domingo, 31 de julio de 2005
sábado, 30 de julio de 2005
Historias "ocultas"
Hay veces en que no encontrás consuelo. Pensás en Dios y no entendés. Imaginaba las historias de hospital que contaban mi esposa y mi cuñado. ¿Qué sentido tienen esas vidas? No encontrás la respuesta que querés. Creés. Mirás la cruz.
Y también hay historias que hablan, como la que publicó La Nación. ¿Se imaginan un artículo de diario hablando de la voluntad de Dios? El título, por supuesto, fue adaptado; las verdaderas palabras quedaron un tanto ocultas. Se llama: "Amar la vida, más que nada".
"El lunes último hubiera cumplido 59 años. El mensaje de su vida, el libro "Se puede", que hace seis años escribió con la única parte de su cuerpo que podía mover -los dedos de su pie derecho-, será reeditado en agosto, cuando se cumplan dos meses de la muerte de Margarita Lalor Cavanagh, una de las damas más extraordinariamente valientes que tuve el goce de tratar. Bella y con un cautivante sentido del humor, la fresca juventud de Margarita sufrió un zarpazo brutal cuando supo, a los 22 años, que padecía una enfermedad cruel, progresiva y terminal: esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Se trata de una irreversible paralización del cuerpo que acaba en asfixia.
"El lunes último hubiera cumplido 59 años. El mensaje de su vida, el libro "Se puede", que hace seis años escribió con la única parte de su cuerpo que podía mover -los dedos de su pie derecho-, será reeditado en agosto, cuando se cumplan dos meses de la muerte de Margarita Lalor Cavanagh, una de las damas más extraordinariamente valientes que tuve el goce de tratar. Bella y con un cautivante sentido del humor, la fresca juventud de Margarita sufrió un zarpazo brutal cuando supo, a los 22 años, que padecía una enfermedad cruel, progresiva y terminal: esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Se trata de una irreversible paralización del cuerpo que acaba en asfixia.
Hace seis años, cuando la conocí, me conmovieron su cultivado conocimiento, su curiosidad por el mundo, su amor por la vida, su sensibilidad al dolor del otro, su serenidad espiritual y, en tan aciagas circunstancias, su férrea vocación para ser feliz conservando el humor.
La reedición de su libro, escrito con un esfuerzo sobrehumano, sólo con un par de dedos de su pie derecho que articulaba en un teclado especial conectado a una computadora, ante la mirada silenciosa y admirada de su familia, es una excelente noticia para quienes lo han reclamado en librerías sin poder dar con un ejemplar, por haberse tratado de una edición pequeña que se agotó, apenas su caso fue difundido en la prensa nacional.
De nuestro primer encuentro, recuerdo sus ojos profundamente celestes y su sonrisa adolescente como rasgos salientes de una belleza con un aura singular. Y sus palabras, ante las cuales sólo cabía el silencio. Entre sus memorias más duras estuvo -me contó entonces- el instante en que escondida detrás de una puerta supo su sino: "Fue doloroso romper mi noviazgo. Estaba muy enamorada, pero no tenía derecho a atar a nadie a ese destino". Un instante después me dijo: "El mejor momento de mi vida fue comprender cuál era mi camino. Allí se acabaron mis luchas internas, mi rebeldía. Comencé a pensar en positivo. Uno puede ser feliz cuando siente que está cumpliendo la voluntad de Dios".
Me contó entonces su mejor sueño: "Escuchar al prójimo, porque ya nadie se escucha. Hoy la gente se saluda así: «¿Todo bien?». Y eso no es escuchar. Me doy cuenta de la falta que hace llenar el vacío que padece la gente".
Por Susana Reinoso en La Nación. Y qué querés que te diga... "Amar la vida" le queda corto. Amar la vida y la muerte, amar a Dios, serían títulos más verdaderos...
Por Susana Reinoso en La Nación. Y qué querés que te diga... "Amar la vida" le queda corto. Amar la vida y la muerte, amar a Dios, serían títulos más verdaderos...
viernes, 29 de julio de 2005
Epílogo de la entrada anterior
Kant, el gran filósofo de la modernidad, confesó que el momento en que sentía suscitarse en él una objeción total a su teoría según la cual el hombre no puede, a partir de la realidad, remontarse a un Creador, era cuando salía de casa y, al levantar la cabeza, contemplaba el cielo estrellado. (Cf. I. Kant, Crítica de la razón práctica, Ed. Sígueme, Salamanca 1995, pág. 197.)
(De aquí)
jueves, 28 de julio de 2005
Diente de león
Entiendo que para un interlocutor sin fe, todas esas “pruebas” de que Dios existe basadas en la observación de la belleza de la creación no son pruebas científicamente hablando, sino poesía, engaño o buenas intenciones. Pero claro, no todo es ciencia, y eso es lo que hay que saber. Y si queremos ciencia, deberemos catalogar a las mencionadas “pruebas” de Dios al menos como elementos que contribuyen con las hipótesis racionales acerca de la existencia de Dios. Y ahí podemos seguir hablando, aunque no compartamos la fe. Lo que sí, luego quiero ver como convivimos con la pregunta: “¿y si Dios fuera cierto?”
Yo personalmente sugiero la confianza. Ahí es dónde ella se pone en juego. Es una gran capacidad humana. Siempre la confianza es en alguien. No puedo confiar en una hipótesis, necesito confiar en alguien como Jesús (hoy en sus testigos, personas que confiaron en alguien, que confió en otro alguien... que confió en Jesús).
“La confianza mata al hombre”, dice el dicho popular. Es llamativo pensar que en cierta forma el mensaje de Jesucristo no lo niega. Pues el amor es la entrega de la vida (incluso con la muerte) y la vida eterna sólo se consigue por el fin de la terrena. Pero hay una promesa: “felices los que crean sin haber visto”. Felices. ¿No es eso lo que más queremos?
Yo personalmente sugiero la confianza. Ahí es dónde ella se pone en juego. Es una gran capacidad humana. Siempre la confianza es en alguien. No puedo confiar en una hipótesis, necesito confiar en alguien como Jesús (hoy en sus testigos, personas que confiaron en alguien, que confió en otro alguien... que confió en Jesús).
“La confianza mata al hombre”, dice el dicho popular. Es llamativo pensar que en cierta forma el mensaje de Jesucristo no lo niega. Pues el amor es la entrega de la vida (incluso con la muerte) y la vida eterna sólo se consigue por el fin de la terrena. Pero hay una promesa: “felices los que crean sin haber visto”. Felices. ¿No es eso lo que más queremos?
Y para aquellos a quienes les interese eso de las “pruebas” de la existencia de Dios, el otro día descubrí una. Algunos la llaman “diente de león”, yo desde chico la llamé “panadero” (aunque no es el panadero que vuela por el aire, creo, porque a la que me refiero es una especie de flor que, cuando la soplo, se deshace). Me gustaría encontrar una foto de buena calidad para que vean lo sorprendente de su geometría. ¿Quién la ha creado? ¿Quién ha concebido, si tu quieres, la “evolución biológica” que hoy culmina en un bello diente de león?
miércoles, 27 de julio de 2005
Guardini y Merton
Les confieso que esta "relación" me sonó de lo más extraña al oírla, pero según dice el mismo artículo citado ayer:
Parece que Thomas Merton (1915-1968) comenzó a leer los libros de Guardini hacia la mitad de la década de 1950. (Es digno de notarse que Guardini mismo ya había descubierto los escritos del trapense.) [42] En su diario y en sus cartas, Merton escribió en términos encendidos sobre libros como The Lord's Prayer (1958) y Prayer in Practice (1963), llamando la atención especialmente hacia los pensamientos de Guardini sobre la divina providencia. [43] En 1959, en una carta al poeta Czeslaw Milosz, escribió "entre los católicos, Bouyer está escribiendo algunas cosas buenas, y también, por supuesto, están De Lubac, Danielou, etc. Y allí está también Guardini, que es espléndido". [44] En su libro Conjetures of a Guilty Bystander (1966), Merton atribuye a Guardini -probablemente refiriéndose a The End of the Modern World (1956)— la idea de que los cristianos han de trabajar como la levadura en medio de una sociedad secular, transformándola desde dentro. En palabras de Merton: "Guardini habla de la situación real de los cristianos en el mundo de hoy: llamados por algo que no existe todavía, llamados a ayudar para que exista por y a través del actual descoyuntamiento de la vida cristiana." [45] Y finalmente, un año antes de su muerte prematura, el monje estaba encantado con Pascal of Our Time (1966) de Guardini. En enero de 1967, estaba tan emocionado con este libro, que al leerlo tenía que caminar hacia delante y hacia atrás en su ermita. [46]
[42] En 1954, impresionado por The Sign of Jonah (1953), de Merton, Guardini revisó su visión anterior sobre el espíritu americano que había sido negativa; ver Wahrheit, 98. Guardini también tuvo la intuición de que Merton podría haber escrito "un libro verdaderamente grande para nuestro tiempo" si hubiera dejado de escribir por unos pocos años; ver Gremillion, "Interview with Romano Guardini", 194.
[43] Ver Thomas Merton, A Search for Solitude, ed. Lawrence S. Cunninghm ( San Francisco: HarperCollins, 1996), 246, 248.
[44] Thomas Merton, The Courage for Truth, ed. Christine M. Bochen (Newer Parrar, Straus, y Giroux, 1933), 56.
[45] Thomas Merton, Conjectures of a Guilty Bystander (Garden City: Doubleday, 1966), 284-85.
[46] Ver John Howard Griffin, Follow the Ecstasy (Fort Worth, Texas: JHG Editions, 1983), 135-36.
[43] Ver Thomas Merton, A Search for Solitude, ed. Lawrence S. Cunninghm ( San Francisco: HarperCollins, 1996), 246, 248.
[44] Thomas Merton, The Courage for Truth, ed. Christine M. Bochen (Newer Parrar, Straus, y Giroux, 1933), 56.
[45] Thomas Merton, Conjectures of a Guilty Bystander (Garden City: Doubleday, 1966), 284-85.
[46] Ver John Howard Griffin, Follow the Ecstasy (Fort Worth, Texas: JHG Editions, 1983), 135-36.
Laburando (triviales reflexiones)
He tenido un profesor de Antropología Filosófica muy particular. Muchas de sus palabras quedaron dando vuelta en mi mente (nos abría los ojos combatiendo frases de moda como: “mi derechos terminan donde empiezan los de los demás”, lo cual él retrucaba con: “mis derechos terminan donde empiezan mis deberes”). Esas y otras cosas quedaron en germen y años después, yo más interesado en ciertos temas (en la facultad yo andaba medio en babia todavía), las reveía con placer.
Una de las bolillas trataba sobre el trabajo humano, lo cual él consideraba redundante como definición, al decir que el hombre es el único que trabaja (esto hay que verlo a nivel profundo, no pensarlo en lenguaje vulgar). La verdad es que el tema, cuando se intrincaba mucho, no me atraía porque le perdía el hilo. Recuerdo sólo algunas cosas que sí me interesan. El nos decía que hoy día el hombre está separado del producto de su trabajo, enajenado creo que era la palabra. Ya el hombre (no en todos lados pero sí en muchos) no hace una mesa con sus manos y una herramienta, sino que es probable que trabaje en una fábrica de muebles, en dónde su rol sea el mantenimiento de la máquina que corta la madera (ejemplo a mi cargo). Y esta realidad actual no recuerdo que él la defina como intrínsecamente mala, pero la mera enunciación del problema da para pensar que en algo afectan al hombre dichos cambios en el trabajo.
¡Y nosotros imberbes estudiantes de “Ingeniería Industrial”! No es que sea un viejo ahora, ni mucho menos, soy todavía un ignorante, pero a la fecha ya diez años mayor, recibido de algo que cada día cuestiono más en sus fuentes: la industria.
El hombre es hombre y “se adapta”. Trabaja ahora en gran porcentaje en industrias, o en oficinas, que es lo mismo a estos efectos (sos parte de un proceso del que no intervenís ni en el principio ni en el final). No sé cuál es el precio de la adaptación, es lo que quiero averiguar.
La misma maldad del hombre existía antes de la Revolución Industrial, las mismas posibilidades de santidad quizás también. No sé bien porqué, pero no creo que la vida o el trabajo de hoy te haga más difícil ser santo. Si es más difícil ser santo es por falta de fe. Porque se podría hacer el siguiente razonamiento: si hay más dificultades o maldades o malas formas de vivir hoy, pues entonces más oportunidades de santidad.
¿Y no pueden afectar las malas condiciones de vida de manera de disminuir la fe? Eh... en cierto modo, la gran dificultad del creyente es ver el sufrimiento del inocente y seguir creyendo en Dios. En ese sentido, quién viera mucha miseria o viviera muchas penurias, incluyendo el trabajar de formas “malas”, podría resentirse en su fe. Pero la fe no es sólo influida (ni dada) por las condiciones de vida. Sería medio extraño llegar a una conclusión como: un trabajo industrial, en el cual el hombre no tiene una estrecha relación con el producto del mismo, debilita la fe.
También es cierto que hoy no es como hace unos cientos de años. A la gente se le comunica (aunque poco y quizás distorsionado), los resultados, los éxitos y los fracasos (a veces) de la compañía. Quien pone la parte A de la máquina B, se entera que un buen día esa máquina “sale al mercado”. Hasta se hacen presentaciones internas y reuniones.
¿Cuál es el efecto (malo, o también alguno bueno) de que el hombre hoy trabaje de una manera distinta? Para responder a eso quizás haya que considerar varios otros factores. No sólo la relación hombre-obra, sino también la cuestión de la "relación de dependencia" o el trabajo particular, por ejemplo. Luego otras cosas que quizás son inherentes a las anteriores: cantidad de horas trabajando, lugares de trabajo, relaciones personales... ¡puf, yo no sé nada de todo eso!
Una de las bolillas trataba sobre el trabajo humano, lo cual él consideraba redundante como definición, al decir que el hombre es el único que trabaja (esto hay que verlo a nivel profundo, no pensarlo en lenguaje vulgar). La verdad es que el tema, cuando se intrincaba mucho, no me atraía porque le perdía el hilo. Recuerdo sólo algunas cosas que sí me interesan. El nos decía que hoy día el hombre está separado del producto de su trabajo, enajenado creo que era la palabra. Ya el hombre (no en todos lados pero sí en muchos) no hace una mesa con sus manos y una herramienta, sino que es probable que trabaje en una fábrica de muebles, en dónde su rol sea el mantenimiento de la máquina que corta la madera (ejemplo a mi cargo). Y esta realidad actual no recuerdo que él la defina como intrínsecamente mala, pero la mera enunciación del problema da para pensar que en algo afectan al hombre dichos cambios en el trabajo.
¡Y nosotros imberbes estudiantes de “Ingeniería Industrial”! No es que sea un viejo ahora, ni mucho menos, soy todavía un ignorante, pero a la fecha ya diez años mayor, recibido de algo que cada día cuestiono más en sus fuentes: la industria.
El hombre es hombre y “se adapta”. Trabaja ahora en gran porcentaje en industrias, o en oficinas, que es lo mismo a estos efectos (sos parte de un proceso del que no intervenís ni en el principio ni en el final). No sé cuál es el precio de la adaptación, es lo que quiero averiguar.
La misma maldad del hombre existía antes de la Revolución Industrial, las mismas posibilidades de santidad quizás también. No sé bien porqué, pero no creo que la vida o el trabajo de hoy te haga más difícil ser santo. Si es más difícil ser santo es por falta de fe. Porque se podría hacer el siguiente razonamiento: si hay más dificultades o maldades o malas formas de vivir hoy, pues entonces más oportunidades de santidad.
¿Y no pueden afectar las malas condiciones de vida de manera de disminuir la fe? Eh... en cierto modo, la gran dificultad del creyente es ver el sufrimiento del inocente y seguir creyendo en Dios. En ese sentido, quién viera mucha miseria o viviera muchas penurias, incluyendo el trabajar de formas “malas”, podría resentirse en su fe. Pero la fe no es sólo influida (ni dada) por las condiciones de vida. Sería medio extraño llegar a una conclusión como: un trabajo industrial, en el cual el hombre no tiene una estrecha relación con el producto del mismo, debilita la fe.
También es cierto que hoy no es como hace unos cientos de años. A la gente se le comunica (aunque poco y quizás distorsionado), los resultados, los éxitos y los fracasos (a veces) de la compañía. Quien pone la parte A de la máquina B, se entera que un buen día esa máquina “sale al mercado”. Hasta se hacen presentaciones internas y reuniones.
¿Cuál es el efecto (malo, o también alguno bueno) de que el hombre hoy trabaje de una manera distinta? Para responder a eso quizás haya que considerar varios otros factores. No sólo la relación hombre-obra, sino también la cuestión de la "relación de dependencia" o el trabajo particular, por ejemplo. Luego otras cosas que quizás son inherentes a las anteriores: cantidad de horas trabajando, lugares de trabajo, relaciones personales... ¡puf, yo no sé nada de todo eso!
martes, 26 de julio de 2005
¿Guardini por Flannery O´Connor?
La obra de Guardini es muy amplia. Muchos la han leído y muchos han hablado de ella y su autor. Lo que traeré a continuación es curioso, porque vendría a ser un punto de vista opuesto al que tuvo Ratzinger en la entrada anterior (ver al final del texto). Y es a cargo de Flannery O’Connor (esto merece una aclaración: nunca antes he hablado de esta autora, tan exitosa entre mis conocidos “blogueros”, y que debería conocer más). Dice un artículo de autor que luego menciono:
La escritora Flannery O'Connor (1925-1964), aunque más joven que Thomas Merton [habló antes de Merton], parece haber leído antes que el trapense las obras de Guardini, y también con un ojo más crítico. [48] The Lord vino a dar a sus manos en 1954, poco después de su aparición en inglés, y a partir de este libro resolvió "leer todo lo que yo pueda de Romano Guardini". [49] En sus cartas, y en sus reseñas de libros en The Georgian Catholic, alabó The Lord, The Rosary of Our Lady (1955), Meditations Befare Mass (1955), Jesús Christ (1959), The Conversión of Augustine (1960), Freedom, Grace and Destiny (1961) y Prayer in Practice.
La escritora Flannery O'Connor (1925-1964), aunque más joven que Thomas Merton [habló antes de Merton], parece haber leído antes que el trapense las obras de Guardini, y también con un ojo más crítico. [48] The Lord vino a dar a sus manos en 1954, poco después de su aparición en inglés, y a partir de este libro resolvió "leer todo lo que yo pueda de Romano Guardini". [49] En sus cartas, y en sus reseñas de libros en The Georgian Catholic, alabó The Lord, The Rosary of Our Lady (1955), Meditations Befare Mass (1955), Jesús Christ (1959), The Conversión of Augustine (1960), Freedom, Grace and Destiny (1961) y Prayer in Practice.
Apreciaba no sólo las ideas de Guardini sino también su falta de "afectación" —"el gran pecado de los católicos"— que ella encontraba en la mayor parte de los libros de los clérigos. [50] También apreciaba la claridad de su prosa, y especialmente "la total ausencia de los clichés de la mojigatería". [51] También le dio el crédito a las reflexiones de Guardini sobre el príncipe Mischkin de Dostoyevski, en El Idiota, al dar forma y figura al muchacho del maestro de la escuela en su libro The Violent Bear It Away (1960). [52] Pero no es de sorprender el hecho de que en sus cartas mencione más frecuentemente The Lord, del que dijo: "Según mi opinión no hay nada como este libro en ninguna parte; ciertamente, no lo hay en este país". [53]
Sin embargo, O'Connor no tuvo reparos en señalar las limitaciones que encontraba en los textos del teólogo alemán. En 1958, comentó que Guardini, en su eclesiología, tenía que ir más allá de su visión idealizada de la Iglesia e "incluir a la organización corrupta". [54]
Las referencias entre corchetes están abajo. Pero ver que la [54] falta (así falta en el artículo original). Lo literal de O’Connor parece ser “incluir a la organización corrupta”, no eso de “visión idealizada”, cuya expresión mucho no me gusta y parece del autor. Esto sucede en varias citas que hace el autor. El texto lo tomé de aquí: "clic". Analizar fuente, la desconozco (¿Krieg? Universidad de Notre Dame).
Creo que las ideas de (supuestamente) O’Connor y Ratzinger son complementarias. Quizás las ideas o pretensiones elevadas pueden pecar de no tener en cuenta la maldad o el error presente, pero aún así son importantes, ya que definen una intención, un camino a tomar, una pretensión a la que no se puede renunciar.
[48] Ver Rose Bowen, "Christology in the Works of Flannery O'Connor", Horizons 14 (1987): 7-23.
[49] Flannery O'Connor, The Habit of Being: Letters of Flannery O'Connor, ed. Sally Fitzgerald (New York: Parrar, Straus, and Giroux, 1979), 74.
[50] Ibid., 131,150.
[51] Flannery O'Connor, The Presence of Grace and Other Book Reviews, compilación de Leo J. Zuber, ed. Cárter W. Martin (Athens, Ga.: University of Georgia Press, 1983), 16.
[52] Ver O'Connor, The Habit of Being, 191. En el otoño de 1956 O'Connor leyó el escrito de Guardini "Dostoyevsky's Idiot: A Symbol of Christ" (1939), trad. Francis X. Quinn, Cross Currents 6 (1956): 359-82.[53] O'Connor, The Habit of Being, 99. 64 Md., 304.
Las referencias entre corchetes están abajo. Pero ver que la [54] falta (así falta en el artículo original). Lo literal de O’Connor parece ser “incluir a la organización corrupta”, no eso de “visión idealizada”, cuya expresión mucho no me gusta y parece del autor. Esto sucede en varias citas que hace el autor. El texto lo tomé de aquí: "clic". Analizar fuente, la desconozco (¿Krieg? Universidad de Notre Dame).
Creo que las ideas de (supuestamente) O’Connor y Ratzinger son complementarias. Quizás las ideas o pretensiones elevadas pueden pecar de no tener en cuenta la maldad o el error presente, pero aún así son importantes, ya que definen una intención, un camino a tomar, una pretensión a la que no se puede renunciar.
[48] Ver Rose Bowen, "Christology in the Works of Flannery O'Connor", Horizons 14 (1987): 7-23.
[49] Flannery O'Connor, The Habit of Being: Letters of Flannery O'Connor, ed. Sally Fitzgerald (New York: Parrar, Straus, and Giroux, 1979), 74.
[50] Ibid., 131,150.
[51] Flannery O'Connor, The Presence of Grace and Other Book Reviews, compilación de Leo J. Zuber, ed. Cárter W. Martin (Athens, Ga.: University of Georgia Press, 1983), 16.
[52] Ver O'Connor, The Habit of Being, 191. En el otoño de 1956 O'Connor leyó el escrito de Guardini "Dostoyevsky's Idiot: A Symbol of Christ" (1939), trad. Francis X. Quinn, Cross Currents 6 (1956): 359-82.[53] O'Connor, The Habit of Being, 99. 64 Md., 304.
Guardini por Ratzinger
Pregunta el periodista Peter Seewald, responde el cardenal Joseph Ratzinger (hace unos años, de acuerdo a lo volcado en el libro de Sudamericana: "Dios y el mundo").
P.S.: En cierta ocasión, Guardini describió el sentido de la Iglesia con las siguientes palabras: "Tiene que mostrar de manera terminante al ser humano las verdades últimas, la imágen definitiva de la perfección, las más profundas directrices de valoración, sin dejarse confundir por pasión alguna, ni por las oscilaciones de ánimo, ni por los ardides de la egolatría". Una elevada pretensión.
J.C.R.: Sí, pero acertada. Incluso aunque esté formulada aquí de manera tan imponente. A Guardini, que era un intelectual de gran talla, le gustaban las pretensiones elevadas, y eso también tiene su importancia. Nosotros no debemos ahogar la grandeza de la pretensión en fórmulas de compromiso, haciéndola desaparecer poco a poco. La Iglesia no puede proceder según el lema: ¿qué conseguiremos y qué no? No está ahí para hallar fórmulas de compromiso lo más soportables posible, sino para presentar la palabra y la voluntad de Dios en toda su grandeza, sin falsearlas, incluso en contra de sí misma y de sus propios heraldos.
Así que el tema les puede haber interesado, lamento no seguirlo, pero lo que a mí también me interesó (confieso) es cómo Ratzinger definió a Guardini. Esos deleites "farandulescos", ¿viste? Ver a dos "ídolos" juntos (¡que vulgar!), o cómo hablan uno del otro. ¿Qué, qué cuál te parece mucho mejor que el otro? Vamos, vamos, son dos "grosos", ni hablar...
P.S.: En cierta ocasión, Guardini describió el sentido de la Iglesia con las siguientes palabras: "Tiene que mostrar de manera terminante al ser humano las verdades últimas, la imágen definitiva de la perfección, las más profundas directrices de valoración, sin dejarse confundir por pasión alguna, ni por las oscilaciones de ánimo, ni por los ardides de la egolatría". Una elevada pretensión.
J.C.R.: Sí, pero acertada. Incluso aunque esté formulada aquí de manera tan imponente. A Guardini, que era un intelectual de gran talla, le gustaban las pretensiones elevadas, y eso también tiene su importancia. Nosotros no debemos ahogar la grandeza de la pretensión en fórmulas de compromiso, haciéndola desaparecer poco a poco. La Iglesia no puede proceder según el lema: ¿qué conseguiremos y qué no? No está ahí para hallar fórmulas de compromiso lo más soportables posible, sino para presentar la palabra y la voluntad de Dios en toda su grandeza, sin falsearlas, incluso en contra de sí misma y de sus propios heraldos.
Así que el tema les puede haber interesado, lamento no seguirlo, pero lo que a mí también me interesó (confieso) es cómo Ratzinger definió a Guardini. Esos deleites "farandulescos", ¿viste? Ver a dos "ídolos" juntos (¡que vulgar!), o cómo hablan uno del otro. ¿Qué, qué cuál te parece mucho mejor que el otro? Vamos, vamos, son dos "grosos", ni hablar...
domingo, 24 de julio de 2005
Algo de la celebración del domingo
Un sermón puede tener una conclusión práctica para la vida, una exégesis novedosa de un texto bíblico, pero también puede hacer que las palabras de Jesús lleguen a mi corazón. Como quien las grita fuerte y te despierta de la somnolencia. Y uno las entiende como ninguna "explicación" te las puede hacer entender. Uno las siente verdaderas y se siente conmovido. Uno se alegra por Dios, diría ¿san Francisco? (Este no fue el caso hoy, este "es un pensar").
Cuando no hay coro en la misa, hay que "levantarla a pulso" (la misa no debe ser "carnaval carioca"; "levantar" la misa es "levantarnos" cada uno de nosotros, es ser celebrantes más en serio). No hay coro. Ahí sí que hay que cantar si queremos hacer algo hermoso para Cristo (si es que algo podemos hacer para él). Las canciones de hoy día pueden ser pobres, pero a veces estamos tan empobrecidos que una palabra muy simple, que cantamos con ganas, puede ser una gran meditación, una gran oración, una riqueza decubierta otra vez. (O no).
Ahí estaba el tipo aquel que trabajaba cerca mío allá en Avellaneda. Más allá la señora esa que vive cerca. A ese señor lo conozco de... El sentido comunitario es poco. Ya lo sabe y dice bien Fray Nelson (empieza aquí, pero sigue en varios). De lo que dice, me llamó la atención lo de la necesidad de que el sacerdote sepa para quién es sacerdote. Era así que estaba decidido a saludar al párroco al salir. Para que me conozca un poco más, para que su comunidad tenga una cara más familiar para él, para que sea más comunidad. Pero "me sonó", hoy no salió a saludar. Será la próxima. No se va a salvar.
sábado, 23 de julio de 2005
Pensador japonés
En un periódico gratuito "orientado a la difusión y el desarrollo del psicoanálisis" leí la nota: "Heidegger y la Escuela de Kyoto", por Gabriel Sarando. Habla de las relaciones que hubo entre pensadores japoneses y Heidegger y es parte de una serie de artículos sobre el alemán.
Me interesó la sencilla historia y reflexión que trancribo:
"El producto más interesante de este diálogo entre culturas es la obra de Nishitani Keiji, otro discípulo de Nishida Kitaro que conoció a Heidegger en 1934, durante el célebre seminario sobre la obra de Nietzsche. Nishitani leyó "Asi habló Zaratustra" a los veinte años, los resultados de esta lectura fueron terribles, la angustia lo postró psicológicamente hasta que, desesperado, emprendió la meditación Zen sosteniendo el Koan Mu durante diez años. En sus propias palabras: "Advertimos a la religión como una necesidad o como algo imprescindible para la vida sólo en los momentos en los que todo pierde su necesidad y su utilidad".
Queda a consideración del lector (que tendrá cuidado ya que se trata de una frase tomada sin su contexto y traducida del japonés, quizás). Entiendo que lo que dice es que cuando todo pierde su necesidad y utilidad es que uno advierte. No que cuando todo pierde necesidad y utilidad la religión es necesidad. O sea, reformulado a mi manera de entenderlo: "la religión es una necesidad o algo imprescindible, y eso uno lo advierte cuando..."
Por otra parte, Mu es en japonés lo que en sánscrito es Sunyata, la noción budista de "vacuidad". Y les dejo otro fragmento con un cocktail de nombres explosivo:
"La elaboración de Nishitani se sitúa precisamenteante en este camino y constituye un intento de síntesis entre las aportaciones de Hegel, Kierkegaard, Nietzsche, Heidegger relacionadas con ciertos temas del Cristianismo eckartiano y del Budismo Zen. Para pensar esta inasible "Nada", Nishitani recurre al auxilio de la noción budista de 'Vacuidad" (...), de esta manera exorcisa la "nihilidad" transformándola en un vacío viviente y luminoso que se asemeja a la divinidad de Eckart. En el lenguaje filosófico de Nishitani, "la vacuidad puede ser denominada el campo del hacer ser -Ichtung—, en contraposición a la nihilidad que es el campo de la anulación -Nichtung." Pero la vacuidad no es considerada aquí como un resultado, sino como una perspectiva y un método; ella supone una transformación del sujeto que Nishitanti -siguiendo a Tanabe Hajime-, describe como Metanoia. Por lo tanto, la "perspectiva de la vacuidad", no consiste en un terminus ad quem sino un terminus a quo, ella abre un camino, una vía para aprehender el mundo de la vida en su plenitud."
Nada ejemplar, por cierto. Lo traigo sólo para conocer más acerca del pensamiento del hombre. Una vacío viviente y luminoso no es mi Dios, pero supongo que es mejor que la nada; en esa clave me podría empezar a alegrar por los caminos del pensador japonés. Aunque alguien más leído conocerá, además de los rastros de verdad, los riesgos que pudieran tener esos pensamientos.
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