sábado, 30 de julio de 2005

Historias "ocultas"

Hay veces en que no encontrás consuelo. Pensás en Dios y no entendés. Imaginaba las historias de hospital que contaban mi esposa y mi cuñado. ¿Qué sentido tienen esas vidas? No encontrás la respuesta que querés. Creés. Mirás la cruz.
Y también hay historias que hablan, como la que publicó La Nación. ¿Se imaginan un artículo de diario hablando de la voluntad de Dios? El título, por supuesto, fue adaptado; las verdaderas palabras quedaron un tanto ocultas. Se llama: "Amar la vida, más que nada".

"El lunes último hubiera cumplido 59 años. El mensaje de su vida, el libro "Se puede", que hace seis años escribió con la única parte de su cuerpo que podía mover -los dedos de su pie derecho-, será reeditado en agosto, cuando se cumplan dos meses de la muerte de Margarita Lalor Cavanagh, una de las damas más extraordinariamente valientes que tuve el goce de tratar. Bella y con un cautivante sentido del humor, la fresca juventud de Margarita sufrió un zarpazo brutal cuando supo, a los 22 años, que padecía una enfermedad cruel, progresiva y terminal: esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Se trata de una irreversible paralización del cuerpo que acaba en asfixia.
Hace seis años, cuando la conocí, me conmovieron su cultivado conocimiento, su curiosidad por el mundo, su amor por la vida, su sensibilidad al dolor del otro, su serenidad espiritual y, en tan aciagas circunstancias, su férrea vocación para ser feliz conservando el humor.
La reedición de su libro, escrito con un esfuerzo sobrehumano, sólo con un par de dedos de su pie derecho que articulaba en un teclado especial conectado a una computadora, ante la mirada silenciosa y admirada de su familia, es una excelente noticia para quienes lo han reclamado en librerías sin poder dar con un ejemplar, por haberse tratado de una edición pequeña que se agotó, apenas su caso fue difundido en la prensa nacional.
De nuestro primer encuentro, recuerdo sus ojos profundamente celestes y su sonrisa adolescente como rasgos salientes de una belleza con un aura singular. Y sus palabras, ante las cuales sólo cabía el silencio. Entre sus memorias más duras estuvo -me contó entonces- el instante en que escondida detrás de una puerta supo su sino: "Fue doloroso romper mi noviazgo. Estaba muy enamorada, pero no tenía derecho a atar a nadie a ese destino". Un instante después me dijo: "El mejor momento de mi vida fue comprender cuál era mi camino. Allí se acabaron mis luchas internas, mi rebeldía. Comencé a pensar en positivo. Uno puede ser feliz cuando siente que está cumpliendo la voluntad de Dios".
Me contó entonces su mejor sueño: "Escuchar al prójimo, porque ya nadie se escucha. Hoy la gente se saluda así: «¿Todo bien?». Y eso no es escuchar. Me doy cuenta de la falta que hace llenar el vacío que padece la gente".

Por Susana Reinoso en La Nación. Y qué querés que te diga... "Amar la vida" le queda corto. Amar la vida y la muerte, amar a Dios, serían títulos más verdaderos...

2 comentarios:

XavMP dijo...

Vos también pedís cada cosa...

finitud dijo...

Que bueno!