero de 2005

Comunicación en el locutorio

El hombre creo que había pasado ya los setenta hace rato. Y terminaba de hablar por teléfono. La cajera del locutorio aún debía conservarse dentro de los treinta y pocos.
- Señor, ¿por los cinco centavos le puedo dar un caramelo?
- No, no.
- Es que no tengo monedas de cinco.
- Dame una de diez.
- Pero es que después la tengo que poner yo de mi bolsillo.
- ¡No sé quién la tendrá que poner! Yo quiero mi plata. No es la primera vez que pasa esto.
¡El eterno tema del vuelto en caramelos! A pocos le puede afectar la falta de cinco centavos pero a más les molesta el ser engañado, aunque sea en una pavada. Pero ahora me quiero detener en un caso de "vuelto en caramelos" particular, en el cual los involucrados son dos personas separadas por una o dos generaciones.
Dejando a un lado cuestiones de carácter y educación, que conducen a formas más o menos delicadas de decir las cosas, está otro aspecto que aún no sabría como definir, y desarrollo a continuación. La respuesta del señor: "no sé quién la tendrá que poner" esconde varias cosas detrás que la señorita no "entiende" porque no "conoce". Y es entonces que no se logra un pleno entendimiento entre los dos personajes. Porque como decía un profesor, no se realiza la "comunicación" cuando no se parte de premisas anteriores comunes.
Lo que el señor quiere decir resumido en su frase: "no sé quién la tendrá que poner", es además: "al responsable no le corresponde dar excusas que compliquen al cliente con el funcionamiento interno del negocio"; "en estos casos hay un responsable de tener el vuelto adecuado y ese es el negocio"; y otras. Esas premisas quizás no son tan evidentes para la locutorista, mientras que para el señor están implícitas, no hace falta explicarlas.
Hablaron de distinta manera y se fueron sin entenderse. El señor recibió la moneda de diez y se fue satisfecho de que "se hizo justicia". La señorita había obrado de buena fe (hay otras veces en que el vuelto en caramelos es algo sistemático e interesado) y se quedó ofendida con la prepotencia del señor. Hay jóvenes que simplemente no comprenden los principios de los mayores, quizás porque no recibieron esa educación. Y el mayor supone a veces (sin siquiera pensarlo) que el joven los conoce a esos principios, y que está faltando al no actuar de acuerdo a ellos. Y aunque supusiera que no los conoce, cree que los debería conocer. Y entonces su actitud es la de un mayor que "reta" a un joven. Pero las cosas cambiaron (para bien o para mal, no vamos a discutirlo acá ahora). Cuando el señor era del bando de los jóvenes, los mayores los educaban a ellos. Y hoy... hoy hay que ver hasta qué edad un joven acepta un "reto" de un mayor (si llega a entender que es un reto).
Algo más en esta historia de locutorio. Pero ya no tiene tanto que ver con diferencias generacionales. Hay dos tipos de gente (en esta clasificación que voy a proponer). Están aquellos que se ajustan al "cómo debe ser". Cuando sufren una injusticia como la del vuelto en el locutorio, antes de reclamar piensan. "¿Es justo mi reclamo?" "¿Quién es el responsable de tener cambio en los negocios?" Incluso pueden ir más lejos. "¿Y eso lo dice alguna ley o es costumbre?"
Por otro lado está el que no piensa en el "cómo debe ser". Cada situación es para él nueva y la maneja como pueda para que se resuelva a su favor. Y por más malo que parezca esto hay que aprender mucho de estas personas (y con esto me confieso más cercano a las otras). Porque no toda la vida está estipulada en una ley (hablando mundanamente). Y mucho de lo que uno le pase o deje de pasar, lo debe definir uno mismo. Es muy sutil el punto que quiero abordar y eso toma tiempo, pero no voy a hacer sino un resumen. Y traigo el ejemplo. Supongo que en ningún lado dice que el negocio es el responsable de tener cambio. Y una persona de las que no piensan tanto "cómo debe ser", quizás ni toque este punto en una discusión por un vuelto. Simplemente se preocupará por como conseguir su vuelto. Y para eso buscará las distintas formas posibles. "¿No te puedo deber yo los cinco? Mañana te los doy, dale".

2 comentarios:

finitud dijo...

A veces un poco de miedo a los propios impulsos agresivos, disfrazado de empatía con el "pobre" empleado; hace que a veces suframos injusticias o seamos consecuentes con la deshonestidad ajena. Esto lo aprendí hace poco, en una desventura vacacional.

XavMP dijo...

En todo caso, y creo que esto modifica sustancialmente el espíritu del post, el vuelto de caramenlos no debería ser de 5centavos final, sino que debería serlo de 5centavos COSTO.
A ver si me explico: los 5 centavos de cada caramelo incluyen por lo menos 3 de rédito para el vendedor (nuestro estimado locutorista), si un cliente acepta ser retribuido en especies, entonces lo debe hacer sin que esto represente una ventaja para el comerciante.

Si acepto recibir el vuelto no quiere decir que acepto COMPRAR un caramelo.

Ahí hay una injusticia la cual me hace sentarme en las butacas cercanas al señor que reclama.

:-)